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Portada de la novela MARISOL, un adorable dolor de cabeza

MARISOL, un adorable dolor de cabeza

Al fallecer su padrastro, la vida de Marisol da un giro drástico al quedar bajo la custodia de Andrés Stone. Este implacable y gélido CEO, heredero de toda la fortuna familiar, asume la responsabilidad de proteger a la joven hasta que concluya su etapa universitaria. A pesar de que la rebeldía de Marisol lo lleva al límite de su paciencia, su cercanía transformará al ejecutivo, logrando que su frío corazón comience a ceder ante un intenso e inevitable romance.
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Capítulo 2

MARISOL

¡Escaparme esta noche fue lo mejor que me pudo haber ocurrido! En cuanto Itzel y yo llegamos a la fiesta, sonreímos dichosas, pues el ambiente es excelente. La música, las luces, todos bailando en la pista y las bebidas nos garantizan una gran noche llena de diversión y un poco de descontrol. Bueno, ni tanto; no soy de las que pierden el control, pero sí de las que se divierten.

—Vamos a bailar —dije, tirando de la mano de mi pequeña amiga y llevándola al centro de la pista, donde ambas comenzamos a mostrar nuestros pasos prohibidos.

El ambiente, la música, la compañía, la bebida... todo es espectacular. Gracias a Dios pude escapar de aquella casa; de lo contrario, muy seguramente estaría aburrida en una cena con un hombre al que no conozco y que no me interesa conocer.

Al poco tiempo de estar en la pista, un par de chicos se acercaron a bailar con nosotras. Debo reconocer que ambos son bastante guapos, aunque tienen carita de niños. Pero no importa; lo único que quiero por ahora es bailar y disfrutar de esta maravillosa noche de fiesta.

ANDRÉS.

Espere en el comedor junto a Patricio y ambos notamos a los empleados murmurar entre ellos, lo cual me enoja aún más, porque no me gusta que hablen a mis espaldas mis empleados personales lo saben y procura siempre estar en silencio.

—Amigo respira, ya la chica debe estar por bajar —aconseja Patricio y yo trato de mantener la calma, pero no puedo.

—¿Me van a decir que demonios está pasando o su jefe será el último en enterarse? —cuestione fe muy mal humor, causando que los empleados temblarán del susto.

—Señor, es que la joven no está en su habitación —responde una de las empleadas y mi dolor de cabeza se hace presente.

—¿Dónde está ella? —indague con ganas de matar a esa chica, a la cual ni siquiera conozco y ya me está causando dolores de cabeza.

—Creemos que fue a una fiesta en la playa a la que se le prohibió ir, para esperarlo a usted señor—responde el empleado.

—Consigan alguien que conozca a la chica y el lugar a donde fue lo espero en el coche en diez minutos —ordené para luego levantarme y caminar al auto seguido de Patricio.

—Es una chica joven, es normal que quiera divertirse en vez de espera a un completo desconocido para ella —Patricio trata de defenderla.

—Tu guarda silencio esa niña me va a conocer y va a aprender que cuando yo doy una orden deben cumplirse al pie de la letra —Esperamos a las personas que nos llevaría al lugar y luego encendí el auto y seguí sus indicaciones hasta un sitio lleno de chicos bebiendo mucho ruido y nadie sensato, la verdad perece un manicomio.

—Dime cuando la veas y del resto me encargo yo —le ordené al empleado y este asintió.

—Amigo relájate, es solamente una jovencita que quería divertirse —Patricio intenta defender a la tal Marisol.

—Si voy a estar a cargo de esa chica, ella deberá aprender que cuando yo ordené algo lo debe de cumplir sin preguntar —le recordé mientras caminaba detrás del empleado.

—Señor, allá está la joven Marisol —me indica el empleado y seña a una hermosa joven de cabello negro bailando.

La joven tiene unas mejillas hermosas, un cuerpo hermoso y baila muy bien, pero eso no me importa porque ella tiene que aprender, que debe seguir mis órdenes por lo menos hasta que termine su carrera, esa fue la condición que mi padre dejó en sí testamento y ella deberá cumplirlo al pie de la letra.

Me acerqué a paso firme hasta la chica quien baila animadamente con un chico de su edad y me pare frente a ellos. Ambos me observan sin entender nada por lo que decidí presentarme.

—Soy Andrés Stone, tú y yo vamos a casa ahora —le indique a la chica quién abrió muchísimo los ojos.

—Usted no se la puede llevar, que no ve que estamos bailando —el tonto que la acompaña trata de intervenir, pero con tal solo mirarlo, comenzó a temblar peor que gallina en el matadero.

—Camina —le indico al dolor de cabeza frente a mí y está niega con la cabeza.

Definitivamente, esta chica me causará demasiados dolores de cabeza y eso no será bueno para mi salud.

—No, yo me voy cuando la fiesta termine —mi reta con sus mejillas brillantes.

—Tú lo pediste —ella mi mira sin entender nada, pero antes de que pudiera reaccionar me agaché, la tome en mis hombros como un costal de papas y comencé a caminar al auto mientras ella patalea sin parar.

—Bájame, eres un idiota que no tiene derecho a hacerme eso, suéltate —Grita sin dejar de moverse, pero no le presento atención para nada.

Todos a nuestro alrededor nos observan, pero nadie hace nada, pues a mi lado caminan Patricio y el empleado que nos trajo, así que nadie se atreve a intervenir.

Al llegar al auto la hago subir al asiento de atrás junto al empleado, mientras que yo subí al asiento del chófer y de copiloto se sube Patricio

—Tú acabas de casarme, la peor humillación del mundo, como demonios le explico esto a mis amigos —protesto la chica

—No me importan tus amigos, esto es para que aprendas que cuando yo doy una orden se cumple sin protestar, ahora abróchate el cinturón —respondí y puse el auto en marcha.

Mi nuevo dolor de cabeza se cruzó de brazos sin abrocharse el cinturón así que decidí darle una lección, acelere el auto a todo lo que da y derrape en varias oportunidades, causando que la berrinches en la parte de atrás se golpeara un par de veces con la puerta y el asiento del frente así que no tuvo de otra más que abrocharse el cinturón de seguridad bajo protesta.

Al estacionarse frente a la casa ella salió casi disparada del auto y entró a la casa, nosotros entramos detrás de ella solamente para escuchar como tira con fuerza la puerta de su habitación.

—Mañana hablaré con ese dolor de cabeza —declare antes de irme a mi habitación.

ANDRÉS

Esperé en el comedor junto a Patricio, y ambos notamos a los empleados murmurar entre ellos, lo cual me enoja aún más, porque no me gusta que hablen a mis espaldas. Mis empleados personales lo saben y procuran siempre estar en silencio.

—Amigo, respira, ya la chica debe estar por bajar —aconseja Patricio, y yo trato de mantener la calma, pero no puedo.

—¿Me van a decir qué demonios está pasando o su jefe será el último en enterarse? —cuestioné, muy malhumorado, causando que los empleados temblaran del susto.

—Señor, es que la joven no está en su habitación —responde una de las empleadas, y mi dolor de cabeza se hace presente.

—¿Dónde está ella? —indagué, con ganas de matar a esa chica, a la cual ni siquiera conozco y ya me está causando dolores de cabeza.

—Creemos que fue a una fiesta en la playa a la que se le prohibió ir, para esperarlo a usted, señor —responde el empleado.

—Consigan a alguien que conozca a la chica y el lugar al que fue. La espero en el coche en diez minutos —ordené, para luego levantarme y caminar hacia el auto, seguido de Patricio.

—Es una chica joven; es normal que quiera divertirse en vez de esperar a un completo desconocido para ella —Patricio trata de defenderla.

—Tú guarda silencio. Esa niña me va a conocer y va a aprender que cuando yo doy una orden, debe cumplirse al pie de la letra.

Esperamos a las personas que nos llevarían al lugar y luego encendí el auto, siguiendo sus indicaciones hasta un sitio lleno de chicos bebiendo, con mucho ruido y nadie sensato. La verdad, parecía un manicomio.

—Dime cuando la veas y del resto me encargo yo —le ordené al empleado, y este asintió.

—Amigo, relájate, es solamente una jovencita que quería divertirse —Patricio intenta defender a la tal Marisol.

—Si voy a estar a cargo de esa chica, ella deberá aprender que cuando yo ordeno algo, debe cumplirse sin preguntar —le recordé mientras caminaba detrás del empleado.

—Señor, allá está la joven Marisol —me indica el empleado y señala a una hermosa joven de cabello negro bailando. La joven tiene unas mejillas encantadoras, un cuerpo atractivo y baila muy bien, pero eso no me importa porque ella tiene que aprender que debe seguir mis órdenes, por lo menos hasta que termine su carrera. Esa fue la condición que mi padre dejó en su testamento, y ella deberá cumplirla al pie de la letra.

Me acerqué a paso firme hasta la chica, quien bailaba animadamente con un chico de su edad, y me planté frente a ellos. Ambos me observan sin entender nada, así que decidí presentarme.

—Soy Andrés Stone, tú y yo vamos a casa ahora —le indiqué a la chica, quien abrió los ojos como platos.

—Usted no se la puede llevar, ¿no ve que estamos bailando? —el tonto que la acompaña intenta intervenir, pero con solo mirarlo, comenzó a temblar peor que una gallina en el matadero.

—Camina —le indico al dolor de cabeza frente a mí, y ella niega con la cabeza.

Definitivamente, esta chica me causará demasiados dolores de cabeza, y eso no será bueno para mi salud.

—No, yo me voy cuando la fiesta termine —me reta, con sus mejillas sonrojadas.

—Tú lo pediste —ella me mira sin entender nada, pero antes de que pudiera reaccionar, me agaché, la tomé en mis hombros como un costal de papas y comencé a caminar hacia el auto mientras ella pataleaba sin parar.

—¡Bájame! Eres un idiota que no tiene derecho a hacerme eso, ¡suéltame! —grita sin dejar de moverse, pero no le presto atención en absoluto.

Todos a nuestro alrededor nos observan, pero nadie hace nada, pues a mi lado caminan Patricio y el empleado que nos trajo, así que nadie se atreve a intervenir.

Al llegar al auto, la hice subir al asiento de atrás junto al empleado, mientras que yo me senté en el asiento del conductor y Patricio se acomodó de copiloto.

—Tú acabas de casarme, ¡la peor humillación del mundo! ¿Cómo demonios le explico esto a mis amigos? —protestó la chica.

—No me importan tus amigos. Esto es para que aprendas que cuando yo doy una orden, se cumple sin protestar. Ahora, abróchate el cinturón —respondí mientras ponía el auto en marcha.

Mi nuevo dolor de cabeza se cruzó de brazos sin abrocharse el cinturón, así que decidí darle una lección. Aceleré el auto a toda velocidad y derrapé en varias ocasiones, causando que la chica en la parte de atrás se golpeara un par de veces con la puerta y el asiento del frente. No tuvo más remedio que abrocharse el cinturón de seguridad, aunque lo hizo bajo protesta.

Al estacionarnos frente a la casa, ella salió casi disparada del auto y entró a la casa. Nosotros entramos detrás de ella, solo para escuchar cómo cerraba con fuerza la puerta de su habitación.

—Mañana hablaré con ese dolor de cabeza —declaré antes de irme a mi habitación.

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