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Portada de la novela Me Enlazo A Tu Destino

Me Enlazo A Tu Destino

Un matrimonio por contrato me vinculó a mi jefe tras las mentiras de mi exnovio y la astucia de mi ahora esposo. Aunque el afecto surgió entre nosotros, descubrir que mi existencia fue manipulada por sus intereses lo cambió todo. Ahora, atrapada en una red de secretos y traiciones, debo decidir si escapar de este oscuro lazo o luchar contra las adversidades. Entre heridas y misterios, busco la verdad y la felicidad en una relación forjada por el engaño.
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Capítulo 3

8 meses atrás…. 

—Ya tenemos todo preparado para la propuesta, estaré pendiente cuando bajes. —Me dice mi mejor amigo de infancia, Henrry es como un hermano para mí. 

—Bajare en cinco minutos. —Dije nervioso.  

La noche esta fría y las estrellas transmiten toda su luz radiante, es un momento muy importante porque le pediré matrimonio al amor de mi vida, mi dulce Amelia. 

Bajando las escaleras la vi con su vestido color rosa que le regalé el día de sus cumpleaños, hice la seña para que mi amigo la distrajera y así ponerme de rodillas sosteniendo en mis manos el anillo que llevaría puesto en su hermoso dedo anular izquierdo.

—Amor, esta noche es tan importante para mí que me encuentro arrodillado de lo agradecido que me siento a tu lado, estoy tan nervioso que mis labios tiemblan mientras trato de articular todo lo que tengo por decirte. 

—¿Por qué estas nervioso? —Pregunta Amelia con sus ojos llorosos. —Solo dímelo. 

—Cásate conmigo ahora, no puedo esperar en colocarte este anillo. 

—¡Acepto!—Dijo sin dudarlo.

—Familia ha aceptado ¿quisieran decirme como es que soy el hombre mas afortunado?—Pregunte.

—¡HaHaHa! Eres el hombre más dulce y especial que he conocido en mi vida.—Me beso en la mejilla.

—Conocí a mi dulce novia en mi época más horrible, ella con su gran sonrisa me ilumino ese día mientras me ayudaba a recoger todo mi portafolio —Dije a todos los invitados, la tomé de la mano mirándola a los ojos —Ese día que te vi supe que eras la mujer con la que compartiría el resto de mi vida. 

—Y para mí también lo eres, puedo decir que te amo más que mi propia vida.—Se sonrojo.

Las palabras de Amelia quedaron ese día retumbando en el presente, tres noches después de aceptar la propuesta desapareció sin dejar un solo rastro. 

—¡Wow! No puedo creer que mi jefe tenga una peor decepción que la mía. —Dije mientras me tomaba un sorbo de la cerveza que había pedido. 

—¿Cuéntanos que te paso Healy? —Me interroga Cristina con sus manos sobre las mías. 

—¿Que? —Respondí distraída. 

—Quedaste impresionada que nuestro jefe tenga una decepción más triste que la tuya. —Los ojos de Joseph se iluminaron, en realidad nuca había tenido un amigo hombre que le gustara tanto el chisme. 

—No es nada, mi novio me traiciono con su empleada. —Sonreí, no soportaría compasión por mí. —Pidamos otra ronda ¿les parece? —Pregunte. 

—Eso no se pregunta ¡hoy es noche de tragos! —Grito cristina, ella era tan alegre que eso me agradaba. 

Después de unas cuantas rondas nuestra conversación fluía cada vez más, me sentía feliz y mi cara estaba tan roja, pero no importaba yo quería seguir bebiendo. 

Nos quedamos impresionados cuando el camarero llego con cinco bandejas de aperitivos, había bocadillos, carne en trocitos, pescado apanado, todo se ve tan delicioso que mis tripas están rugiendo. 

—Nosotros no hemos hecho este pedido, solo fueron unos tragos. —Interrumpe Joseph al camarero que continua colocando la comida. 

—Un cliente lo ha enviado, ustedes tengan buen provecho. —Se retira el joven. 

Nos miramos y sin importancia empezamos a comer, teníamos mucha hambre como para desaprovechar tan delicioso alimento.  La noche sigue avanzando y la música me anima a unirme al baile con mis dos amigos, de repente veo que mi jefe está en la discoteca, estoy muy ebria, enfoque mi mirada confirmando que era él con otro hombre y dos mujeres a sus lados. 

—¡Vaya! Creo que ya se quién nos envió la comida chicos. —Les dije mientras movía mis caderas al son de la música.  

—¿De qué hablas? —Pregunta Joseph 

—Nuestro jefe está aquí, en la zona VIP. —Me reí —Creo que debemos acércanos y darle las gracias. 

—Amiguita, el jefe frecuenta esta discoteca y odia que lo molestemos. —Cristina agarra mi brazo.  

—¡Ay me estas lastimando! Entonces tú lo sabias. —Me solté de ella. 

—Lo lamento, es que en esta mano recargo mucha fuerza. —Me saca la lengua. —Si, lo vi entrar. 

—Sigamos bailando. —Nos dice alegre Joseph.

—Iré al baño. —Me estaba sintiendo muy mal. 

—Ve con cuidado. —Me dice Cristina con su voz cálida. 

“Estoy viendo doble, debería irme a casa ¡no quiero! ¡Me quedare otro rato! lo único que necesito es mojarme la cara y beber agua”. 

—Señorita Healy ¿se encuentra bien? —Escuche una voz muy masculina. 

—jefe es usted ¡ha ha ha! —Hice una reverencia. 

—No es necesario que lo haga señorita Healy. —Sonríe 

—¿Todo bien jefe? —Eructe  

—Si, me encuentro bien. —Se queda mirándome. —Creo que usted es la que no se siente bien, la veo un poco mareada. 

—Solo he tomado un par de tragos jefe, me encuentro de ¡maravillaaa! —En ese momento mi hipo se hizo presente. 

—Digamos que la entiendo, pero su rostro me muestra otra cosa parece que ha bebido más de lo que su cuerpo puede aguantar. —Su mirada era muy clínica. 

—Usted se equivoca jefe, mi cuerpo resiste lo suficiente. —Puse mi dedo sobre su clavícula. —Podemos hacer una apuesta y yo le ganare. —Tambaleaba de un lado a otro. 

—Llamare a sus compañeros de trabajo que la lleven a casa, no se le olvide que mañana debe trabajar. —Se volvió frio en segundos. 

—No soy una niña, puedo cuidarme sola e ir a casa. —Tengo ganas de vomitar. —Pase buena noche jefe, tiene unos gustos muy hot. —Hice el símbolo de paz y amor.

—¡Esta loca! —Dijo una de las damas que lo acompañaban.

—Le llamare un conductor, no puede manejar en ese estado. —Saco su celular. 

—No, no necesito que llame un conductor yo puedo manejar. —Aleje el celular de su oreja. —Le hare caso y me iré a casa. 

—Es peligroso que se vaya en ese estado, acepte el conductor. 

—¡Shu! Fuera de la empresa no acepto sus órdenes. —Puse mi mano sobre su boca. —Adiós a todo el mundo. —Continue mi camino, no quería mirar atrás se que al otro día estare arrepentida. 

La alarma sonó a las 6:00 de la mañana, mi cabeza retumbaba mientras manejaba al trabajo sin recordar mucho de la noche anterior. 

—Hola ¿Cómo estás? Te sientes bien, te fuiste sin despedirte. —Cristina se acerca con un café. 

—Estoy bien, un poco cansada. —Lo único que quiero es mi cama. 

—Te divertiste mucho anoche Healy, te veías muy feliz. —Dijo riendo. 

—La noche fue muy agradable, pero creo que me pase de copas la verdad ni me acuerdo como llegue a casa. —Dije mientras tomaba café. 

—¿De qué tanto te acuerdas? —Cristina se sienta sobre el escritorio. 

—Recuerdo ver hablado con mi jefe a la salida del baño, luego me dejo en el sofá de mi casa y se fue es todo lo que puedo recordar. —Me asusté cuando vi a Joseph con su cara maliciosa.  

—¿Joseph se lo dices tu o se lo cuento yo? —Los dos empezaron a reírse. 

—No importa quien lo quiera decir ¡díganmelo ya! —Entre en desespero. 

—Cuando saliste de la discoteca caminabas muy torpe, entonces el jefe sintió compasión por ti y salió atrás tuyo, nosotros optamos por hacer lo mismo después de pagar la cuenta, por cierto, nos debes tu parte.  Te caíste llegando a tu carro y el jefe te ayudo a levantarte, te quito las llaves para llevarte a casa, pero incitaste un show de niña caprichosa y comenzaste a revoletear como una mariposa estrellándote en el pecho de él. 

—Aquí viene lo bueno. —Interrumpe Joseph con su risa burlona. 

—Te quedaste mirándolo como tonta y de repente le diste un beso en sus labios dejándolo como una estatua, el jefe no reaccionaba hasta que cobro vida y te acomodo en el asiento del copiloto, lo gracioso es como acelero tu auto. —Ríen de nuevo. —No volveremos a tomar sin estar supervisándote. 

—Ahora como voy a darle la cara al jefe, soy una vergüenza. —Puse las manos sobre mi cabeza. 

—Ojalá no haya pasado algo más en tu casa. —Joseph era un maldito inmaduro. 

—Idiota, no escuchaste que se acuerda cuando la dejo en casa y se fue. —Cristina lo empujo. 

—Tendré que pedirle disculpas. —Continue con mi trabajo, no quería seguir escuchando lo que hice anoche.

Minutos más tarde pude recordar lo que paso antes de que él saliera de mi casa.

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