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Portada de la novela Mi amor tardón

Mi amor tardón

Después de un lustro de lealtad, Edwin destierra a Valerie a una sucursal lejana. Lejos de lamentarse, ella abraza su independencia mientras su destino se transforma: surge un galán en su vida y descubre su origen como heredera de una gran fortuna. Al reencontrarse en una gala, el soberbio Edwin cree que ella busca recuperarlo. No obstante, Valerie ya no es su empleada, sino la influyente anfitriona que está lista para darle una lección de realidad.
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Capítulo 2

Afuera el cielo ya se había oscurecido. Valerie se levantó en el instante que vio a Edwin saliendo de su oficina; los otros empleados le dirigieron miradas solidarias.

Una vez que se halló en el interior de su auto, Edwin cerró los ojos para descansar. Luego, él dijo:

"El Departamento de Recursos Humanos me informó que revisaste el contrato de trabajo hace dos días".

El corazón de Valerie se aceleró, pero logró mantener la compostura.

"No recuerdo exactamente en qué fecha comencé a trabajar aquí, así que lo necesitaba para actualizar el estado de residencia".

Edwin abrió los ojos, y cuando miró el perfil de la mujer, esbozó una leve sonrisa.

"Pensé que ya no te agradaba trabajar para mí y planeabas renunciar".

"No. Ha sido un honor ser tu secretaria".

Valerie luchó por mantener la calma, pero sus pensamientos estaban hechos un desastre.

Edwin no dijo nada más, pero su corazón seguía acelerado.

Para ser honesta, ella sí estaba planeando renunciar y marcharse; últimamente, trabajar para Edwin se había convertido en algo demasiado desafiante, por lo que llegó a la conclusión de que lo mejor sería renunciar lo antes posible.

Cinco años atrás, Valeria había soñado con convertirse en su esposa, pero ahora sabía que eso jamás sucedería.

"Ya llegamos, señor Layfield", Valerie salió de sus pensamientos cuando el auto se detuvo frente al Hotel Grandness.

El gerente del hotel hizo que algunos empleados esperaran fuera del establecimiento para que recibieran a la pareja en cuanto llegaran.

Después de volver en sí, Valerie acompañó a Edwin al ascensor; ella pulsó el botón del último piso, desde donde podían ver el paisaje nocturno a través de los enormes ventanales.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor, Valerie fue recibida de inmediato por el pungente aroma del perfume de alguien.

Brent tenía cabello castaño claro y ojos verdes, y en ese momento el cuello de su camisa estaba desabrochado. El hombre se acercó con la intención de abrazar a Edwin, pero este último se hizo a un lado para evitarlo.

Entonces, la atención de Brent se centró en Valerie; un simple vistazo fue suficiente para que sus ojos se iluminaran al instante. Él tomó su mano y comentó:

"Edwin, pero qué hermosa dama has traído contigo".

Luego, la mano de Brent se deslizó hasta el brazo de Valerie.

La mujer resistió el impulso de huir al apretar los dientes mientras soportaba la repugnante experiencia.

La única reacción de Edwin fue un pequeño ceño fruncido antes de entrar, como si no hubiera notado lo que Brent estaba haciendo.

Brent tomó esto como un permiso para continuar, así que colocó un brazo sobre el hombro de Valerie.

Sin borrar la sonrisa de su rostro, la mujer intentó alejarse, pero falló; varias veces buscó encontrarse con la mirada de Edwin, pero este último siguió ignorándola y se limitó a responder de vez en cuando los elogios de los ejecutivos que acompañaban a Brent.

Todos se sentaron y Brent se acomodó frente a Edwin, con un brazo todavía sobre Valerie.

"Edwin, quiero a tu secretaria. ¿Cuánto debo ofrecer para robártela?".

El ambiente se tornó un poco incómodo; los ejecutivos de la mesa estudiaron el rostro de Edwin, temerosos de que esa propuesta lo ofendiera.

Valerie comenzó a apretar sus manos de forma inconsciente.

"¿Quieres quedarte con ella?", Edwin arqueó una ceja mientras miraba a Valerie: "Bueno, ha estado trabajando para mí durante cinco años, así que no creo que se conforme con una pequeña cantidad de dinero".

Los rostros de todos los presentes reflejaban que comprendían lo que estaba pasando; todo apuntaba a que Edwin estaba harto de su secretaria y no le importaba lo que sucediera con ella.

De repente, todos comenzaron a mostrar sonrisas lascivas.

Valerie inhaló profundamente antes de encontrarse con la mirada fría de Edwin.

Brent se inclinó para besarla, pero la mujer giró la cabeza hacia un lado.

Las cejas de Edwin se arquearon cuando presenció esto.

"Primero bebamos, señor Clark", forzando una sonrisa, Valerie sirvió vino en una copa y se la entregó a Brent.

Todos estaban muy intrigados y solo los miraban en silencio.

Complacido, Brent se echó a reír, y tras tomar la copa de vino, pronunció con un tono seductor:

"Eres realmente encantadora, ¿lo sabías?".

La sonrisa de Valerie se amplió bajo la intensa mirada de Edwin. Cuando Brent terminó con el contenido de su copa, ella la volvió a llenar:

"Por favor, siga bebiendo".

Los hombres a su alrededor vitorearon cuando vieron a Brent ingiriendo el licor sin siquiera dudarlo.

Actuando de forma deliberada, Valerie decidió derramar vino sobre la ropa del hombre.

"¡Oh! ¡Lo lamento! ¡Lo siento mucho!", Valerie siguió disculpándose, con el rostro sonrojado por la vergüenza.

En lugar de enojarse, Brent la agarró de la muñeca y dijo:

"Está bien, cariño, es solo una camisa. Iré a cambiarme al salón. ¿Por qué no vienes conmigo?".

La intención de la mujer era distraerlo, pero no tenía idea de que el bastardo le pediría que lo acompañara al salón.

Al quedarse sin escapatoria, se volvió hacia Edwin, presa del pánico.

"Oh, ¿primero necesitas que tu jefe te dé permiso?", Brent tomó la barbilla de Valerie antes de volverse hacia Edwin y mirarlo con unos ojos que albergaban un brillo juguetón.

Sin inmutarse, Edwin se recostó en el respaldo de su asiento y tomó un sorbo de su copa de vino.

"Bueno, eres la culpable de que la camisa de Brent haya quedado arruinada, así que tienes que ir a ayudarlo", declaró el hombre sin dudarlo.

Valerie apretó la mandíbula con fuerza, y antes de que pudiera asimilar por completo la respuesta de Edwin, Brent le pasó un brazo por la cintura y la levantó de su asiento.

Ella se encontraba rodeada de puros hombres, los cuales la miraban con absoluto desprecio; ninguno de ellos mostró la más mínima intención de ayudarla.

Una inmensa sensación de náuseas se apoderó de Valerie antes de que la sacara el hombre de la habitación.

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