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Portada de la novela MATRIMONIO CONTRATADO: EL NEGOCIO DE LA CEO

MATRIMONIO CONTRATADO: EL NEGOCIO DE LA CEO

Para heredar el emporio Vance Enterprises, Aurora Vance, una influyente líder de la moda, debe contraer nupcias en tiempo récord. Sin interés en el romance, decide comprar un esposo y elige a Ethan Blake, su reservado guardaespaldas. Él acepta el contrato de dos años por motivos financieros, pero lo que surge como un pacto gélido se transforma en una pasión incontrolable. El peligro acecha cuando enemigos del pasado amenazan su alianza y sus vidas.
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Capítulo 2

–Brindemos entonces por este acuerdo que va a consolidar nuestras dinastías en el mercado de la moda, mi futura esposa –dice Jean Paul, chocando su copa de cristal contra la mía justo en el preciso instante en que un estallido ensordecedor destroza los vitrales del gran salón de gala, desatando una lluvia de dagas de vidrio y provocando que los gritos de pánico de la élite empresarial inunden el ambiente en un segundo.

–¡Jean Paul, mantente abajo y busca refugio detrás de la columna ahora mismo! –le grito con el corazón galopando con violencia en mi pecho mientras veo cómo el caos se apodera del lugar, puesto que tres hombres encapuchados y armados irrumpen por la entrada principal disparando ráfagas directas hacia el techo para intimidar a la multitud.

–¡Lo siento, Aurora, pero yo no pienso morir en este maldito lugar por culpa de tus problemas familiares! –brama él con el rostro desfigurado por un terror cobarde, soltando mi mano con brusquedad para correr desesperado hacia las cocinas, abandonándome a mi suerte en medio del fuego cruzado sin mirar atrás ni una sola vez.

–¡No se mueva, señorita Vance, permanezca en el suelo que yo la tengo cubierta! –ruge la voz imperiosa de Ethan Blake, quien aparece de la nada derribando la mesa de madera maciza con un solo movimiento de su brazo para usarla como escudo, empujándome hacia abajo justo cuando una ráfaga de balas impacta contra la superficie que nos protege.

–¡Ethan, Jean Paul me dejó sola, esos hombres están buscando mi cabeza por orden de mis competidores o de mi propio padre! –le respondo con la respiración entrecortada, aferrándome al chaleco táctico de mi guardaespalda mientras observo la asombrosa frialdad con la que saca su arma reglamentaria, apuntando hacia los agresores con una precisión matemática que me deja completamente impactada.

–Ese cobarde aristócrata ya no importa, concéntrese en mis instrucciones porque voy a sacarla de aquí con vida aunque sea lo último que haga –determina él, disparando tres veces consecutivas con una puntería quirúrgica que neutraliza al primer atacante de inmediato, abriendo un camino despejado hacia la salida de emergencia de la zona lateral.

–¡Vienen dos más por el pasillo izquierdo, Ethan, muévete rápido antes de que nos rodeen por completo! –le advierto, fascinada por la destreza y la letalidad de sus movimientos, ya que esquiva los proyectiles con una calma sobrenatural que borra cualquier rastro de miedo en mí, transformando mi terror en una profunda admiración por el hombre que tengo enfrente.

–Siga mis pasos y no se detenga por nada del mundo, jefa, porque la camioneta blindada está encendida en la rampa de servicio –me ordena con tono firme, cubriendo mi cuerpo con el suyo mientras avanzamos por el pasillo oscuro, disparando una última vez para contener el avance de los mercenarios antes de azotar la puerta de hierro que da al estacionamiento.

Subimos al vehículo en un parpadeo y Ethan acelera a fondo, destrozando la barrera de seguridad del hotel con un impacto violento que nos devuelve a las calles de la ciudad en cuestión de segundos, dejando atrás las sirenas de la policía y el desastre de la gala benéfica. El silencio que se instala en la cabina es denso, electrizante, y yo clavo la mirada en el perfil rígido de mi protector, tomando la decisión más radical de mi vida tras presenciar la traición del hombre con el que pensaba casarme.

–Olvídate de la oficina y maneja directamente hacia mi mansión en las afueras, Ethan, porque esta noche los planes han cambiado radicalmente para ambos –le indico, limpiando un rastro de polvo de mi traje sastre mientras mi mente trabaja a mil revoluciones por minuto. – Jean Paul está completamente descartado de mi vida y de mis negocios; un cobarde que huye ante el primer disparo no merece ser el presidente consorte de Vance Enterprises.

–Mi deber es llevarla a un lugar seguro y la mansión cuenta con los sistemas de seguridad necesarios para repeler cualquier otra amenaza, señorita –responde él con su habitual tono monocorde, manteniendo los ojos fijos en el asfalto mientras maniobra con destreza entre el tráfico nocturno. – Respecto a sus decisiones personales sobre su matrimonio, eso es un asunto en el que yo no tengo ninguna autoridad ni comentarios que hacer.

–Te equivocas, porque a partir de este momento estás completamente involucrado en este asunto, Blake –le suelto sin rodeos, observando cómo sus manos se tensan levemente sobre el volante de cuero. – El puesto de esposo por contrato que le ofrecí a ese imbécil está vacante, y acabo de decidir que tú eres el único hombre en esta ciudad con la fuerza y la lealtad necesarias para ocupar ese lugar a mi lado.

El trayecto hacia la propiedad transcurre sin más palabras, pero la tensión entre los dos es tan palpable que casi se puede cortar con un cuchillo. Cuando entramos al gran vestíbulo de mi mansión, cierro las puertas dobles con llave y me giro hacia él, decidida a cerrar el trato que me garantizará el control absoluto del imperio de mi padre.

–Hablemos claro, Ethan, porque necesito que firmes este contrato matrimonial antes de que comience la junta de accionistas del próximo lunes –le propongo, caminando hacia la barra del bar para servirme dos tragos de whisky puro antes de ofrecerle uno. – Te ofrezco un matrimonio de conveniencia por dos años, estatus social, una cuenta bancaria millonaria y la absoluta libertad de seguir dirigiendo mi seguridad sin que nadie interfiera en tus métodos.

–Le agradezco el trago, señorita Vance, pero mi respuesta es un rotundo no, porque yo soy un soldado y un profesional de la seguridad, no un accesorio de lujo para sus juegos de poder familiares –contesta él, dejando el vaso intacto sobre la mesa auxiliar con un gesto de rechazo que enciende mi orgullo. – No me vendo por dinero ni me interesa convertirme en el títere que su padre quiere destruir para quedarse con la empresa.

–No te estoy pidiendo que seas un títere, te estoy pidiendo que seas mi socio en esta guerra, Ethan, porque tú eres el único que no se doblega ante Albert Vance –le replico, acortando la distancia entre ambos hasta quedar a pocos centímetros de su mirada desafiante. – Piensa en las ventajas que esto te traería, no seas necio ante una oportunidad que cambiaría tu vida para siempre.

–Mi vida está perfectamente bien tal como está, jefa, y no necesito un apellido falso ni un anillo en el dedo para mantener mi integridad intacta –insiste él, cruzando los brazos sobre su amplio pecho en una postura de absoluta resistencia que me demuestra que los argumentos financieros comunes no van a funcionar con un hombre de su calibre.

–Sé perfectamente que el dinero no te mueve, Ethan, pero sé que hay algo que te quita el sueño todas las noches y que tus ingresos actuales no pueden resolver por completo –le digo, cambiando de estrategia con una sonrisa astuta mientras saco una carpeta médica confidencial que guardaba en mi caja fuerte. – Sé todo sobre la condición de salud de tu hijastra, la pequeña Sofía, y sé que necesita un tratamiento experimental sumamente costoso en una clínica privada de Suiza para poder salvar su vida.

La mención del nombre de la niña hace que la fachada de hielo de mi guardaespalda se agriete por primera vez en dos años, revelando una mirada cargada de una intensidad peligrosa que me estremece las entrañas.

–No se atreva a meter a mi familia en sus negociaciones corporativas, Aurora, porque hay límites que ni siquiera mi jefa tiene derecho a cruzar –advierte él con una voz que desciende a un susurro amenazante, dando un paso hacia adelante que reduce nuestro espacio personal a la nada.

–No lo veas como una amenaza, míralo como la solución definitiva a tu mayor pesadilla, porque si firmas este contrato, mañana mismo transferiré tres millones de dólares a la clínica de Ginebra –le propongo con firmeza, sosteniéndole la mirada con una determinación implacable. – Pagaré los mejores especialistas del mundo, compraré los medicamentos que no se consiguen en este país y me aseguraré de que esa niña tenga el futuro que se merece; a cambio, solo necesito tu firma en el acta de matrimonio y tu presencia a mi lado ante la junta directiva.

Ethan me observa en un silencio sepulcral que parece eterno, con la mandíbula apretada y los puños cerrados con tanta fuerza que sus nudillos se tornan blancos por la presión de la indecisión. Puedo ver el conflicto interno que lo desgarra, la lucha entre su orgullo profesional y el amor incondicional por la hija de la mujer que juró proteger en el pasado. –Tengo que pensarlo– Dice y se va, dejándome completamente sola.

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