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Portada de la novela Me Niego a ser la Protagonista

Me Niego a ser la Protagonista

Tras una vida marcada por el dolor de la piel de cristal y el cáncer, una joven de dieciocho años fallece frente a su familia tras pedir el fin de su agonía. Inesperadamente, despierta en un mundo desconocido habitando el cuerpo de la heroína de una novela. Al comprender que su existencia está ahora ligada a un guion preestablecido, decide desafiar su destino. Determinada a no ser un títere literario, luchará por escribir su propio camino y libertad.
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Capítulo 3

El joven que había visto a Lidia se comenzó a reír mientras pasaba su brazo por los hombros del capitán y comenzaba a caminar en dirección contraria de donde estaba ella, está confundida miro al joven dándose cuenta de que él volteaba para mirarla y le levantaba el pulgar mientras le guiñaba el ojo divertido “¿Qué fue eso?… Pensé que me iba a delatar” pensó Lidia confundida viendo como el joven se subía a su caballo y se marchaba con el resto de los caballeros.

—Él… ¿Por qué no me delato? —Se preguntó en voz alta Lidia al quedar sola en el bosque.

Durante las siguientes horas, Lidia encontró algunas frutas en el bosque para poder comer y luego salió de él para volver a la ciudad. Al llegar allí, ella se decidió en aprender a usar la habilidad de curación que debía de tener la protagonista para poder hacer algo de dinero, así fue como se dirigió a una pequeña posada para pedir un cuarto a cambio de entregar sus servicios de curandera o mesera. A la mañana siguiente Lidia fue despertada temprano por la anciana dueña del lugar, quien necesita de los servicios de sanación de Lidia para su esposo, quien estaba en cama.

—Él lleva enfermo algunos días, ¿crees que podrías ayudarlo? —Pregunto la anciana mientras Lidia se acercaba a la cama del hombre.

Lidia miró al hombre detenidamente y se sentó a su lado mientras tomaba la mano del este, la anciana que observaba lo que sucedía quedo sorprendida al ver una luz dorada desprenderse de las manos de Lidia mientras ella tomaba la mano del hombre para curarlo. “Esto debe funcionar, lo he practicado algunas veces con plantas, así que debe estar bien” se repetía Lidia para sí misma mientras curaba al anciano, lo cual le tomo alrededor de dos horas poder dejar al hombre completamente sano.

—Hmm… Mar… Marta, cariño… —Dijo el hombre mientras la anciana corría hacia él y tomaba su mano.

—Alfred, amor, al fin estás bien, me tenías preocupada, es increíble que una simple gripe pudiera afectarte tanto, te lo dije, ya no somos jóvenes, cariño, ya no puedes estar trabajando tanto fuera de casa. —Dijo la anciana mientras besaba la frente de su esposo.

Lidia, que observaba la escena de cariño del matrimonio, se sintió aliviada al darse cuenta de que su habilidad había funcionado como debía, y que gracias a eso había podido hacer feliz a aquella pareja. Durante los siguientes días Lidia pudo quedarse en aquella posada sin tener que pagar su estadía, ya que la dueña del lugar con su marido se sentía agradecidos con Lidia y esta ofrecía su ayuda en la atención a los clientes del lugar.

—Lidia, tenemos un problema con una de las habitaciones, podrías atender tú al señor mientras tanto por favor. — Dijo la señora Marta mientras corría al segundo piso a ver la habitación.

—He… Si yo me encargo. —Respondió Lidia viendo que la señora ya corría al segundo piso.

El hombre frente a Lidia entro al sitio con un pequeño niño en sus brazos, ella comenzó a registrarlo en el libro y le dio las llaves del cuarto para luego guiarlo hasta su habitación.

—Señor, venga por aquí, por favor, lo guiaré a su cuarto. —Dijo Lidia mientras miraba curiosa al hombre quien tenía el rostro oculto bajo una capa.

—Señorita, ¿sería posible conseguir un médico en este lugar? —Pregunto el hombre.

Lidia al escuchar la voz del hombre sintió que la conocía, por lo que frunció el ceño y se acercó un poco más a él para intentar ver su rostro, encontrándose así con un cabello azul verdoso y ojos grises “Es el joven del otro día, pero… ¿Por qué parece tan cansado?” Se preguntó Lidia viendo al pequeño que este aún tenía en sus brazos.

— ¿El médico es para este pequeño? —Pregunto Lidia al joven.

—Sí, él es mi hermano menor, tiene ocho años… No, no sé cuánto tiempo lleva así, pero parece grave, él siempre se enferma con facilidad, pero es primera vez que lo veo en este estado, no despierta y tiene una fiebre muy alta. —Respondió el joven acariciando el cabello de su hermano menor.

El joven camino hacia la cama que estaba en el cuarto en el que se hospedaría y recostó a su hermano para que descansara “¿Cómo puede no saber cuánto lleva en ese estado? Qué irresponsable” se dijo Lidia caminando hacia el pequeño para colocar su mano sobre la frente del niño.

— ¿Dónde están los padres del niño? —Pregunto Lidia con un rostro molesto.

—Ellos… Mi padre murió hace unos meses y mi madre dijo que cuidaría a mi hermano, pero ayer cuando volví a casa después de días de estar fuera, ni ella ni sus cosas estaban y solo, solo estaba mi hermano en este estado… —Dijo el joven mientras se frotaba los ojos tristes.

Lidia sintiéndose culpable por haberlo juzgado apresuradamente camino hacia él y froto su espalda con cuidado “Él me ayudó aquel día, él no me delató cuando me vio sobre el árbol y aunque ahora no parece reconocerme es mi deber ayudarlo al tratarse de un niño tan pequeño, aparte, se lo debo” pensó Lidia saliendo del cuarto para volver a los pocos minutos después.

—Fui a preguntarle a la dueña si hay algún médico cerca y me dice que no, así que… Le traje esta fuente, puede ir a buscar agua en la primera planta, le dije a la dueña que lo guie para que pueda traer agua para bajarle la temperatura al niño, vaya no se preocupe, yo me quedaré para cuidar de su hermano. —Dijo Lidia dando a entender que sería complicado para ella llevar el agua por el peso.

—Está bien, entonces yo iré por el agua, le encargo a Javier unos minutos. —Respondió el joven saliendo a toda prisa en busca de agua.

Lidia, que se quedó sola con el pequeño, se acercó a él y arrodillándose a un costado de la cama, tomo su mano. “Déjame ayudarte” Lidia envolvió con su maná el cuerpo del niño, dándose cuenta de que este tenía un flujo de maná demasiado alto, el cual no era consistente con aquel pequeño cuerpo. “Es como llenar una copa ya desbordada, su alma se está rompiendo al no poder contener tanto poder, tengo que hacer algo” pensó Lidia parándose del suelo e inclinándose hacia el pequeño para colocar su frente pegada a la del niño.

—Está bien, todo estará bien, puedes estar tranquilo… Tu hermano vendrá pronto. —Dijo Lidia intentando calmar al pequeño.

Mientras Lidia pegaba su frente a la del pequeño, una calidez los envolvió a ambos, haciendo que la agitada respiración del niño se volviera más regular minuto a minuto “Hah… Esto es, agotador, tuve que absorber mucha mana del pequeño para poder estabilizarlo, tendré que seguir haciéndolo durante un mes, por lo menos para que pueda estar completamente curado” pensó Lidia mientras veía que la fiebre del niño bajaba rápidamente en tan solo minutos.

—Ya he traído el agua, gracias por cuidarlo. —Dijo el joven mientras se acercaba al niño y veía a este dormir plácidamente.

Lidia, preocupada en que se descubriera que ella había intervenido en ayudar al pequeño, decidió alejarse, ya que sabía que este era caballero del palacio y no quería verse involucrada con nadie que pudiera acercarla al príncipe heredero y ponerla a ella a la vista de él.

—Señorita usted… ¿Cómo hizo? Mi hermano, él ya, no tiene fiebre, parece mucho mejor. — Dijo el joven.

Este miro a Lidia por primera vez con interés, dándose cuenta quién era ella.

—Tú… Eres la joven que estaba abrazando a ese árbol el otro día. —El joven dio una pequeña sonrisa al recordar aquella escena.

Lidia avergonzada volteo tratando de salir del cuarto, pero este corrió para interponerse entre ella y la puerta y con una sonrisa en sus labios se inclinó hacia ella.

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