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Portada de la novela Los amantes del puerto

Los amantes del puerto

Paula de la O y Fernando Saramago compartieron su infancia en el puerto de San Carlos, unidos por el vínculo de sus familias. Todo cambió tras un choque vial donde fallecieron el padre de él y la madre de ella, destapando un presunto romance prohibido que los separó. Tras años de silencio, la pareja vuelve a coincidir para investigar la verdad. Juntos buscarán aclarar los secretos y enigmas que rodearon la tragedia que marcó sus vidas para siempre.
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Capítulo 3

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(16 años después)

Paula y Fernando crecieron juntos en un pequeño puerto, el Puerto de San Carlos donde todos se conocían y era imposible esconderse. Era evidente que al final el único amigo de Paula sería él, así como lo fue el hecho de que cuando ella crecería encontraría trabajo en uno de los bares del padre de Iván. Todo el mundo hablaba de eso, de su trabajo, de su reputación, de la caída de su padre y su alcoholismo que lo mantenía con jaquecas y refugiado en su casa por las mañanas y en los bares más bajos por las noches, nadie hablaba de los sueños perdidos de la chica y de como ella sola mantenía su casa desde los dieciséis años.

Paula no había tenido oportunidad de estudiar una carrera aunque ella lo deseaba, en sus sueños quería estudiar el universo, ser astrofísica, descubrir nuevos planetas y estrellas pero, todo murió cuando su padre la sacó del colegio y la encerró en su casa por mucho tiempo ya que los rumores de la reputación de su madre eran increíblemente fuertes. Por otro lado, unos meses después de la muerte de su madre, su tía Francisca había llegado a vivir con ellos formulando así un gasto más para la familia que ya no tenía nada, por lo que Paula se vio obligada a buscar trabajo a temprana edad.

Al tener un manejo increíble de las matemáticas y de las cuentas, el padre de Iván la contrató como empleada del cuarto local de venta de víveres que había recién abierto. Paula pasó de ser la tendera a administrar todo el lugar, llevar la lista de proveedores y las cuentas del local. Después pasó a ser gerente de los cuatro locales, dejándole así la oportunidad a su amigo de encargarse de los bares. La familia de Iván era la única que apoyaba, que la acogió, ya que el resto no hacía más que recordarle su mala reputación, desmoralizar sus logros y bajar su autoestima además, Francisca no ayudaba mucho, le gustaba entrar al juego de ser el centro de atención, de provocar uno que otro escándalo "defendiendo" a su familia que a veces se le salía de las manos, por lo que la familia de la O siempre estaba de boca en boca si no era con un escándalo, era un nuevo chisme inventado, algo a lo que Paula ya hacía oídos sordos y que le ayudó cuando Iván la invitó a trabajar en el bar.

Paula, al ser tan buena administrando las cuentas de los locales, por petición del padre de Iván, le pidió que ahora llevara las del bar convirtiéndola en su empleada estrella y gerente de todo. En verdad era muy buena pero otros decía que la razón por la que ella era tan protegida por la familia era porque el joven estaba enamorado de ella y eso no se podía negar. Iván estaba loco por ella desde que Paula había alcanzado esa belleza que la caracterizaba y provocaba miradas porque, habría que admitirlo, las mujeres de su familia eran guapísimas y ella no era la excepción.

Cuerpo curvado, cabello largo rubio y lacio, ojos seductores con pestañas grandes que los enmarcaban de una forma que le daba una gran potencia s su mirada, poseía labios gruesos y levemente rojizos que provocaban besarla hasta dejarla sin respiración, en pocas palabras era un monumento de mujer e Iván lo sabía por lo que quería casarse con ella, formar una familia y sobre todo protegerla de todo y de todos, pero Paula no tenía ni idea de lo que quería, nunca había pensando en hijos, ni en bodas, ni en nada que tuviera que ver con establecerse, ella vivía un día a la vez y por más que Iván le insinuaba ella simplemente ignoraba sus deseos porque muy dentro sabía que su reputación dañaría la vida que él quería formar y construir con ella.

―Imagínate, una casa para los dos, cerca de la costa, con un perro de esos que les gusta bañarse en el mar, con un balcón en nuestra habitación para que podamos despertarnos todas las mañanas con los rayos del sol.― Le decía el mientras ambos se encontraban en la barra del bar atendiendo a los clientes. No era el trabajo de Paula pero el personal no se daba a basto y ella había preferido quedarse para ayudar en la caja.

―Eso es muy bonito.― Respondió.

―No es bonito, es bello, y todo eso tengo planeado para ti, he ahorrado todos mis salarios por años para que cuando tú me digas que sí yo la compré de inmediato, el señor es viudo y está dispuesto a vendérmela al mejor precio.

Paula volteó y vió a Lorenza la mesera estrella del bar y le murmuró a Iván ―mejor guarda esos planes para Lorenza, Iván, ella está enamorada de ti desde hace años, ¿por qué no le das una oportunidad?

―Porque me gustas tú― habló apasionado mientras tomaba su rostro y la veía a los ojos― y lo sabes y no voy a dejar de repetírtelo hasta que me digas que sí.

Paula acarició su rostro y le sonrió― Iván, esto me lo repites todas las noches que me ves y siempre recibes la misma respuesta,¿qué te hace pensar que cambié de opinión de ayer para hoy?― Le preguntó en tono tierno.

―¿Esperanza?

―Vamos Iván, sabes mis razones y no es porque no te tenga cariño, sabes que te quiero, eres mi mejor amigo pero no te conviene andar conmigo, ya hay bastante rumores por todo el lugar como para que tu te estreses con ellos, a nadie le gustaría escuchar que su novia se "acostó" con Pedro el carnicero para poder obtener comida para su padre borracho.

―A mi no me importan esos rumores― le respondió― sé que no son verdad.

―Pero aun así te estresas, me enteré que ayer amenazaste con matar a golpes a uno de los trabajadores de tu papá porque te dijo que había obtenido este trabajo por “hacerte un favor especial”.

―¡Estúpido!― Exclama Iván con coraje sólo de recordarlo.

―¿Ves?, por eso te lo digo ― Explicó Paula ―la solución es que yo me vaya lejos de aquí y créeme lo lograré, un día me iré lejos de aquí a una ciudad tan grande donde nadie me conozca y viviré feliz.

Iván le regaló una media sonrisa porque dentro de él sólo quería que Paula fuera feliz, él quería seguirla, escaparse con ella a otro lugar pero los negocios de su familia se lo impedían.

―Seguiré insistiendo hasta que me digas que sí― le murmuró― hasta que me aceptes.

Paula acarició su rostro mientras le sonreía, le daba mucha pena que Iván le rogara tanto pero ella misma sentía que no era suficiente buena para él, ni para nadie, a pesar de que se hacia oídos sordos a todos los rumores le habían afectado de cierta manera que sentía que no era la indicada para él ni para nadie, así que se conformaba con saber que era suficiente para ella.

―Me tengo que ir― le dijo― mañana tengo que estar en la central temprano para conseguir los mejores precios si no tu padre no estará feliz.

―Dame media hora y te llevo.

―No, no, está bien, todavía es temprano y tienes mucho trabajo aquí, si me voy ahora llego en segundos.

―Paula― murmuró él con un ruego ya que siempre tenía miedo de que algo le pasara― sólo son treinta minutos.

―Treinta minutos menos para que duerma, mejor pasas por mí a las cuatro de la mañana, ¿te parece? Y vamos juntos a la central.

Iván asintió porque no tenía de otra y antes de que se fuera acarició su rostro. Siempre veía a Paula con unos ojos de preocupación que a ella a veces le molestaba, a él no se le hacía justo que su amiga tuviese esta vida.

―Estaré bien Iván, no soy una niña, tengo veintinueve años sé cuidarme sola ― respondió y luego tomó su bolsa ― nos vemos a las cuatro, no toques el timbre, no quiero molestar a nadie, yo te esperaré en el portal.

―Está bien.

Paula se dio la vuelta y salió de la barra para así caminar entre la gente que se despedía de ella amablemente. Una de las ventajas de trabajar con la familia de Iván era que todos la respetaba, nadie hablaba de ella, al menos no en público, y la dejaban trabajar tranquila, sin enfrentamientos o desplantes.

Salió del lugar y después de despedirse de la seguridad de la puerta y escuchar la voz de Iván por el radio pidiéndole que de favor vigilara sus pasos, Paula caminó por la avenida semi vacía directo hacia su casa que quedaba en una de las áreas centrales por lo que en unos minutos estaría entrando por la puerta de su “hogar” y lo agradecía ya que el cielo amenazaba con una tormenta que se dejó caer tan solo ella atravesaba la plaza central.

Paula se cubrió con su bolsa y aceleró el pasó para no mojarse tanto pero la tormenta de verano se intensificó haciendo que su huida fuera inútil.

―Maldición.― Murmuró ella mientras bajaba la bolsa para caminar más rápido y atravesar la calle que la llevaría directo hasta su casa.

Tan sólo puso un pie sobre la calle para atravesar a la otra acera, un auto se frenó de inmediato provocando que Paula gritara asustada al sentir que estaba a punto de ser atropellada. Cuando el susto paso y las luces quedaron iluminando su rostro ella enojada pegó con fuerza el cofre del auto.

―¡Qué demonios te pasa! ― Gritó mientras sentía como todo el agua escurría por su cabello y empapaba el resto del cuerpo ―¡Qué no te das cuenta que hay un semáforo!

La figura de un hombre salió del lado del conductor y fue hacia ella― lo siento de verdad lo siento, no sabía que había un semáforo en esta avenida, no recuerdo la ciudad.

―¡No es necesario que la recuerdes sólo fíjate!― le reclamo mientras se quitaba el cabello del rostro.

―Lo sé, lo sé… lo siento ¿estás bien? ― Preguntó el hombre.

Después de que pasara el susto y de que ella tomara compostura volteo a ver al hombre del auto y sin poderlo creer, sonrió ―¿Fernando? ― Pronunció su nombre mientras su corazón no cabía de tanta felicidad.

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