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Portada de la novela Matrimonio entre curvas

Matrimonio entre curvas

Liam, un audaz empresario, se ve obligado a pactar un matrimonio por conveniencia con Elena, la hija de un magnate, para evitar que su compañía quiebre. Lo que inicia como una fría transacción comercial se transforma cuando el encanto de ella despierta una pasión real. Sin embargo, ambos guardan secretos oscuros que amenazan con desmoronar su legado. Si la verdad sobre su acuerdo y el pasado de Elena se revela, su frágil amor podría no resistir la traición.
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Capítulo 1

Matrimonio entre curvas.

—Cásate con mi hija –dice sin rodeos, Liam lo contempla como si le hubiera salido dos cabezas más.

—Ahora si… enloqueciste –murmura.

—Piénsalo, salvare tu empresa… y el legado de tu padre. El cual, no supiste manejar.

—¡No es de tu incumbencia yo…!

—Te avisé que esos chinos no eran de confianza –regaña a Liam, quien lo observa con enojo.

—Es mi jodida vida, no eres mi padrastro –espeta con enojo, y se acerca al hombre dando dos pasos. Eduardo, no se intimida ni un pelo. Sus ojos vagan a las expresiones llenas de ira, por parte de Liam.

—Me preocupo por ti... –menciona y Liam estalla en una carcajada.

Narrador.

La fiesta, se encuentra en su máximo apogeo. Las luces brillan, los invitados son iluminados. La música, le da al ambiente un ligero toque de elegancia y sensualidad. Hay muchas telas brillantes, aromas y colores vibrantes. En el medio de la pista, se encuentra Elena. Una joven dama, de 26 años. Sus ojos grises, observan todo maravillado; no le es permitido asistir a este tipo de eventos. Pero Elena, es testaruda; convenció a su padre y su asistencia fue exitosa. Sus dientes blancos, aparecen bajo un manto estrellado de luces incandescentes. Toma su vestido, avanza. El color dorado, encandila a la envidia de algunas invitadas; Elena no se percata.

A la distancia, visualiza a Liam. Elena, siempre esperó encontrarse en cada fiesta con él. Cuando era más pequeña, su aspecto; no era el más deseable. Sufría de sobrepeso y acné, junto con enormes gafas cuadradas. Ahora, después de mucho ejercicio y dieta;se sentía segura. Sin embargo, las curvas seguían ahí.

Elena suspira, observa a su amor imposible, con una media sonrisa. Sus pasos, se vuelven torpes, hasta toparse con una figura masculina. Gabriel, un millonario, interesante para la mayoría de las solteras; siempre había tenido como objetivo: conquistar a la hija del millonario mas importante.

—Hola bonita… —comenta y Elena, desvía la vista hacia Liam; ya no está.

“¿Dónde estará?”, se pregunta.

—¿Elena? –la pregunta despierta a Elena, quien frunce el ceño. Casi olvidando su compañero de baile.

—Lo lamento… —murmura cabizbaja. Gabriel, le da una vuelta, sosteniendo su cintura. Estan girando por toda la pista de baile, con elegancia. Pero cualquiera que los presenciara, supondría que la dama se siente incómoda.

—Te noto distraída –menciona y Elena niega.

—Claro que no su alteza –espeta con respeto. Gabriel, es un duque.

—No me digas así… siento que estamos en el 1800 –bromea y ella sonríe.

—Lo lamento… —vuelve a repetir. Baja el rostro, Gabriel. La toma de la cintura, para girarla. Elena, siempre tomó clases de baile. Es algo que le apasiona.

“¿Cómo será bailar con Liam?”, esa pregunta se forma en sus pensamientos. A continuación, sus pensamientos son interrumpidos; por la cercanía del cuerpo. Gabriel, la toma de la cintura y de la nuca: está listo para besar a Elena.

“¿Este… será mí primer beso?”, piensa.

De pronto, una mano se atraviesa entre ambos cuerpos.

—¿Puedo bailar con usted? –Liam Cole, sorprende a la pequeña mujer. Abre los ojos sorprendida, nunca en su vida hubiera esperado algo así.

Con una sonrisa, la cual no pudo disimular, asiente.

“¡Compórtate Elena!”, se regaña.

—Claro… —menciona menos ansiosa, y Liam la lleva lejos del duque; quien está echando chispas por la intervención.

Liam observa a la joven sonriente, ve con una mueca un trozo de lechuga en su colmillo. Se muerde los labios, sus ojos se desvían por encima de su cabeza. No sabe que palabras buscar, Elena se siente confusa.

“¿No se siente cómodo a mi lado?”.

—¿Ocurre algo? –pregunta curiosa.

—Es que… tiene… un… tiene un trozo de lechuga en el diente –menciona y avergonzada Elena, se suelta del agarre masculino. Liam, la aparta del resto. Se acercan al balcón, Elena se frota el dedo en sus dientes.

—¿Mejor? –pregunta dudosa y el asiente, con una sonrisa. Liam, nunca mostraba sus dientes en público.

Elena se queda quieta, observándolo.

“Ya puedo morirme”, piensa.

—¿Volvamos? –sugiere su acompañante, Elena sonríe sin poder evitarlo y juntos se dirigen a la ansiada pista.

Sus manos se entrelazan con precisión. La sonrisa presente en ambos, es notable. Se sienten conformes en la compañía mutua. Pero para algunas mujeres, este momento es una blasfemia.

A tres metros de distancia, las hermanas Werns, observan a la pareja bailando con sorpresa. Camille, se acerca al oído de María.

— ¿Viste que espanto? La gorda y el soltero ¡más codiciado! Ja, parece una broma –espeta con rencor.

—Sí… la gorda lo atrapó –masculla entre dientes, María con enojo. Ambas asienten, pero deciden cambiar de tema.

Elena, siente las miradas despectivas de ambas mujeres.

—¿Estas bien? –pregunta Liam. Comienza un tema más movido, ambos sonríen para mover sus atributos. Liam, se queda perplejo, los senos de Elena se tambalean y no puede quitar la vista. Elena, está demasiado entretenida para percatarse de aquella mirada lujuriosa.

Gira su cuerpo, al volver al centro se tambalea. Pero unas manos fuertes, la sostienen de la cintura. Ambos tienen sus rostros, muy cercas. Elena se sonroja, nunca antes se encontró a esa distancia de Liam Cole.

—Qué bonita eres… —murmura, y Elena siente que está en el cielo.

—Tú también… —comenta y él empieza a reírse. Elena lo mira con el ceño fruncido.

—Es decir… gracias por decirme que soy “bonita” —habla divertido, y ella lanza una corta risita, sintiendo alivio.

—Bueno “bonita Liam” –menciona y su acompañante sonríe.

De pronto, la luz se corta. Elena, quien le tiene miedo desde pequeña, se abraza a Liam. El hombre, la sostiene de la cintura. Ambos sienten cuerpos chocando entre sí, el balbuceo es insoportable. Gritos y risas, abundan.

—¡Lo lamento, hemos tenido un corte ahora se regenerará! –exclamaba, Eduardo, el anfitrión.

—Bueno… ¿vamos a la luz de la luna? –sugirió Liam y Elena asintió, su rostro fue iluminado por el entusiasmo compartido.

Ambos se alejaron del tumulto de gente, tomados de la mano. Elena fue la primera en salir, cierra los ojos ante el agradable aire fresco. Liam, al ver su rostro relajado sonríe. Después sus ojos se desvían a las estrellas.

—Es muy bonito sin luz –comenta Elena, y él asiente.

—¿Tienes un sueño? –pregunta y ella niega.

—No –confiesa. Liam frunce las cejas, sin poder creer que una persona no tenga un sueño.

—¿Cómo qué no? Todos tenemos un sueño, un propósito –responde, y Elena se encoge de hombros.

—Yo creo… en disfrutar el presente ¿No es maravilloso? Estamos bajo el manto de estrellas… —pronuncia y después gira en dirección a Liam –y estamos vivos, respirando el mismo aire ¿esto no es perfecto? ¿Para qué quiero un sueño? Quizas nunca se cumpla, y desperdicie el presente pensando en ello.

Liam asiente, la chica, era muy sabia. Aunque, se veía pequeña, pero… con curvas muy bien distrbuidas. Elena, se acerca a la baranda, estira sus brazos y observa abajo. Liam aprovecha para observar la curva perfecta de su trasero redondo.

“Qué pedazo de…”, piensa.

—Liam… —le llama y Liam, abre los ojos con sorpresa temiendo haber escuchado sus ardientes pensamientos. Por primera vez, su rostro se sonroja.

—Creo… que… quiero hacer algo –comenta, se acerca a Liam quien observa a la mjer maravillado. Ella le dedica una sonrisa timida, se coloca en puntilla de pie y le da un beso en los labios.

Liam se sonroja, por segunda vez en su vida. Y se da cuenta por primera vez en su vida:

“Ella… va a ser mí esposa”, piensa en silencio.

—¿No… te gustó? –pregunta apenada. Liam, no mueve un solo musculo. Se queda en silencio, quieto como estatua.

Niega, entonces la chica, se da la vuelta avergonzada. Algo la detiene. Al girar su rostro, de forma rápida, Liam la toma entre sus brazos y la besa. Elena, incapaz de corresponder por la sorpresa; deja caer sus brazos en ambos lados de su cuerpo. Liam tiene los ojos cerrados y su lengua, quiere probar cada rincón dulce de su boca.

Elena, perdida mueve los labios indecisa. Sin comprender realmente, como actuar. Pronto se percata y sigue el movimiento de Liam. El beso, es hermoso para ambos. Y Elena, al ver un pequeño destello, se separa de Liam.

—Volvió la luz –confiesa cabizbaja y él asiente.

—Sí… ¿vamos a bailar? –propone y Elena con una enorme sonrisa asiente.

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