Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Manual para domar a un jefe arrogante

Manual para domar a un jefe arrogante

Marina no es la típica asistente; su audacia y carácter firme chocan frontalmente con Mateo, un líder autoritario volcado en el control absoluto. Aunque la fricción marca su día a día, una química intensa surge entre ambos en la oficina. La aparición de un turbio fraude corporativo los obliga a unir fuerzas para salvar la compañía. Entre intrigas y riesgos, deberán decidir si mantienen su eterna rivalidad o ceden finalmente ante el deseo que intentan ocultar.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Mateo Ruiz nunca contrataba por impulso. Su historial lo confirmaba: cada asistente anterior había sido seleccionado tras rigurosos procesos, cuestionarios psicológicos, y tres entrevistas con recursos humanos. Él no improvisaba. No arriesgaba. No confiaba.

Pero Marina Ortega no era parte de ese sistema. La había elegido en un instante, con un "empieza el lunes", sin consultar a nadie, sin justificación. Y aunque había intentado convencerse de que era por sus habilidades, la verdad era más simple, más cruda: la había contratado para verla caer.

Porque ella lo había desafiado.

Y él no toleraba que lo desafiaran.

-¿Y ella? ¿Qué tiene de especial? -preguntó Camila, la directora de Recursos Humanos, cuando Mateo la llamó a su oficina ese martes por la tarde.

-Nada -respondió él, sin levantar la vista de su computadora.

-¿Entonces por qué la contrató?

-Porque quiero que fracase.

Camila lo observó con el ceño fruncido.

-¿Me estás diciendo que pusiste a una persona en una posición clave solo para verla fallar?

Mateo levantó la mirada, tranquilo.

-La puse donde ella misma quiso estar. Aceptó el reto. La diferencia es que aún no entiende dónde se metió.

Camila cruzó los brazos.

-¿Y qué esperás lograr con eso?

-Probar mi punto. Que el talento sin disciplina es solo ruido. Que el desafío sin estrategia es arrogancia.

-¿O estás probando que aún no superás que alguien te mire a los ojos sin miedo?

Mateo frunció el ceño, pero no respondió. En lugar de eso, volvió a su pantalla, cerrando así la conversación.

Mientras tanto, en su escritorio, Marina no necesitaba ser psíquica para intuir que Mateo la había contratado con una motivación distinta a la eficiencia. La forma en que observaba cada uno de sus movimientos, cómo revisaba todo lo que ella organizaba dos veces, cómo le pedía tareas absurdamente específicas, como coordinar las reuniones con márgenes de tiempo exactos entre saludo, presentación y cierre.

-¿También tengo que controlar cuántos segundos respira cada cliente? -preguntó ella en voz baja, mientras ajustaba el cronograma del día siguiente.

-Preferiblemente -respondió Mateo desde la puerta de su oficina, apareciendo sin que lo notara.

Marina se giró, sin inmutarse.

-¿También debo recordarles cuántas veces parpadear?

-No estaría mal, considerando lo incompetente que puede ser la gente cuando se relaja -dijo él, entrando con una carpeta en mano-. Esta es la agenda para la cena del jueves con los inversores de Singapur. Quiero una versión impresa en sus idiomas y otra digital antes de las seis.

-¿Y usted cree que en tres horas se puede traducir todo esto y revisar que esté perfecto?

-No lo creo. Lo exijo.

Marina lo miró un segundo, luego tomó la carpeta.

-Perfecto. Pero cuando explote mi cerebro, no quiero indemnización. Solo que graben mi funeral con buena luz.

Mateo se giró y volvió a su oficina sin decir una palabra más.

A las 17:58, Marina dejó sobre su escritorio tres carpetas impresas en papel de alta calidad, cada una con un pequeño marcador en la portada indicando el idioma: inglés, mandarín y japonés. Y junto a eso, una memoria USB con los archivos digitales. Todo revisado, sin errores.

Mateo salió de su oficina con su habitual expresión impasible. Miró los documentos, luego a ella.

-Lo lograste.

-¿Sorprendido?

-Aún no.

-Deme tiempo -dijo Marina, sonriendo con una media sonrisa-. Soy una inversión a largo plazo.

Mateo no respondió. Tomó la carpeta y volvió a entrar en su oficina. Pero antes de cerrar la puerta, murmuró sin girarse:

-No vas a durar una semana.

Marina lo escuchó, y por primera vez en el día, su sonrisa se borró.

No porque le doliera. Sino porque entendía, al fin, el juego.

No la había contratado por mérito. La había contratado para destruirla desde adentro.

El miércoles amaneció con lluvia. Marina llegó quince minutos antes, empapada por el viento que le había volteado el paraguas tres veces, pero con el café de Mateo en la mano y los documentos de la junta matutina listos.

Cuando él la vio entrar al piso 28, con el cabello húmedo, la falda pegada a las piernas y la dignidad intacta, pensó -solo por un instante- que aquella mujer era demasiado terca para su propio bien.

-Su café, señor "No doy segundas oportunidades" -dijo Marina, dejando el vaso sobre su escritorio.

Mateo la miró de reojo.

-Su puntualidad roza la obsesión.

-Y su obsesión roza lo patológico -respondió ella, dejando sobre su escritorio una hoja con correcciones al discurso que él debía dar esa tarde.

Mateo la leyó en silencio. Había señalado cuatro frases con errores de redacción, una cita mal atribuida, y una inconsistencia en las fechas.

-¿Desde cuándo tiene acceso a esto? -preguntó él.

-Desde anoche. Lo encontré olvidado en la bandeja de impresiones. Supuse que preferiría no quedar en ridículo frente a veinte inversores internacionales.

Mateo levantó la vista. La miró por varios segundos, sin decir nada.

-Gracias -dijo al fin, seco, como si cada letra costara una batalla.

Marina levantó las cejas.

-¿Eso fue... amabilidad? ¿De verdad lo escuché?

-No se acostumbre -respondió Mateo, con una mueca casi imperceptible.

A lo largo del día, Marina ejecutó cada tarea como si su permanencia dependiera de ello. Porque así era. Sabía que Mateo estaba esperando su primer error para justificar su expulsión. Pero ella no le iba a dar ese gusto.

Organizó tres reuniones, resolvió un conflicto entre dos equipos creativos, encontró una factura duplicada en el sistema de pagos y corrigió un error de agenda que habría causado un caos con los vuelos de los socios europeos. Todo antes de las cinco de la tarde.

Pero fue lo que ocurrió después lo que marcó el verdadero giro del día.

Marina estaba en el baño cuando escuchó dos voces masculinas en la antesala, creyendo que ella no estaba. Reconoció una: era Hugo, el director de marketing. La otra, más aguda, parecía la de Tomás, el jefe de finanzas.

-¿Entonces es cierto? ¿Mateo contrató a la nueva por puro capricho?

-Total. Dice que quiere ver cuánto aguanta. Apostó con Camila que no llega al viernes.

-No jodas. ¿Y ella no sospecha?

-Ni idea, pero... no me extrañaría que el lunes ya tengamos otra asistente nueva.

Rieron. Las risas de los hombres que se creen inmunes al karma.

Marina apretó los dientes. No salió del baño hasta que se fueron. Se miró en el espejo, con el corazón acelerado. No por dolor. Por furia.

Ahora lo sabía con certeza: era parte de una apuesta.

Cuando Mateo salió de su oficina a las seis en punto, Marina lo esperaba de pie, junto a su escritorio.

-¿Necesita algo más antes de irse?

-No. Buen trabajo hoy.

-Gracias. Por cierto...

Él se giró. Marina se acercó un paso, lo bastante para que sólo él la escuchara.

-Dígale a Camila que no pierda su dinero. No pienso caer.

Mateo la miró en silencio. No preguntó cómo lo sabía. No lo negó. Solo la observó, y por primera vez, pareció genuinamente desconcertado.

-¿Algo más? -dijo con frialdad.

-Sí -respondió Marina, con la voz baja pero firme-. La próxima vez que use a una persona como experimento, asegúrese de que no tenga alma de incendio.

Y sin esperar respuesta, tomó su bolso y se marchó, dejando tras de sí el olor de la lluvia, el eco de sus tacones y la certeza silenciosa de que aquella guerra apenas comenzaba.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amándote Profundamente
9.2
Tras sufrir la traición de su madrastra y hermanastra antes de comprometerse, Myra termina envuelta en una trampa que la une a un misterioso desconocido. Este hombre es Kian, una figura de su pasado que regresa con planes de venganza y una pasión irrefrenable. Él se infiltra en su mundo decidido a ganarse su corazón. Entre seducción y cicatrices emocionales, Myra halla en Kian al compañero perfecto, logrando superar a quienes buscaron arruinar su futuro.
Portada de la novela Amor Y Engaños
9.2
La vida de Della se desmoronó tras ser abandonada por su esposo en plena noche de bodas. Un incidente con Mark, provocado por el alcohol, terminó en un escándalo público que le costó su honra y un divorcio humillante. Seis años después, regresa convertida en una influyente empresaria decidida a enfrentarse a su exmarido en el mercado. Sin embargo, la reaparición de Mark en su presente genera un conflicto emocional que amenaza su nueva estabilidad.
Portada de la novela Convirtiéndome en su exnovia inolvidable
8.3
Divya creía que sus siete años de unión con Liam Lyons eran reales, hasta que descubre que las iniciales de sus alianzas honran a Destinee, el primer amor de su esposo. Liam solo se casó con ella por despecho el mismo día que su amada se unió a otro hombre. Tras ser confrontado, él minimiza el dolor de su mujer con total indiferencia. Decidida a no vivir más bajo la sombra de un pasado ajeno, Divya opta por el divorcio para acabar con esta farsa.
Portada de la novela Enamorarse lleva tiempo
9.4
Después de soportar dos años de desprecios y burlas constantes, Rosalynn pone fin a su matrimonio con Brian, un millonario que jamás valoró su presencia. Tras el divorcio, ella asume una identidad anónima como estilista en la propia compañía de su exesposo. Sin saber quién es realmente, Brian cae rendido ante el encanto y la destreza de esta mujer. Al desvelarse el secreto, el magnate deberá lidiar con la culpa y las consecuencias de su pasado.
Portada de la novela La catedral del placer
7.9
Samuel Straits domina el mundo empresarial mientras protege un secreto turbio. Su estabilidad se quiebra cuando Nikky, una enigmática mujer, se convierte en la jefa de relaciones públicas de su club privado. Ella oculta un plan relacionado con las exclusivas citas mensuales del local. En medio de una fuerte atracción, el pasado de Nikky vuelve con un hombre temible y un pretendiente, creando un triángulo letal que amenaza con destruir su esencia.
Portada de la novela La Propuesta del Decano
8.5
La profesora Ámbar Shein sueña con un amor literario mientras lucha por obtener una plaza en la Universidad de Oxford. Su vida cambia al conocer a Derek Williams, el decano de la institución, quien le plantea un trato inesperado: una relación basada puramente en el deseo, lejos de cualquier compromiso emocional. Ámbar se enfrenta a un dilema crucial: aceptar la fría seducción de un hombre que niega el afecto o seguir buscando su romance ideal.