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Portada de la novela Matrimonio con fecha de vencimiento

Matrimonio con fecha de vencimiento

Tras finalizar sus estudios, la indomable heredera Sia regresa para enfrentar el castigo de su padre. Debido a sus constantes escándalos y el supuesto perjuicio económico a la empresa familiar, el patriarca le impone un matrimonio forzado con su mayor enemigo de la infancia. En medio de rencores pasados y una comunicación inexistente, comienza una feroz batalla de voluntades entre la rebeldirectivo, la rebelde joven y su nuevo esposo por el control.
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Capítulo 3

Sia 

No puedo terminar de asimilar el nuevo disparate que se le ocurrió a Angus, y yo que pensé que por fin podría hacer las paces con él, ahora que me entregaría la herencia de mi madre. 

No me hace falta nada, por lo menos no me ha cortado mi mensualidad, incluso con la de problemas que vengo arrastrando. 

Poseo acciones de las distintas empresas, eso me debería dar la oportunidad de pedir una auditoria, para averiguar sobre todo lo que pasa realmente en Macpherson, por ahora con tan poco tiempo esa cuestión deberá aguardar. 

Necesito pensar, un abogado corporativo, uno civil, ¡maldición! Necesito el bufete completo de abogados. 

Albert Ross debe ser el cómplice de Angus, ¿quién es su competencia?, necesito que sean capaces y que quieran ponerse al tú por tú contra Macpherson.  

Una búsqueda infructífera la mía, en el quinto despacho al que acudí en Manhattan para ser rechazada, esto ya tenía pinta de que Angus metió las manos para que no pueda hacer nada. 

No puedo sucumbir a sus deseos… 

Al día siguiente comencé desde temprano a marcar números para contactar a los miembros del consejo, por más elocuentes que fueron mis alegatos hasta ahora solo conseguí que tres desistan de sus votos. 

Los demás secundan el plan de Angus, todos me dicen que debería agradecer que un hombre como Ethan LLoyd quiera casarse conmigo, alegan que su imagen puede mejorar la mía y si me comporto lo suficiente me den la oportunidad de acceder a las posiciones directivas. 

Aun con mi insistencia, nadie quiere que yo siquiera pise las oficinas principales como simple asistente. 

Algo rendida me dirijo al bufete de Ross y asociados, necesito algo, una pista. 

Desde que entre a la recepción, me dejaron esperando, luego de media hora por fin me dejan ingresar. 

—Sía, ¿qué te trae por aquí? —saluda Albert, lo que se me hace muy falso. 

—Ya lo sabes —dejo en la mesa de la sala de juntas mi montón de archivos que llevo, porque vengo preparada. 

—Por una vez en tu vida, hazle caso a tu padre. Ya fue suficiente fiesta y desenfreno, da gracias que no eres mi hija, yo sí te hubiera dado unas buenas nalgadas. Te has aprovechado, tu padre te sobreprotegió y consintió tus locuras, con la excusa de que no tenías mamá, quiso compensarte. 

—No sabes de qué hablas, mejor concentrémonos. Ni loca me caso con Lloyd, estos son los candidatos que pueden asumir la posición de CEO en Macpherson, tienen buena imagen y estoy segura de que sería un ganar-ganar. 

Los revisa —este no, tiene problemas legales, los Sims nunca te aceptarían, este está en quiebra, este es gay, este tiene hijos por todos lados. 

—¡Alto!, deja de poner pretextos, será solo un matrimonio de apariencia, no necesito que sean perfectos, ni yo lo soy. 

—Qué bueno que estás consciente de ello.  

—Solo hazme favor de enviárselos a Angus y que decida con quién. 

Era evidente mi derrota, salí de ese lugar, sin mucha esperanza, era hora de comer, no me gustaba mucho hacerlo sola, por eso siempre jalaba con mi séquito de amigos, pero aquí no estaban.  

Algo de cocina italiana me pondría de mejor humor, saque el celular y busque el que mejor reseñas y estrellas tuviera, me dirigí ahí a Tony´s. 

Al estar en el Upper East, supe que valdría la pena, siempre se come rico, al ver el menú todo se me antojaba, pedí un poco de más, almejas horneadas, queso burrata, pulpo frito, las pastas tan solo verlas pasar derritieron mi antojo. 

A la hora de pagar me pidieron otra tarjeta porque no pasaba, la siguiente, tampoco, así con dos más, hasta que pedí el importe total para pagarlo con efectivo, pero me quedaba corta por algunos cientos. 

Jamás había tenido este inconveniente, —busqué otra forma de pago señorita o nos veremos en la penosa necesidad de llamar a la policía. 

—¿Aceptan transferencias? 

—No es lo habitual, pero podemos hacer una excepción. 

Abrí mi aplicación, introduje el número para realizar la transferencia y me dio un mensaje de saldo insuficiente, en ese momento tuve la certeza que era cosa de Angus. 

La cajera y el encargado estaban exasperados exigiendo el pago, yo odié ese momento, más odiaba el hecho de tener que llamar a Angus para que se hiciera cargo. 

—¿Cuánto es el monto que debe la señorita? — voltee por inercia, aunque no lo necesitaba, su voz tan desagradable está impresa en mi mente, Lloyd había aparecido de pronto. 

—Son 1270, caballero — como si nada saco una tarjeta y la deslizaron —por favor cobre la cuenta de esta otra mesa. 

—Le dices a Angus que te lo reembolsé — salí a toda prisa. 

Solo para encontrarme con que mi auto iba saliendo remolcado del estacionamiento, pare un taxi y me fui al departamento, por lo menos me quedaba efectivo para pagarlo. 

Todo empeoraba a cada minuto, la puerta del departamento estaba abierta, al asomarme quedaban pocos muebles que estaban embalados solo a la espera de ser sacados. 

Al preguntar, las personas eran de una empresa de mudanzas, me mostraron la dirección a la que trasladaban los muebles, era claro que estaban siendo almacenados en un complejo de contenedores, eso lo averigüe al buscar en el celular. 

Yo no tenía que pasar por esto, la herencia de mi madre era por lo menos la mitad de lo que mi padre tenía. El coraje que sentía era inmenso, me sentía impotente y acorralada.  

Si él quería guerra, yo era experta en darle batalla, por suerte mis maletas estaban listas, las abrí y al ver el contenido solo seleccione 3 maletas con las que sobreviviría, o eso pensé. 

Dado mi escaso presupuesto, busque un hotel económico que aceptara efectivo, me dirigí a este, me instale un poco, no era a lo que estaba acostumbrada, pero funcionaría, agradecí que estuviera limpio. 

Tenía unas invitaciones, de las que echaría mano, a los minutos llamaban a mi celular, era un número privado y desconocido, lo ignore, pero insistía, respire hondo y me prepare. 

—¿Por qué no estás en casa Sia?  

—¡¿Angus?!, no pienso ir a vivir ahí. Y espero que no te arrepientas de lo que hiciste. 

Colgué, eso me dio la determinación, tome un baño, me arregle y seleccione el atuendo más revelador que poseía, unos toques de perfume y listo. 

Una inauguración era perfecta, en realidad cualquier evento serviría, pasar era fácil, mi porte y el hecho de que sepan que soy una Macpherson, casi siempre me hace acreedora a un mejor trato, incluso la prensa me adora, yo les doy encabezados fabulosos, de no ser porque Angus domina las telecomunicaciones y apaga mis incendios. 

Me di una vuelta por el lugar para asegurarme que no había nadie conocido que pudiera dar aviso a Angus, vi la barra y necesitaba valor, el alcohol regularmente es mi cómplice. 

Dos copas de whiskey que bebí como si de agua se tratara, vi a mi posible compañía para el revuelo, uno de los Braxton, ni su nombre recordaba, pero era aceptable para los fines que tenía en mente. 

Unas cuantas copas más y estaba lista para bailar, había muchos jóvenes, los hombres de negocios estaban en la segunda planta, seguí el ritmo de la música que inundo mis sentidos, no tardaron en acercarse a mí. 

Me aproximé lo suficiente para que el chico Braxton supiera mis intenciones, bailamos, bebimos, era divertido y entre más alcohol ingeríamos solo se me olvidaban mis inhibiciones, deje que me besara y recorriera mi cuerpo con sus manos. 

—Vamos, busquemos un lugar más íntimo —me sugirió, lo seguí, pues me llevaba de la mano. 

Subimos escaleras, solo debía asegurarme que alguien tomara una foto comprometedora, solo que ni siquiera logramos llegar, porque alguien me sujeto, el tirón que me dieron hizo que me soltara de Braxton. 

Antes de poder quejarme, me cubrieron con un saco y fui jalada en el sentido contrario, quise pedir ayuda, pero Braxton solo se quedó mirando sin hacer nada.  

Casi en la salida jale mi mano y logre deshacerme del agarre para ver a Lloyd con una cara seria, ahí comprendí por qué no obtuve ayuda de mi compañero, nadie le hace frente a don perfecto. 

—Aún no me quiero ir. 

—No me importa lo que tú quieras —acto seguido tomo mi mano, pero como me resistí, me cargo como costal, mi vestido se recorrió y puse mi mano para que no se viera mi trasero, luego la quite, ese sería un buen show. 

Solo que Lloyd bajo el saco y me cubrió, además estábamos en la salida trasera por lo que no había prensa o espectadores. 

Patalee —¡quieta!, no me hagas enojar —me advirtió. 

Pero no suelo hacer lo que me dicen, esta vez puse más empeño y manoteé. 

¡Zas!, un sonoro golpe que me dolió —te lo dije —él muy, ¡cabrón! Me había dado una nalgada. 

No conforme con ello me metió al vehículo y me abrocho el cinturón, no sin advertirme que me quedará quieta, puso el seguro a la puerta y la azoto de forma innecesaria. Eso me amedrento. 

—¡Lo arruinaste! —le grité, cuando subió al auto. 

—¿Yo?, no, tú lo arruinaste, estaba en una cena importante y por venir a evitar uno más de tus escándalos dejé a los posibles socios. Todo por tus estupideces, ¿cuándo madurarás? 

—Esto se soluciona si Angus me da mi herencia. 

Me llevo directo a la casa de Angus, este lugar no había cambiado, incluso él estaba esperando. 

—¿Cómo pudiste?, justo hace días te dije lo que ocasionan tus tonterías —me recrimino. 

—Tú lo provocaste, No debiste quitarme mis cosas, ni cancelar mis tarjetas. 

—Ahora resulta, eso es para evitar que sigas con tus locuras. Sia, ¡por Dios! Ya fue suficiente, ¿por qué lo haces? 

—Solo dame mi herencia, esa es la solución, de esa forma desaparezco de sus vidas, no los soporto, no quiero verte nunca más. 

—¡No! —intervino Lloyd, que detuvo a mi padre que levanto la mano, —ambos cálmense, mañana lo hablan. ¡Vamos Sia! —me llevo hasta la que fue mi habitación. 

Ahí encontré todas mis maletas, todo este tiempo supo dónde estaba, siempre a su merced.

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