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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 9

Alana vio a Lina llorar, en silencio, y a Lucio consolarla, los estaba lastimando, a los únicos que la habían tratado bien, y la bufanda alrededor de su cuello la sentía cada vez más pesada.

— ¿Por qué? — musito Lina, y Alana se dijo que al menos eso le debía a su luna.

Alana aferro la bufanda y podía jurar que a su lado estaba Gala, preguntando cosas que ella no podía decir, porque Gala no debía saber los secretos que guardaba la luna, pero ahora…

— Porque es lo correcto Luna Lina. — musito apretando sus manos alrededor de la bufanda, mientras la retiraba y la dejaba al lado del gorro que Benjamín le había dado. — No tengo loba y me desprecian por ello… — sus ojos se cubrieron de lágrimas, y, aun así, no se permitió dejar de ver a Lina, solo a ella y al rey les daría una explicación. — En cambio, los humanos, son buenos conmigo, tengo amigos. — dijo con verdadera ilusión y ganas de volver a ver a ese par. — Y compartimos el desayuno, ellos me cuidan y… — los hermanos veían a Alana y como poco a poco una luz resplandecía en ella, algo que los hizo enmudecer, mientras sus lobos comenzaban a olfatear algo, algo que llevaban años buscando.

— Aquí también… — dijo con desespero Lucio, al sentir temblar a Lina.

— No, no es así, Alpha. — Alana sentía que estaba corriendo, su corazón se aceleraba como si en verdad estuviera corriendo, y su respiración incluso era un poco jadeante. — Nunca lo fue rey. — era por decir la verdad, ¿era por al fin poder hablar que sentía que el aire golpeaba su rostro?, como si estuviera en medio del bosque, no lo sabía, pero se sentía bien. — Solo fingen cuando ustedes estan. — a una de las sirvientas, que aún permanecía en el comedor, para servir a sus señores, la tapa de la charola se le cayó de las manos. — Cuando ustedes no estan… me hacen dormir en el establo. — confeso sintiendo las lágrimas caer por sus mejillas y Edur al fin tenía la respuesta a su pregunta. — Me dan comida en mal estado, incluso frente a ustedes. — aseguro poniéndose de pie, aunque más lo sintió como si hubiese saltado un acantilado, y movió su plato al centro de la mesa, donde todos podían observar el color verdoso y aspecto baboso de la carne, además de las verduras marchitas.

— Eso… — dijo con furia y horror Lucio, al observar que definitivamente aquel alimento estaba podrido y, la empleada corrió a la cocina, lo más probable que a decirle a todos que Alana al fin los estaba delatando.

— Siempre fue así, desde el día que me trajeron con ustedes, por lo que deje de comer, solo… tomaba una que otra cosa cuando yo preparaba el desayuno… cuando algo caía al piso. — aseguro viendo a Otto, quien en ese instante estaba olfateando a su compañera y esa no era otra que Alana. — No porque robara comida, solo… es que tenía hambre. — el corazón de Otto dolió, como si alguien le hubiese lanzado una flecha, ante la confesión de Alana.

— ¿Por qué no le dijiste a mis hijos? — pregunto Lina y Alana mostro una sonrisa rota, que a Lucio lo hizo apretar los puños y a Lina aspirar con fuerza.

— Luna, por respeto a usted y al rey, por agradecimiento a todo lo que me han ofrecido, no responderé a eso. — Edur sentía que se quemaría, sus manos temblaban, porque su lobo queria tomar el control, por solo ver a su compañera llorar, misma que él había abusado. — Pero… le responderé a Osiel. — el mencionado se estremeció, por solo escuchar a Alana decir su nombre y ahora no había dudas de que ella era su compañera. — Yo no soy una ingrata, ni me he beneficiado de las empresas, ¿recuerdas cuando me llevaste a la universidad? — la espalda del lobo se tensó, mientras negaba con la cabeza. — ¿No lo recuerdas? — pregunto incrédula Alana porque ella si lo recordaba, aunque Osiel también, solo era que estaba negando la estupidez que había hecho. — Me quitaste las tarjetas que la luna Lina me dio, y el dinero que el rey me obsequió, me dejaste con mis libros y maleta fuera del campus, con la advertencia de que si queria estudiar con humanos, que sobreviviera como ellos, sin ayuda de la manada, ni para pagar mi cuarto, ni ropa, o alimento. — Lucio rugió, al comprender que, durante un año, Alana estuvo desprotegida, entre humanos, pasando penurias y quien sabe que había hecho para subsistir, mientras Lina lloraba al saber que aun en su mansión, Alana había sido tratada cruelmente. — Lo siento. — dijo la pelirroja al ver como sus reyes sufrían, pero, aun así, sintiéndose libre y de pronto, lo que para todos era un espectro de lobo, cruzo la ventana, cual fantasma, solo una luz con forma de lobo, que ingreso en el cuerpo de Alana.

— ¡Mi luna! — gritaron los hermanos, al ver como Alana perdía el conocimiento, y Edur la tomaba en brazos antes de que golpeara contra el piso pulido.

Y allí Lina comprendía que nada sería fácil, porque el hecho de que el alma de lobo de Alana haya acudido a la joven de ese modo, solo queria decir una cosa.

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