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Portada de la novela MARIANA DE LA NOCHE.

MARIANA DE LA NOCHE.

La vida perfecta de Mariana se desmorona cuando un hombre irrumpe en su entorno, destruyendo su paz. Pese a las constantes traiciones, ella elige perdonar bajo la falsa ilusión de un cambio que nunca llega, enfrentando consecuencias devastadoras. En su momento más oscuro surge un encuentro inesperado con alguien capaz de rescatarla. No obstante, el destino impone un obstáculo cruel: este salvador ha aparecido demasiado tarde para cambiar su realidad.
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Capítulo 3

MARIANA DE LA NOCHE.

Capítulo 2.

Autora; Patricia López.

No encontré un lugar más tranquilo para hablar que mi apartamento, no quería otro espectáculo como el de ese día. Le ofrecí un vaso de agua y esperé que se calmara. Me senté frente a ella, inhalé profundo.

-No puedes seguir así, esto es desgastante para ambos.

Rodó los ojos.

-Para ti es muy fácil decirlo, ¡mírate! Estás como si nada.

Se levantó y empezó a dar vueltas por toda la sala, hasta que se quedó mirando a un punto específico; mis maletas.

-¿Te vas de viaje? -se quedó mirándome fijamente y poco a poco su gesto se descompuso-. ¿Pensabas irte sin despedirte de mí? ¿Con quién te vas? ¡¿Tienes otra, es eso, verdad?!

Otra vez se transformó, empezó a gritar, estaba histérica. A veces sentía que no podía con eso.

-¡Responde, no te quedes callado!

Se acercó y descargó dos golpes en mi pecho, la tomé de los brazos impidiendo que me siguiera golpeando. Me dolía ver en la mujer en la que se había convertido, la desconocía. Veía que era verdad eso que decían que uno nunca termina de conocer a las personas. Yo creí conocerla, pero me di cuenta de que me faltaba mucho para ver su verdadera personalidad.

-¡No más! -exclamé subiendo el tono-. No me iré con nadie, no tengo a nadie, estoy cansado de tus acusaciones sin razón, además nosotros no somos nada.

-Para ti no soy nada, pero tú para mí lo eres todo, ¿no entiendes?

-Lo único que entiendo es que la mujer que un día amé se convirtió en esto. Estás llena de celos, inseguridades y tantas otras cosas, no entiendes que te estás destruyendo tu misma. ¿Cuántas veces lo intentamos? Pero nada funcionó. ¿Y sabes por qué?

Negó con sus ojos llenos de lágrimas.

-Cuando algo se rompe no tiene arreglo. Si rompes un espejo para luego recoger cada uno de sus pedazos y unirlos, ¿crees que quedará igual que antes? No. Así trates de unir cada parte, nada será igual. Eso es lo que pasó con nuestra relación, se desgastó hasta el punto de romperse, tratamos de unirla muchas veces, pero no funcionó.

Tomé sus manos y dejé un beso en ellas.

»No te sigas haciendo esto, no te humilles de esta manera, no lo mereces. ¿Cómo puedes decir que me amas si tú no puedes amarte a ti misma? Estás pisoteando tu dignidad de mujer. No te sigas haciendo más daño, entiende que lo de nosotros se acabó, y así lo intentáramos mil veces más ya no va a funcionar. Ya lo intentamos muchas veces y nada funcionó, porque nuestra relación se rompió hace mucho.

-Es que yo sin ti no puedo vivir.

Rodeó mi cuello con sus brazos y se pegó a mí.

-No digas eso, no puedes pensar que tu vida depende de otra persona. Lo que vivimos fue hermoso, pero ya se acabó, dejemos las cosas así y que nos queden los bonitos momentos, no me gusta verte así.

Se alejó bruscamente, se frotó sus manos entre sí, su pecho subía y bajaba rápidamente. Una tras otra se hicieron presentes sus lágrimas, otra vez dejó salir esa mujer histérica y posesiva en la que se convirtió.

-¡Mientes! Si te importara regresarías conmigo. A ti no te importa nada, ni mi dolor, mi sufrimiento, te vale todo, te da lo mismo. Tú serás la causa de mi muerte, quedará en tu conciencia, la culpa caerá sobre ti.

Respiré profundo tratando de calmarme. Dejé que el aire me purificara e intenté recuperar la poca serenidad que me quedaba, no quería terminar en otra agotante discusión.

-¡Bárbara, te estás escuchando, por Dios! Eso no puede ser amor, tienes que valerte de chantajes para que vuelva contigo, ¿Qué tipo de amor es ese?

-Yo te amo, por eso haré cualquier cosa para que regreses conmigo, si no vuelves a mi lado prefiero morirme.

Salió azotando la puerta. Quería pensar que solo eran amenazas, no creía que ella llegara a tanto. Por más que lo pensé no entendía cuándo se convirtió en eso. Cuando la conocí era tan cariñosa, paciente, me entendía o fingía hacerlo, ya no sabía ni qué pensar.

Entré a mi habitación y me dejé caer sobre mi cama, cerré los ojos y respiré profundo, no quería pensar en nada. Me quedé dormido. Desperté por el sonido insistente de mi celular, parpadeé varias veces hasta que mi vista se aclaró. Me extrañó mucho esa llamada, juro que hasta sentí escalofríos, era Magdalena la mamá de Bárbara. Apenas respondí escuché la voz entrecortada de la señora;

-¡Todo esto es culpa tuya! Mi-mi hija se muere!

Sentí que mi corazón se aceleró, esas palabras me helaron la sangre.

-¡¿De qué está hablando?!

-Mi hija está en la clínica y todo es tu culpa.

Me quedé en shock, cómo podía estar en la clínica si hacía unas horas estaba bien.

-¿Qué le pasó? -Murmuré.

-Se cortó las venas. Está en San Vicente de Paul.

Colgué. Esas palabras me retumbaron en la cabeza, jamás imaginé que ella... fuera capaz de tanto. No podía creerlo, busqué mis cosas, las llaves de mi auto y salí directo a la clínica.

Era verdad cuando dijo que yo sería la causa de su muerte y que quedaría en mi conciencia. Aunque sabía que no tenía nada que ver con lo que pasó, no podía evitarlo, me sentía culpable.

¿Qué pasaría por su cabeza para hacer algo así? Bárbara necesitaba ayuda, había llegado demasiado lejos y yo me sentía perdido, no sabía qué camino tomar. Cada vez tenía más claro que el amor solo traía problemas, bueno el amor no, las personas que no saben cómo dominar ese sentimiento. Somos nosotros los que terminamos arruinando todo. Decidí cerrar mi corazón y no dejar que nadie entrara en él, no volvería a enamorarme nunca.

Minutos después llegué al hospital, ya imaginarán cómo me recibió mi ex suegra. Aún no entendía de qué me estaba culpando, si yo no había hecho nada. Era tan injusto.

-¿Cómo está Bárbara?

-¡Cómo si te importara! -bufó.

-¡Mujer, por favor!

Intervino Ricardo, mi ex suegro, él era un poco más sensato.

-Aún no sabemos, está en urgencias y nadie da razón.

Nos alejamos un poco del caos de la sala de espera, al parecer Ricardo no me culpaba a mí. Hundí la cabeza en las manos y me froté con exasperación.

-¿Qué fue lo qué pasó?

-Según me contó Magdalena, Bárbara llegó llorando y se encerró en la habitación. Ella trató de hablar con ella, pero fue imposible, no quiso. Luego de unos minutos al no recibir respuestas de ella decidió buscar las llaves para entrar a la habitación, ahí fue que encontró a mi hija tendida en el piso del baño desangrándose.

Carraspeó, para aclarar su voz.

»No entiendo qué le pasa a mi hija, esto llegó demasiado lejos.

-Me disculpo.

Bajé la mirada, no sabía que decir, eso me había tomado por sorpresa, me llegaron recuerdos muy feos.

-No tienes porque disculparte muchacho, tú no tienes la culpa. Antes soy yo el que se disculpa contigo por esto. Sé que mi hija trata de hacer que vuelvan de cualquier manera, pero nunca pensé que llegaría a tanto. Tal vez todo es culpa nuestra por darle todo, por no enseñarle a perder. Desde niña le dimos todo lo que quiso y no le enseñamos que en la vida todo lo que quieres no se puede tener.

Cada palabra estaba llena de dolor y tristeza.

-No sé qué decirle. A mí también me ha tomado por sorpresa todo esto. Le juro que yo amé mucho a Bárbara y tal vez aún siento algo por ella, pero sus celos enfermizos no dejaron que las cosas funcionaran. No pude aunque lo intenté y no puedo. Bárbara quiere que deje todo lo que me gusta y eso no puede ser amor, la desconozco, el tiempo que estuve con ella jamás la creí capaz de hacer algo así, ahora veo que nunca la conocí.

Sentí una pequeña palmadita en la espalda.

-No imaginas cuánto siento eso, sé que eres un gran hombre y hubieses sido un excelente esposo, no entiendo qué pasó con Bárbara -respiró profundo, como tratando de soltar algo-;Matías, tal vez no es correcto lo que pienso pedirte, pero es mi niña y me duele verla así.

«que no sea lo que pienso» repetía en mi cabeza.

-¡Lo escucho!

-Quiero pedirte que estés al lado de mi hija -quise hablar, pero no me dejó-, sé lo que estás pensando y te entiendo, pero te pido que te pongas en mis zapatos; los de un padre desesperado, al que le duele ver a su hija destruirse. Quiero pedirte que te quedes con ella mientras sale del hospital, al menos para darle un motivo para salir adelante y luchar. ¡Por favor!

Inhalé fuertemente, me estaba poniendo en una situación muy difícil.

-¿Es consciente de lo que me está pidiendo?

Asintió. Negué varias veces.

-Matías, ustedes ya lo vivieron con tu hermana, sé que no es lo mismo pero ya sabes lo que se siente perder lo que tanto amas.

Justo en el clavo.

-Solo serán unos días, mientras se recupera. Ya luego miramos qué solución buscar, ¡piénsalo!

Recibí otra pequeña palmadita en la espalda y una sonrisa de boca cerrada llena de tristeza. Aquí estaba perdido otra vez, en un callejón sin salida.

¿Qué se supone que iba a hacer?

Si me quedaba con ella, alimentaría falsas esperanzas y sería peor. Pero si no lo hacía volvería a atentar contra su vida. Peor aún, no lucharía por recuperarse, ni siquiera sabíamos cómo estaba. Terminaría metido en serios problemas por no saber decir que NO. Ella fue muy importante para mí y me apenaba el señor Ricardo. Él tenía razón, sabía lo que se sentía perder una persona que amaba, yo perdí a mi hermana y a veces me culpaba por no haber hecho más por ella.

Es increible ver como se puede complicar la vida de la noche a la mañana. No sabía qué hacer.

_____________________♥_____________________

Desde algún lugar de Medellín.

-¡Mariana! ¿A dónde vas?

Se detuvo en seco, rodó los ojos y resopló.

-Voy a salir con Emanuel.

-¡Qué! Otra vez, ¿hoy no tenías clases?

-¡Madre! -soltó gruñido.

-Madre nada, Mariana te he dicho que primero la responsabilidad y luego la diversión.

-¡No me jodas! Solo es una salida, mañana me pongo al día. Emanuel me pidió que lo acompañara a hacer algunas cosas, no pude negarme.

Siguió de largo, pero su madre volvió a hablar.

-Mira Mariana, el hecho de que tengas 20 años no quiere decir que puedes hacer lo que querás. Te recuerdo que aún vives en esta casa y podés tener los años que quieras, pero mientras vivas aquí respetás mis órdenes y a mí que soy tu madre.

-Emanuel es mi novio, no puedes prohibirme que salga con él. Además solo es un día que faltaré a la universidad, no pasa nada. Relájate.

-¡No entiendes razones! ¿No crees que Emanuel absorbe gran parte de tu tiempo por no decir que todo? Hija ayer salieron, se la pasan juntos. Se la pasa pegado a ti, no te deja ni respirar.

-Madre, es mi novio, es normal que pasemos tiempo juntos, como pareja.

-Eso no te lo discuto, una pareja también debe tener su espacio. Pero tú dejas de estudiar, y hasta dejas a tus amigas tiradas por estar con tu novio.

Sonrió...

-¡Que exagerada!

-¿Por qué discuten ahora?

Intervino el hermano de Mariana, Lorenzo.

-Tu hermana que no escucha, no entiende, otra vez va de salida con Emanuel, parece chicle.

Mariana enarcó una ceja.

-Mi madre que todo lo exagera, es normal estar enamorada y pasar tiempo con tu pareja, ¿verdad? Hasta tú querido hermanito, te la pasas con tu novia.

-Es normal sí, hasta un punto, pero últimamente te la pasas más con tú novio que aquí en la casa, es como si tu vida solo girara alrededor de él y tampoco -Respondió Lorenzo.

Dejó un beso en la mejilla de su hermano y un apretón en su mejilla.

-¿Estás celoso querido hermano? Te prometo que el domingo haremos un plan familiar.

-¡Mariana, qué hacemos contigo! Piensa en tu carrera, el hecho de que tengas novio no quiere decir que dejes las demás cosas tiradas, tus amigos, tus estudios, tu familia. Emanuel te absorbe mucho tiempo, dile que tienes familia. Eso espero porque los domingos son familiares, iremos a casa de la abuela y tú últimamente no puedes.

-Eso es porque me ama mucho y no puede vivir sin mí, prometo que el domingo pasaremos juntos.

-Apenas llevan siete meses y ya controla tu vida, no imagino cuando lleven más tiempo -exclamó Lorenzo.

-Son exagerados -respondió Mariana.

En ese momento sonó el timbre, Mariana recogió sus cosas, se despidió de su madre y su hermano y salió con una sonrisa. Un minuto después regresó, Lorenzo fue el primero en preguntar;

-¿Qué pasó?

Ella siguió caminando hasta la puerta de su habitación.

-Me cambiaré de ropa -respondió.

Traía un shorts blanco, una blusa rosa con un pequeño escote.

-¿Por qué vas a cambiarte? -Lorenzo frunció el ceño-,no me digas que Emanuel te lo pidió. ¿Ahora controla tu manera de vestir?

Ella con una sonrisa le respondió.

-Obvio no, hermanito no seas mal pensado, es solo que hace frío, por eso mejor me pondré algo más cubierto.

-¿Segura que es solo por eso? -inquirió.

Asintió con una sonrisa y entró a la habitación, luego de unos minutos salió con un jeans negro, una blusa de mangas largas. Lorenzo no quedó muy convencido, pero ella con una sonrisa y un par de besos lo tranquilizó, salió feliz a cumplir la cita con su novio.

Continuará...

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