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Portada de la novela Lluvia de besos

Lluvia de besos

Abigail abandona Colombia huyendo del asedio de un criminal peligroso, buscando una nueva oportunidad en tierras españolas. Al establecerse, logra el trabajo de sus sueños y conoce a Kenneth, un exitoso magnate volcado en sus negocios y seres queridos. Mientras él enfrenta el hostigamiento de una antigua jefa, la presencia de Abigail altera su realidad. Ambos se verán envueltos en un romance imprevisto que pondrá a prueba sus prioridades y oscuros pasados.
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Capítulo 2

El chico se marcha, noto que me encuentro mucho más relajada porque por un instante conseguí concentrarme en algo más que no fuera el motivo por el que estoy aquí. Una parte de mi espera volver a ver esos hermosos ojos verdes, la otra solo piensa en cuándo me llamarán.

Como si lo hubiera convocado alguien dice mi nombre y miro hacia el chico que me busca por la sala no es tan apuesto como el bizcocho que estaba a mi lado, suspiro antes de pararme y levantar una mano haciéndole saber dónde estoy, él me hace un gesto para que me acerque y es lo que hago.

Al estar frente a él me saluda y dice que es mi turno. Cierro los ojos un momento y pido para que esta sea la última de la lista de mis tantas entrevistas fallidas, me repito una y otra vez que puedo con esto y mucho más.

Al entrar a el lugar que me indico el amable trabajador veo una pequeña oficina, donde hay un sofá en una esquina y en el centro un buró con dos sillas enfrente, me siento donde me indica el chico desde la puerta y luego se retira dejándome sola a la espera del funcionario que me hará la entrevista que se encuentra volteado hacia la pared de cristal con un teléfono en el oído.

—Mia no sé qué es lo que vas a hacer pero saca como sea a esos entrometidos de mi edificio, llama a la policía si es necesario pero haz algo y déjame trabajar en paz, no quiero más llamadas molestas ocúpate de cumplir tu trabajo o reconsideraré tu ascenso no me hagas creer que el puesto te queda grande —Escucho un suspiro por parte de la mujer —. A trabajar —Cuelga el teléfono y luego de escuchar su conversación el miedo se apodera de mí, siento ganas de salir corriendo porque sin duda no me irá bien con la molestia que seguramente se carga esa mujer.

La silla alta lentamente se da la vuelta y hay una hermosa mujer en ella que me mira analizándome y en el rostro tiene una expresión molesta, justo como imaginé que sería. Hoy todos me miran raro o quizás sea yo imaginando cosas porque desayuné alacrán.

Es hermosa su cabello rubio está recogido en un peinado que sinceramente no sé cómo lo hizo pero que le luce espectacular, lleva un vestido azul ajustado pero para nada vulgar que combina con sus ojos, solo veo parte de su cuerpo pero estoy segura que tiene cuenta con unas curvas de envida. Yo no es que me queje del mío, pero si tuviera el de ella definitivamente me sentiría muy orgullosa.

Mi estatura es de 1.60 pero siempre llevo tacones que me dan un poco de tamaño, estoy tan acostumbrada a ellos que de alguna forma ya son parte de mí, en un principio me molestaban siempre y hasta les tenía un poco de odio, pero ahora me molesta más no llevarlos aunque suene un poco loco. Soy delgada aunque tengo mis curvas, mis senos y mis trasero son de tamaño normal pero tienen el suficiente tamaño para que se noten con cualquier cosa que me ponga, mi pelo es castaño y siempre lo llevo corto desde mis dieciséis he tenido el pelo de esta forma y ya no me imagino de otra forma, tampoco es que me interese salir de mi zona de confort. Mis cejas son tan llenas que aunque parezca que las pinto la verdad es que nunca lo hago, mi labio superior es muy fino en cambio el inferior es carnoso, mi piel está bronceada, tengo sangre latina pero solo por parte de madre, mi padre era español, mi viejito murió hace un año dejándome como herencia el dinero con el que he vivido los meses que llevo buscando trabajo y lugar al que hoy llamo hogar.

—Buenos días —digo para romper un poco el hielo

—Buenos días señorita Abigail Peralta —dice leyendo mi nombre en mi currículo —Mi nombre es Matilda González Fariñas me encargaré de su entrevista debido a que la persona que le tocaba hacerla fue despedida luego de tener muy mal criterio al contratar a nuestro antiguo equipo de publicidad, el cual fue despedido —dice mientras ojea el expediente que tiene en sus manos, luego lo suelta y se deja caer hacia atrás.

Esta mujer sí que sabe cómo empezar una conversación para ponerle los nervios de punta a alguien que ya de por si estaba nerviosa, hasta sonó un poco maluca, me mira a la expectativa de una respuesta. Sacó la voz de lo más profundo de mi ser porque parece que se fue junto con la persona que ella menciona como despedida.

—Mucho gusto —respondo, intentando sonar segura de mi misma

—Bien, por lo que veo desde que se ha graduado ha tenido pequeños empleos pero ninguno que sea de tanta responsabilidad como este. Eso realmente no nos preocupa porque con nosotros puede aprender y obtener la experiencia que le falta pero... —se detiene como si pensara que palabras usar

—¿Pero? —La animo a terminar de hablar.

—¿Se cree usted capaz de tener semejante responsabilidad? —Ni me da tiempo a responder y continúa hablando como una máquina reproductora —El cargo al que usted aspira es a tiempo completo cinco días a la semana y somos muy exigentes nuestra revista es la más famosa del país y tenemos reconocimiento a nivel internacional, por nada ni nadie podemos perder la calidad así que cualquier error que cometa tendrá graves consecuencias, tiene como ejemplo el hecho de que despedimos al equipo entero de publicidad, no nos interesa eliminar a los incompetentes, si cree que este puesto es demasiado grande para usted la invito a que se retire y no me haga perder el tiempo para luego tener que despedirla en una semana, puede usted ser una gallina y retirarse ahora antes de pasar la vergüenza de tener una mala referencia en su currículo o podemos comenzar  —Me mira esperando una respuesta de mi parte, y por su mirada de victoria podría creer que cree que me voy a rajar en este preciso momento, pero de los cobardes no se ha escrito nada y yo sin duda no estoy en esa lista.

—¿Y si no es así? ¿Y si soy una verraca? —pregunto, esta mujer me acaba de dar escalofríos, lentamente muestra una sonrisa.

—Bien pues podemos empezar esta entrevista con la primera persona que no ha corrido de mí en el día de hoy —dice riéndose para relajar un poco el ambiente, rápidamente estoy mostrando mi sonrisa más amplia esto me ha devuelto la tranquilidad y confianza que no he tenido desde que el día inició.

⊱✿⊰

Han pasado dos días desde mi entrevista y desde entonces estoy en mi casa tirada en un gran sofá comiendo galletas y helado, obviamente de chocolate.

Me encuentro en modo desparche, tal parece que estoy hibernando como un animal salvaje, estoy viendo  una película que realmente no logro entender tiene una trama muy rara además es sumamente aburrida, pero no pienso quitarme mi comodidad para cambiar el canal, así que decidí pacientemente esperar a que esa tortura acabe y esperar que algo mejor empiece después.

Tengo a un lado el móvil, desde la entrevista está bien cerca por si me llaman, espero y tener suerte porque además de que me fue muy bien o eso creo, debo sentir orgullo de que no huí como los demás. Me digo eso para no sentirme mal, quizás mi entrevista fue un fiasco y yo aquí creyendo lo contrario.

Realmente no entiendo aún porque huiría es cierto que Matilda dio miedo en un principio pero luego su actitud cambió por completo y me sentí mucho más cómoda. Me arriesgo y digo que es la mejor entrevista que he tenido hasta el momento.

Cada cierto rato miro mi celular no solo por la espera del mensaje que tanto ansío que llegue, es que espero que sean las cinco para ver a mi única amiga aquí, Alexa, quién ahora se encuentra disfrutando en uno de esos muchos intentos de conseguir la cita de sus sueños, es un poco loca, pero es la locura que le hace falta a mi aburrida vida, me gusta decir que vivo momentos emocionantes a través de su vida.

Alexa es mi vecina, nos hicimos amigas desde pequeñas, siempre hemos sido la chica introvertida y la extrovertida, un dúo bastante raro pero que de alguna forma logramos que funcione a la perfección, ella no dudó en venir hablarme, algo que realmente agradezco porque no me imagino mi vida aquí sin ella. Su pequeña familia me hacen sentir como en mi hogar desde que papá falleció.

Siempre ceno en su casa con su madre, su abuela que hace las galletas con chispas de chocolate más deliciosas del mundo, las marcas de galletas deberían comprarle esa receta porque las de Juliana no se comparan con ninguna, por último están sus dos hermanos Clark el mayor de veintiocho años y Claus de dieciséis que está en la edad del pavo como le dice Alexa y comenzando a sentir un enamoramiento hacia mí, o al menos eso da entender por los ojitos que suele hacer cuando estoy cerca.

Mientras espero paciente disfruto de mi helado de chocolate, en esta enorme casa, digo gigante porque considero que es muy grande para mi sola, pero no me atrevería a venderla dado que es un recuerdo de papá, tengo miles de recuerdos junto a él en este lugar.

Mi padre, Daniel era un gran hombre, a pesar de que solo lo veía en el verano, lo amaba y aún lo hago a pesar de que no viva físicamente a mi lado.

Mis padres se separaron cuando era muy pequeña, mamá al poco tiempo comenzó una relación con Alex un buen hombre pero que no habla mucho, supongo que se deba a que es un ex militar.

En cambio mi padre nunca más se casó, sé que tuvo algunos amoríos pero nunca habló de ello, eran más bien encuentros esporádicos. A veces pienso que papá siempre estuvo enamorado de mi madre.

Él se dedicó a darnos gustos y viajar juntos, prueba de eso es esta casa que aunque por fuera luzca pequeña por dentro es muy diferente, perfectamente podría salir en una revista de decoración de interiores, de acuerdo puede que exagere un poco, pero realmente mi padre tenía muy buen gusto, por eso y porque quiero tenerlo conmigo es que aún todo se mantiene del mismo modo en que lo dejó, es mi forma de decir te recuerdo y mantengo a mi lado.

Incluyendo esa pared llena de fotos de cuando era pequeña, muchas de ellas son bochornosas, pero sé lo mucho que él las amaba, por eso siguen ahí aunque estoy segura que si alguien fuera de mi familia las ve sentiría muchísima vergüenza, pero trato de no pensar en eso por ahora ya que en mis planes no está que nadie venga a visitarme.

El timbre de la casa suena y doy un pequeño brinco del susto, miro el celular y aún no son las cinco por lo que es imposible que sea Alexa a menos que la cita de sus sueños haya ido muy mal. Guardo el helado y nuevamente tocan el timbre, no sé quién es pero está un poco insistente me apresuro a la puerta y al abrir veo a un mensajero que me entrega un pequeño sobre firmo para confirmar que lo he recibido y tras cerrar la puerta decido que lo mejor es apagar el televisor e ir a mi habitación para revisar que es lo que hay en el sobre.

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