Portada de la novela Luna de Traicion

Luna de Traicion

7.9 / 10.0
Elena Castillo, una poderosa magnate neoyorquina, queda atrapada en una guerra mortal entre el hombre lobo Damien Wolfe y el vampiro Lucian D'Arcy. Mientras dirige su imperio, descubre una conspiración que busca destruir su corporación desde el anonimato. Entre traiciones y un romance intenso, Elena debe elegir socios en un mundo donde el peligro sobrenatural se mezcla con las altas finanzas. Su ingenio será clave para sobrevivir a este oscuro juego.

Luna de Traicion Capítulo 1

Elena Castillo observaba la ciudad desde las ventanas de su oficina en el piso 45 del rascacielos que albergaba la sede de su corporación, Castillo Technologies. Las luces de Nueva York parpadeaban bajo el cielo grisáceo, y el ruido constante del tráfico era apenas un murmullo distante. Era el final de otro largo día, pero su mente no encontraba descanso. Cada cifra, cada decisión y cada rostro de sus competidores se reproducían en su cabeza en un ciclo interminable.

Desde la calle, el edificio de cristal se erguía imponente, como un faro de poder y ambición. Para muchos, Elena era un ejemplo de éxito, una mujer que había conquistado el mundo empresarial con una mezcla de inteligencia, tenacidad y una voluntad de acero. Pero la verdad era mucho más complicada. Elena sabía que en las alturas donde se movía, la caída podía ser tan rápida como devastadora.

Miró su reflejo en el vidrio: alta, esbelta, con el cabello oscuro cayendo en cascada sobre sus hombros y los ojos de un ámbar intenso que parecían ver más allá de lo visible. Aparentemente serena, pero en su interior, la presión era constante, una fuerza invisible que la empujaba siempre hacia adelante. En el mundo de los negocios, no había espacio para el error, y menos aún para la debilidad.

Elena suspiró, apartando la vista del horizonte para centrarse en su agenda. Tenía una reunión importante al día siguiente, una conferencia tecnológica que reunía a los pesos pesados de la industria. La conferencia de Innovación Global, un evento que no solo se trataba de exhibir las últimas tecnologías, sino también de medir fuerzas entre las empresas más poderosas del mundo. Elena había asistido a muchas de estas conferencias, pero esta vez sentía una inquietud que no podía ignorar. Había rumores de movimientos inusuales en el mercado, de jugadores invisibles que parecían estar moviendo los hilos desde las sombras.

De repente, su teléfono vibró en el escritorio, sacándola de sus pensamientos. Era un mensaje de Victor Reyes, su jefe de seguridad y confidente más cercano.

"Todo en orden para mañana. Información adicional sobre Wolfe en tu correo. –V."

Elena frunció el ceño. Damien Wolfe, el enigmático CEO de la Corporación Lycanis, asistiría a la conferencia. Había oído hablar de él antes, claro, todos en la industria lo habían hecho. Era conocido por ser un líder implacable, su empresa dominaba el sector de la tecnología de seguridad y defensa privada, un área que Elena siempre había considerado como una posible expansión. Pero había algo más en Damien, algo que la ponía en guardia.

Decidió revisar el correo más tarde. Por ahora, necesitaba prepararse mentalmente para la conferencia. Se levantó de su silla y se dirigió al vestidor adjunto a su oficina, donde guardaba un guardarropa selecto para ocasiones como esta. Mientras se cambiaba de su traje ejecutivo a un elegante vestido negro que realzaba sus curvas, no pudo evitar sentir una chispa de anticipación. Algo le decía que este evento sería diferente.

La conferencia estaba en pleno apogeo cuando Elena llegó al Grand Ballroom del Hotel Astoria, el lugar elegido para el evento de este año. Las luces brillantes y el murmullo de las conversaciones llenaban la sala, un escenario donde los titanes de la tecnología y las finanzas se mezclaban, evaluándose mutuamente con sonrisas calculadas y miradas afiladas.

Elena se movía entre ellos con la gracia de una depredadora que conoce su territorio. Saludó a algunos colegas y rivales, intercambiando palabras corteses y vacías, mientras sus ojos escaneaban la sala en busca de una figura específica. Cuando finalmente lo vio, su cuerpo se tensó ligeramente.

Damien Wolfe estaba al otro lado de la sala, rodeado de un pequeño grupo de ejecutivos. Era imposible no notar su presencia; alto, con una complexión musculosa que se adivinaba bajo su traje perfectamente cortado, y una expresión de calma peligrosa en su rostro anguloso. Su cabello oscuro, peinado hacia atrás, acentuaba sus ojos grises, que parecían absorber todo a su alrededor sin mostrar emoción alguna. Pero cuando sus miradas se encontraron, Elena sintió algo. Fue como un impacto sutil, un choque de energía que le recorrió la columna vertebral.

Damien sostuvo su mirada por un momento que pareció durar una eternidad. Luego, una sonrisa apenas perceptible curvó sus labios antes de que volviera su atención a los hombres que lo rodeaban. Elena respiró hondo, recuperando el control sobre sus sentidos. Aquel hombre era peligroso, eso estaba claro, pero también había algo en él que la atraía de una manera que no podía explicar. Sabía que debía mantenerse alerta.

Elena continuó su recorrido por la sala, conversando con diferentes personalidades del mundo tecnológico, pero siempre consciente de la presencia de Damien, que parecía seguirla, aunque nunca de manera obvia. Era un juego sutil, una danza donde ambos sabían que el siguiente movimiento sería crucial.

Finalmente, cuando la conferencia llegó a su momento de networking, Elena se encontró en una conversación con el presidente de una compañía de software emergente. La charla era interesante, pero sentía que su atención se deslizaba hacia la figura de Damien, que ahora estaba a unos pocos metros de ella, aparentemente inmerso en una discusión sobre seguridad cibernética.

Fue en ese instante cuando él se movió, acercándose lentamente. Elena fingió no notar su proximidad hasta que sintió su presencia justo detrás de ella. El calor de su cuerpo contrastaba con la frescura del salón, y la electricidad en el aire era palpable. Sin darse la vuelta, Elena supo que Damien estaba ahí, observándola.

"Señorita Castillo," la voz de Damien era suave, pero cargada de un poder que hacía que los demás presentes se callaran automáticamente. "Es un placer finalmente conocerla en persona."

Elena giró lentamente, enfrentándose a él. Su corazón latía un poco más rápido de lo que le gustaría admitir, pero su rostro no mostraba ninguna señal de la emoción que bullía bajo la superficie. "Señor Wolfe," respondió, manteniendo su voz firme. "El placer es mío. He oído mucho sobre usted."

"Y yo sobre usted," dijo Damien, inclinándose ligeramente hacia ella, como si estuviera a punto de revelar un secreto. "Aunque estoy seguro de que lo que se dice de nosotros no siempre es la verdad."

Elena sonrió, un gesto que no llegaba a sus ojos. "Eso depende de quién lo diga, ¿no?"

Damien rió suavemente, un sonido que parecía vibrar en el aire. "Muy cierto. Espero que tengamos la oportunidad de hablar más a fondo esta noche, señorita Castillo. Estoy seguro de que tenemos mucho en común."

"Estoy segura de que lo haremos," respondió Elena, sintiendo que cada palabra era parte de un juego más grande. Un juego donde no podía permitirse perder.

Damien la observó por un momento más antes de inclinar la cabeza en un gesto de despedida. "Hasta luego, Elena."

Ella lo miró marcharse, su mente girando con preguntas y emociones contradictorias. Había algo en ese hombre que la hacía sentir como si estuviera al borde de un precipicio, a punto de saltar sin saber qué la esperaba abajo. Pero también sabía que, en su mundo, no podía permitirse temer a lo desconocido.

Con esa determinación renovada, Elena se sumergió de nuevo en la conferencia, sabiendo que esta noche sería el inicio de algo grande. Algo que cambiaría su vida y el mundo en el que se movía para siempre.

Pero esa era una batalla para otro día. Por ahora, la loba debía continuar cazando en la ciudad que había aprendido a conquistar.

Elena sintió una oleada de adrenalina mientras veía a Damien Wolfe alejarse. No era solo la atracción física lo que la perturbaba; era la sensación de que él la veía tal como era, más allá de la fachada de CEO impecable que mostraba al mundo. Sentía que había algo en él que podía descifrar sus secretos más profundos, esos que ni siquiera ella reconocía del todo.

La noche continuó, y Elena se sumergió en las conversaciones y los intercambios que eran parte habitual de su vida. Sabía cómo moverse en ese ambiente, cómo utilizar su encanto y su inteligencia para extraer la información que necesitaba de los demás, todo mientras mantenía una sonrisa impecable. Pero esta vez, algo la distraía, una presencia constante en su mente que la hacía consciente de cada movimiento, de cada palabra que decía.

Damien Wolfe.

Cuando la conferencia finalmente llegó a su fin, Elena se encontraba exhausta, aunque no por las razones habituales. Había algo en la manera en que Damien la había observado, en el tono de su voz al decir su nombre, que la había mantenido en vilo durante toda la noche. Mientras se dirigía a la salida, fue consciente de las miradas que recibía, algunas de admiración, otras de envidia, pero todas reconociendo su estatus.

Elena llegó a su coche con chofer, un sedán negro que esperaba frente al hotel. Mientras el vehículo se deslizaba por las calles iluminadas de Nueva York, su mente seguía ocupada con lo que había sucedido en la conferencia. El poder que Damien proyectaba no era como el de otros hombres de negocios que había conocido. Había algo más, algo oscuro y primitivo, algo que resonaba con una parte de ella que normalmente mantenía oculta.

El teléfono de Elena vibró en su bolso, interrumpiendo sus pensamientos. Al sacar el dispositivo, vio un mensaje de Victor:

"Información sobre Wolfe. Debemos hablar mañana."

Ella exhaló lentamente, sintiendo un nudo en el estómago. Victor era meticuloso en su trabajo, y si consideraba que necesitaban hablar, significaba que había algo importante que debía saber. Pero esta noche, no quería enfrentarse a eso. Ya había tenido suficiente para una noche.

Al llegar a su apartamento, un lujoso penthouse con vista al Central Park, Elena sintió la familiar soledad que la aguardaba siempre que cruzaba la puerta. La decoración era impecable, moderna y minimalista, pero carecía de vida. No había fotos familiares, ni recuerdos personales visibles. Solo espacio, lujo, y una vista impresionante que, como tantas otras cosas en su vida, no lograba llenar el vacío que a veces sentía.

Elena se dirigió a la cocina y se sirvió una copa de vino tinto. Mientras tomaba un sorbo, pensó en la extraña conexión que había sentido con Damien Wolfe. Era peligroso, lo sabía, pero también irresistiblemente intrigante. Sentía que, de alguna manera, él era una amenaza para el control que tanto valoraba en su vida. Pero, ¿qué tipo de amenaza?

Decidió dejar esos pensamientos a un lado por un momento. Se descalzó y se dirigió al amplio ventanal que ocupaba toda una pared de su sala de estar. Desde ahí, observó las luces de la ciudad, como si buscaran consuelo en el bullicio distante. Nueva York era su reino, un lugar donde había construido su imperio con determinación y sacrificio. Sin embargo, en noches como esta, se preguntaba si ese mismo reino podría llegar a ser su prisión.

El sonido de su teléfono rompió el silencio de nuevo, y esta vez era una llamada. Al ver el nombre en la pantalla, una sonrisa se asomó a sus labios.

"¿Qué tal la conferencia, jefa?" La voz de Izzy Moreau, su asistente y confidente, era alegre y relajada, una rara fuente de normalidad en la vida de Elena.

"Interesante, por decir lo menos," respondió Elena mientras se dejaba caer en el sofá. "Conocí a Damien Wolfe."

"¿Ese lobo feroz? Cuidado con él, es peligroso," bromeó Izzy, pero su tono tenía una seriedad subyacente.

"Lo sé," murmuró Elena, recordando la intensidad en la mirada de Damien. "Pero también es alguien con quien no podemos darnos el lujo de ignorar."

"Bueno, si necesitas a alguien que te cuide las espaldas, ya sabes dónde estoy," dijo Izzy con su habitual confianza. "Y además, soy muy buena en mantener a los lobos a raya."

Elena rió suavemente, agradeciendo la ligereza que Izzy aportaba a su vida. "Te lo recordaré. Nos vemos mañana en la oficina. Buenas noches, Izzy."

"Buenas noches, jefa. Y no dejes que ese lobo se meta en tus sueños," añadió Izzy antes de colgar.

Elena dejó el teléfono sobre la mesa de café y se recostó en el sofá, mirando al techo. Pero las palabras de Izzy resonaban en su mente. Sabía que Damien Wolfe no se iría fácilmente de sus pensamientos. No después de la forma en que la había mirado, como si supiera algo que ella desconocía.

Cerró los ojos, intentando relajarse, pero todo lo que pudo ver fue el rostro de Damien, su sonrisa enigmática y la promesa oculta en sus palabras. Algo en su interior se encendió, una chispa de curiosidad y deseo que sabía que no debía alimentar, pero que no podía evitar.

Finalmente, se levantó y se dirigió a su habitación, dejando el vino a un lado. La noche en la ciudad continuaba, pero para Elena, era solo el comienzo de algo mucho más grande, algo que aún no podía definir.

Mientras se desvestía y se preparaba para dormir, no pudo evitar preguntarse qué secretos escondía Damien Wolfe, y si estaba preparada para enfrentarse a ellos. Sabía que, de alguna manera, él sería un desafío que no podría ignorar.

Y mientras las luces de la ciudad parpadeaban afuera, Elena finalmente se dejó llevar por el sueño, sabiendo que en su mundo, el peligro y la oportunidad siempre caminaban de la mano.

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Tabla de contenidos de Luna de Traicion

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