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Portada de la novela MAFIOSA

MAFIOSA

La doctora Ellis Spencer intentó alejarse de sus raíces criminales, pero la ruina de su padre y la codicia de su hermano Ian la arrastran de vuelta al abismo. Sorpresivamente, el testamento la nombra jefa de la mafia americana. Rodeada de traidores, Ellis se ve obligada a pactar una alianza matrimonial con Alessandro Bianchi, su principal enemigo. En este juego de poder, ella deberá descifrar si su esposo es su perdición o su salvación.
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Capítulo 2

La puerta seguía cerrada, y el sonido de los hombres fuera de la habitación intentaban abrirla con desesperación. El sistema de seguridad había asegurado la puerta, pero Ellis sabía que el tiempo era su peor enemigo. Miró al hombre herido frente a ella con desconfianza. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, lista para reaccionar si era necesario. Aunque su rostro permanecía impasible, sus ojos recorrían al hombre con una precisión calculada.

Este no era un paciente común. No había nada que lo hiciera parecer una víctima, solo un tipo peligroso que había irrumpido en su turno y ahora le exigía ayuda. Su respiración era profunda, pero su mirada era de acero, evaluando cada movimiento del hombre. Un tipo como él no tenía nada de bueno, y aunque parecía herido, nada le decía a Ellis que sus intenciones fueran limpias.

-¿Qué quieres de mí? -su voz sonó más dura de lo que esperaba, pero no podía permitirse dudas. Este tipo estaba metido en algo turbio, y ella no iba a ser parte de su juego.

Él la miró fijamente, sin una pizca de miedo. Su arrogancia era evidente, y aunque estaba herido, su postura era desafiante, como si nada en este mundo pudiera derribarlo.

-No tengo tiempo para juegos -dijo él, su voz baja y mordaz, con ese aire de superioridad que solo los tipos como él sabían mantener incluso en situaciones como esta-. Ayúdame, y no te arrepentirás.

Ellis lo observó de reojo, la confianza que irradiaba no hacía más que ponerla más en alerta. Cada palabra que salía de su boca le parecía manipuladora, y la sola idea de ayudarlo le resultaba incómoda. No conocía a este hombre, ni qué diablos lo metió en esta situación. No iba a arriesgar su vida por alguien que no merecía ni un segundo de su tiempo.

-Te repito, ¿qué quieres de mí? -insistió Ellis, sin apartar los ojos de él.

El hombre no se inmutó, pero sus ojos, oscuros como la noche, se clavaron en los de ella. Una mueca de dolor apareció por un segundo en su rostro cuando apretó su herida, pero rápidamente se deshizo de ella, manteniendo su actitud imponente.

-No tengo tiempo para explicaciones -dijo, y luego una sonrisa arrogante cruzó sus labios-. Pero, si me ayudas, te haré un favor que te salvará la vida.

Ellis frunció el ceño. Su paciencia se agotaba con cada segundo que pasaba cerca de él. No confiaba en sus palabras, ni en sus promesas. Sabía que los hombres como él no se detenían ante nada, y si él estaba metido en problemas, seguramente había una razón.

-No tengo tiempo para tus favores, y mucho menos para salvar a tipos como tú -respondió sin titubear. Ella no iba a dejarse manipular tan fácilmente. Si lo ayudaba, debía ser por su propia decisión, no porque él intentara manipularla.

Él la observó por un momento, su mirada estaba llena de una mezcla de arrogancia y algo más que no alcanzaba a identificar. Podía ver que estaba herido, pero eso no cambiaba el hecho de que no podía confiar en él. Sin embargo, sus palabras aún resonaban en su mente.

-¿Por qué debería ayudarte? -preguntó finalmente, los ojos fijos en él. No se dejaría llevar por la compasión, pero algo en su interior le decía que esta situación era más compleja de lo que parecía.

Él dio un paso hacia ella, ignorando el dolor que su herida le causaba. A pesar de todo, se mantenía erguido, confiado, y esa era una actitud que a Ellis le irritaba profundamente. No le gustaban los hombres que pensaban que podían manejar todo con sonrisas y promesas vacías.

-Porque no vas a sobrevivir si no lo haces -dijo él con una calma peligrosa, su voz grave como si ya supiera lo que iba a pasar. No había rastro de miedo en él, solo una fría determinación.

Ellis lo observó en silencio, sabiendo que su reacción debía ser cautelosa. El tipo estaba herido, pero eso no significaba que estuviera fuera de peligro. Y ella tampoco lo estaba.

-¿Y por qué debería confiar en ti? -dijo, sin apartar la vista de él. Cada palabra que salía de su boca tenía la intención de mantener el control, no iba a ser una víctima fácil.

-Porque, si no me ayudas, ellos te van a encontrar también. No te va a importar cuánto te escondas. Ellos no tienen problemas en eliminar a cualquiera que se cruce en su camino -dijo él, su tono más grave, casi como una advertencia.

Ellis se quedó en silencio por un momento, evaluando la situación. Estaba atrapada en una habitación con un hombre peligroso, y no sabía quién más estaba involucrado en este asunto. Pero, lo que sí sabía, era que si no actuaba rápido, los hombres fuera de la habitación la encontrarían.

-Está bien, te ayudaré, pero esto no cambia nada -respondió finalmente, manteniendo su tono firme. No iba a ser una heroína, pero tampoco podía dejar a un hombre herido a su suerte, aunque su instinto le dijera que no confiara en él.

El hombre asintió, una mueca de gratitud cruzó su rostro, pero desapareció rápidamente, como si no quisiera mostrar ninguna debilidad. A pesar de su herida, se mantenía en control, y eso solo aumentaba la desconfianza de Ellis.

Ella se agachó y comenzó a manipular el panel de seguridad, sabiendo que no tenía mucho tiempo. El hombre la observaba con atención, sin decir palabra, como si su vida dependiera de cada uno de sus movimientos. Y en cierto modo, lo hacía.

-De prisa. -La voz grave del hombre hizo que ella acelerara su ritmo, sin desviar su concentración.

Finalmente, después de lo que parecieron horas, la puerta se desbloqueó. Sin embargo, la sensación de alivio que debería haber sentido no llegó. Estaba demasiado en alerta, demasiado consciente de lo que podía suceder. Sabía que la peor parte de todo esto no era abrir la puerta, sino lo que haría una vez fuera de esta habitación.

Fin de capítulo 2

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