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Portada de la novela Mi exmarido se arrepiente

Mi exmarido se arrepiente

Tras sobrevivir a un parto trágico y un divorcio cruel, Ximena es dada por muerta mientras Ramon intenta quitarle a su bebé. Años después, ella reaparece con dos hijos, desafiando el pasado. Al verla, un Ramon arrepentido y obsesivo intenta recuperarla, revelando un dolor que ella nunca imaginó. Atrapada entre el amargo recuerdo de su traición y el deseo de libertad, Ximena debe decidir si perdona a su exmarido o escapa definitivamente de su sombra.
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Capítulo 3

El director estuvo a punto de perder la paciencia. No podía creer que la médica a la que pagaba un salario considerable se atreviera a decir eso.

Por su parte, Melanie jamás había imaginado que conocería a alguien más audaz que la difunta Ximena.

Al observar a la doctora frente a ella, cruzó los brazos sobre el pecho y frunció el ceño. "¿Quién te crees que eres? ¡Realizar una operación en el hijo de Ramon es un privilegio! Baja de tu pedestal. Si te atreves a hacer algo que ponga en peligro su condición, pasarás el resto de tu vida pagándolo".

"Si es un privilegio tan grande, deberías hacerlo tú misma", dijo Ximena sin dudarlo.

Melanie no podía creer lo que acababa de escuchar. Tomando la mano de Ramon, dijo: "¿Escuchaste lo que acaba de decir? Si le pasa algo a Neil, es su culpa".

Ante eso, Ximena estalló en risas. "¡Qué ridículo es eso! ¿Acaso lo empujé desde el edificio? ¿Cómo puede ser culpa mía?".

Aquellas palabras tocaron un punto sensible en Melanie, y su rostro se tornó pálido. Rápidamente dijo: "Deja de decir tonterías. ¡Neil se cayó él solo, nadie lo empujó! ¿Eres médica o no? ¿No juraste el juramento hipocrático? ¿Cómo puedes estar aquí perdiendo el tiempo mientras un paciente se está muriendo en la sala de operaciones? ¿Qué rencor tienes en contra de Neil?".

Después, dirigiéndose al director del hospital, continuó: "¿Acaso no tienen un sistema de selección al contratar médicos? ¿Cómo esta mujer llegó a ser doctora? ¡Si le sucede algo al pequeño, los demandaré!".

Temblando de miedo, el director se disculpó repetidamente con Melanie y Ramon. Deprisa, organizó que el doctor Young realizara la cirugía en su lugar.

Pero justo cuando estaba a punto de entrar a la sala de operaciones, Ramon lo detuvo.

Después, dirigió su mirada feroz hacia Ximena. "Tienes que hacer esta cirugía", ordenó en voz baja, pero peligrosa.

Burlándose con desdén, la joven se dio la vuelta para alejarse.

Fue esta acción la que llevó a Ramon al límite. Con un rápido movimiento, se colocó frente a Ximena y la agarró del cuello.

"Ramon Mitchell, maldito bastardo, ¡suelta!", maldijo ella, arañando su mano.

Un destello de frialdad cruzó los ojos del hombre. Había pocas personas en el mundo que se atreverían a hablarle así. Una de ellas era su difunta exesposa.

Mientras miraba a la mujer que luchaba frente a él con furia en sus ojos, se detuvo y evocó la imagen de su exesposa en su mente. Muy bien recordaba que Ximena tenía un par de ojos impresionantes y hermosos, igual que la feroz doctora que tenía delante.

Los labios de Ramon se curvaron en una sonrisa neutral. "Si hoy le pasa algo a Neil, tú serás la culpable. ¡Este hospital pagará el precio!".

Con la intención de subrayar su punto, empujó a la doctora al suelo, finalmente soltando su garganta.

Sentada en el piso, Ximena tosió en varias ocasiones. Aún sentía la dolorosa presión en su cuello, como una advertencia persistente. Mientras veía alejarse a Ramon, lágrimas de resentimiento afloraron en sus ojos.

Poniendo su palma en la pared a su lado para apoyarse, se puso de pie con dificultad y dijo con voz ronca: "¡Te arrepentirás de esto!".

En su corazón no había más que puro odio por este hombre, y como resultado, no sentía ningún afecto positivo por el niño en la sala de operaciones.

Pero una vez que entró en el quirófano, su profesionalismo se impuso, obligándola a dejar de lado sus sentimientos personales. No deseaba poner todo su odio en un niño inocente.

Respirando profundo para calmarse, vio al niño que estaba inconsciente en la mesa de operaciones. Su rostro estaba hinchado y lleno de sangre por el impacto. Sin embargo, le parecía extrañamente familiar.

Obviamente, Ximena no tenía tiempo para pensar en ese tipo de cosas. El niño sufrió varias fracturas que tuvieron que ser atendidas deprisa.

Luego de tres largas horas, la operación terminó.

La cirugía fue todo un éxito y el personal médico estaba de muy buen ánimo, todos excepto Ximena.

Dado que el niño era hijo de Ramon, era inapropiado dejarlo cubierto de manchas de sangre sucia. El personal insistió en limpiarlo un poco antes de sacarlo de la sala de operaciones. Ximena fue la encargada de limpiarle la cara.

Levantó a regañadientes una almohadilla de algodón húmeda. Ni siquiera había notado que apretaba los dientes; así de mucho odiaba a Ramon, y por extensión, a Neil. Sin embargo, mientras limpiaba las manchas de sangre, se quedó helada.

Fue con manos temblorosas con las que terminó de limpiar el resto de su pálido rostro. De hecho, estaba llena de incredulidad. ¿Cómo era posible?

"¿Quién es este niño?", preguntó ella sin aliento, agarrando al asistente a su lado.

"Este es Neil Mitchell, el hijo de Ramon Mitchell, el heredero de la familia", dijo el asistente.

"Neil Mitchell. ¡Imposible!". La cara de Ximena se puso pálida.

El niño en la mesa de operaciones se parecía exactamente a su hijo. ¿Cómo era posible que dos niños tuvieran tal parecido?

Su hermano le había dicho claramente que estaba embarazada de gemelos, Shawn Griffin y Alina Griffin, que estaban siendo criados por ella. Entonces, ¿quién era ese niño que tenía delante y que compartía la misma fisonomía que su hijo?

Si no eran gemelos, ¿cómo podían parecerse tanto?

Ella sentía que no podía respirar. Simplemente recordaba que su primer hijo era un niño, que tenía que ser Shawn. ¿Podría haber dado a luz a tres bebés?

¿Y el supuesto heredero de la familia Mitchell en realidad era su hijo? ¿Su hermano le había mentido?

Pero, ¿por qué?

Ximena vio al niño en la mesa de operaciones. A pesar de que el personal le estaba limpiando las manchas de sangre del cuerpo, era obvio que estaba gravemente herido. Ella no podía soportar verlo en esa condición.

Ramon la odiaba tanto. Si Neil de verdad era su hijo, ¿cómo podía ser tratado amablemente por este?

Ximena apretó fuertemente el bisturí en su mano, incapaz de contener la ira en su corazón. Salió corriendo de la sala de operaciones con los ojos enrojecidos.

"Doctora, ¿cómo sigue Neil?", lloraba Melanie mientras corría y bloqueaba el paso de Ximena.

"Quítate de mi camino", gruñó esta en voz baja.

Fue entonces cuando Melanie notó el bisturí manchado de sangre. Gritó y retrocedió por miedo.

La mirada de Ximena se posó sobre Ramon. Habían pasado cuatro años desde la última vez que se vieron, pero él no parecía reconocerla en absoluto.

Bueno, no era sorprendente. Dos años de matrimonio no habían podido compararse con una sola palabra de Lyla. Mientras deseaba algo, incluso si era su hijo, Ramon se lo arrebataría sin dudarlo. Y ahora, la estaba tratando a su hijo de esta manera. ¡El hombre era despiadado!

Sin embargo, Ximena era una mujer perspicaz. Mirando a su alrededor, se dio cuenta de que estaban rodeados por los guardaespaldas de Ramon.

Suprimiendo su indignación, dijo: "La cirugía fue exitosa, pero el niño tiene fiebre. Si la fiebre disminuye en veinticuatro horas, estará fuera de peligro; pero hasta el momento, estará en la unidad de cuidados intensivos. No se permiten visitas, ni siquiera de familiares".

Pronto pidió a una enfermera que llevara a Neil a la unidad de cuidados intensivos.

El director asintió aprobatoriamente. "Bien hecho. Contigo aquí, no tengo que preocuparme por nada".

"Soy una doctora. Simplemente estoy haciendo mi trabajo". Con esa respuesta cortante, se dio la vuelta y se marchó.

La oscura mirada de Ramon se fijó en la espalda de Ximena mientras se alejaba. Por algún motivo, la forma en que la bata quirúrgica sobredimensionada caía sobre la figura de la doctora le recordaba a la mujer en su memoria...

Melanie siguió su mirada, frunciendo el ceño. "¿Hay algo malo con esta doctora?".

"¿Quién es?", preguntó Ramon, sin apartar la mirada de la figura que se alejaba cada vez más.

Melanie solo se encogió de hombros. "El director mencionó que la reclutó del extranjero. ¿Por qué la miras de esa manera, Ramon? ¿Tienes algún interés en ella? ¿Has olvidado a mi hermana?".

"Con eso basta". Él desvió la mirada y su rostro se ensombreció.

Melanie se calló, sintiendo como si le hubieran echado un cubo de agua fría.

"Más te vale rezar para que Neil despierte pronto. ¡Ahora lárgate!", dijo Ramon con rabia.

La mujer estalló instantáneamente en lágrimas. "Ramon, no es mi culpa, lo juro. Bien conoces que Neil es un chico travieso. Pero siempre he deseado lo mejor para él. Lo cuido de buena voluntad, tratándolo bien, con la esperanza de que no se aleje de Lyla. Por su bien, le he dado a Neil todo el amor que he podido, tratándolo como a mi propio hijo. Nunca he querido que le pase nada malo".

"Ya puedes irte". Sin siquiera mirarla o reconocer su discurso, Ramon se alejó.

Luego, viendo a una enfermera en el pasillo del hospital, agarró su brazo y preguntó: "¿Dónde está la oficina de la doctora?".

La enfermera sonrió amablemente. "Señor Mitchell, ¿busca a la que operó a su hijo?".

"Así es".

"Siga recto. Su oficina está más adelante".

Ramon la soltó y fue hacia dicho lugar, sin darse cuenta de lo rápido que iba.

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