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Portada de la novela Lo que comenzó con un sueño

Lo que comenzó con un sueño

Lo que inició como intensas visiones nocturnas de deseo pronto rompió las barreras de la lógica. Ese hombre, que en sueños me llevaba al límite, resultó existir fuera de mi mente. Nuestra conexión trascendió lo onírico hasta adueñarse de mi alma y mi corazón. No obstante, el destino nos ha sumergido en un complejo triángulo amoroso marcado por la promiscuidad, donde la pasión erótica debe enfrentar los constantes y crueles caprichos del azar.
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Capítulo 3

Capítulo 3 Visita a casa de Martha

Del colegio llegué directo a casa sin escalas, aunque estaba tentada a ir a turistear. No conozco muy bien esta nueva ciudad y siempre que llegaba a una nueva ciudad me encantaba visitar lugares cercanos a mi casa como parques y plazas, pero prefiero regresar a casa y visitar algunos lugares luego.

-¿Cómo te fue en el colegio, mi amor? -me preguntó mi madre muy, pero muy emocionada.

-Bien, mamá. Fueron amables conmigo. Creo que tengo amigos nuevos.

-Me da gusto que mi niña se sienta cómoda en tu nueva escuela -mi madre sonrió y eso me hizo feliz.

Fuimos a almorzar, me di un baño y de ahí me dormí un rato. Después me desperté para hacer mis tareas. No me gusta que se me acumulen.

Ya era de noche y me preparaba para dormir cuando sonó mi celular.

-¿Espero que hayas pasado bien en tu primer día de clases? - Me sorprendió el mensaje ya que el número decía desconocido.

-Gracias - Respondí. Si no conozco el número, lo mejor es no escribir más.

-¿Por qué eres tan fría, amiga? -

-¿Quién eres? - Le respondí confundida.

-Soy Martha - Respiré profundo. Así que era ella.

-Perdón, Martha. Solo que no he registrado tu número. Me la pasé de maravilla. Gracias por hacerme parte del grupo - Un poco de hipocresía no está de más, pensé.

-Nos vemos mañana, amiga. Te mando la ubicación de mi casa por GPS y te agregaré a nuestro grupo de chat - Me asusta lo rápido que conseguí amigos. Quizá debería ir más lento, ya que somos de mundos totalmente diferentes. Pero nunca suelo hacerle caso a mis presentimientos, aunque me griten a mi subconsciente. Soy muy buena ignorándolos, por eso me meto en problemas siempre.

-Hasta mañana - Respondí, aunque quería inventar una excusa para no ir.

Dejé el celular en silencio en mi mesita de noche, ya que no dejaba de sonar. Decidí ignorar cada notificación que llegara.

Me metí a mi cama con la esperanza de volver a soñar con él y así fue. Soñé con mi sexy desconocido.

Estaba en unas albercas. Al parecer, eran de una de esas casas de ricachones. No había nadie. Al principio, me pareció extraño. Solo estaba yo, así que decidí quitarme toda la ropa, la cual dejé tirada a un lado de la alberca. Siempre deseé nadar desnuda.

Más de media hora nadando cuando sentí la mirada de alguien bien pesada puesta en mí, sentía que me miraban con profundidad y con deseo. Cuando me dirigí a ver de quién se trataba, algo extraño pasó. Sonó mi despertador. Rayos, ¿cómo es posible sentir tanta frustración? Ya no resisto más, de verdad quiero saber quién es ese hombre, quiero saber por qué, a pesar de ser sueños, no puedo sacarlo de mi mente, y siempre que sueño con él, terminó empapada. Me metí a bañar y no dejaba de pensar en esos dos sueños.

-¿cómo es que esos sueños se sienten tan reales? -dije para mí, mientras cerraba los ojos y miraba esos hermosos ojos verdes que me hipnotizan sin piedad y esos labios que me arrancan el aliento.

Al recordar mi primer sueño, la piel se me puso de gallina. Ese hombre me tomó como si supiera lo que hacía a la perfección, mi piel estallaba de deseo por él, como deseo que el sueño continuara, que él se adentrará a lo más profundo de mi ser y lo moviera, sacándolo y metiéndolo en mí.

Empecé a recorrer con mis dedos cada zona donde él me tocó y besó y no pude evitar excitarme de nuevo. Sus hermosos ojos verdes me perturban, los veo en todos lados, pero ninguno de los que he visto son los de él, mientras mis dedos me recorren, solo lo veo mirándome. -¡ahhh! -Estoy muy mojada.

-¿qué estoy haciendo? Necesito distraerme- decidí bañarme de una vez y salir de ahí antes de que terminara dándome placer yo misma, quiero su hombría en mí, no mis dedos...

Cuando tomé mi celular, nunca había visto tantos mensajes en mi vida, más de 100 mensajes de ese grupo de chat. Mi mirada solo se dirigió a uno.

-Hola amiga, buenos días, esta es mi ubicación, espero puedas venir aquí, te esperamos a las 11 de la mañana para desayunar juntos.- Era un mensaje de Martha.

Pensé en decirle que no iría, cuando empecé a escribir, me llegó otro mensaje.

-No soy de las que aceptan un no, así que mueve tu trasero y ven aquí, por cierto, soy Hilda.- Me reí. ¿Dónde quedó la niña tierna que me pareció ayer?

Mire la hora, eran las 10 de la mañana. No alcanzaré a llegar a la ubicación, está al otro lado de la ciudad. Me apuré a alistarme y solo me amarré un chongo. No quise vestirme muy elegante, así que tomé el primer cambio de ropa que vi, nada extravagante, algo más a mi estilo.

Tomé las llaves del carro de mi padre, por suerte siempre me lo prestan, y salí a toda marcha.

No lo podía creer, mientras más me adentraba a la ubicación que me mandó Martha, las casas eran más grandes, hermosas y lujosas.

Llegando al punto marcado en el GPS, llegué justo a las 11 -woo nuevo récord- dije para mí. La verdad es que sí está lejos, ¿cómo no si yo vivo del otro lado de la ciudad?

Cuando me bajé del auto, no pude evitar mirar esa enorme casa. Era tres veces más grande que la mía, tres o cuatro veces.

Estaba en la puerta cuando escuché la voz de las chicas:

-Elizabeth, que bueno que has venido, pasa- dijo Martha.

Me quedé afuera por un rato, aún no estoy decidida en si entrar o no...

La casa es enorme, típica casa de niños ricos, aunque creo que esa casa ya la había visto antes, quizá en mis sueños...

Ella se me quedó viendo y decidí entrar...

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