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Portada de la novela Mi ardiente princesa

Mi ardiente princesa

Ayishah Al-Husayni, princesa de Tufayl, desafía las leyes de su reino al perseguir un anhelo prohibido. Su corazón se encuentra dividido entre la rudeza de su imponente guardaespaldas y la dulzura de su tentador sirviente. Pese a la resistencia inicial, ambos hombres terminan rindiéndose ante la pasión que ella despierta. Ahora, el trío debe proteger su secreto y ocultar su intenso vínculo afectivo para escapar de la estricta vigilancia del rey.
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Capítulo 3

Mis planes no han salido como quiero realmente y eso me frustra de sobremanera.

Si bien mi padre había decidido

que nadie entrara a mi habitación más que ellos. Akram y Malik apenas y hacían acto de presencia.

Luego de que se cercioraban que estaba bien huían lejos de mí haciendo que mi alma doliera.

¿Realmente he inventado en mi cabeza ese brillo intenso que veo en los ojos de ellos cuando me miran?

Es probable que para ellos lo único que sea es una pesadilla con la que tienen que lidiar a diario. Una obligación molesta la cual deben asumir.

De solo pensar esto me estremezco de dolor.

Siempre he sido yo la que hace insinuaciones.

Siempre he sido yo quien los provoca.

Siempre he sido yo la que se acerca a ellos.

Pero cómo no hacerlo si el enamoramiento que siento por los dos no es fácil de arrancarme de la cabeza... mucho menos del corazón.

Este último late acelerado gracias a mis pensamientos dolorosos.

Aunque no puedo dejar de luchar.

No puedo detenerme porque los amo.

¿Qué tan enfermo es eso?

¿Hasta dónde seré capaz de llegar por ellos?

Trago saliva sintiendo como mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas. Las mismas lágrimas que me rehusé dejar escapar de mis orbes.

Ellos van a amarme como yo lo hago.

Me prometí.

Tengo que hacerlo pues de no ser así, mi corazón sufrirá las consecuencias y estoy segura de que el dolor que siento ahora mismo no se comparará al que sentiré si uno de ellos me deja y se va.

Tengo que poner todo de mí para llamar su atención.

Los necesito tanto que me duele.

Caminé hasta mi cama para dejarme caer sobre ella pensando en Akram y Malik.

Akram puede que esté custodiando mi puerta.

¿Debería hacer algo para llamar su atención y así entre a mi habitación?

Miré el café que recientemente me había traído Malik y utilicé la caliente superficie de la taza para pasarla por mi cara después de desnudarme quedando en ropa interior.

Pronto.

Cuando estuve lo suficientemente caliente me acosté con rapidez en la cama y gemí no demasiado alto para que se escuchara real.

Esperé.

Pero nadie entró a mi habitación irritándome de sobremanera.

Otra vez hice el mismo procedimiento pero esta vez le agregué un lloriqueo a mi gemido haciendo más creíble mi actuación por lo que enseguida la puerta se abrió mostrándome a un inexpresivo Akram quien posó de inmediato sus pupilas intensas en mi rostro.

Detrás de él se encontraba Malik.

Mi dulce Malik me miró con preocupación antes de avanzar cerca de mí.

Por su parte Akram cerró la puerta detrás de él pero no hizo ningún movimiento para acercarse.

Él siempre es tan duro pero aún así puedo ver un deje de inquietud en sus pupilas.

— ¿Princesa...?

—Malik... tengo mucho frío —mentí cubriéndome con mis sábanas haciendo que él me mirara completamente asustado.

No lo dudó en ningún momento y se acercó poniéndose en cuclillas junto a mi cama.

Enseguida su palma estuvo sobre mi frente para comprobar mi temperatura corporal.

Por mi parte no pude evitar estremecerme dándole realismo a mi actituación en ese momento.

No solo por el choque entre su piel fría y la mía caliente, sino también por su excitante cercanía que me encanta.

—Tienes fiebre princesa —dicho estoy le dio una mirada a Akram al igual que yo y por un instante pude ver la preocupación en su semblante pero fue algo fugaz que incluso dudé si siquiera sería real y no un producto de mi imaginación—. Tenemos que bajarle la fiebre.

—Llamaré al médico real... —asintió Akram y yo experimenté el repentino terror de que lo hiciera y el médico me dijera que no tengo absolutamente nada.

— ¡No! Sabes que no me gustan lo médicos Akram, yo estaré bien, déjenme sola.

Intenté levantarme pero hice como si mis piernas flaquearan y Malik me sostuvo para no dejarme caer al suelo.

Me apoyé en su duro pecho amando la sensación de ser rodeada por sus fuertes brazos.

Todo sería perfecto si Akram no me estuviera mirando como si estuviera sospechando de mi actuación.

—Vamos princesa —susurró Malik en mi oído causando que todo mi cuerpo se estremeciera no solo por lo cerca que estábamos.

Sino también por lo bien que se siente estar tan juntos.

Antes de que pudiera imaginarlo Malik me tomó en brazos ocasionando que soltara un jadeo de sorpresa.

A él no le importó.

Se dirigió al baño de mi habitación y me depositó en mi bañera. Abrió y el grifo y en silencio esperamos a que esta se llenara.

Ahora mismo mi piel está ardiendo pero evidentemente no es de fiebre.

Estaba ardiendo por estar así.

Tan cerca de ellos.

Con su atención sobre mí, sobre mí cuerpo.

Mis pechos se endurecieron de repente y vi como Malik tragaba saliva al darse cuenta de ello incluso a través de la tela de mi brasier. Rápidamente trató de desviar su mirada pero ya era demasiado tarde como para que no lo hubiera visto mirar mis pechos.

Traté por todos los medios que mi pícara sonrisa no saliera a la luz.

De repente sentí que alguien me miraba fijamente y busqué a esta persona de inmediato encontrándome con los ojos de Akram. Él me miraba desde la puerta como si quisiera asegurarse que yo estaba bien.

¿Puede ser que esté preocupado o solo esté haciendo su trabajo? Como suele decirme.

Para mi sorpresa.

La mano de Malik llena de agua comenzó a humedecerme la frente ocasionando que me estremeciera una vez más y me sentí completamente perdida también por la ligera caricia que la mano de Malik deja en mi piel.

Mi pulso está descontrolado en estos momentos pues trato de pensar qué haré a continuación.

Ahora tengo la atención de ambos.

¿Debería hacer algo atrevido?

No.

Sentir que los dos están al pendiente de mí es incluso mejor de lo que pensé.

No quiero hacer un mal movimiento y que ellos vuelvan a alejarse.

¿Podría tentarlos de forma que no parezca?

¿Podría seducirlos inocentemente?

Y mejor aún ¿Podría hacer que cayeran a mis pies de una vez por todas?

— ¿Te sientes mejor, princesa? —me preguntó por medio de un susurro Malik sin dejar de pasar sus dedos por la piel de mi rostros mientras cubría este con agua.

—Ahora lo estoy —susurré con la voz enronquecida y de repente Akram salió del baño dejándonos a solas.

Frustrándome.

¿Por qué es tan indiferente?

¿Realmente no le atraigo ni siquiera un poco?

Mi decepción fue clara pero Malik no pareció notarlo.

De repente hizo que me levantara para cubrirme con mi albornoz y llevarme a mi cama una vez más cargada.

Puedo acostumbrarme a ser mimada por ellos.

Pero las cosas no están saliendo de acuerdo al plan.

Akram había salido de la habitación dejándonos solos y a mí muy decepcionada.

Una vez más la mano de Malik se posó en mi frente pero como era de imaginarse todo el calor de mi piel había desaparecido por completo gracias al baño.

Sus ojos buscaron los míos y creí ver suspicacia en los suyos sin embargo él no dijo nada.

La puerta se abrió de repente mostrando a un muy serio Akram quien avanzó silencioso en nuestra dirección antes de detenerse al pie de la cama.

Y para mi molestia Malik dejó de tocarme.

—El médico vendrá en un momento.

Yo abrí la boca comenzando a balbucear sin siquiera saber qué decir y maldije en mi interior.

— ¡Te dije que no quería un médico! —exclamé yo y acto seguido la puerta se abrió mostrando al médico real quien de inmediato desalojó a los dos de inmediato.

—No tengo nada, puedes irte —gruñí en cuanto estuvimos solos.

—Princesa, debo...

—Lárgate de aquí ahora mismo —amenazé y mi tono de voz fue suficiente para que me obedeciera.

Cuando estuve una vez más sola dejé salir un suspiro de mis labios decepcionada.

Akram siempre iba a un paso de mí.

A estas alturas no iba a poder seducirlos como quiero.

Entonces una idea comenzó a rodear mi cabeza.

¿Y si los seduzco por separado?

Después podría unirlos y...

Bufé una vez más.

No creo lograrlo.

Además, eso podría complicarlo todo.

—A juzgar por lo rápido que salió el médico de tu habitación no debo creer tu supuesto malestar ¿No te cansas de hacer cosas de niñas, Ayishah?

La voz dura de mi madre hizo que diera un respingo y mi mirada de inmediato encontró su cuerpo erguido y elegante.

Ella estaba a un paso de la puerta como si temiera acercarse demasiado a mí.

En cuanto ignoré olímpicamente su pregunta ella se acercó un poco a mí observándome furiosa al mismo tiempo que me fulminaba con sus pupilas.

— ¿No puedes parecerte un poco a tu hermano? Estoy cansada de tener que lidiar contigo niña, incluso tu padre lo está así que hemos tomado una decisión.

Yo la miré burlona haciéndola enojar aún más.

— ¿Van a meterme a una especie de convento?

—Cariño, nuestro castigo es mucho peor —advirtió ella dándose la vuelta para ir hacia la puerta y el vello de mis brazos y nuca se puso en punta completamente alerta—. No falta mucho para que lo sepas.

》Tuviste tu tiempo para cambiar, pero tú misma no lo quisiste Ayishah.

Salió de mi habitación dejándome sumergida en un angustioso silencio pensando en qué estaba hablando.

¿A qué se refería con que su castigo sería mucho peor?

Bufé una vez más restándole importancia y cubrí mi cuerpo con las sábanas para adentrarme a un sueño profundo donde solo puede soñar con dos personas que ponen mi vida de cabeza.

Incluso aunque ellos no lo sepan.

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