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Portada de la novela Mi amor, mi verdugo

Mi amor, mi verdugo

Cinco años después del supuesto suicidio de Sofía Rodríguez, la oscura realidad de su muerte sale a la luz. Mientras el mundo la recordaba como una ladrona inestable, un influencer llamado Ricardo Solís halla un diario y grabaciones espeluznantes en su vieja casa. Los hallazgos exponen cómo su hermana Camila y el traidor Miguel planearon su asfixia. Este complot familiar, oculto bajo mentiras, se desmorona ante pruebas que exigen justicia por su asesinato.
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Capítulo 1

Me llamo Sofía Rodríguez y llevo cinco años muerta.

Mi familia me asesinó, pero le dijeron a todos que me suicidé.

Dicen que la "hija bastarda" se volvió loca y se quitó la vida.

Durante años, Internet me llamó "zorra", "ladrona", "desgraciada".

Dijeron que mi espíritu maligno estaba atrapado en mi antigua habitación.

Hoy, un famoso influencer paranormal, Ricardo Solís, vino a "exorcizarme" en vivo.

"Esta es la casa donde Sofía Rodríguez se quitó la vida," anunció, su voz ligera, como si hablara del clima.

El chat de su transmisión explotó: "¡Qué bueno que se murió!", "¡Se lo merece por arruinarle la vida a su angelical hermana Camila y por intentar seducir a su propio prometido, que es su hermano!"

Mi corazón, ya inerte, no sintió nada.

Pero entonces, Ricardo encontró mi diario oculto y empezó a leer.

Leyó sobre el helado de fresa, sobre la promesa de protección de Miguel, el día que por fin sentí que pertenecía.

Leyó sobre Camila y los chocolates llenos de gusanos en mi cumpleaños.

Leyó sobre el brazalete robado y mi padre gritándome: "¡Ladrona desagradecida!"

Leyó cómo Miguel me vio con el labio partido y no hizo nada.

Ricardo, asqueado, luego encontró mi memoria USB con el video.

El video de Camila confesándolo todo.

Mi hermana adoptiva, esta "angelical" Camila, se reía mientras me apuñalaba.

Luego me envolvía en plástico, dejando que me asfixiara lentamente.

"Nadie encontrará tu cuerpo aquí", se escuchaba su voz, "y si lo hacen, pensarán que la loca de Sofía finalmente se rompió. Un suicidio perfecto".

El video terminó, revelando un rostro deshecho de rabia, el de Miguel.

El hombre que me abandonó, el que creyó cada mentira.

¡Ah, Miguel! ¡Si tan solo hubieras escuchado!

Pero la verdad, como un fantasma, no puede ser silenciada para siempre.

Ahora, ¿escuchará el mundo mi última advertencia?

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