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Portada de la novela MADRE SOLTERA ERES MÍA; Un contrato sin salida

MADRE SOLTERA ERES MÍA; Un contrato sin salida

Melisa, una madre soltera de voluntad férrea, se enfrenta a una situación límite. Para financiar el tratamiento médico que requiere su hija y salvar su vida, acepta un desesperado matrimonio por conveniencia. No obstante, el acuerdo financiero pronto se transforma en una jaula asfixiante. Tras sellar el contrato, Melisa comprende que ha cedido su libertad absoluta a un hombre despiadado que ahora controla su destino bajo un pacto sin salida.
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Capítulo 1

La intensa lluvia que caía del cielo no impidió que una mujer anduviera bicicleta. Aunque estaba completamente empapada, Melisa pedaleó rápidamente. Sabía que llegaba tarde al trabajo y que eso sería una mala señal, ya que trabajaba en una casa familiar, donde su jefa era sumamente exigente y cobraba hasta el último centavo por su tardanza.

Además de decir una serie de tonterías, sin ser consciente de lo que pasaba cada día.

Melisa una mujer de 22 años que quedo huérfana a temprana edad, afrontaba una vida complicada, donde se enamoró del hombre equivocado, que al principio fingió quererla mucho, la abandonó al enterarse del embarazo de su hija, Lis. Alegó que era demasiado joven como para casarse.

Melisa tuvo que arreglársela sola, no era como si esta fuera la primera vez que la abandonaba, una vez que nació su hija, las cosas se complicaron más ya que mantener a un bebé no era fácil. Al no conseguir ayuda de nadie para cuidar a la bebé, empezó a vender dulces en la calle, con su hija en brazos, sin embargo, surgieron muchos problemas: facturas atrasadas, orden de desalojo, el inútil quien no fue más que un donador de esperma que no pagaba la manutención infantil y luego estaba la enfermedad de su hija.

La pequeña nació con una enfermedad cardiaca, que solo se descubrió después de cumplir un año, por lo que necesitaba cuidados especiales. Aunque recibió ayuda económica del gobierno, Melisa tuvo muchos gastos.

Cuando Lis cumplió dos años, Melisa consiguió un lugar en una guardería de tiempo completo. Luego consiguió un trabajo fijo, en una casa de empleada doméstica, su actual jefa. Una viuda rica gruñona que hizo todo lo posible para hacerle el día un infierno. El trabajo era una pesadilla, pero como necesitaba el dinero, lo tomé todo con calma.

Mientras pedaleaba, las lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia. Lloró al recordar que hoy su hija no se había levantado sintiéndose tan bien. Además de enfrentar la lluvia, dejarla en la guardería fue una tortura.

-¡Llegas tarde!

Cuando abrió el portón de la casa de su jefa, la escuchó decir.

Y eso le dio una clara visión de que su jefa no le daría un adelantó para cubrir el alquiler.

-Perdón señora, la lluvia fue muy fuerte y estaba esperando que pasara un poco para poder dejar a mi hija en la guardería.

-Tantas excusas tontas, cada vez que llega tarde me inventa una historia diferente, siempre usando a la niña como excusa. ¿Qué pasa si tu hija se moja un poco?

-Sabes que mi hija tiene muy baja defensas, se puede enfermar por cualquier cosa.

-Ella es así, porque la proteges mucho, dejas que la niña adquiera defensas bajo la lluvia, coma tierra, corra. Haga cosas que todos los niños hacen.

-No puede esforzarse demasiado, debido a su corazón y...

-¡Ah, basta! -la interrumpió-. Debido a tu tardanza de hoy, también terminé llegando tarde para ir a la manicura, ahora tengo que reprogramar otro horario. Sabes que esto tendrá descuento, ¿verdad? -preguntó-. Ahora ve a hacer tu trabajo. Empieza por limpiar. Hoy es difícil salir de casa debido a la lluvia, así que me quedaré en casa.

Melisa tragó saliva para no responder. Si pensaba que era malo salir de casa en coche, no podía imaginar cómo sería andar en bicicleta, especialmente con una beba delicada de salud.

Sabía que, con la presencia de esa mujer en casa, su día no sería más que sufrimiento. Aun asi, no dejó que eso lo deprimiera, ya que necesitaba el dinero para pagar el alquiler y las facturas vencidas.

[...]

A las dos de la tarde sonó su teléfono y cuando vio que era el número de la guardería, su corazón inmediatamente se hundió.

-Hola.

-Buenas tardes, Melisa, soy la directora de la guardería. Llamo para informarles que Lis se sintió mal y tuvimos que llamar a una ambulancia para llevarla al hospital. Uno de nuestros asistentes la acompaña, pero necesito que vayas allí de inmediato, ya que eres responsable de Lis.

--¿Qué hubo? ¿Por qué fue necesario llamar a la ambulancia? -preguntó preocupada.

-Lis se desmayó después del almuerzo. Intentamos reanimarla, pero no despertaba. Los médicos la animaron aquí, pero dijeron que tenían que llevarla.

-Me voy enseguida, gracias por todo. -Colgó el teléfono.

Dejando todo lo que estaba haciendo, llamó a la puerta de la oficina de su jefa, desesperada.

-Adelante.

Escuchó hablar a la mujer, al otro lado de la puerta.

-Señora, me acaban de llamar desde la guardería y me dijeron que mi hija estaba enferma y la llevaron al hospital. Voy para allá ahora, ¿podrías darme el dinero para el taxi? Es que de aquí al hospital está muy lejos para ir en bicicleta y no tengo para él taxi.

-Llegas tarde y quieres irte, fuera de tiempo. ¡Esto se está volviendo un desastre, Melisa! No te contraté por eso. Parecías tan dedicada y comprometida con tu trabajo. ¿ahora quieres llegar y salir cuando quieras?

-Es una emergencia señora, mi hija se sintió mal.

-¿Y resulta que tú eres médico? ¿Cuál es el punto de ir allí ahora?

-¡Necesito acompañar a mi hija, sólo tiene dos años! -dijo alterada, sin creer lo que escuchaba.

-Debe ir acompañada de alguien de la guardería. Por tanto, aprovecha esta oportunidad para completar tu servicio lo más rápido posible.

-¿¡Qué clase de ser humano eres!? -jadeo indignada y molesta.

-¿Cómo te atreves a cuestionarme? ¿Tú eres la que está equivocada y quieres culparme?

-¿Mi hija es todavía una bebé y quieres que la deje ahí con cualquiera, como si no tuviera madre?

-¿Y ella sólo te tiene a ti en el mundo, por casualidad? Dile a su padre que vaya en tu lugar y se quede hasta que termine tu turno.

-Ya le dije una vez que el padre de Lis no es un padre responsable.

-¿Cuál es mi culpa, que le abriste las piernas a cualquiera? ¿Ahora tengo que asumir la responsabilidad de tus errores? No voy a hacerte ganar dinero, y de una cosa puedes estar segura: si te vas de aquí temprano, ¡puedes estar segura de que te despediré! -gritó.

-No tienes derecho a decirme estas cosas, no conoces mi historia para juzgarme así. ¡No me hagas elegir entre mi trabajo y mi hija, porque ella siempre será mi prioridad! Y si quieres despedirme, ¡Hazlo! ¡Yo me voy!

Melisa se fue llorando nerviosamente. Tomó su bicicleta y se dirigió al hospital, que estaba al otro lado de la ciudad. No sabía sobre el estado de salud de su hija y eso lo dejó con el corazón apesadumbrado.

Además, sabía que ya no tendría un trabajo estable, ni estaba segura de que su jefa le pagaría los días trabajados ese mes. El padre de Lis no había contestado el teléfono ni había depositado su pensión durante meses.

Las cosas iban mal.

Al cruzar una gran avenida, no se dio cuenta que el semáforo estaba en verde, y terminó pasando de frente, siendo atropellada por un auto que pasaba en ese momento. Su suerte fue que salió volando de la bicicleta, que fue aplastada por el coche.

El conductor detuvo el vehículo al costado de la carretera y, desde su interior, un hombre alto que vestía traje de marca y de rostro muy serio frunció el ceño.

-¿Qué carajo fue eso? -preguntó, con voz aguda.

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