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Portada de la novela Madre soltera y CEO

Madre soltera y CEO

Sofía Morales se convierte en una influyente CEO tras la muerte de su padre, asumiendo el mando de una naviera mientras cría sola a sus trillizos. Su embarazo fue fruto de un encuentro nocturno con Rafael Rincón, quien la salvó de un abuso pero cuya identidad ella desconoce. Pese al rechazo de sus accionistas, Sofía lucha por su legado. Mientras tanto, Rafael, atormentado por su pasado, busca incansablemente a la joven que rescató aquella noche.
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Capítulo 1

Sofía:

Comenzando el equinoccio de primavera, en el hemisferio norte, en Ciudad La Rosa, con presencia de una fuerte tormenta, llegué por fin al Centro Cultural La Rosa. Lugar donde se llevaría a cabo, mi acto de grado y recibiría el título de Contadora Público, con apenas veinte años.

Al entrar en el auditorio, miro hacia un lado y hacia el otro y nada que observo a mis padres, entre los presentes. Mi padre quería que fuera abogada, pero decidí estudiar lo que a mí me gustaba.

Este es un acto muy importante en mi vida, aunque hasta ahora, lo que es importante para mí, no lo es para ellos. Pero, deseaba que estuvieran aquí conmigo. Desilusionada, tragué en seco.

Así que por lo visto, decidieron ignorarme otra vez. No les interesa nada de lo que haga, salvo cuando los complazco. Sacudiendo mi melena, la cual llevaba suelta, con mis cabellos teñidos y planchados, me coloqué el birrete.

Me ubiqué en el lugar que me fue asignado y no me preocupé más por saber, si ellos asistieron o no. En todo caso, ya tenía mis propios planes, me iría con mis compañeras de residencia, a una discoteca. Posteriormente, dándose inicio al acto me concentré en el mismo.

Luego, fui llamada por el presentador oficial del magno evento, para recibir mi título:

—Sofía Morales Borbón, la más joven graduanda de la Universidad en esta promoción y quien además se graduó con la mención “Summa cum laude” —anunció él por el micrófono, por lo cual recibí una fuerte ovación de los presentes.

Tres horas después, concluía el acto. Justo antes de dar por concluido todo el acto protocolar, me uní al grupo que se quitó el birrete y lo arrojé hacia lo alto, para que cayera de nuevo en mis manos. Después, salí del teatro con mis compañeras para celebrar en una discoteca nuestra graduación.

—¡Sofía! ¡Felicitaciones! Creo que fuiste la más ovacionada —manifestó uno de los graduandos, quien por cierto, me caía muy mal, porque tenía la costumbre de mirarme con una mirada lasciva, daba la impresión que me desnudaba.

—¡Gracias! —contesté sin dar importancia a su comentario, caminando junto a mis dos inseparables compañeras, hacia el estacionamiento, para buscar mi coche.

Al llegar, donde estaba aparcado mi vehículo, me quité la toga y el birrete, guardándolo en el maletero, junto al de mis amigas. Una vez, sin la vestimenta protocolar del acto, me sentí la reina de la noche, hermosa, coqueta y elegante, enfundada en un traje corto, elegante y a mi medida, hecho por un gran diseñador.

Soy una mujer espectacular, con medidas de una reina de belleza, sin ser tan delgada, tengo una estatura promedio y mis facciones son finas, donde destacan mis hermosos ojos azules, mis labios gruesos, pero delineados perfectamente, con una melena, de cabellos rubios teñidos y planchados.

Subimos a mi Bugatti Veyron el cual me obsequió mi padre en mi cumpleaños número veinte, en diciembre del año pasado y salimos directamente a la disco. Al llegar a esta, casi todos nuestros compañeros se encontraban ahí, brindando y bailando.

Si algo me afecta, es entrar a un lugar donde hay mucho humo. En la discoteca había demasiado. No obstante, para olvidar la decepción que me causaron mis padres al no asistir a mi acto de grado, no le concedí importancia a esto, dedicándome junto a los demás a disfrutar la noche.

Nos ubicamos todos en un área común, para estar pendientes unos de otros y comenzamos a pedir tragos, los cuales dejábamos en la mesa, mientras bailábamos.

Tres horas después, Sofía:

Sintiéndome mareada, con dificultad para hablar y hasta para moverme, pero con fuerte dolor de estómago, me levanté de la silla para ir al baño, viendo todo borroso y con la audición distorsionada, alguien se acercó para ayudarme…

—¡No, no, déjame! Yo… yo… yo voy sola —grité, no quería la ayuda de nadie, empujando sus manos. Con tanto ruido y grito, en la disco, nadie me escuchó. Me sentía como drogada, sé lo que se siente, porque en una oportunidad lo experimenté, para probar, pero en definitiva, no me gustó.

—Yo te llevo —refutaba con un eco la persona, que me quería llevar, pero a quien no podía distinguir bien, porque todo estaba muy oscuro o borroso, no sé, además, había mucho humo.

Aun así, seguí caminando hacia el área de los baños para lavarme la cara, porque sentía mi rostro y mi cuerpo caliente. Era algo extraño, jamás me había sentido así. Antes de llegar a estos, alguien me tomó por la cintura y me arrastró hacia las escaleras.

—¡Suéltame! ¡Estúpido! ¡No me toques! —grité, pataleando, tirando golpes, pero el desconocido acercó su boca a la mía para hacerme callar, con lo cual le mordí fuertemente los labios, hasta hacerlo sangrar.

—¡Maldic…! —Gritó el desconocido quejándose de la mordida que le di— ¡Esto me lo pagarás Sofía! —y me abofeteó fuerte, partiendo mi labio inferior, con lo cual quedé aturdida por unos segundos.

—¡O sea…! ¿Me conoces? ¿Quién eres imbécil? —pregunté tratando de ver quién era, pero mi visión y mi audición estaban fatales esa noche, todo lo veía y lo escuchaba muy confuso.

Esto me llevó a concluir que alguien le agregó alguna droga a mi bebida. Porque además de este malestar, estaba sintiendo algo peor, una necesidad fuerte de tener sexo, algo que hasta ahora no había experimentado, me sentía caliente y mi piel se erizaba.

—¡Dios! ¿Qué me pasa? —murmuré sin poderme zafar de las garras del imbécil que me llevó a la parte alta donde están las áreas privadas de la disco.

Me sentía tan mal, el dolor de estómago seguía ahí. Además, no podía ver claro quién me llevaba. Atormentada y sintiendo que mis piernas flaqueaban, sentí mucho miedo y temor.

Comencé nuevamente a forcejear con el hombre que me arrastraba. Le veía el rostro distorsionado, a pesar de que me parecía conocido. Él quería levantarme en sus brazos, pero no lo permití, comencé a lanzar puños y patadas, otra vez, para no dejarme llevar.

Unos minutos antes, en una de las salas privadas…

Rafael:

—¡Rafael, no sigas bebiendo! —Solicitó mi asistente Leonel al ver cómo me embriagaba— ¡Por favor, vamos! Tu madre se podrá como una fiera al verte así —exclamó nuevamente.

—¡No me interesa! —Le respondí— Mi madre me quiere gobernar y que haga su santa voluntad —contesté llevando la botella de whisky a mi boca para beberme un trago.

—¡Vete, Leonel! —Grité— Estoy esperando a alguien y no quiero que te vea aquí ¡Estoy bien! —le manifesté preocupado, de que viera a la mujer que había contratado para que estuviera ahí conmigo.

—¡No quiero dejarte solo! —me contestó él, con sus cejas totalmente fruncidas y su boca tensa.

—Te lo digo por última vez ¡Vete! —grité enojado, con lo cual hice que saliera apresurado de la sala privada.

Unos minutos después…

Sofía:

Al caer al suelo, pateé duró la puerta que estaba frente a mí y salió un hombre enojado y hecho una fiera, a quien tampoco le distinguía bien sus rasgos, pues mi visión estaba peor.

—¿Quién jode tanto? —gritó el hombre abriendo la puerta de par en par.

—¡Nadie! —gruñó mi atacante, tratando de levantarme del suelo. Pero, pude gritar…

—¡A-a- ayúdame!…

—¡Cállate, Sofía! —interrumpió gritando, mi agresor, tratando de taparme la boca, pero lo volví a morder y me soltó, reflejando en su rostro el dolor que sentía.

—¡Me-me-me quiere violar!… —grité con todas mis fuerzas.

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