Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Matrimonio con el alemán multimillonario

Matrimonio con el alemán multimillonario

Ser la esposa del magnate Alphonse Schäfer implica vivir en una vitrina de lujos y perfección artificial. Tras un enlace pactado por mi atractivo físico, sostenemos ante el mundo una farsa regida por un contrato gélido. Mi único objetivo es su patrimonio y el estatus social, dejando fuera cualquier emoción. Aunque sé que soy su único deseo, mi plan consiste en agotar su fortuna mientras dure el engaño, ya que en este trato el amor no está invitado.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Salgo del centro comercial con ocho

bolsas en mis manos. Mi celular suena y sé que es él.

Lo tomo como puedo y leo el corto,

frío e inexpresivo mensaje.

Alphonse:

¿Dónde estás?

Tecleo rápidamente la respuesta con

desinterés.

Leyna:

Centro comercial

Oprimo la tecla de enviar y así sin

más sigo caminando hasta el estacionamiento. Visualizo mi coche a lo lejos y mi

celular suena de nuevo.

Alphonse:

Almuerzo en media hora.

Pongo los ojos en blanco. Es tan

demandante, amargado y serio. Es aburrido. 

Sé que si mi plan funciona, puedo

hacer que muchas cosas cambien. 

Leyna:

Ok

Respondo vagamente.

Alphonse:

SE PUNTUAL

Suelto las bolsas con enfado al hacia

el asiento trasero de mi coche. Siempre encuentra la manera de arruinar mi

mañana, mi tarde o mi noche. Siempre hay algo… no logro tolerarlo por mucho

tiempo. Quiero que tenga un maldito viaje de negocios y que me deje sola por

toda una semana. Merezco vacaciones.

Doce y unos minutos.

Me bajo de mi coche. Acabo de

regresar de unas horas de salón de belleza, sesiones de masajes y compras. Me

siento renovada, pero aún así sigo sintiéndome vacía, como casi todos los días

del último maldito año.

Un año… llevo un año casada con ese

hombre y ni siquiera lo conozco. Jamás pretendí hacerlo, pero esto no era lo

que siempre quise para mí. 

Solo sé que adora comer pastel de

chocolate como un niño de cinco años, puede estar todo el día viendo el canal

de noticias y… ¿Qué más? Ah, sí. Le encanta regalarme flores. Lo hace

todo el tiempo, pero jamás hay un

motivo, ni una tarjeta, son solo flores para adornar la casa.

Entro a la mansión y rápidamente

busco a mis empeladas en la cocina. Ambas preparan el almuerzo y hablan

distraídamente entre sí. Me hago presente debido al ruido de mis tacones en el

suelo y ellas se callan de inmediato. Examino su menú del día y luego de

asegurarme que todo está en su debido lugar, corro a mi habitación a cambiarme.

Mi esposo llegará en minutos y seguramente que con él, la visita.

No conozco a ese tipo, no estuvo

presente en nuestra boda que fue muy inmensa y para nada intima, por cierto,

pero a mi marido le entusiasma la idea de acumular mas millones en el banco,

así que debo prepararme y fingir que soy la esposa perfecta. Soy perfecta, pero

no la esposa perfecta, ambas son diferentes. 

Llego a mi habitación y me desvisto

rápidamente quedando solo en ropa interior negra de encaje. Elevo mi mirada

hacia la mesita de madera del un rincón y veo un nuevo ramo de flores rojas.

Ignoro el aburrido detalle y enciendo la televisión para que haga algo de

ruido, pero el canal de noticias remplaza a mi canal favorito de música.

Rebusco el control y cuando lo encuentro comienzo a pasar los canales.

Mi dedo se detiene cuando veo el

canal para adultos. Oh, esto es interesante. No puedo evitar cambiarlo. Una

película llama mi atención por completo. Me excito rápidamente, mi temperatura

corporal comienza ascender. No puedo evitarlo.

Calor, comienzo a sentir mucho calor.

Calor, calor, calor…

La escena se encuentra en el punto

máximo de fogosidad. Dos mujeres y un hombre. Oh, mierda. Las chicas juguetean

entre ellas con sus senos mientras que el hombre viril y musculoso besa el

clítoris de la rubia, con goce, deseo y desesperación.

Comienzo a excitarme, siento una

pequeña punzada en mi sexo. Estoy caliente, quiero tener sexo en este mismo

momento, con quien sea, pero ya. 

Los gemidos ahogan mi

habitación y bajo el volumen a la pantalla de plasma. Mis pezones se endurecen

al ver como el tipo…  Oh, mi dios.

Si yo tuviera toda esa atención y ese

placer… Estoy caliente, muy caliente. Me acaricio uno de mis senos

inconscientemente. Es mi parte preferida de jugar sola. Mis tetas me encantan y

aunque Alphonse nunca me lo ha dicho, sé que también le gustan. Debo admitir

que no son del todo mías, pero aún así, no son de tamaño exagerado y tampoco

pequeñas. Siempre lo digo, son más que perfectas. Prefiero solucionar mis

problemas con un doctor cuando lo necesito y no verme atractiva.  Ser delgada a veces trae sus consecuencias.

 Hace tres semanas que nada de nada, estoy

desesperada. Quiero que Alphonse ingrese a la maldita habitación y me folle

como vengo anhelándolo desde hace un maldito año.

Sigo acariciando mis pechos y de vez

en cuando estrujo mis pezones para que se pongan más duros. Mi otra mano se

desliza dentro de mi ropa interior, siento mi monte de Venus depilado y suave.

Deseo, eso es lo que siento, tengo deseos de follar a lo bestia, tengo deseos

de tener un orgasmo detrás de otro y quiero algo grande dentro de mí.

 —¿Leyna? —Pregunta mi esposo al otro lado de

la puerta. 

¡Mierda! 

Quito mi mano de mi zona íntima y

cambio el canal rápidamente. Agradezco su educación al golpear antes. Sería

vergonzoso que me viera así, aunque todo esto es su culpa. 

Corro hacia la puerta y la abro. Él

entra a la habitación y me observa por unos segundos.

—Hola. —Digo besándolo secamente—.

Estaba a punto de vestirme, ¿Ya llegaron tus invitados?

Pregunto moviéndome de manera sexy

hacia el armario. Quiero provocar algo en él, al menos algo rápido antes del

almuerzo, ya no puedo contenerme más.

—Sí, ya llegaron. Vístete rápido, por

favor. —Expresa y luego se quita la corbata. No dejo de verlo de manera

depredadora, Alphonse tiene lo suyo, me gusta su cuerpo, con eso basta, al

menos por ahora.

Él está parado en medio de la

habitación sin saber qué hacer. Me observa detenidamente. Camino dos pasos y

quedo a solo unos centímetros de su cuerpo. Coloco mis manos en mi espalda y

desengancho mi sostén, me lo quito y les enseño mis perfectos senos.

Acaricio su pecho. Me observa dudoso

y desconcertado. No me importa. Quiero follar.

Desprendo los botones de su camisa y

me acerco a besarlo. Él me acepta rápidamente, pero su beso no me produce nada.

Muevo los labios y él intenta seguirme aunque fracasa. No lleva mi ritmo

desesperado e impaciente. Quiere algo más. 

Miro la cama King en el centro de

nuestra habitación, esa cama que fue testigo de las noches más decepcionantes

de mi vida en el último año, solo arriba y abajo con frialdad por parte de

ambos, sé que es el momento de cambiar eso.

Lo empujo hacia ella y cae sobre el

colchón, me subo a horcajadas sobre él y termino por abrir su camisa de par en

par. Toco su pecho. Está caliente y firme, luego sonrío con malicia y paso mis

manos por encima de su pantalón. Su erección me dice que me apresure.

—Fóllame. —Digo con la voz ronca—.

Quiero que me folles, Alphonse.

También te puede gustar

Portada de la novela A Plena Luz
7.9
Alma Serrano ha consolidado a Seré como un referente en la moda, ignorando que la mayor amenaza contra su imperio está en su propio hogar. Su esposo Tomás, aparentemente abnegado, es en realidad Leonel Duarte, el estratega de Theia Corp. Aunque se infiltró para destruir a su rival, el espionaje derivó en un sentimiento genuino que ahora lo atormenta. Mientras Alma intenta identificar al enemigo que busca hundirla, ignora que comparte su vida con él.
Portada de la novela Al servicio del poder
9.8
Bruck trabaja como un seductor para la élite, pero su verdadero deseo es ahorrar lo suficiente para retirarse y casarse con su novia, una millonaria de ideales feministas. Su objetivo se tambalea cuando su propia pareja comienza a recomendar sus servicios, a la vez que Hugan, un hombre de gran fortuna, intenta conquistarlo. Con la entrada de la gobernadora en escena, Bruck se verá atrapado en una red de ambición que amenaza su anhelo de normalidad.
Portada de la novela Boda Rota, Amor Renacido
9.5
Después de cinco años de sacrificios, incluso entregando mi empresa por Sofía, mi boda terminó en una humillación pública. Frente a todos, ella me rechazó para besar a Luis, mi padrino. Su insólita propuesta de seguir el acto como si nada fue el límite de mi paciencia. Al comprender su desamor, decidí no tolerar más desprecios. Tomé el micrófono y anuncié que el enlace continuaría, pero que ella tendría que ver cómo otro hombre ocupaba mi lugar.
Portada de la novela Cautivado, no quiero nada más que a ti
9.0
Traicionada por su prometido y su mejor amiga, ella muere en la miseria absoluta, pero el destino le otorga una segunda oportunidad. Despierta en el pasado justo cuando su esposo intenta asesinarla. Tras conseguir el divorcio y enfrentar la incertidumbre, descubre una herencia materna que la convierte en millonaria. Decidida a vengarse, asciende hacia el éxito profesional mientras su antiguo marido regresa para perseguirla en esta nueva y peligrosa realidad.
Portada de la novela De secretaria a amor verdadera
9.2
La quiebra de su padre obliga a Elizabeth Vizconde a emplearse en el Club Paraíso para cubrir deudas críticas. Allí vive una noche de pasión con un desconocido que cree haber contratado. Su asombro es total cuando, al incorporarse a su nuevo puesto administrativo, descubre que aquel hombre no era un acompañante, sino su imponente y nuevo jefe. Ahora, Elizabeth deberá navegar la tensión profesional y el secreto de aquel encuentro fortuito.
Portada de la novela El Heredero Ya No Quiere Esconder
9.5
Después de dos años de lealtad, Valeria me humilla públicamente y me deja por considerarme un becado sin futuro. Ante la burla de sus amigas, decido no rogar. Al ver su verdadera codicia, guardo el costoso regalo que tenía preparado y me acerco a Sofía, otra víctima de su arrogancia. Es el momento de dejar de fingir: usaré mi identidad oculta como heredero para ejecutar una venganza implacable contra quienes me despreciaron. La guerra ha comenzado.