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Portada de la novela Los misterios de mi novia fugitiva

Los misterios de mi novia fugitiva

El destino entrelaza a Helena con un influyente magnate, ocultando que tras su apariencia ingenua se esconde una experta con identidades secretas. Pese a que Charlie la protege de las élites, ella demuestra una fuerza capaz de doblegar a clanes poderosos. Tras huir de su dominio, comienza una persecución global donde él no busca atraparla, sino impulsarla a que alcance su máximo potencial mientras ella desafía a todo aquel que se cruce en su camino.
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Capítulo 2

Los ojos de Helena se entrecerraron.

¡Allí estaba el hombre de aquella noche!

Enseguida su memoria se activó, haciéndola recordar cómo el frío del filo de la daga de ese tipo le había rozado la garganta, amenazando su vida.

De repente, él le preguntó: "¿Sabes quién soy yo?".

Por supuesto que ella lo sabía.

No era otro que Charlie Wallace, el famoso segundo hijo de la familia principal de Adaron, cuya locura era tan conocida como sus años de encierro en prisión.

A la edad de dieciséis años, fue desterrado por su propia familia a una prisión de Nusron, en medio del mar y hogar de los criminales más peligrosos del mundo.

Él prácticamente dominaba ese lugar cuando los Wallace fueron a recuperarlo.

El distintivo tatuaje de Henna en su mano, que el propio director de la Cárcel Perkins le había tatuado, era una insignia de honor y un símbolo de su temible reputación.

A sus veintidós, Charlie ya se había hecho cargo de la riqueza familiar, y en tres años llevó al Grupo Wallace a la cima de Adaron, ganándose el respeto incluso del presidente.

Sus métodos eran tan efectivos como horrorosos, y muchos se estremecían ante la mera mención de su nombre.

Teniendo todo eso en cuenta, atrapada bajo su intensa mirada aquella fatídica noche, Helena estaba demasiado aterrorizada como para siquiera respirar.

Ahora que él reapareció, a ella casi se le detuvo el corazón.

Charlie acababa de decir que la había encontrado...

De hecho, extrañamente había pasado un mes después de su último y terrible encuentro.

Ahora ella no podía sacarse de la cabeza la sospecha de que él estaba allí para verificar su embarazo. Dada la temible reputación de ese hombre, cualquier confirmación de que pudiera estar gestándose un hijo suyo no prometía más que consecuencias nefastas.

Helena estaba paralizada por el miedo.

De repente, uno de los guardaespaldas del hombre la agarró por la muñeca y la puso en pie de un tirón.

La mirada penetrante de Charlie fue lo primero que vio.

"¿No te acuerdas de mí?", cuestionó él en tono burlón, y su mirada no delataba ni una pizca de calidez.

Pese a los nervios, Helena logró mantener la expresión tranquila.

Charlie sonrió, pero incluso a la distancia, parecía irradiar un frío inquietante.

En ese instante, tres hombres salieron corriendo del edificio para alcanzarla y se detuvieron conmocionados al ver una fila de autos negros que bloqueaban la entrada.

Al reconocer la figura junto a Helena, se dieron la vuelta y volvieron a toda prisa por donde habían venido.

Si bien eran rápidos, los guardaespaldas de Charlie los superaban.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

Fuertes disparos resonaron en seguidilla.

Helena observó con horror cómo los tres hombres acababan de regresar al interior del edificio cuando sus espaldas quedaron salpicadas de sangre. Uno de ellos, respirando agitadamente, fue arrastrado por dos guardaespaldas y arrojado ante Charlie.

"Señor Wallace, me equivoqué. Por favor, tenga piedad. ¡No volverá a suceder!", gritó al tiempo que le jalaba con desesperación el ruedo del pantalón.

Charlie respondió con una risa suave y presionó el pie sobre la herida sangrante del hombre.

"Tuviste la audacia de tenderle una trampa, lo cual debo decir que requirió mucho coraje", comentó a tiempo que giraba el pie. "Parece que quieres morir, así que déjame ayudarte con tu viaje al infierno".

Los gritos del hombre resonaron, escalofriantes y desesperados, y la sangre oscura fluyó de debajo del zapato de Charlie, extendiéndose rápidamente por el suelo.

Helena cerró las manos en puños. Sus sospechas eran correctas; la repentina aparición de Charlie no fue casualidad.

¡Todo fue una trampa para ambos desde el principio!

La razón por la que ella había podido escabullirse bajo la supervisión del gerente del club esa noche quedó clara: habían planeado todo sabiendo que Charlie estaría en el club.

Este último volvió a mirarla, con una oscura emoción en sus ojos. "Ahora es tu turno".

Helena respiró profundamente mientras los pensamientos se arremolinaban en su cabeza.

Era obvio que Charlie creía que ella estaba involucrada en la estafa, así que necesitaba explicar que la habían obligado para evitar un desenlace fatal.

El miedo desapareció repentinamente de su rostro, por lo que cuando él la miró esperando encontrar pánico, solo vio un vacío.

Ellos se miraron a los ojos durante varios minutos, y la expresión de ella era prácticamente idéntica a la de esa noche.

¿Podría tener un impedimento mental?

La intriga llenó los ojos de Charlie mientras levantaba una ceja. Pero luego le acarició con cuidado la suave mejilla.

A pesar de la agitación interior, ella se mantuvo completamente inexpresiva.

Charlie le dio unas palmaditas en la mejilla y su mirada se volvió más fría al declarar: "Tu estado mental no te salvará".

El corazón de Helena se aceleró y luego dio un vuelco cuando los guardaespaldas la agarraron y la obligaron a subir a uno de los autos.

Detrás de un edificio blanco al costado de la carretera, un hombre observó con expresión grave cómo los autos se alejaban, y tras tocar su auricular, dijo en tono profundo: "Localicé a Flamewing".

Una voz femenina preocupada respondió: "¡Entonces tráela de vuelta!".

El rostro del hombre se tensó al notificar: "Charlie Wallace la tiene".

Entonces hubo una breve pausa. "¿Ese Charlie Wallace?".

Y se hizo el silencio.

Pasados unos segundos, la mujer recuperó la compostura. "Flamewing es capaz; escapará de él. Ahora regresa y espera mis instrucciones".

"Entendido".

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