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Portada de la novela Los Dulces 40

Los Dulces 40

Nadia Meyer, dueña de una pastelería a los 39 años, siente que el peso de los dramas familiares y secretos del pasado ha frustrado su deseo de ser madre. Atrapada en la rutina, busca un cambio real en su vida. Su destino se cruza con el de Sergio, un hombre que lidia con tensiones parentales y dudas profesionales. Este encuentro detona un romance único, demostrando que los cuarenta son la edad perfecta para amarse, aventurarse y alcanzar la plenitud.
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Capítulo 2

Nadia hizo un gesto de asombro, eso siempre le llevaba a levantar sus cejas.

-Me asfixia, supongo que es lo que querías decir en realidad, creo que eso te llevó a irte con señorita piernas largas-. Reía con sutileza, era mejor que sentir pena por su padre, él se notaba sereno, parecía que las críticas de su madre no le afectaban ya.

Se aferraba al brazo de papá para cruzar la calle, los dos se miraron por segundos, para romper en una sonora risa. Papá sí que entendía su caótico mundo.

-Corine… Y no es una señorita…suena como si tu padre asaltara cunas, es una dama dentro de los treinta y cinco años, tu madre es hermosa, esos ojos azules, su piel perfecta, sus cabellos negros de ensueño, pero a veces eso no lo es todo Nadia…nuestro matrimonio comenzó a derrumbarse, sé que tuve mis defectos, al final ella quería que me fuera de casa-.

-Piernas largas tuvo algo que ver ¿Es verdad que era tu amante? -.

-Creo que, por respeto a tu madre, dejaré que ella quiera contar esa historia, Corine y yo hemos sido compañeros de trabajo en el laboratorio, hace varios años, jamás le fui infiel a tu madre-.

-Entonces las cosas estaban realmente caídas, sé que mamá es difícil, complicada, creo que está haciendo lo que quiere, sale con amigas, va a salones de baile, cine, creo que se siente una adolescente-.

-Quiero que sea feliz, los cincuenta no llegan solos, a veces llegan con crisis de identidad-.

-Vaya crisis que tiene, espero que encuentre un amor y se olvide de mis treinta y nueve, casi cuarenta-.

-Alice quería vivir su vida, sentía que yo le frenaba en muchos sentidos, por eso nos separamos en realidad, no es porque la cambié por Corine, siempre dirá que ella dañó el matrimonio, después de tantos años juntos, tu madre quiso que cada uno tomara su rumbo-.

-Vaya, mamá es toda una artista que se merece un Oscar-.

-Pobre de ti que la ves todos los días- La serena risa de Bill era un poema, era su padre, lo amaba y desde ese punto de verdad, no existía reproche alguno.

Sus padres eran adultos, no necesitaban a sus hijas de consejeras.

Sergio servía su copa a rebosar, aunque no era la etiqueta a seguir. ¿Pero quién diablos le estaba mirando para decírselo? Nadie, absolutamente nadie. En aquel instante el profesor Michael

ingresaba al salón acompañado de una extraña dama.

-Mi querido Sergio es un placer verle…se ve apetecible el vino, No puedo negarme a la invitación-. Esbozaba una sonrisa pícara.

-Entonces está invitado, no puede dejar pasar este momento, por favor…. es un honor-. La mirada rápida y ágil de Sergio le indicaba que tomara lugar en el cómodo sillón.

-Le presento a Miss Loane Laurent-.

-Un gusto señorita Laurent-.

-El gusto es mío, el profesor Michael no para de elogiarlo-.

-Creo que es un poco exagerado-.

-No creo, leí sobre varios datos interesantes, tiene una licenciatura en historia, y un master en arqueología, además es un experto en lenguas antiguas-.

-Creo que exagera un poco, domino algunas lenguas de la antigüedad, es algo que siempre me fascinó, no pude evitar sentir el misterio que ejercía en mí-. Bebía de su copa mientras sus profundos ojos verdes miraban a Michael.

-Oh siempre tan modesto nuestro Sergio, es una pieza clave en el equipo de investigación, iremos pasado mañana a Bursa, primera capital del imperio Otomano, ya podrá imaginar la riqueza cultural e histórica, Miss Laurent nos acompañará en este viaje-.

-Que grata noticia-. Terminaba su copa. Tomaría otra más. El profesor Michael se excusaba para atender una llamada de larga distancia.

Loane se acercó a Sergio para brindar.

-Tiene unos ojos hermosos, podría decir que siempre parecen estar hablando, es expresivo sin necesidad de palabras -. Loane miraba sus ojos hermosos.

-Oh, es usted muy perspicaz-.

- ¿Cualidad o defecto? -.

-Puede ser una cualidad, quizás a veces se trate de un pequeño pero leve defecto-. Sergio jugaba con su copa.

-Y ¿Dónde estaría ese punto leve? -. Loane se acercaba a pocos centímetros de su rostro. Sergio no apartó su rostro, no le intimidaba en lo absoluto. Era hermosa y lo tenía muy claro, seductora, y segura de sí misma.

-Estaría en confiarse en su agudeza al detectar o reconocer algunas cosas, es parte de su personalidad. Los halcones poseen una vista muy perspicaz ¿Brindamos? -. Sergio acercaba su copa a la copa de Loane que ahora estaba suspendida, algo sorprendida.

-Claro, brindemos por nuestra sagacidad-.

- ¿Es casado? -. Sergio se había dirigido hacia el cómodo sillón en aquel momento.

-Por santa fortuna no, espero continuar soltero un poco más de tiempo, aunque no niego que tengo una madre que se esmera en que suceda-.

-Yo también carezco de ataduras, soy libre totalmente-.

-Y de mente abierta…será lo siguiente que piensa decirme-.

-Jajaja es rápido con sus pensamientos-.

-Creo que sí, a veces puedo fallar, recuerde no somos perfectos-.

-Si totalmente de acuerdo-. Loane se dirigía al bar por una copa, Sergio la seguía.

-Debo retirarme, es un placer conocerla, espero que disfrute su estadía en el lugar, mañana estaremos seis de la mañana saliendo hacia nuestro punto de encuentro. Espero que tenga feliz descanso, el calor puede resultar algo agobiante, por eso en la habitación tendrá siempre una jarra de agua a la mano, si necesita algo por favor no dude en comunicárnoslo…buenas noches Miss Laurent-. En aquel momento y en acto rápido, ella le depositaba un beso en sus labios, dejando a Sergio sorprendido.

-Si quiere compañía llámeme, habitación tres, cero, cinco -.

-Buenas noches que tenga un buen descanso -.

Sergio subía las escaleras hacia la habitación, por suerte el tercer piso no era su destino y tampoco pensaba en una compañía femenina, lo único que quería era cerrar los ojos y dormir, aunque no dudaba que soñaría de nuevo con aquella pirámide.

Una y otra vez acudía a sus sueños ¿Un mensaje acaso? Mejor no pensar tanto.

Ingresaba a su habitación, la camarera le colocaba agua, fruta y le preguntaba si requería algo más. A lo que respondió que todo estaba perfecto. Se daría un baño, leería un poco y el sueño llegaría a sus ojos, para perderse en las arenas de su imaginación.

Alice colocaba la tetera para preparar un té de menta, Bill se estaba preparando para irse, se había lucido con aquella pasta, y las chicas se deleitaron con la visita que si bien duró varias horas.

La tía Merlina no había desaprovechado para tomar dos buenas raciones de pasta con pan de ajo, finalizando con un delicioso postre, por suerte Nadia estuvo algo risueña, sin prestar atención a los pequeños indirectos comentarios de su madre y la tía Merlina, como a veces solía pasar.

-Me despido, tomaré una taza de té, debo revisar varios documentos mañana inicia la semana con varias pruebas pendientes que tengo por hacer-.

-Uh…yo también, mañana iré con las chicas al cine, me divierto los lunes a más no poder, es la manera de recargar energías-.

-Es una forma de hacer terapia madre, yo creo que saldré después del trabajo con un chico que conocí, es alto, elegante, guapo, sensual-. Grace sonreía con aquella aptitud coqueta.

-Grace te quiero temprano en casa-. Alice le apuntaba con sus dedos.

-Chicas nos vemos en la semana, vendré el miércoles o jueves, las invito un café-.

-Papá, creo que es algo anticuado, deberías invitarnos a un bar-.

-Tu padre seria ahorcado si su novia se entera que llevo sus hijas a un bar, y ella no estuvo invitada, es un horror Bill, tu novia es más joven que nuestra hija mayor, querida Nadia, debes buscar un novio, amante, o amigo especial, a tu edad las formalidades pasaron de moda-. Alice movía sus manos en señal de que el tiempo volaba.

Nadia le miraba fijamente.

-Madre eres siempre tan elocuente…gracias por los apuntes, ahora que recuerdo…quisiera saber que diantres pensaban cuando me colocaron Nadia, es como si “Nadie” me viera-.

Alice se colocaba en pie soltando una risa estrepita.

-Que exagerada eres, Nadia es un hermoso nombre, me gustó por aquella hermosa gimnasta olímpica, de hecho, creo que vive aquí en

nuestra ciudad de Norman, dirige una academia para gimnastas olímpicos, deberías sentirte orgullosa de tu nombre-.

Bill terminaba el té para tomar su abrigo y las llaves del auto. Se despedía de las chicas, al cruzarse con Alice, ella le evadía con total indiferencia.

-Gracias por tu visita, saludos a la zorra de tu novia-.

Todas las miradas se posaban sobre ella.

-Ay no puedo disimular el gusto de insultar mi reemplazo-.

-Adiós papá, te amo-. Nadia y Grace le abrazaban mientras el depositaba algunos besos en sus frentes.

Alice se quedó mirando la escena con un toque de celos, Bill estaba mucho más guapo, atractivo, sus ojos profundos lucían a la perfección con su sonrisa. Pero ella tenía una belleza intacta. Y varios ojos que le admiraban con coquetería.

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