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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 8

Los jóvenes no podían estar mas felices, pues ellos al igual que Alana, no eran seres comunes y corrientes, no eran humanos, Benjamín era el sucesor del rey vampiro, uno que nació tan débil como un humano, y Gala, era una de las princesas del reino este, el reino de los brujos, y al igual que pasaba con sus amigos, en ella no había nada especial, hasta ese momento.

— Crees que deberíamos ir con Alana y decirle… — claro que queria ir con Alana, si gracias a ella al fin eran “normales”

— Mejor dejemos que lo descubra sola, ya quiero ver la felicidad de su familia.

— Ya quiero ver la cara de mi padre. — acoto Benjamín, sintiéndose extasiado.

Y fue así como estos jóvenes al fin se despidieron, no tenían como saber que la vida de Alana era muy diferente a la de ellos, ya que, en sus tierras, ni Gala ni Benjamín sufrieron maltrato alguno, sino todo lo contrario, siempre tuvieron a todos cuidando de ellos y si decidieron ir a las tierras de los humanos, solo fue para escapar de la sobre protección a la que los tenían acostumbrados, no tenían como saber que en el caso de Alana era todo lo contrario.

Alana creyó que su estadía en la mansión del rey Alpha seria agradable y tranquila, ya que la luna Lina, le acababa de asegurar que ellos no saldrían de la manada, en absoluto, entonces, Alana supo que al menos podria dormir en una cama decenté.

— ¿Y Bien? ¿te gusta tu nueva habitación? — pregunto Lina muy emocionada, aunque Alana no lo estaba tanto, ella estaba acostumbrada a dormir en la planta baja de la mansión, junto a los demás empleados, al menos mientras los reyes estaban en la mansión, ahora, sin embargo.

— Es muy hermosa Luna, pero… ¿esta no es el ala de la mansión donde tienen los cuartos los príncipes? — indago con la voz un poco temblorosa y rezando a la diosa, que, en ese tiempo, esos hombres se hubiesen mudado de habitaciones.

— Así es, es por ello por lo que tú te hospedaras aquí, ahora y cuando finalices tus estudios y regreses, eres como mi hija y lo sabes, ya no serás tratada como una empleada, aunque lo pidas. — no, nada de eso se dijo Alana, porque ella no pensaba regresar luego de acabar la universidad.

— Sobre eso queria hablarle Luna, pensé que tendría mas tiempo, para agradecerle, pero…. — la puerta se abrió, sin el mínimo cuidado, y aunque la loba hizo una asentamiento de cabeza a la luna Lina, la burla era clara en su rostro para Alana.

— Luna, la estan esperando para almorzar. — dijo una de las sirvientas, viendo de reojo a Alana y sonriendo, algo que a la pelirroja le puso la piel de gallina.

— Gracias Rita, pero espero que la próxima vez, antes de ingresar en el cuarto de Alana, al menos toques la puerta, creí que sabias modales. — la empleada clavo sus ojos en Alana, esperando que como siempre, interviniera fingiendo que eran amigas y así, librarse del regaño de la luna, pues Lina era muy paciente, no era de castigar a la primer falta, pero si cometías tres seguidas… le rezarías a la diosa luna sin duda.

— … — Alana abrió su boca, pero sintió que la bufanda que Gala le había reGalado se calentaba, aunque lo que mas la asusto, fue que no pudo decir ni media palabra.

— ¿Has comprendido? — indago la actual luna a la sirvienta y está bajo la mirada, jurándose que haría pagar a Alana por aquel regaño.

— Si Luna, disculpa mi atrevimiento Alana. — sudaba frio la pelirroja y no lo podía evitar, eso le costaría caro, lo sabía, y justo en ese momento, se dio cuenta de lo ilusa que era, porque el que los reyes permanecieran en la mansión, no era garantía de nada.

— Vamos hija, los muchachos esperan por nosotras.

Era tan fácil imaginar que ella era parte de ese lugar, la forma en la que Lina le hablaba o Lucio, si, ellos la trataban como una hija, pero, aun así, Alana sabía que no era más que basura para los demás, para todos los demás.

— Al fin las mujeres más hermosas, se han dignado a acompañarnos en la cena. — la voz fuerte de Lucio hizo sonreír a Alana, pero el comentario de Osiel, le borro dicha sonrisa de inmediato.

— No lo sé, sé que mi madre es hermosa, pero de la mocosa, aun dudo que sea siquiera una mujer. — las carcajadas que Otto lanzo para festejar el ingenio de Osiel fueron acalladas por el gruñido de Edur y eso en lugar de tranquilizar a Alana la hizo sentir enferma, porque sus ojos descubrieron con horror, que el lugar que le habían dado en la mesa era al lado de ese Alpha cruel.

— ¿Y así manejan las empresas y la manada? — crítico con enfado, Lina, y sus hijos al fin regresaron a ser los Alphas serios que se suponía eran.

— Yo… — su lengua se entumeció al verse con la vista de todos sobre ella, y como acto reflejo se aflojo un poco la bufanda. — No tengo hambre, creo que debería…

— Ven a comer. — gruño Otto, y Alana tembló en su lugar. — Porque luego dirás que tienes hambre. — la pelirroja supo con solo verlo a los ojos, de que Otto estaba recordando cuando la hizo comer del piso.

— Vamos cariño, siéntate y dime lo que me estabas por contar en el cuarto. — no le podía decir que no a la luna Lina, no por miedo, sino por cariño y respeto, por lo que con pasos cortos y un poco dudosos camino hasta que al fin llego al lugar vacío al lado de Edur.

— Entonces ¿se estaban poniendo al corriente? — indago curioso Lucio, mientras Alana veía que las sirvientas servían la comida, pero notando que su plato, ya lo tenían servido y lo sacaron de un lado del carro donde estaban las charolas, si, había regresado a la manada.

— Solo le estaba diciendo a Alana que ese será su cuarto y que puede olvidarse de trabajar como empleada en la mansión, porque su único deber es estudiar y una vez que se reciba, podrá ayudar a Osiel en las empresas. — explico Lina y la copa a Alana se le resbalo de las manos, mientras la de Osiel cayó por el golpe que dio en la mesa.

— Claro que no llevare a una inútil a las empresas. — se quejó de inmediato, mientras Edur observaba como Alana estaba a punto de caerse de la silla, de tan a la orilla que estaba, lo más lejana a él por supuesto, pero además de eso, solo veía su plato, como si no escuchara lo que Osiel le había dicho.

— ¿Cómo has llamado a Alana? — la voz fuerte de Lucio, silencio a Osiel, sabía que estaba cometiendo un error al actuar de esa forma frente a Alana, pero no lo podía evitar, tanto él, como Otto, se sentían raros cuando ella estaba cerca, en el fondo, le temían.

— Disculpa padre, pero es así, ella no tiene lobo, ella no sirve…

— ¡Osiel! — grito Lina y Alana vio su oportunidad de evitar vomitar toda la noche, porque esa comida… estaba en mal estado, lo notaba sin mucho esfuerzo y le parecía casi gracioso, como era posible que estando en la mesa con los reyes, y tres príncipes, ninguno sintiera el olor que eso desprendía, claro que ella tampoco lo notaba, porque el aroma de la deliciosa comida que los demás tenían, cubría muy bien el hedor que debía tener las suya.

— No regresare Luna. — susurro Alana y ante el silencio, se obligó a elevar su rostro. — Eso era lo que le queria decir Luna, no regresare a la manada. — sentía que su corazón se agitaba y de pronto su espalda sudaba, por lo que se quitó el gorro que su amigo Benjamín le había reGalado y lo dejo a un lado, regañándose por lo descuidada que había sido de no quitarlo antes y sentarse así a la mesa.

—¿Que? — la voz de Lina tembló y Lucio se preocupó, porque al parecer el bienestar de su luna, dependía de la cercanía de Alana y Lina.

— Lo ven, es una ingrata, que solo se benefició del dinero de la manada para estudiar, estoy seguro de que ya lo tenía planeado desde mucho antes. — Osiel, por supuesto, para él todo era dinero.

— Tu no dejaras la manada, perteneces aquí. — Edur casi gruño su reclamo y Alana se alejó un poco más de él, incluso haciendo sonar la silla, al arrastrarla.

— Si deseas dejar la manada, y convertirte en una picara, hazlo, pero ahora mismo, no te atrevas a comer ni un bocado de alimento, nuestra comida, no puede desperdiciarse en ti, cuando puede serle de provecho a otro. — Otto hablaba como el Alpha de la manada, como el líder, aun frente a su padre, estaba fuera de control, pero no lo podía evitar, porque su lobo estaba inquieto, queria someter a Alana, aunque no comprendía para que.

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