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Portada de la novela Luciano

Luciano

Después de que su mujer lo abandonara y lo dejara sin nada, un padre se enfrenta a la crianza solitaria de su hijo de dos años. Luciano, su mayor tesoro, es un niño de una inteligencia asombrosa, aunque su condición especial le genera barreras sociales y físicas que provocan el desprecio ajeno. Ante esta hostilidad, el protagonista se dedica por completo a protegerlo, transformándose en su guía y refugio esencial para construir un futuro feliz juntos.
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Capítulo 1

—¡Ya basta! Que no entiendes, no te amo, me voy, te dejo con tu engendro a ver quién lo aguanta, ni a ti, ni a él los soporto.

—¿Por qué te expresas así de tu hijo, él no tiene la culpa de haber venido a este mundo y de tener una madre como tú, pero sabes qué? Tienes razón, si te quieres largar hazlo, nunca nos busques, mi hijo y yo saldremos adelante.

—¡Ja, ja, ja, no me hagas reír, eres un muerto de hambre sin mí, no eres nadie, yo te di todo esto, y se compró con mi dinero, me voy mis abogados, te traerán los papeles del divorcio, ah! Otra cosa tienes una semana para desocupar la casa ni creas que te la vas a quedar, es mía fue el regalo de mi padre y por la empresa ni te pares, adiós querido esposo.

—Maldición, Fátima, un día vendrás a mí a rogar perdón, esto que le estás haciendo a tu hijo, jamás te lo voy a perdonar, no me importa que te largues con tu amante, pero abandonar a tu hijo, él te necesita esta chica aún, no tienes compasión, míralo tan solo tiene dos años, él te necesita.

—y tú crees que yo voy a querer a este niño raro, míralo como es, travieso, no se está quieto en un lugar, hace desastre por donde sea, me hace pasar vergüenza con mi familia y mis amigas, no es normal Santiago, yo no quiero ser madre de un adefesio como este niño.

—Basta Fátima, no te expreses así de tu propio hijo, es mejor que te largues, tienes razón no te necesitamos y no necesitamos de tu dinero, para eso trabajo y me basta y sobra, y por tu casa no te preocupes mañana mismo nos iremos, en cuanto tu abogado me traiga los papeles de divorcio los firmo y le entrego las llaves, no quiero saber nada de ti.

—Bien, mañana vendrá mi abogado y no quiero verte más, por fin seré feliz adiós y hasta nunca.

—Luciano, mi niño, somos solo tú y yo, vamos a salir adelante, te prometo que nadie oye bien nadie se va a burlar de ti, ni te va a hacer daño, seremos solo tú y yo contra el mundo, trabajaré muy duro para darte lo mejor, no importa ahorita no tenemos nada, pero no descansaré hasta poner mi propia empresa, a partir de mañana empezaremos una nueva vida para nosotros.

Así comenzó mi nueva vida, con un niño especial y con lo poco que tenía, tomé nuestras maletas, las subí al auto y salí de esa casa en donde por un tiempo creí haber sido feliz al lado de la mujer que pensé que me amaba.

Soy Santiago Montemayor Suárez, crecí en un barrio humilde, en un hogar lleno de amor, hijo de Santiago Montemayor y Alina Suárez trabajadores de gran corazón, cuando cumplí veinte años mi padre falleció de una enfermedad hepática, quedándome a cargo de mi madre y mi hermana menor, me tocó estudiar y trabajar para ayudar en casa. Con el trabajo de mi madre no alcanzaba, termine la universidad con honores en economía y administración, empecé a trabajar en la empresa Soler y asociados.

Empecé desde abajo como asistente de compras, ahí conocí a Fátima Soler, hija del dueño, el señor Catalino Soler, dueño de la empresa, no niego siempre fue y ha sido una mujer muy hermosa que cualquier hombre podría admirar.

Fátima iba seguido a la empresa y buscaba la manera de pasar donde yo trabajaba, empezó a buscar una amistad, no se me hizo mal, empezamos a salir como amigos, después de casi un año, nos hicimos novios, empecé a amarla. No por lo que tiene sino por lo que era o más bien por lo que me mostraba, era cariñosa, sencilla y cuando la presente con mi mamá y mi hermana se portó muy bien con ellas, mi mamá la quería mientras mi hermana no la toleraba y no entendía por qué.

Después de un año de noviazgo, Fátima me dijo que diéramos el siguiente paso, que nos casáramos, yo no estaba muy seguro, no quería que se pensará que quería su fortuna. Un día me llamó su padre para hablar conmigo, me propuso la dirección general de la empresa, ya que era el prometido de su hija, y ella no tenía la capacidad ni quería esa responsabilidad, buscaba a alguien que lo hiciera y ese era yo.

Al principio me emocionó la propuesta, sería más paga y podría ayudar a mi madre y a mi hermana que terminara sus estudios, pero había una condición y era que tenía que casarme con su hija, aunque amaba a Fátima, no era la manera de crecer en la empresa.

El señor Soler buscó la manera de convencerme hasta que lo logro, acepte con la condición de hacerla crecer y ayudar a Fátima a hacerse cargo ella misma, así fue nos casamos en una boda muy lujosa de la cual ni se me tomó en cuenta mi opinión, fuimos a la luna de miel, todo iba bien la amaba.

La empresa creció un cuarenta porciento desde que tomé el cargo, mientras Fátima lo único que hacía era viajar y viajar, a los dos años de casados quedó embarazada, embarazo del cual de todo se quejaba, nació Luciano, no lo atendía, su prioridad siempre fue su cuerpo y volver a su rutina de siempre.

Mi madre falleció unos meses después del nacimiento de Luciano y mi hermana terminó la universidad y se fue al extranjero a hacer un posgrado, vive en Londres viene solo en vacaciones unos días, ya que no soporta a mi esposa y se regresa, está estudiando y trabajando, le ofrecí que trabajará conmigo, pero no acepto.

Luciano crecía, niñeras iban y venían, Fátima fue una mamá ausente, había días que tenía que llevarme a Luciano a la oficina, se me hacía difícil, pero no imposible a los siete meses que Luciano empezó a hablar, solo decías pocas palabras como pá, gua, y lo demás eran sonidos y señales. Comenzó a caminar y con ello, como todo niño de su edad, las travesuras incomodaba a Fátima, y no le ponía importancia a su propio hijo, lo dejaba al cuidado de la niñera, quienes se desesperaban por no poder entender su lenguaje, renunciaban.

Luciano mostraba comportamientos diferentes a otros niños de su edad, no le gustaba estar lugares con mucha afluencia de personas, gritaba y lloraba, se aislaba de los demás, se volvió un niño muy callado y solitario.

Cuando cumplió dos años, vaya regalo de cumpleaños, tuvo mi hijo, su madre lo abandono, dejándome solo con él, y para que más duela, me despidió de la empresa y me corrió de la casa en donde vivimos por cuatro años. Firmamos el divorcio, como había un contrato prenupcial que yo mismo pedí su padre, no hubo nada de separación de bienes, por mí no había nada, todo era de ella, y me dio la custodia de Luciano, fue lo único bueno que hizo durante nuestro matrimonio.

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