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Portada de la novela MI ESPOSA CIEGA

MI ESPOSA CIEGA

La señora Spencer ha recuperado la vista tras una exitosa operación, pero elige mantener su sanación en secreto. Consumida por un deseo de justicia, planea su retorno a la mansión familiar bajo una fachada de ceguera para desenmascarar a quienes la hicieron sufrir. Tras un largo periodo de ausencia, su reaparición inesperada se convertirá en la peor pesadilla de sus enemigos. La oscuridad ha terminado, dando paso a una fría y calculada venganza.
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Capítulo 3

Elizabeth estaba en la mansión de la familia Spencer, llevaba un vestido sencillo pese a la insistencia de Rachel por ponerle algo ostentoso.

Su corazón latía con fuerza, se llevó las manos al pecho, la señora Spencer le ofreció un trato, eso incluía una boda, tenía algunas deudas con la mujer, así que no podía negarse.

Era una manera de pagar las atenciones y cuidados que habían tenido con ella, además de haberla salvado.

—Falta poco Elizabeth, te ves hermosa, me gustaría maquillarte, pero sé que no te gusta.

—Exactamente, nada de maquillaje, estoy muy nerviosa.

—Tranquila, te traje un buen trago de tequila, todo estará bien, mi hermano es un buen hombre, de eso no tengo dudas.

La joven se acercó y coloco el vaso en sus manos, bebió el contenido de un solo golpe, Rachel se asomó por la ventana y observo lo lindo que se veía el jardín, bien decorado en tonos blancos.

Era una lástima que no se fueran a casar en una iglesia y con muchas personas, miro a Elizabeth, el vestido era sencillo, pero se veía hermosa, se acercó y le coloco el velo, luego le ayudo con los zapatos.

Escucho que alguien llamo a la puerta, una de las empleadas se asomó indicándoles que era momento, la ceremonia daría inicio en cualquier momento.

—Es momento Elizabeth, estaré cerca por si me necesitas.

La joven solo asintió con la cabeza, Rachel tomó su mano y la guio lentamente por los pasillos, podía escuchar a las personas hablando y caminando de un lado al otro.

Al verlas había demasiado silencio, eso solo significaba una cosa, podía verse bien o demasiado mal, su amiga le ayudó a bajar las escaleras, temía resbalarse y caer.

Sentía una sensación extraña en el vientre, por fin iba a conocer a su prometido y futuro esposo, solo esperaba que él fuera diferente a como los describían los medios, de lo contrario su vida sería muy complicada.

Continuó avanzado, se le hacía una eternidad llegar al jardín, su amiga se detuvo, eso le indicaba que habían llegado al lugar indicado.

Respiro profundamente, tomo el ramo de flores con fuerza, podía escuchar los murmullos de las personas, pronto hubo un silencio ensordecedor.

Escucho que alguien se acercaba, imagino que se trataba de la señora Spencer.

—¿Estás lista pequeña?

—Sí, —respondió la joven tratando de ocultar su nerviosismo.

Escucho la música de piano de fondo, sentía que le faltaba el aire, su vida iba a cambiar en unos minutos, continuó avanzando lentamente, todo parecía poco creíble, incluso pensó que estaba soñando.

La mujer se detuvo, justo en ese momento pudo sentir la mirada penetrante del hombre, se empezó a sentir incómoda.

Sus nervios aumentaron, en cualquier momento podía desmallarse, el padre empezó a con su discurso.

Axel clavó sus ojos en la mujer frente a él, no entendía por qué se comportaba de esa manera tan extraña, ni siquiera lo miraba a los ojos, acaso fingía ser tímida.

Su cabello era corto, le llegaba a la altura de los hombros, su rostro no tenía ni una pizca de maquillaje, parecía un cadáver sin vida, su vestido era como de la época colonial, le llegaba a la altura de las rodillas, haciendo ver a la joven poco atractiva y sin curvas.

Dejo de prestarle atención al padre, sus ojos estudiaban a la mujer frente a él con detenimiento, definitivamente había cometido un error, ella era todo menos hermosa y agraciada.

Quería salir corriendo de allí, miro a su madre, ella le mostró una sonrisa, negó con la cabeza, acaso se estaban burlando de él.

Eligió a la mujer más fea que encontró, incluso sus uñas estaban sin pintar, eran cortas, se supone que debía de verse como la esposa de un hombre rico, no como la empleada de servicio.

Sus ojos viajaron a los zapatos de la joven, ella no dejaba de sorprenderlo, sus zapatos eran sencillos y de color blanco, se puso furioso, ni siquiera puso usar unos tacones hermosos.

Definitivamente, ella lo hacía para molestarlo, al menos la prensa no estaba presente, se ahorraría la vergüenza de que lo vieran al lado de esa mujer.

Giro su vista a los presentes, observo a Jacob, su mirada de burla lo decía todo, como su madre se había atrevido a invitar a ese imbécil.

—¡Señor Spencer! —Le hablo el padre al notar que no le estaba prestando atención, sus ojos volvieron al hombre de la sotana —¿acepta a Elizabeth Owen como su legítima esposa? Para amarla y respetarla todos los días de su vida, hasta que la muerte los separe.

Guardo silencio por unos minutos, observo a la joven nuevamente, luego a su madre, recordó su promesa.

—Aceptó —murmuro entre dientes.

Algo que no pasó desapercibido para Elizabeth, sintió una sensación extraña en el pecho, quizás se estaba equivocando.

—Señorita Elizabeth Owen, ¿acepta a Axel Spencer como su legítimo esposo? Para amarlo y respetarlo todos los días de su vida, hasta que la muerte los separe.

—Aceptó —respondió soltando un suspiro.

—Los declaró marido y mujer, puede besar a la novia.

El corazón de Elizabeth empezó a latir con más fuerza, no sabía si en realidad quería ser besada por su esposo, tras unos segundos se dio cuenta de que no lo haría.

Pronto las personas en el lugar empezaron a murmurar por la actitud distante del novio, Axel tomó la mano de Elizabeth, no soportaba ese espectáculo, bajo de la tarima caminando rápidamente.

La joven no pudo seguirle el paso, al bajar el último escalón tropezó y cayó de rodillas al suelo, en ese momento hubo silencioso.

—¡Acaso no te fijas por donde caminas! —Exclamó Axel molesto.

Rachel se acercó a la joven y la ayudó a levantarse, Elizabeth en ese momento quería desaparecer, sentía tanta vergüenza, todos sabían que ella era ciega, desvío la mirada, tenía los ojos aguados.

Acaso lo hacía para avergonzarla frente a los demás, le parecía algo grosero de su parte.

—Tranquila, ¿estás bien?

Elizabeth asintió con la cabeza, Axel abandono el jardín sin importarle la condición de su esposa, necesitaba tomarse un buen trago y olvidar ese mal rato.

Debía de soportar a esa mujer por dos años, su esposa era realmente diferente a como la había imaginado, su madre le había jugado una broma de mal gusto.

Nada en esa mujer llamaba su atención, era mejor mantener, su matrimonio oculto de los medios, quería evitarse la vergüenza.

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