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Portada de la novela Matrimonio arreglado con el lisiado

Matrimonio arreglado con el lisiado

Las hermanas Parvis habitan mundos distintos: Selena brilla bajo el afecto familiar, mientras Ana sufre el rechazo y es tachada de mediocre. Su vida da un vuelco cuando la influyente dinastía Heinz demanda una consorte para su heredero discapacitado. Sin vacilar, sus padres la sacrifican para honrar el acuerdo. Ahora, Ana debe navegar las complejidades de un enlace impuesto y superar los retos que aguardan en su nuevo y opulento entorno.
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Capítulo 2

Ese beso lento, que Ana le dio a Ernest, hizo que la multitud que observaba se exaltara asqueada.

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"¿Cómo es qué-?"

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Queriendo saber cómo fue que la novia se atrevió a tanto para besar a un hombre con una apariencia tan repugnante.

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Y lo mismo se preguntaba Alan y su esposa en sus asientos, pero a fin de todo su asco, estaban satisfechos de ver que la bastarda de Ana era complaciente con ese lisiado. Ya que no seria malo que se ganara el favor de él, por más que sea solo un hombre sin poder.

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Sin embargo, Ana sin saber esas cosas, dejó de besar a Enerst tras abrir sus ojos. Estando tan avergonzada que apartó la mirada en cuanto vio que él la miraba fijamente aturdido.

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Por ver que lo había besado sin asco alguno durante un buen tiempo.

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'¿Quien diría que me casaría con esta clase de mujer?'

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Ernest sintió una buena emoción. Al ver que por primera vez la mala intención de su familia, resultó en algo bueno. Por haberle dado una esposa que se veía que seguiría siendo muy interesante.

Tan solo por ver como después tomo su mano nuevamente con un aire de timidez.

(...)

Después de eso no hubo una fiesta de bodas ni nada por la situación de Ernest, así que la pareja de esposos solo se despidió hacia la mansión de Ernest, con la conducción del viejo Paul, el mayordomo de él.

Aprovechando Ana, la oportunidad de presentarse bien mientras estaba sentada en los asientos de atrás con su ahora esposo.

"No he tenido la oportunidad de decirlo, pero espero nos llevemos bien. Soy Ana, la segunda hija de la familia Parvis, aunque eso es de lo que usted debe de estar al tanto..."

Ana se rió con torpeza mientras se quitaba el velo de novia. Empezando Ernest, a dedicarle una mirada indiferente, con los rayos del sol acentuándose en la mitad de su cara cicatrizada, haciendo que se vea muy mal, pero por parte de Ana no hubo reacción. Y solo lo miro con una hermosa sonrisa esperando que él hablara.

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"¿No sientes desagrado de casarte con alguien lisiado y feo como yo?"

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"¿Eh?"

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Lo cual fue una pregunta directa que no esperaba. Haciendo enojar un poco a Ana frunciendo sus delgadas cejas.

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"No tiene porque referirse a usted de esa forma. Que no pueda caminar y que tenga esas cicatrices, no es algo por lo que me debería incomodar. Además..."

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"¿Qué..?"

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Ernest se asombró de sus palabras y su repentino acercamiento. Abriendo los ojos por ver como Ana acariciaba la mitad de su rostro que estaba feo, mirándolo con un destello muy serio al volver a hablar.

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"Puede estar herido...pero incluso así no puede ocultar las bonitas facciones que tiene. Usted tiene un rostro muy bonito con unos ojos tan brillantes"

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"..."

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No parecía mentir al decirlo al mostrar una cálida sonrisa. Por eso Ernest, y el viejo Paul que conducía el auto, se quedaron asombrados. Pensando que en verdad era una extraña mujer.

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Diferente a lo que habían investigado.

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Tardando Ernest en reaccionar, para después sostener la muñeca de la mano que lo acariciaba. Sonriendo traviesamente.

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"¿Entonces fue por eso que no te molesto besarme tan descaradamente?"

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"¡E-era para no dejarlo colgado a usted y porque se requería!"

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Ana reprochó, dejando de acariciarlo para después separarse con su rostro rojo mirando al frente. Escuchando una clara risa después, de parte de Ernest.

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Riéndose tan alegremente que los ojos verdes de Ana se abrieron. Por ver que ya no emitía la misma timidez que emitía en el altar.

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Y solo se veía lleno de confianza. Algo que la dejo cautiva durante unos segundos.

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"D-de todas maneras, es necesario que pregunte esto. ¿pero qué papel quiere que haga como su esposa?. Este matrimonio fue arreglado y ninguno de los dos se ama...así que quiero saber, ¿que quiere que haga al ser la esposa de usted?"

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Ana lo volvió a mirar, pero con seriedad. Enserio con la intención de saber como quería que actuara a partir de ahora.

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Debido a que el día anterior de la boda ya había firmado los papeles que validaban su unión con un abogado, volviéndose legalmente Ana Heinz, la esposa de Ernest Heinz fuera de la ceremonia de bodas.

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Sin embargo, Ernest solo siguió con un aire más tranquilo fuera de la seriedad de ella. Mirándola con una expresión ligeramente ladeada. Queriendo decirle que no necesitaba nada de ella, pero se arrepintió y dijo otra cosa.

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"¿Qué es lo que me puedes ofrecer como mi esposa?" Le preguntó. La verdad con una ligera curiosidad.

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Dudando Ana unos momentos antes de responder con evidente tristeza, debido a que no tenía nada que ofrecer más que ella misma al final.

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"Yo no soy querida en la familia Parvis, así que no le puedo garantizar su favor. Y todavía me falta un año para graduarme de la universidad como profesora, por eso lo único que le puedo ofrecer como su esposa, es mi lealtad y compañía. Asegurando de que lo cuidaré apropiadamente"

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"Entonces eso es suficiente. Ese es el papel que quiero que cumplas fielmente, y lo mismo yo haré."

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Dijo Ernest, volviéndose la expresión de Ana bastante conmovida. Al ver que su esposo, era un hombre de muy buen corazón. Y podía ver que se llevarían bien.

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Aún cuando él no podía complacerla como su esposo en su totalidad debido a su discapacidad, aún así, podía tener una vida feliz y tranquila.

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"Me encargaré de cuidarlo bien"

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Por eso le dedico una sonrisa llena de sinceridad tomando su mano, algo que no desaprovecho Ernest sonriendo languidamente.

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Para después actuar lamentable desviando su mirada a sus piernas inmóviles.

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"A pesar de que no pueda complacerte, Ana, aún así me gustaría tener un poco de relación marital contigo dentro de mi capacidad...pero por supuesto si no te desagrada que te bese y acaricie alguien como yo..."

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"¡De ninguna manera me puede molestar que lo haga!"

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Ana alzó la voz y declaro con seguridad sosteniendo con más fuerza su mano. Lamentando la poca confianza que tenía Ernest debido a su estado, aunque era evidente. Porque tan solo por ver las miradas despectivas y escuchar los comentarios en el altar llenos de desprecio hacia él, era normal que pensara mal de si mismo.

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Pero ella no pensaba eso de él, mejor dicho, no tenía derecho alguno de hacerlo al ser solo una hija bastarda. Una existencia que también era despreciada. Y que por eso también creció escuchando todo tipo de cosas malas.

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Así que nunca denigraria a una persona de esa forma. Y menos a alguien de tan buen corazón. Que no se merecía bajar la cabeza como si fuera una repulsión solo por como lo han tratado.

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"Nos convertimos en esposos, si quiere besarme y tocarme no me molestare de ninguna manera. Seria feliz de que lo hiciera"

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Le dijo Ana.

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Con honestidad porque enserio no le disgustaba. Además, de que sabia que esa era su obligación marital. Y podía imaginar la tristeza de Ernest al saber que no la puede complacer como hombre en su totalidad.

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Por eso Ernest, al escuchar sus palabras serias sin una pizca de vacilación. Sus ojos no pudieron evitar brillar por un momento peligrosamente, por la gran esposa de buen corazón con la se casó.

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Que no tardó en volver a mirarla para ver su hermoso rostro. Llena de una gran mirada tan apasionada que su deseo aumento un poco más.

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"Entonces...¿me podrías besar ahora Ana?"

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La miraba fijamente. Apretando la mano que por un momento sintió que tembló. Antes de verla asentir seriamente con su rostro rojo. Actuando tímidamente.

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"Como dije en el altar...no tengo experiencia en esta clase de cosas. Así que puede no ser una experiencia tan agradable"

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"Eso no es algo que me importa"

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Ernest insistió. Todavía esperando ansiosamente un beso de ella. Que ante tanta expectativa, Ana soltó su mano y tomó su rostro con sus dos manos. Teniendo más facilidad de besarlo tras acercar su rostro.

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Por eso, los ojos de Ernest brillaron más. Al sentir como su pequeña esposa lo besaba cada vez más nerviosamente con mucha torpeza acercándose a él tocando el feo lado de su rostro.

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Volviéndose el viaje a su mansión más agradable de lo que esperaba en verdad.

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(...)

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"Déjeme empujar la silla de ruedas por usted"

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Ana tomo la iniciativa de empujarlo, tan pronto cono Paul lo ayudo a bajar del auto frente a la mansión. La cual estaba acondicionada para que él entrara sin problemas con una rampa.

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Aprovechando Ana la oportunidad de demostrar que si podía cuidar de él, al empujarlo sobre la rampa sin ninguna dificultad. Logrando que Ernest sonriera dejando que ella hiciera lo que quiera.

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Viendo Paul esa escena.

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"Esta mansión ahora es tu hogar Ana"

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Ernest le declaro, haciéndole una seña a los guardias de seguridad para que abrieran la puerta. Empujándolo Ana, con la silla de ruedas hacia dentro, con una cara maravillada.

"Es una mansión muy hermosa...usted vive en un agradable lugar"

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Alabo sincera. Pensando que ni siquiera podía compararse con la mansión de la familia Parvis, la cual a pesar de ser una familia bastante adinerada con ligera influencia, aún así, veía que no podía compararse con la mansión de un miembro de la familia Heinz.

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Sin embargo, algo de lo que dijo en su oración, no le agradó a Ernest.

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"Sigues dirigiéndote a mi con demasiada formalidad, Ana. Quisiera que me tutearas con libertad. Después de todo somos esposos ¿no?"

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Le cuestiono girando un poco la cabeza hacia arriba para mirarla. Admitiendo Ana que lo que decía Ernest era cierto en gran medida.

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"Entonces, te llamaré con más comodidad, Ernest..."

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Dijo su nombre con una sonrisa. Pero aún así no era suficiente para él. Pidiéndole que se detuviera de empujar la silla de ruedas.

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"Quisiera que me llamaras por un apodo cariñoso, que de a entender que tenemos una unión especial, Ana"

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"Ah..."

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Le señalo el anillo de bodas que era a juego con el que tenía ella. Por eso Ana se rió bastante gustosa. Admitiendo que definitivamente Ernest era diferente a lo mostro en la ceremonia de bodas. Teniendo una personalidad bastante autoritaria a lo que mostraba.

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Que la hizo inclinarse mientras besaba suavemente el lado de su frente cicatrizada. Sin ningún indicio de molestia. Lo cual conmovió al viejo Paul, quien estaba satisfecho de ver que Ana era una buena mujer.

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"Si quieres que te llame de manera cariñosa, entonces te diré cariño, ¿que te parece cariño?" Se rió al final.

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Sin desaprovechar Ernest la oportunidad de verla inclinada, para atraerla del cuello y besarla fogosamente.

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Haciendo sonrojar una vez más a Ana. Viendo como Ernest acariciaba sus labios con suavidad después de ese beso. Con un brillo peligroso en sus ojos que parecían como si una bestia estuviera deseando comer a su presa.

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"Me agrada como se escucha cuando me llamas de esa manera"

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"E-entonces te llamaré cariño a partir de ahora"

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"Seria feliz de que lo hicieras"

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