
Metiste La Pata, Soy Millonaria
Capítulo 2
El correo electrónico llegó a las 9:15 de la mañana, sin previo aviso.
"Reestructuración del Departamento de Desarrollo".
Sofía leyó el asunto y sintió un nudo en el estómago, una sensación fría que no tenía nada que ver con el aire acondicionado de la oficina.
Abrió el correo, sus ojos escaneando rápidamente el texto corporativo, buscando su nombre.
Lo encontró.
"Sofía Rivas será reasignada como Asistente Senior del Director de Desarrollo, reportando directamente a la nueva directora, Luciana Torres".
Asistente.
La palabra se quedó flotando frente a sus ojos.
Asistente.
Después de tres años de trabajo incansable, de noches sin dormir, de fines de semana sacrificados para lanzar el proyecto "Prometeo", la plataforma de pagos que salvó a la empresa de la quiebra.
Después de ser la arquitecta principal de su éxito, la que todos en el equipo buscaban para resolver los problemas más complejos.
De líder de proyecto a asistente.
Era una bofetada.
No, era más que eso, era una humillación pública y deliberada.
Sus compañeros de equipo comenzaron a susurrar, las miradas se desviaban hacia su cubículo. Podía sentir sus ojos sobre ella, cargados de lástima, de morbo, de sorpresa.
Ella era la estrella de "Fintech Soluciones", la ingeniera que había llegado como una desarrolladora junior y en tres años se había convertido en la columna vertebral del departamento.
Recordó la última evaluación de desempeño, apenas hace dos meses.
Su antiguo jefe, el Sr. Camacho, le había dicho: "Sofía, tu trabajo en Prometeo fue excepcional, la junta directiva está impresionada, tu futuro aquí es brillante".
Ahora Camacho había sido "reubicado" a una sucursal en otra ciudad y ella era... una asistente.
Laura, la analista de datos que se sentaba a su lado, se acercó con cautela.
"Sofía, ¿estás bien?".
Sofía no respondió, solo señaló la pantalla con un dedo tembloroso.
Laura leyó el correo y su rostro se transformó.
"No puede ser", susurró. "Esto es una broma, ¿verdad?".
Luego bajó la voz aún más.
"Te lo dije, algo raro estaba pasando desde que anunciaron que la hija del dueño iba a 'unirse a la empresa para aprender'", dijo Laura, haciendo comillas en el aire. "Nadie sabía qué puesto le darían".
Así que esa era la respuesta.
Luciana Torres. La hija del dueño.
Sofía la había visto una vez, en la fiesta de Navidad de la empresa. Una chica de veintipocos años, recién graduada de una universidad privada carísima, con un bolso de diseñador que probablemente costaba más que el sueldo mensual de Sofía. No había mostrado el más mínimo interés en la tecnología ni en el negocio, solo en el champán gratis y en tomarse selfies.
Y ahora, esa niña era su jefa.
La nueva directora.
La ira comenzó a burbujear dentro de Sofía, desplazando el shock inicial. Una ira fría y clara.
Esto no era una simple reestructuración, era un insulto a su inteligencia, a su dedicación, a cada hora que había invertido en esa empresa.
Se levantó de su silla, su movimiento fue tan brusco que la silla rodó hacia atrás y golpeó el separador del cubículo.
Todos los que susurraban se callaron.
Sofía ignoró las miradas.
No iba a aceptar esto.
No iba a sentarse en un rincón a tomar notas para una niña incompetente y mimada.
Su dignidad valía más.
Con la mandíbula apretada y los puños cerrados, caminó con paso firme hacia la oficina del dueño, el Sr. Torres.
Iba a obtener una explicación. O iba a irse de allí para siempre.
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