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Portada de la novela Llora por favor, te lo suplico

Llora por favor, te lo suplico

Ximena vivía sumergida en una devoción absoluta hacia Lucas, ignorando las sombras de su relación. Todo cambia drásticamente cuando el salvaje asesinato de su hermano mayor desgarra el velo de engaños, revelando la faceta más oscura de su amado. Pese a su firme deseo de huir tras descubrir la verdad, se enfrenta a la obsesión letal de un hombre que no conoce límites. Lucas, decidido a retenerla, está dispuesto a hundirse en la miseria con tal de no dejarla ir.
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Capítulo 3

Sabía que esa desesperante obsesión solo la haría quebrarse más. Pero estaba completamente dispuesto a aferrarse a ella así se desmoronara en sus manos.

Era suya, en cuerpo y alma era suya. Nadie, sin importar quién fuera se la arrebataría, y ella, jamás podría librarse de él sin importar que.

—Traigan a su hermano mayor, si no está aquí en dos horas. Él también morirá…

Ximena se atragantó llena de rabia e impotencia. Apretó los puños y dientes mientras se ponía en silencio de pie y salía de su escondite.

No dudaba de que lo hiciera porque estaba furioso, y su familia no tenía ninguna cuenta que pagarle a esa serpiente tan grande en la que ella misma se había envuelto.

Al verla, Lucas asintió satisfecho, estaba por acercarse a verificar que estuviera bien, sin embargo, antes de que pudiera tocar su hombro ella levantó la mirada que había estado fija en el suelo y lo miró con un odio inconmensurable.

No articuló palabra, pero el significado estaba ahí.

Su corazón se estrujó, parecía sentir incluso como sangraba, pero lo soporto, ella seguía ahí, podía verla y sentir su presencia, era lo único que necesitaba.

Si ella no estuviera…

Seguramente se volvería loco.

¿Cómo se puede volver a la amargura cuando ya se ha probado la dulzura?

Ya era imposible.

Ella subió al auto indiferente y sin mirar a nadie e inmediatamente cerró la puerta sin poner atención a Lucas que estaba por subir.

Los hombres de alrededor dieron un salto y casi gritaron como doncellas esperando casi un baño de sangre.

Pero contrario a eso.

Él le hizo la señal al chófer para que se la llevara. Mientras veía el auto alejarse, Lucas miro como se alejaba algo abatido, aunque no lo expresó abiertamente, se sintió abandonado.

Ya no había amor ni respeto. El único as con el que contaba era el miedo y ahora, parecía que se estaba desvaneciendo también.

Estaba seguro de que ahora solo era cuestión de ver quién resistiría más.

Aunque le dijera que era una orden que había tomado impulsivamente y sin saber que se trataba de su hermano.

¿Lo creería…?

Jejeje, por supuesto que no.

Mientras veía el auto alejarse, ese miedo persistente lleno de inquietud y descontento, no lo dejaba en paz.

—Nos vamos.

Dijo mientras se subía al otro auto y en silencio veía el otro ya bastante lejos.

—¿Qué estás esperando? ¿Quieres que se pierda de nuevo? ¡Acelera!

El conductor asintió y aceleró al instante, después de varias peligrosas y rápidas maniobras, estuvo justo detrás del auto en el que iba Ximena.

Después de verlo en el espejo, Ximena simplemente observó sin emoción.

—Si estuvieras en la misma situación… ¿Qué harías?

El chófer cerró los ojos por un instante casi preguntando a los dioses que había hecho tan mal como para caer en esa situación.

Si decía algo incorrecto y ella hacía algo, estaría muerto, y, si decía algo grosero ella estaría muy herida.

Suspiró profundamente y apretó el volante un momento.

Ya había terminado de pagar sus deudas, su madre y hermana no sabrían si murió y, tampoco gastarían en funeral ni nada de eso. Por lo que simplemente habló con sinceridad.

—No está bien lo que le está pasando, no es correcto aferrarse a alguien o algo de esa manera.

El señor tiene un gran problema, no obstante…

Ximena que lo había visto sorprendida por unos segundos, sonrió, era normal que no pudiera hablar, ¿Cómo se le ocurría obligar al pobre hombre a criticarlo?

Negó con la cabeza y con una triste sonrisa se disculpó.

—Lo siento, no debí hablar sin pensar. No te mortifiques, no tienes que hablar bien o mal de nadie.

Es solo que…

Suspiró profundamente y observó por la ventana.

—Olvídalo... sólo conduce.

Al llegar a la casa, Ximena bajó del auto mucho antes de que el chófer y caminó a la casa.

Lucas también se bajó y la siguió en silencio, ella estaba tan agotada que caminó a las escaleras sin siquiera mirar a ningún lado.

Justo cuando estaba a la mitad, la voz fría y dominante de Lucas se escuchó.

—Quiero que hoy hagas tú la cena.

Ella se detuvo y lo miró directamente como si esperara que fuera una broma.

«¿El imbécil no ve qué hora es? ¿Las dos de la mañana? ¿Tres?»

Lucas que casi podía leer sus pensamientos, por un segundo se preguntó si lo había llamado imbécil o estúpido, pero sabía que si preguntaba no habría respuesta.

Simplemente caminó en dirección a la cocina y no esperó la respuesta de Ximena.

Ella sonrió algo cansada y bajó sin ganas.

Entró a la cocina, encendió el fuego y solo hizo huevos revueltos con una cantidad horrorosa de sal.

Lo arrojó a un plato y puso el mismo, sin tacto alguno en la mesa.

Lucas que desde el inicio se había sentado en silencio en la mesa, incluso podía ver los desagradables gránulos de sal a simple vista.

Ximena que simplemente cruzó los brazos, y esperó pacientemente a su siguiente movimiento.

Anteriormente, ella había preparado sus comidas con sumo cuidado y esperaba expectante a que probara y diera su punto de vista nerviosa.

Se desvivía por investigar sus gustos y buscar recetas nuevas para que no se aburriera o fuera de su agrado.

Sin embargo, ahora…

Levantó la cuchara como siempre, y comenzó a comer. Desde la primera probada, el terrible sabor salado casi le quemó la lengua. Pero, aun así, comió absolutamente todo.

Ximena por un segundo se preocupó por la gran cantidad de sal, sería terriblemente perjudicial para la salud.

Sin embargo, precisamente un segundo después quiso golpearse la cabeza a sí misma hasta deshacerla sin miramientos por estúpida.

¿Y qué si moría? ¿Si se enfermaba o si caía en desgracia? ¿No era lo mejor para ella?

Qué frustrante era la costumbre y esa cosa asquerosa y terrorífica llamada amor.

Lucas bebió un vaso entero de agua, se puso de pie y llevó los trastes al fregadero y los lavó en silencio.

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