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Portada de la novela Me enseñaste a amar

Me enseñaste a amar

Gaspar Davis es un CEO exitoso y padre soltero de tres niños que ha renunciado al amor, optando solo por relaciones pasajeras. Al buscar un referente femenino para su hija Aitana, conoce a la magnética Hoa Thi Smith. Pese a su resistencia inicial, la constante presencia de Hoa en su vida familiar lo lleva a aceptar lo que siente. No obstante, el inesperado retorno de su ex, Fionna, pondrá en riesgo su conexión, forzándolos a defender su futuro juntos.
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Capítulo 3

Al amanecer del día siguiente, Fionna se desperezó tranquilamente y al notar que la miraba fijamente arqueó una ceja interrogante, yo sin poder contenerme más, le pregunté:

–¿Qué significan los rosetones que tienes en el cuello?

–¿Qué? ¿Cu… cuál rosetón? –me preguntó titubeante mientras llevaba ambas manos a su cuello tratando de cubrirlo.

–¿Estás segura de que el hijo que esperas es mío?

–No te atrevas a insultarme Gaspar, por supuesto que es tuyo, jamás me embarazaría de otro hombre estando casada contigo.

–¿Y qué hay de tu cuello y los chupones que luces?, dile a tu amante que, si es tan hombre para marcarte, lo sea también para pararse ante mí y decirme que te quiere para él –exclamé molesto.

–Estás delirando Gaspar, solo quieres desviar el tema de lo realmente importante aquí y es mi embarazo no deseado.

–No vuelvas a decirle a mi hijo que es un embarazo no deseado, te advierto que vas a tenerlo.

–Sí está bien, lo tendré, pero no me someteré al control médico de tu padre, he seleccionado otro ginecólogo y él me atenderá todo el tiempo.

–Siempre y cuando tengas control médico no me importa quien lo haga, igual te acompañaré a cada cita, no voy a perderme la evolución de mi hijo, si es que es mío.

–Eres un enfermo controlador, así solo buscas que te odie.

–Cualquier otra mujer pensaría que soy un padre amoroso –señalé con una sonrisa irónica.

–Tengo algunas condiciones para continuar con esto –dijo mientras se tocaba el vientre.

–Estás colmando mi paciencia Fionna, ahora, ¿qué quieres agregar?

–Quiero dormir sola.

–Habla claro, ¿quieres separarte de mí?

–Siento que me asfixio, mis hormonas están peor que nunca y necesito mi espacio.

Su actitud y sus palabras me confirmaban que ya no era mía, extrañamente me sentí aliviado, librado de carga, aunque aún estaba su embarazo, pero ahora se había sembrado en mí la duda sobre la paternidad de ese bebé que está esperando, no sentí rabia, mi hombría no estaba herida, me invadió un sentimiento desconocido para mi hasta ese momento y no supe identificarlo, solamente esperaría un tiempo prudencial y confirmaría si era mío o no.

***

Los días comenzaron a transcurrir y con frecuencia tenía a Fionna en mi oficina, llegaba y se sentaba en el sofá de mi despacho con una revista, no hablábamos, no me interrumpía, solo se quedaba allí incomodando a mi secretaria ya que la miraba con hostilidad cada vez que entraba a mi oficina. Igual de agresiva fue con Lucio, ya que en un primer encuentro con ella, el cual fue bastante desagradable debido a que Fionna quiso encender un cigarrillo y cuando mi mano derecha le comentó que no era conveniente esa acción en su estado, ella estalló y le lanzó una gran cantidad de improperios que me hizo sentir pena ajena; desde ese día Lucio se comunica conmigo por teléfono si sabe que está “visitándome”, realmente no sabía qué buscaba con ese comportamiento, pero decidí ignorarla porque estaba en medio de tratos muy importantes y no desviaría mi atención a esa causa perdida.

En casa no era mejor la situación, ahora ignoraba olímpicamente a nuestros hijos alegando dolores de cabeza y cualquier otro conjunto de malestares, que según ella la obligaban a estar sola y en silencio desde el momento que traspasaba la puerta de entrada hasta que milagrosamente se sentía mejor y se iba a la calle a hacer no sé qué, supongo que, a encontrarse con su amante, aunque en realidad tampoco me importaba.

Al revisar los estados de cuenta había visto que estaba haciendo retiros semanales de la cuenta mancomunada que mantenía para sus gastos, así que al no saber qué hacía con el dinero ya que ni siquiera simulaba con alguna compra le restringí los depósitos en esa cuenta.

***

Pasadas cinco semanas desde nuestra última conversación me anunció que tenía cita médica, lo hizo en una de sus visitas a mi oficina y cuando ya estaba de pie para salir a la consulta, yo me encontraba en una conferencia telefónica muy importante y quise fulminarla, me limité a solicitar la dirección del consultorio y le indiqué que la alcanzaría allí.

El lugar era alejado del centro de la ciudad lo cual me disgustó bastante, al llegar ya el médico la había examinado, igual quise hablar con él y me confirmó que el bebé estaba muy bien, creciendo a un ritmo normal y tenía un tiempo de gestación de 9 semanas, internamente pensé que el tiempo coincidía con nuestro último encuentro sexual que por cierto fue iniciado por ella, recuerdo muy bien que ese día me recibió con una lencería muy sexy de encaje color rojo que despertó rápidamente mi hombría, siempre ha sido bella, con un cuerpo muy sensual y no dudé ni un segundo en hacerla mía apasionadamente, no obstante, la duda en mí se mantenía, hablaría sinceramente con mi padre, necesitaba hacer la prueba de paternidad lo más pronto posible. Al salir del consultorio me pidió irse conmigo en el automóvil ya que necesitaba decirme algo, accedí y ella despidió a Boris, su chofer y guardaespaldas, ya en mi auto y sin preámbulo alguno me espetó:

–¿Por qué has disminuido mi asignación para gastos?

–¿Por qué hay retiros continuos de esa cuenta y no veo en qué estás gastando?

–Tú nunca te has ocupado de eso.

–Antes no desconfiaba de ti.

–¡Eres un miserable! ¿Qué quieres de mí?, me estás obligando a llevar este embarazo y ¿ni siquiera puedes pagarme por eso?

–¿Los retiros son para cobrar por el embarazo?, ¿qué pasa contigo Fionna?, ¿en quién te has convertido?

–Me gusta pintar y necesito dinero para poner una galería, después de tener a tu hijo me dedicaré a eso.

–Cuando tengas al bebé, hablaremos de ese tema. Mis padres nos invitaron a cenar, pasaremos por los niños e iremos a su casa.

–No tengo hambre y tampoco ganas de ver a tus estirados padres.

Cerré los ojos y respiré profundo, no puedo encontrar en mi mente el momento en que mi esposa se convirtió en el ser tan desagradable que es ahora. Llamé a la casa y pedí que los niños nos esperaran afuera, sin hacer caso de las protestas de Fionna la obligué a acompañarnos, necesitaba hablar con mi padre y hacer lo que tenía planificado para la prueba de paternidad.

Llegamos a la mansión Davis, mis padres recibieron a los niños con mucho entusiasmo, Fionna los saludó con cariño desconcertándome porque su actitud era totalmente opuesta a lo que me manifestó cuando salimos de su consulta médica, su comportamiento bipolar estaba llevándome al límite.

Dejé a Fionna con mi madre y busqué un momento apartado con mi padre para plantearle sin tapujos lo que me estaba ocurriendo con mi esposa y mis sospechas, él me escuchó con atención y se consternó al decirle de mi duda respecto a la paternidad del bebé que Fionna esperaba. Salió conmigo y pasados unos minutos de conversación general, mi padre anunció que había recibido un paquete especial con el cual se podía conocer el sexo del bebé a partir de la sexta semana de embarazo, nos lo ofreció y mi madre entusiasmada le pedía a Fionna que se hiciera la prueba, Bastián y Aitana también saltaban emocionados y apostaban sobre cuál de los dos tendría ventaja numérica en poco tiempo. Al ver a mis hijos tan alegres se me oprimió el pecho porque me ha estado rondando la idea de que si el niño no es mío solicitaré el divorcio de inmediato y la alejaré de nuestras vidas para siempre. Era una situación crucial para mí, Fionna accedió y mi padre sin perder tiempo, la condujo al consultorio que tenía en la casa para tomarle la muestra, yo para disimular seguí el juego de los niños, pidiendo que fuera otro hombrecito, al final mi madre convenció a Aitana de que si era la única niña siempre sería la princesa de la casa por lo tanto de un momento a otro comenzó a pedir también que fuera un hermanito.

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