Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Me regala Un bebé ilegítimo

Me regala Un bebé ilegítimo

El aniversario de Elena termina en tragedia al descubrir la infidelidad de Ricardo con su antigua novia, Camila. Decidida a marcharse, firma el divorcio ocultando que espera un hijo suyo. No obstante, Ricardo la encarcela injustamente tras caer en las calumnias de su amante, quien la acusa de agresión. En medio de este complot de engaños y malicia, Elena se ve obligada a confesar su embarazo como único recurso para huir y proteger la vida de su bebé.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

No esperé a Ricardo. Apagué las velas, guardé la comida en el refrigerador y subí a nuestra habitación.

La casa estaba silenciosa, un silencio pesado que amplificaba la soledad.

Me senté en el borde de la cama, la misma cama que habíamos compartido durante esos breves meses de felicidad. Ahora se sentía extraña, ajena.

Revisé mi teléfono una y otra vez, como si esperara una disculpa, una explicación. Pero no había nada. Solo esa foto, grabada en mi mente.

Me recosté y cerré los ojos, pero el sueño no venía. En cambio, mi mente se llenó de recuerdos.

Recordé haber llegado a esta casa, una niña asustada de diez años que acababa de perder a sus padres. La familia Vargas me acogió, me dio un hogar. La abuela me dio amor, pero Ricardo... Ricardo siempre mantuvo su distancia.

Para él, yo era solo la huérfana que sus padres habían traído a casa por lástima.

Luego vino Camila.

Cuando Ricardo la trajo a casa por primera vez desde la universidad, vi la forma en que la miraba. Era una devoción total, una adoración que yo anhelaba desesperadamente y que sabía que nunca recibiría de él.

Camila era brillante, encantadora y sabía exactamente cómo manejar a Ricardo. Yo, en comparación, era una sombra silenciosa, siempre en segundo plano.

Me convertí en un mueble más de la casa, alguien cuya presencia se daba por sentada pero nunca se valoraba realmente.

El sonido de un coche entrando en el camino de entrada me sacó de mis pensamientos.

Miré el reloj. Eran las tres de la mañana.

Escuché la puerta principal abrirse, seguida de pasos torpes y risas ahogadas.

Mi corazón se apretó. No venía solo.

Me levanté y abrí la puerta de la habitación justo a tiempo para ver a Ricardo ayudando a Camila a subir las escaleras. Ella se apoyaba pesadamente en él, con la cabeza en su hombro, fingiendo una debilidad que yo sabía que era pura actuación.

"Con cuidado, Cami, con cuidado," susurraba Ricardo, su voz llena de una preocupación que nunca me había mostrado a mí.

Se detuvieron al verme en la parte superior de las escaleras. La sonrisa de Camila vaciló por un segundo antes de convertirse en una mueca de dolor.

"Oh, Elena... lo siento, no queríamos despertarte," dijo con una voz lastimera. "Me sentí muy mal en el bar y Ricardo insistió en traerme aquí. Espero no ser una molestia."

Su mirada era cualquier cosa menos arrepentida. Era un desafío.

Miré a Ricardo, esperando que dijera algo, que me defendiera, que la mandara a un hotel.

Pero él solo me miró con una mezcla de culpa e irritación.

"Elena, Camila se quedará en la habitación de invitados esta noche," dijo, su tono no dejaba lugar a la discusión. "No se siente bien."

"¿No se siente bien?", repetí, mi voz goteando un sarcasmo que no pude contener. "¿O bebió demasiado celebrando nuestro aniversario?"

Ricardo frunció el ceño. "No empieces, Elena. No estoy de humor."

"Yo tampoco estoy de humor, Ricardo," respondí, mis manos se cerraron en puños a mis costados. "Es nuestra casa. Y es nuestro aniversario. Y tú la traes a ella aquí."

Camila soltó un pequeño gemido y se apretó más contra Ricardo. "Ricardo, me duele la cabeza... creo que me voy a desmayar."

Su actuación fue impecable.

Inmediatamente, toda la atención de Ricardo se centró en ella. La levantó en brazos con una facilidad sorprendente.

"Ves lo que provocas," me espetó Ricardo mientras la llevaba hacia la habitación de invitados. "Siempre tienes que hacer una escena."

Lo vi depositarla suavemente en la cama. El cuidado con el que le quitó los zapatos, la ternura con la que le arregló una almohada bajo la cabeza.

Un hombre puede ser gentil, pero su gentileza es selectiva.

Me quedé allí, paralizada, viendo a mi esposo cuidar a otra mujer en nuestra propia casa. Sentí una oleada de náuseas.

Ricardo salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente detrás de él. Se volvió hacia mí, su rostro era una máscara de frustración.

"¿Estás contenta ahora?"

"No, Ricardo. No estoy contenta," dije, mi voz temblando de ira y dolor. "Quiero que se vaya. Ahora."

"No seas ridícula. Está enferma."

"No está enferma, está borracha y te está manipulando."

"¡Basta!", gritó, su voz resonando en el pasillo silencioso. "Estoy cansado de esto. Estoy cansado de ti."

Sus palabras me golpearon más fuerte que una bofetada.

"¿Estás cansado de mí?", susurré, sintiendo cómo las lágrimas finalmente comenzaban a brotar. "Yo también estoy cansada, Ricardo. Estoy cansada de esperar, de tener esperanzas, de ser la segunda opción."

"¿Qué esperabas, Elena?", dijo cruelmente. "Ambos sabíamos lo que era este matrimonio. Teníamos un acuerdo."

El acuerdo.

Siempre volvía a ese maldito acuerdo. El papel que nos permitía a ambos vivir una mentira.

"Tienes razón," dije, y algo dentro de mí se rompió definitivamente. El dolor fue reemplazado por una calma vacía. "Teníamos un acuerdo."

Me di la vuelta y entré en nuestra habitación. Ricardo me siguió.

"¿A dónde vas?"

Fui directamente al armario, saqué una maleta y empecé a meter mi ropa dentro, mis movimientos eran mecánicos, precisos.

"¿Qué estás haciendo?", preguntó, su voz ahora teñida de confusión.

No le respondí. Seguí empacando.

"¡Elena, te estoy hablando!", me agarró del brazo.

Me solté de su agarre con una fuerza que lo sorprendió.

"Me voy," dije simplemente.

"¿Irte? ¿A dónde? No seas infantil."

"No soy infantil," le respondí, mirándolo directamente a los ojos por primera vez esa noche. Vi la confusión, la irritación, pero ni una pizca de arrepentimiento. "Soy tu esposa. O al menos, eso es lo que dice el papel. Pero ya no más."

Fui a mi mesita de noche, abrí el cajón y saqué un sobre. Se lo arrojé sobre la cama.

"Aquí está el acuerdo de divorcio que firmamos. Ya tiene mi firma. Solo falta la tuya."

Ricardo miró el sobre como si fuera una serpiente. Lo abrió lentamente, sacó los papeles y vio mi firma clara y decidida en la parte inferior.

"Estás loca," murmuró, sacudiendo la cabeza. "¿Divorcio? ¿Por esto? ¿Por una noche?"

"No es por una noche, Ricardo," dije, cerrando la maleta. "Es por cada noche que he pasado sola. Es por cada vez que has elegido a Camila por encima de mí. Es por la humillación de traerla a nuestra casa en nuestro aniversario."

Mi mano volvió a mi vientre.

"Y es por mí. Porque merezco algo mejor que esto."

"No tienes a dónde ir," dijo, su tono cambiando a uno de superioridad. "No tienes a nadie."

"Te equivocas," le dije, mi voz firme. "Me tengo a mí."

Agarré mi maleta y mi bolso. Caminé hacia la puerta.

"Elena, espera," dijo, su voz de repente sonaba insegura, quizás por primera vez dándose cuenta de que hablaba en serio.

No me detuve.

"No te atrevas a irte," amenazó.

Abrí la puerta y salí al pasillo. Pasé por la puerta cerrada de la habitación de invitados, el nido de la víbora.

Bajé las escaleras, mis pasos resonando en la casa silenciosa.

Cuando llegué a la puerta principal, escuché a Ricardo gritar mi nombre desde arriba.

No miré hacia atrás.

Abrí la puerta y salí a la noche fría, dejando atrás un año de matrimonio falso y una vida entera de amor no correspondido.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía respirar.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela De Chica de Campo A Heredera
9.0
Sofía Rojas, una brillante ingeniera de sonido en México, ve su vida desmoronarse al descubrir la traición de su prometido, Ricardo. El ambicioso productor musical solo buscaba ascender, planeando casarse con la rica Elena Vargas mientras despreciaba las raíces de Sofía. Tras la humillación y la crisis del mariachi de su familia, ella abandona la ciudad. Sofía regresa a Jalisco decidida a retomar su legado y reclamar el imperio que le pertenece por derecho.
Portada de la novela La tentación imprevista del magnate frío
9.6
Andrés es un magnate de carácter gélido cuya vida da un giro tras conocer a Corinna, la mujer que lo rescató. Ella, víctima de una traición planeada por su padre y su madrastra, busca protección en el poderoso heredero de Driyver. Lo que inicia como un pacto estratégico para escapar de intrigas familiares deriva en una pasión intensa. El asombroso cambio del distante millonario cautivará a todos en este relato de amor, supervivencia y redención.
Portada de la novela La Venganza de la Exprometida
8.5
Juliette Moreau se infiltra como asistente de Aston Myers con un plan claro: destruir al frío magnate que arruinó su vida. Lejos de intimidarse por el inmenso poder que él maneja en las sombras, ella desafía su autoridad mientras desentraña sus secretos más oscuros. Lo que inició como una misión de justicia se transforma en una obsesión mutua donde el deseo y la traición se entrelazan, poniendo en riesgo sus sentimientos en un peligroso juego de venganza.
Portada de la novela La Virgen Salvada por el Multimillonario
8.5
Engañada y con el corazón roto tras una dura traición, Lizandra escapa hacia Río de Janeiro en busca de paz. Sin embargo, cae en una trampa que la deja a su suerte hasta que un accidente fortuito la cruza con almas generosas que la acogen. Su verdadero reto surge al conocer a Heitor Alves de Bragança, un magnate tan soberbio como desconfiado. Ella luchará por demostrarle que no busca su fortuna y que su honestidad es real frente a sus prejuicios.
Portada de la novela Matrimonio por contrato.
8.1
Isabella se esfuerza cada día por ganarse el afecto de Damian en un matrimonio pactado por puro interés. Aunque ella se entrega con total devoción, solo recibe frialdad de su esposo. Sin embargo, una petición imprevista altera el curso de su relación y sacude la indiferencia del millonario. El desapego de Damian se convierte de pronto en una obsesión posesiva, transformando su vínculo en un torbellino de emociones intensas cuando el verdadero deseo despierta.
Portada de la novela Matrimonio relámpago: malcriada por mi misterioso marido
8.9
Hace tres años, Eunice tuvo trillizos creyendo que solo uno sobrevivió. Para proteger su herencia, se casa con un ingeniero de origen modesto, pero el misterio la persigue: nunca tuvo relaciones, aunque quedó encinta. Tras descubrir que otro de sus hijos vive, inicia una búsqueda de la verdad. Pronto sospecha de su marido, quien oculta secretos tras su aparente pobreza y posee un parecido físico impactante con un influyente magnate televisivo.