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Portada de la novela Llegó El Momento Para Besarte

Llegó El Momento Para Besarte

Hace siete años, ella sacrificó su amor por salvar la economía familiar, rompiendo el corazón del hombre que amaba. Ahora, el destino los reencuentra de la forma más amarga: él ha vuelto convertido en un magnate gélido que solo busca cobrar una deuda de sangre. Su exigencia es clara, quiere su riñón para salvar a otra mujer. Pese al desprecio y la crueldad de su trato, ella acepta el sacrificio con la esperanza de recuperar su afecto perdido.
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Capítulo 3

"De hecho, esta es la oferta de tu vida".

Siete años atrás, la madre de Braydon le dijo exactamente lo mismo.

En aquel entonces, la mujer le había ofrecido tres millones de dólares para que dejara a su hijo.

Ahora, era Braydon quien se aparecía, ofreciéndole cien millones por su riñón.

Joyce sintió una fuerte punzada en el pecho, y casi estuvo a punto de desmayarse. Para la familia Huo, su vida simplemente valía una mera suma de dinero.

"¿Por qué está dudando? No habrá otro trato mejor que este". Una vez más, sintió como si le hubieran dado una cachetada en la cara. No obstante, a medida que su dolor crecía, más radiante era su sonrisa. De esa manera ahogaba el sufrimiento que estaba sintiendo.

Ella lo miró y le dijo con voz seductora: "¿Y qué espera que haga? Por mucho que quiera ayudarlo, no estoy interesada en este tipo de negocios. Al fin y al cabo, aprecio mi vida".

Además, no sentía la necesidad de sacrificarse a sí misma solo para que Braydon pudiera ser feliz con otra persona. ¿Quién en su sano juicio haría algo así? Por lo tanto, sin importar cuánto le ofreciera, ella no estaba interesada en absoluto.

A pesar de que no se habían visto ni hablado en los últimos siete años, Joyce lo había estado observando minuciosamente en la distancia.

Así que, para cuando él fue a verla, ya ella sabía que su novia sufría de insuficiencia renal y que necesitaba un trasplante urgentemente.

Pero debido a que la chica tenía un tipo de sangre Rh negativo, se había complicado la búsqueda de un donante de riñón.

Afortunadamente, Braydon conocía a alguien que compartía el mismo tipo de sangre y que podría ser el donante. Ese alguien era Joyce, la mujer frente a él.

Fue un momento extremadamente agridulce para ella al ver que Braydon la había buscado nuevamente solo por su nuevo amor, después de que había dicho expresamente que no quería volver a verla nunca más.

Joyce hablaba con evidente ironía, lo que provocó que el rostro del otro se oscureciera. "Señorita Lu, ¿alguien le ha dicho que su codiciosa cara es muy fea? Ni siquiera puedo mirarla fijamente. ¿Le ofrezco cien millones y no es suficiente para usted? Entonces, ¿qué más quiere? ¡Dígame! ¡Le daré cualquier cosa que me pida!".

Era una escena bastante desgarradora. El hombre que había amado durante nueve años quería comprar su vida para el beneficio de otra mujer.

Joyce se sentía completamente desorientada. No sabía si reír o llorar, pues todo le parecía absurdo.

"Bien. Entiendo lo que trata de decir, señor Huo. Ama tanto a tu novia que querer salvarla. ¿Pero está realmente dispuesto a hacer cualquier cosa por ella?".

"¡Sí, por supuesto! ¡Lo que sea!", respondió Braydon sin titubear.

Al mismo tiempo, sus palabras hicieron que Joyce sintiera que alguien le clavaba un cuchillo en el corazón, y por si eso fuera poco, sintió que lo habían sacudido con fuerza antes de sacarlo rápidamente.

Irónicamente, eso no era lo más doloroso para ella. Aunque sabía muy bien que ya él no la amaba, Joyce sí lo quería profundamente. De hecho, incluso pensó en la posibilidad de aprovechar el momento para recuperarlo.

En el fondo, se odiaba a sí misma por siquiera considerarlo.

Luego se limpió una lágrima del rabillo del ojo. El delicado maquillaje hizo que su mirada luciera mucho más brillante a medida que la angustia desaparecía.

Lentamente, abrió sus labios rojos y dijo con voz cautivadora: "Quiero llevar su apellido. Cásese conmigo, señor Huo. Y entonces, consideraré lo que me ha pedido".

La ira invadió a Braydon y su voz se escuchó gélida como un témpano de hielo. "Señorita Lu, hablo en serio en cuanto a nuestro trato. No se atreva a intentar seducirme como lo hizo con otros hombres. Me da asco", dijo el hombre sin rodeos.

Joyce fue capaz de forzar una sonrisa, pero no pudo evitar estremecerse al escuchar todas las horribles palabras que iban dirigidas a ella.

Hizo todo lo posible por no mostrar debilidad y levantó el mentón para provocarlo más:

Entonces, ¿esa es su última palabra, señor Huo?".

"No he olvidado lo que le dije hace siete años. No tengo ninguna intención de casarme con una puta que no hace otra cosa que acostarse con otros hombres".

Él la miró fijamente a los ojos, levantó una ceja y agregó con desdén: "Ere una mujer sucia".

Estaban a mitad del verano y el clima era abrasador. Sin embargo, Joyce se sintió en medio de una ventisca, como si se hubiera adelantado el invierno. Cada parte de su cuerpo le dolía por el efecto de las frías palabras.

De pronto, le sostuvo la mirada al apático y, al mismo tiempo, cautivador rostro, se armó de valor y dijo: "Ya veo. En ese caso, ¿por qué vino a pedirle un riñón a una mujer sucia como yo?".

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