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Portada de la novela Luz de Medianoche

Luz de Medianoche

Tras el colapso de la humanidad por su propia violencia, unas criaturas nocturnas idénticas a los humanos, pero con sentidos letales, han tomado el control. En medio de este horror, trato de sobrevivir con mi madre siguiendo normas rigurosas: portar siempre fuego, evitar las sombras y nunca correr. Entre el miedo y la determinación, enfrentamos a estos seres que nos acechan, conscientes de que cualquier fallo en la noche invernal significará un final inevitable.
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Capítulo 2

—Está oscureciendo, deberíamos volver—dijo Lorenzo al terminar de beber su soda. No habíamos podido recoger mucho de la tienda ya que la mayoría de las cosas estaban dañadas por el tiempo. Zara comenzaba a decir que las cosas empeorarían más sin comida ni agua, no podíamos siquiera alimentarnos de alguna caza por el bosque. Los animales habían desaparecido más rápido que los humanos, todo por culpa de los Demonios nuevamente.

Por un tiempo estuvimos alimentándonos de animales, era asqueroso, al menos para mí. No podía ver que Lorenzo los lastimaba porque de inmediato me abalanzaba sobre él ayudando al pobre animal a escapar, a los demás no parecía importarles, mi madre en esas ocasiones prefería irse lejos para no escuchar ni saber nada de lo que pasara. Intentaba imitarla, pero no podía permitirlo.

El sol comenzaba a ocultarse entre los edificios, las sombras se hacían más presentes lo cual no era buena señal estando nosotros fuera de casa. Todos nos colocamos en marcha moviendo las piernas rápidamente, Becca se encontraba de última, mi madre hablaba con Carmen mientras avanzaban detrás de Lorenzo y los niños.

—¿Estás bien? —susurré caminando a su paso.

—¿De nuevo estás pensativa, Becca? —Zara apareció ubicándose a su izquierda dejándola en medio de nosotras.

—¿No extrañan salir por las noches sin temor de ser asesinadas? —nos miró—Mi madre solía contarme como las noches normales eran las que indicaban la hora de dormir, las que daba permiso a los adolescentes de hacer cosas prohibidas...

La madre de Becca había fallecido cuando sólo tenía ocho años, su padre las había dejado cuando se enteró que tendría una niña, algunas veces entendía sus estados de ánimo, la vida había sido muy injusta con ella.

—Supongo que sería mejor morir en vez de seguir viviendo en esta ciudad—susurró Zara con un pesado suspiro.

—No digas eso.

—Tiene razón, Mía—defendió Becca mirándome—Esas criaturas ganaron, mira lo que han hecho a todo el mundo, ¿Crees que unos pocos humanos podremos vencerlos?

—Sé que hemos perdido mucho en nuestras vidas y que todos hemos perdido para siempre a las personas que queríamos—dije y añadí—Zara perdió a su padre, Lorenzo perdió a su esposa y su hija, Denis y Dany perdieron a sus padres, yo perdí a mi padre y mi hermano—miré a Becca—Tú perdiste a tu madre, todos estamos sobreviviendo a esto porque no nos daremos por vencidos.

—¿Acaso sirve de algo seguir luchando con esta porquería de vida? —me sorprendió escuchar eso de su parte.

—Estamos unidos en esta porquería de vida, como tú le dices—la detuve tomando su brazo—Becca, mírame. No estás sola, ninguno de nosotros lo está, algo bueno pasará.

—¿Cómo lo sabes?

Zara miró la escena sin abrir la boca lo cual agradecí.

—Esa es la respuesta, no lo sé.

Todos estaban en su sitio para dormir, lo bueno de las casas era el agua tibia, las tuberías seguían funcionando y el agua seguía corriendo como si el mundo nunca se hubiera acabado. En la ducha intentaba no pensar mucho en Becca, sé que tenía razón, todos lo sabíamos, estaba segura que hasta mi madre ha pensado en dejar de sobrevivir, en dejar de seguir luchando contra esas criaturas.

Me vestí con algo que me mantuviera protegida del frío, los gemelos se encontraban dormidos profundamente, Carmen hablaba con Zara en susurros, Lorenzo se dirigía al baño mientras que mi madre comía algunas galletas con Becca. El cabello rojizo de mi prima se encontraba mojado, caía de forma lisa hasta su cintura, sus ojos eran de un color chocolate, en el sol brillaban llenos de vida, pero en la oscuridad...eran vacíos.

—¿Quieres un poco? —ofreció mi madre un pequeño paquete de galletas saladas.

—Sí—extendí mi mano tomándola. No perdí el tiempo en abrirla y darles un mordisco.

—Carmen y yo acompañaremos a Lorenzo mañana.

—¿A dónde irán? —preguntó Becca antes que yo.

—Quiere ver si encontramos algo para cazar, no tenemos mucha comida y eso le preocupa—cerró el paquete guardándolo en su bolso—Zara se quedará con ustedes.

—Podemos revisar otras tiendas, quizás encontremos más cosas—propuse. Sonrió con dulzura acariciando mi cabello—Pensé que no te gustaba lastimar a los animales, mamá.

—No me gusta, pero no podemos morirnos de hambre, Mía—rodeé los ojos—¿Qué haremos cuando la comida deje de servirnos? Tú misma observaste esa tienda, la mayoría de las latas están dañadas por el tiempo.

—No voy a comer carne de un pobre animal—dije entre dientes sonando segura.

—¿Morirás de hambre por fingir ser buena? —intervino Becca siendo cruel.

—¿Quieres ser salvaje como esas criaturas? —contraataqué. Sus ojos oscuros por la falta de luz, brillaron de rabia y enojo.

—Si queremos sobrevivir debemos hacerlo.

Gruñí maldiciendo mentalmente, odiaba que usara mis palabras contra mí. Me levanté alejándome de ellas, decidí acomodarme en una esquina de la sala, cuando todos estuvieron cubiertos por las mantas y la noche se hizo más densa, me cubrí bien con la manta quedando despierta. Era mi noche de guardia.

Desperté cuando escuché algo crujir, parpadeé un par de veces colocándome alerta. Miré disimuladamente y con cuidado por la ventana, todo estaba tranquilo. Regresé mi vista a los que dormían, el espacio de Becca estaba vacío. No escuchaba sus pasos por ningún rincón de la casa, me levanté tomando mi chaqueta y mis botas para la nieve, volví a ver por la ventana localizándola.

¡¿Qué demonios hacía caminando sola en la noche?! ¿Acaso no recordaba las reglas?

Me acerqué hacia Lorenzo, era el que mejor sabía luchar. Cuando le conté sobre Becca, se levantó de inmediato abrigándose y colocándose sus botas. Tomó una ligera linterna entregándomela, se aseguró de tener los fósforos en su bolsillo, tomó una de sus camisas rompiéndola, saliendo de casa lo miré envolverla en un palo de madera que había en la nieve. Al hacer contacto con el fuego hizo una antorcha.

—¿Dónde viste que caminaba?

—Por aquí—señalé indicándole el camino. El vecindario se encontraba en gran silencio, la oscuridad estaba presente en cada rincón, no había luna en el manto oscuro que pudiera iluminarnos, Lorenzo se mantenía detrás de mí atento a cualquier ruido, la nieve tenía las pisadas de Becca, intentaba no perder el rastro, a los pocos segundos, no me sorprendió saber que se dirigían al bosque pasando los árboles de un jardín.

—¿Qué cree que está haciendo?

—No lo sé—mentí. No pensaba contarle sobre mi conversación con ella.

Esta vez dejé que fuera adelante, miraba el suelo con gran esfuerzo teniendo cuidado de no tropezar. Cuando comenzaba a pensar que la habíamos perdido, Lorenzo soltó un pequeño suspiro de alivio al verla.

—¿Qué demonios crees que haces, Becca? —reprochó.

—¿Qué están haciendo aquí? —nos miró deteniéndose en mí—¿Tenías que venir a rescatarme?

—Estamos salvándote de una muerte segura.

—¿Qué haces aquí? —repitió Lorenzo permaneciendo serio y con la antorcha en alto.

—Intento acabar con esto, deberían irse—antes de que se alejara pudo tomar su brazo con fuerza—No puedes negarme el derecho a morir.

—No seas estúpida, ¿Enserio crees que vamos a dejarte aquí?

—Becca, por favor, regresemos a casa—pedí algo nerviosa. La densidad del bosque me colocaba tensa, estábamos en territorio de esas criaturas y ella lo sabía perfectamente.

—No voy a regresar—intentó soltarse de Lorenzo—Voy a gritar y ellos vendrán, váyanse ahora—repitió amenazante.

Con la leve luz de la antorcha noté el silencio incómodo, la tensión creció, los árboles dejaron de moverse y los arbustos también. Entonces lo sentí, alguien estaba mirándonos.

—Lorenzo—susurré con un hilo de voz que debí repetir su nombre—Lorenzo.

No hizo falta indicarle lo que sucedía, tanto él como Becca hicieron silencio. Fue el perfecto momento para que mi prima se soltara y saliera corriendo.

5. Nunca debes correr o ellos te atraparán con facilidad.

Por instinto la seguí escuchando a Lorenzo detrás de mí, no iba a dejar que muriera así, no iba a dejarla tan fácilmente. Fue cuestión de minutos para darme cuenta que corría en la oscuridad sin tener cuidado de tropezar o resbalar por la nieve, mi corazón latía con fuerza mientras no perdía de vista a Becca, era rápida pero no tanto como yo. Extendí mi mano para tomarla de la chaqueta, pero antes de que eso pasara algo me empujó al suelo golpeándome en las costillas robándome el aliento, jadeé buscando aire, intentaba respirar, pero dolía, alguien se acercaba, intenté levantarme, pero no pude.

—¿Mía? —era Becca—¿Estás bien? Vi que algo apareció y...

—Estoy bien—la interrumpí costosamente.

—¿Puedes levantarte? Ven—me ayudó mientras con esfuerzo respiraba—¿Dónde está Lorenzo?

—No lo sé. Debemos...volver—aclaré mi garganta apoyándome en ella.

—No puedo ver nada, no sé a dónde ir—casi podía oír sus sollozos ante la preocupación—Lo siento, no debí venir, es mi culpa...—caí al suelo sin terminar de escucharla. En un instante estaba sola, algo se la había llevado—¿Becca? —no podía gritar. Sentía el frío de la nieve introducirse en mi cuerpo, mi corazón latía con fuerza haciéndome respirar un poco rápido—Mierda.

Me coloqué de pie tambaleándome, coloqué mi mano en mis costillas haciendo una mueca de dolor, miré alrededor sin saber a dónde ir. Respiré hondo un par de veces calmando mis pensamientos, recordé la linterna que Lorenzo me había dado, la tomé encendiéndola, no tenía fósforos ni algo que provocara fuego, necesitaba encontrar la manera de esconderme hasta que amanezca, avanzando me detuve, negué con la cabeza. Lo primero era encontrar a Becca.

Iluminé la nieve con la luz de la linterna, debía haber huellas o pistas que me ayudaran, el dolor en mis costillas aumentaba con el frío, el respirar aliviaba y alteraba el daño. No sé cuánto tiempo pasé caminando, estaba temblando cuando diminutas gotas rojas se encontraban sobre la nieve. Me acerqué notando el tronco de un árbol manchado de sangre, las náuseas aparecieron en mí, subí la luz de la linterna por el tronco encontrando una desagradable sorpresa. En una de las ramas colgaba su cuerpo, la garganta estaba completamente abierta y todo su cuerpo estaba bañado en sangre.

—Oh, Dios—vomité sin contenerme. Todo me daba vueltas, mi vista se tornó borrosa, me alejé del árbol sin poder verlo de nuevo. El cuerpo de Lorenzo se encontraba muerto y sin vida, como una bolsa de sangre goteando. Al recuperarme me incorporé encontrando una sombra frente a mí, justo al lado del árbol donde estaba mi amigo muerto.

Habían asesinado al que mejor sabía luchar del grupo, probablemente habían asesinado a mi prima y ahora yo terminaría siendo comida de ellos en el bosque. Imaginaba a mi madre despertando preocupada sollozando por la muerte de su hija. Becca tenía razón...

¿De qué servía sobrevivir si ellos eran más fuertes?

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