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Portada de la novela Luna sin loba: rechazada por la manada, deseada por el Alfa

Luna sin loba: rechazada por la manada, deseada por el Alfa

Ava Grey es una joven marginada por carecer de loba y poseer una marca misteriosa. Su vida da un giro drástico en la Gala Lunar al descubrir un vínculo ineludible con Lucas Westwood, el Alfa de la facción enemiga. En medio de una tensión creciente entre manadas, Ava comprende que su aparente fragilidad oculta una fuerza codiciada por muchos. Entre conspiraciones y secretos, ella deberá enfrentar una guerra y una amenaza mayor a la que todos suponen.
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Capítulo 2

Era un ciclo inmundo, en el que la misma crueldad se repetía una y otra vez. Odiaba este patrón, pero siempre encontraba la manera de regresar sin previo aviso. No había forma de predecir cuándo comenzaría; bastaba con que alguien buscara entretenimiento.

Y ya sabía cómo terminaría. Siempre terminaba mal para mí.

A través del parabrisas, las calles que conocía volvían a aparecer. Mis padres no intervendrían para ayudarme, ni aunque me estuviera desangrando en el patio. Sin embargo, todo cambiaba al cruzar el umbral de la casa. Dentro de esas paredes, la palabra del Beta estaba por encima de todo.

Forcé el auto a entrar en un espacio estrecho, y el frenazo repentino me lanzó hacia delante. Me temblaban las manos al buscar mis llaves; se me cayeron dos veces antes de poder aferrar por fin el frío metal.

Solo un pensamiento me impulsaba: tenía que entrar.

Cerré la puerta del carro tras de mí. Salí tambaleante, con las piernas apenas sosteniéndome. Las llaves tintineaban entre mis dedos mientras avanzaba, y con cada paso el miedo crecía dentro de mí.

Solo unos pasos más. Casi...

Un aliento cálido y húmedo me rozó el costado. El aire a mi alrededor se cargó de una agresividad cruda.

Me giré bruscamente, apretando las llaves entre los dedos como un arma. Se me oprimió el pecho y todo a mi alrededor se congeló.

A pocos pasos, un lobo permanecía inmóvil, su pelaje reflejando la tenue luz con un brillo extraño. Sus belfos se replegaron y la saliva se deslizó por unos dientes capaces de desgarrar cualquier cosa. No necesité una segunda mirada para saber que era Todd.

Hacerme sufrir siempre había sido su juego favorito.

No atacó; solo observó con los ojos brillando con una diversión tranquila, mientras mi mano buscaba a tientas el picaporte. Al encontrarlo, me precipité adentro y cerré la puerta de un portazo.

Esta noche me dejó ir, y estaba más que dispuesta a aceptar esa pequeña misericordia.

El cerrojo hizo clic. Apoyé la frente en la madera por un momento, ya pensando en los daños de mi auto. El parabrisas agrietado costaría más de lo que podía pagar, y se llevaría los ahorros que tanto tiempo me había costado juntar.

Maldita sea.

"Ava. Ven aquí".

El estómago se me contrajo al oír su voz. Me enderecé y me dirigí hacia la sala.

Mi padre no dijo ni una palabra sobre el lobo. ¡Por supuesto que no! Si algo no sucedía justo frente a él, fingía que no pasaba nada. Estaba sentado rígidamente en su sillón, como siempre. Detrás de él, mi madre me observaba de pie, con una expresión fría y juzgona. Ni siquiera podía recordar la última vez que mi padre me había mirado para algo que no fuera sopesar mi valor.

Bajé la mirada y la fijé en sus botas, cubiertas de barro seco.

Me quedé en silencio. Después de todo, era lo único que esperaba de mí. Alguien como yo no merecía ser escuchada.

Mi muñeca herida palpitaba mientras la movía ligeramente, sin que ninguno de los dos se diera cuenta.

Entonces la voz de mi padre cortó el aire de la habitación, grave y absoluta. "Este año, asistirás a la Gala Lunar. Asegúrate de que tu… trabajo no te impida vestirte apropiadamente. Agradécele al Alfa por concederte esto".

Un terror helado se extendió por mi cuerpo. Sentí un hormigueo en los dedos mientras mis pensamientos se dispersaban. ¿La Gala?

El corazón me dio un vuelco en el pecho. Habían pasado dos años desde la última vez que puse un pie en ese lugar.

Era el encuentro más grande de los Territorios del Noroeste. Hombres lobo venían de todas partes, con la esperanza de encontrar a sus parejas predestinadas. Oficialmente, servía como un descanso después de las reuniones del Consejo, pero todos sabían lo que era en realidad. Un baile de máscaras donde se cerraban tratos y se arreglaban uniones poderosas.

La manada Blackwood casi nunca asistía, y ni siquiera Jessa había sido invitada antes. Siempre lo atribuían a conflictos entre Alfas, pero me costaba creerlo.

La tensión que rodeaba a mi padre se sentía en el aire de la habitación. Su mirada se mantenía fija en algún punto por encima de mí, como si incluso mirarme fuera demasiado esfuerzo. Arrugó la nariz, como si mi sola presencia lo ofendiera.

"Phoenix y Jessa representarán a esta familia. Asegúrate de no deshonrarlos".

Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se marchó. Eso fue todo lo que recibí: una orden lanzada como si fuera algo insignificante.

Reprimí mi malestar, pero algo todavía brillaba en mi interior. Un pensamiento silencioso: la oportunidad de irme, aunque solo fuera por una noche.

La Gala Lunar era como un respiro que me habían negado por tanto tiempo. Traía consigo la promesa de salir de esta jaula invisible. Aun así, mantuve esa esperanza bajo llave, y nunca dejaría que la vieran.

Mi madre se acercó, y su voz suave me provocó un escalofrío.

"No nos avergüences, Ava. Intenta no parecer algo que pertenece a una jaula".

Mantuve los ojos fijos en mis zapatos mientras su aroma flotaba a mi alrededor, jazmín y miel, despertando recuerdos que desearía que permanecieran enterrados. Hubo una época en que me abrazaba y me hablaba con calidez. Esa versión de ella ya no existía.

"Por supuesto", exhalé, dispuesta a hacer lo que fuera necesario.

Su preocupación eran Phoenix y Jessa; yo no importaba.

No sería más que una decoración, algo para exhibir.

Inhaló lentamente, obligándose a mantener una apariencia de calma. Su mano se alzó hacia mi hombro, pero se detuvo justo antes, suspendida en el aire sin llegar a tocarme. Un gesto vacío, frío y distante.

"Jessa te llevará a elegir un vestido. Asegúrate de peinarte. Y deshazte de esa ropa manchada de café, ¿entendido?".

Nunca gastarían una sola moneda en mí.

"Sí, mamá".

Apretó la mandíbula.

"No agarres la opción más barata. Llevas nuestro apellido. Y cúbrete esas marcas. No permitiré que nos hagas ver como unos salvajes".

Dicho esto, se dio la vuelta y se fue, su aroma persistiendo en el aire junto con el vacío que siempre dejaba tras de sí.

Me quedé donde estaba, con el pecho lleno de una extraña mezcla de miedo y algo peligrosamente cercano al entusiasmo. La Gala Lunar era como una grieta en los muros que me rodeaban. Una oportunidad de salir, aunque solo fuera por un instante, y ver qué más existía.

Quizás conocería a alguien allí. Quizás podría dejar este lugar atrás. Quizás todo podría cambiar por fin.

¿Era un error aferrarse a esa esperanza?

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