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Portada de la novela Mejor que él

Mejor que él

Félix y Lucas han construido un vínculo inquebrantable basado en promesas de lealtad eterna y secretos compartidos. Aunque ambos son maestros en manipular emociones sin involucrar el corazón, sus motivaciones difieren: uno busca fidelidad y el otro evitar la soledad. Sin embargo, la aparición de un tercero y el peso de las mentiras acumuladas pondrán a prueba su confianza. Ahora deberán decidir si salvan su histórica unión o ceden ante un amor devastador.
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Capítulo 2

Capítulo 1. Parte I

Félix Pierce.

Un grito agudo y torturador me despierta de mi gran y maravilloso sueño, en donde casi beso a una de mis actrices favoritas que es Natalie Portman. No puede ser posible que me hayan despertado entre la mitad de ese sueño.

¿Por qué será que aún no sigo casado con esa gran y hermosa mujer? Dios, solo te pido un deseo.

En fin… ¿en qué iba? O sí, el grito, el maldito grito que supuse que es de Andrew, mi sirviente… digo, mi hermano menor. Mi querido hermano.

Es un imbécil por haber irrumpido mi sueño. Aunque siempre ha sido un imbécil, eso no es algo nuevo.

Todos estos años han sido más que suficiente para darme cuenta de ello.

Las ventajas de ser su hermano mayor, es que puedo manipularlo, lo mando a que me haga favores o que haga los oficios que a veces mis padres me dejan a cargo, si no los hace le digo a mis padres que se la ha pasado la mayoría del tiempo jugando videojuegos en su consola en vez de estar estudiando. Y como siempre, todo tiene su lado malo, las desventajas son cuando les comenta a mis padres en que le he hecho una maldad y comienzan los castigos estrictos. Mis padres lo llaman en querer y respetar a mi hermano, yo lo llamo un total infierno.

Realmente me he metido muchas veces en problemas con mis padres por eso, pero tengo que resaltar que Andrew me ha cubierto las veces que lo he necesitado. Un ejemplo, era cuando me iba de fiesta y sabía que no me iba a dar tiempo de llegar a casa cuando se supone que tenía que estar con él cuidándolo cuando mis padres se iban de viajes de negocios por la empresa.

No me quejo en que sea mi hermano, creo que mi vida no tendría tanta diversión si él no estuviera. Ya no me imagino siendo hijo único. No me imagino una vida sin él ahora, me ha ayudado incontables de veces, también he hecho lo mismo. Es un extraño amor y apoyo de hermanos.

Sí me pidieran que tengo que salvarle la vida a mi hermano, lo haría sin pensarlo dos veces. Realmente evito mucho pensar en las cosas graves que podría pasarle a Andrew, y es algo que nunca se lo admitiría porque puede que se burle de mí al ser muy sentimental con eso, prefiero reservarlo.

También es algo que haría sin pensarlo con Lucas, de verdad que son personas que han crecido conmigo y no dudaría de nada en hacer cosas por ellos que jamás hubiera pensando en hacer por alguien más.

Siempre trato de protegerlos, pero… ¿Cuánto sería capaz de soportar? ¿Cuándo sería el momento en que no pueda hacerlo?

Un golpe estruendoso hace eco en mi habitación cuando alguien golpea la puerta con insistencia propia, hace que mi mal humor se comience hacer palpable en el aire. Ni siquiera el golpe se detiene, es seguido uno de otro, cada vez más intenso.

Odio que me despierten de esta manera. Odio que sean muy insistentes. Y más odio que lo haga Andrew.

—¿Qué carajos quieres, Andrew? ¿Cuántas veces te he dicho que no me gusta que me despiertes, pesado? —le pregunto con molestia en mi voz. Lo que más odio del día es cuando irrumpen en mi sueño.

Andrew se pone muy pesado a veces. Mis padres son conscientes de ello, es poco cuando lo riñen por molestarme, siempre soy yo el que se tiene que aguantar un discurso de las cosas malas que hago señalando que eso no me llevará a ningún lugar.

Siempre lo he tenido en cuenta, mis padres son el vivo recordatorio de mi tormento. Trato de olvidar lo que hice en el pasado, y cuando creo que lo he hecho, algo o alguien me recuerda las veces que he arruinado todo por no pensar en las consecuencias que eso me dejaría.

Pienso que me lo tengo merecido. Quisiera enmendar todo, pero el daño ya está más que hecho y la culpa me persigue. Solo espero no volver a enfrentar a la persona que sufrió mucho por mi culpa.

Cuando intenté enmendar las cosas, la persona a la que le hicimos daño se negó hacia todo, desapareció de nuestras vidas y no la hemos visto desde ese hecho. Hice lo posible de buscar su paradero, pero pareciera que nunca existió. Nos vimos muy desesperados al pensar que las cosas se convirtieron más complicadas de lo que ya eran.

No hay respuesta detrás de la puerta, el golpe se detiene, me extraña un poco. Ignoro el hecho de que me llamaban hace unos minutos y decido volver a dormir. Siento que no lo he hecho correctamente. Anoche me acosté muy tarde mirando un documental de asesinatos. El golpe parece que no volverá a aparecer, solo espero unos segundos para asegurarme.

Nada.

Un silencio total se escucha desde el otro lado de la puerta. Algo ocurre, porque si hubiese sido Andrew seguiría tocando la puerta. Puede que sea uno de mis padres, Dios, ¿qué he hecho? Malhumorado y con desganas me levanto de mi cama, al abrir la puerta revelo delante de ella a mi estúpido y molesto mejor amigo, Lucas, el cual me sonríe de oreja a oreja de forma inocente como él solo sabe hacerlo.

Lucas sabe que no me gusta que me despierten, lo sabe muy bien porque eso despierta mi mal humor, solo lo hace para molestarme, le divierte hacerlo, lo descubrí hace muchos años. Me provoca cerrarle la puerta en la cara, pero me contengo de hacerlo.

—¿Hoy amaneció sensible, su majestad? ¿Volviste a cerrar la puerta con llave? Dios, Félix… ¿Cuántas veces te he dicho que no te estés masturbando? —inquirió con su típico humor de diversión filtrándose en su tono de voz. Otro pesado más—. Deja de hacer tus asquerosidades. Busca novia.

Lo observo de mal humor, después una risa carente de humor brota de mi garganta. Es imposible no reírme cuando estoy con él. Él siempre diciendo cosas tan lindas sobre mí. Me vuelvo a acostar en mi cama ignorando sus preguntas del por qué he cerrado la puerta con seguro. Si contestaba diciéndole la verdadera razón no me creería, aunque supiera que es verdad. Como digo, lo haría para molestarme.

Había olvidado quitarle el seguro. Me había quedado tan entretenido con ese documental, solo lo hice para que no me molestaran de lo que restaba de la noche, simplemente lo olvidé.

Ojalá lo hubiera hecho con otras intenciones…

—¿Qué haces aquí? —pregunté sin mirarle.

—Perdón por molestarte con mi amistad —dijo en un fingido tono de voz triste, lleno de mofa al mismo tiempo—. Solo pasaba por aquí para visitar a mi mejor amigo, ¿o no puedo?

Sus palabras están tan cargadas de sarcasmo que me hace observarlo. Es que me sigue extrañando que esté aquí en mi casa, aunque siempre está metido todo el día, pero siempre viene con una intención.

—¿A qué vienes, Lucas? —inquiero, desconcertado.

Abre los ojos un poco, emocionado.

—¡Son las nueve de la mañana y hoy es nuestro primer día en la universidad! —grita, entusiasmado, y mis ojos se abrieron de par en par.

¿Qué?

—¡¿Cómo que son las nueve?! Joder…

Mierda, lo había olvidado… hoy comenzamos oficialmente como universitarios dejando aquella faceta de colegial atrás, como extraño aquellos tiempos. No había tantos problemas a los cuales enfrentarnos…

—¿Lo habías olvidado? Eso sí que me sorprende —alega con mucha sorpresa—. Puedo esperarlo de mí, pero ¿de ti? Imposible. Tu eres el responsable de los dos, esto es muy histórico.

—Solo me acosté muy tarde —me encojo de hombros.

Arquea una ceja, y me observa, divertido.

—Me imagino en qué… —susurra sin más. Finge toser—. Masturbándote.

—Yo no…

—Pervertido.

—No comiences, Lucas —le advierto. Ya sé por dónde va ese tono de voz, y estará molestándome todo el día.

—Solo digo —levanta sus manos de manera inocente.

—¿Por qué no me mensajeaste? —cambio de tema, con el ceño fruncido.

—Lo hice, intente llamarte, creo que tienes el teléfono apagado —me comenta, rascándose la nuca—. Mueve tú trasero si no quieres que lleguemos tarde, te esperaré abajo. Tomaré el café con tus queridos padres.

—Lo tenía encendido —frunzo el ceño.

—No lo sé, solo me mandó al buzón —se encoge de hombros de nuevo—. ¿Realmente te estabas masturbando?

—¡Qué no! ¡Solo vete, Lucas!

Al decir eso último, le tiro un cojín sin obtener buenos resultados haciendo que le dé a la puerta porque ya se había ido de la habitación dejándome solo, muy confundido en que mi teléfono no haya sonado en ningún momento. No pierdo más tiempo pensando en cosas que simplemente ocurren y decido tomar un baño.

Las vacaciones habían pasado más rápido de lo imprevisto, no medimos en que pasarían tan rápido, tengo el presentimiento que hace una semana nos estábamos graduando de la preparatoria. Parece mentira cuando te dicen que debes disfrutar tu juventud porque en un abrir y cerrar de ojos pasan volando los días. Pero se puede decir que fueron las mejores vacaciones de mi vida.

Muchas fiestas.

Muchas bromas.

Muchas chicas.

Mucho alcohol.

Mucho baile.

Mucho sexo.

Y, sobre todo, muchos momentos junto con Lucas. Como siempre ha sido.

Lucas siempre ha estado para mí cuando se trata de situaciones difíciles, él supo ganarse mi confianza y lealtad desde que estamos en la primaria. Recuerdo a ese pequeño castaño que se acercó a mi muy entusiasmado, diciendo con felicidad que él también tenía su mochila del Hombre Araña.

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