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Portada de la novela Linda.

Linda.

Mi vida, antes hundida en la más absoluta desgracia, cambió para siempre tras pactar con una entidad perversa. Ese oscuro trato me ha encadenado a su voluntad, sometiéndome a una maldición que desgarra mi alma con crueldad. Aunque este lazo es nocivo y violento, huir de su control es una tarea imposible. Lo que más me aterra es que, pese al dolor constante, una parte de mi ser desea permanecer junto a él, presa de una lealtad tan inevitable como fatal.
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Capítulo 3

"Solo debe aceptar el trato que le propone al amo y todo esto será suyo joven Maestra."

"Estaremos esperándola pacientemente hasta que ese glorioso día llegue y podamos servirla."

El mayordomo me dice con voz clara y limpia.

"Oh el amo acaba de llegar a la casa."

Volteó a mirar cuando la enorme puerta del garage se abre lentamente.

Un auto de lujo negro como la noche con las luces encendidas entra haciendo rugir su motor cuando se detiene.

Del auto baja un hombre guapísimo como todos los hombres que siempre he soñado cuando leo novelas en mi celular.

Alto, tal vez 1.90 cms como mínimo, cuerpo delicioso, brazos y bíceps marcados, cabello café claro con el típico mechon rebelde que le cae en la frente.

Cara de ángel, pero con un rastro de barba que lo hace ver más masculino.

Vestido de negro completamente, manos grandes, labios carnosos y rojos que me dan tentación de besarlos y morderlos.

Porte distinguido y aire frío cautivante.

Huuumm... mis sueños eróticos varoniles hechos realidad.

Sube la escalera con gracia y me quedo como una tonta embelesada como su playera negra se pega a su pecho duro y su marcado abdomen.

El adonis no deja de mirarme y sus ojos son de color verde, los aprecio justo cuando llega frente a mi.

Sin mediar palabra alguna hace lo que siempre he soñado tanto que un hombre haga por mi.

Rodea mi nuca fuertemente con su enorme, cálida y suave mano.

Me atrae de está forma para darme un beso que me roba el aliento y hace que se me olvide hasta mi nombre.

Su loción varonil me rodea inmediatamente y este maravilloso espécimen de hombre con su otra mano me rodea por la cintura para pegarme por completo a su duro cuerpo.

Besa tan delicioso y su lengua persigue a la mía a tal punto que ahora la tiene sometida y está haciéndole el amor de forma devastadora.

Estoy más que excitada y gimo en su boca mientras que lo rodeo con mis manos su cuello y me pierdo en su caricias.

Él hombre termina el beso de forma abrupta y pega su frente a la mía como siempre he querido que lo haga un hombre.

Con su me acaricia las mejillas tiernamente.

"Te extrañé tanto hoy muñeca, no me gusta sepárame de ti mucho tiempo."

"Te estaré esperando en nuestra cama, me daré una ducha rápida."

"Eres bienvenida si quieres bañarte conmigo."

Su sonrisa termina de derretirme.

Si este hombre me tocara solo por un momento en mi entrepierna, tengo por seguro que tendría un orgasmo húmedo y gratificante.

Pero el guapísimo portento de hombre me da un golpe en mi trasero de forma juguetona y sube las escaleras mientras que me recreo la vista en su duro y redondo trasero.

"Te gusta como podría ser tu vida amiga mía?"

La oscura y misteriosa voz de nuevo retumba entre las paredes de la casa y el mayordomo sigue impasible sonriéndome amigablemente.

"Si, es demasiado bueno para ser verdad..."

"Si acepto el trato, cual es la trampa, siempre hay una trampa."

"Debe de hacer una trampa, no es así?"

"Me ofendes amiga, en verdad me ofendes."

"Sé que apenas nos conocemos, pero créeme cuando te digo que no tengo malas intenciones contigo."

"Como te dije antes los dos estamos completamente solos y tu haz sido la única que ha hablado conmigo en mucho tiempo."

"El trato que te ofrezco nos beneficia a ambos, ninguno pierde."

Yo aún no creo ni confío del todo en lo que la voz me dice.

Y menos porque no puedo verlo, eso solo me hace desconfiar más.

"Dime amigo, tengo que venderte mi alma como es lo usual o mi cuerpo."

" O seré tu esclava de algún modo?"

Una risa tétrica se deja escuchar y luego se vuelve más grave.

Me pone los finos vellos de mis brazos de punta por el escalofriante sonido.

"No amiga, no me interesan ni tu alma ni usar tu cuerpo, como tampoco me interesa tener esclavos."

"Solo quiero ser tu amigo y que no me alejes de tu lado."

"Lo que quiero estar acompañado de alguien para no sentir esta soledad que me tortura."

"Me permitirías eso solamente?"

En serio, solo eso?

De verdad?

"Que dices amiga, aceptas mi trato?"

Como si todo estuviera hecho de humo, la casa, el mayordomo, los autos, el bello jardín con la fuente y todo lo demás comienza a desvanecerse en mi sueño.

La voz me repite una vez más.

"Si no quieres mi trato me iré amiga y no te molestaré más..."

"Espera! acepto el trato, lo acepto!"

"No quiero estar sola más, no quiero que tú estés solo!"

"Por favor, quédate conmigo, acepto el trato!"

Grito apresuradamente para que no se desvanezca todo lo que siempre he soñado pero es inútil.

Todo se vuelve borroso y me despierto sobresaltada en mi cama.

Cuando ajusto mi mirada me encuentro de nuevo en mi estúpida cama...

En mi estúpido departamento de cuarta...

Con mi estúpida e insulsa pijama.

Me dejo caer de nuevo en mi almohada y me pongo el brazo sobre mi cara porque en verdad quería que ese sueño una realidad absoluta.

"Acepto el trato amigo, acepto el trato..."

Susurro adormilada todavía y la alarma de mi celular suena en ese momento.

Maldigo que ya sea hora de levantarme y refunfuñando me levanto para comenzar de nuevo un día más de mi patética, monótona y solitaria vida.

Me doy una ducha demasiado rápida y corta.

Una ducha que me deja más adormilada que despierta porque usé más agua caliente al recordar al galan que me invitó a ducharme con Él en mi sueño.

Como aún es de madrugada y no tengo ganas de encender la luz, busco a tientas mi ropa y automáticamente me la pongo.

Me paro frente al espejo y reviso que no este torcido mi traje sastre azul marino de tres piezas, falda, saco y chaleco que combina con mi blusa blanca simple.

Zapatos negros con poco tacón y solo me desenredo el cabello, no tengo tiempo ni ganas de maquillarme.

Para que me maquillaria?

Nadie de todos me nota y no tengo mucho conocimiento en maquillaje.

Sin duda una desventaja más de no haber tenido ni una sola amiga en el pasado.

Mientras cierro la puerta de mi departamento y me abrigo hasta las orejas con mi gabardina, mi mente sigue repitiendo una y otra vez mi sueño.

Simplemente fue hermoso y me gustaría poder soñarlo todos los días.

En especial la parte del beso con el delicioso hombre.

Camino rápidamente sin mirar a nadie y subo rápidamente a mi chatarra de auto para manejar hasta el trabajo.

Cuando paso por el departamento que explotó ayer no puedo resistirme a ir más lento y mirar con detenimiento al lugar.

Es un hoyo oscuro, rodeado de cintas amarillas de la policía.

Una sonrisa malévola aparece en la esquina de mi boca.

No debería, se que está mal, pero me complace saber que esos malditos chiquillos no me volverán a molestar con sus fiestecitas insufribles.

No tuve ni tiempo para comer y en este mismo momento, mientras me incorporo a la gran vía que me lleva al edifico de oficinas donde trabajo mi estómago protesta.

Me cercioro de la hora y creo que si me doy prisa podría pasar corriendo por una dona y un café capuchino a la cafetería que está a solo unas cuadras de mi oficina.

Para mi buena suerte encuentro un lugar para estacionarme frente a la cafetería, cosa muy rara en este lugar.

Cuando entro a la cafetería para ordenar mi pedido varias cabezas voltean a verme.

Cómo estoy acostumbrada a que me miren raro sus miradas no me afectan.

"Quieres pasar primero?"

Me dice el hombre que está justo adelante de mi y me sorprende que esté hablando conmigo.

"Me estás hablando a mi?"

"Si, quisieras pasar tu primero?"

"Hum... si está bien por ti, si, muchas gracias."

No se que demonios le picó a este hombre.

Tal vez sea que no soporta que esté en el mismo lugar que Él y por eso quiere que salga lo antes posible.

En más de una vez hombres groseros me dijeron que perdían el apetito cuando estaba presente.

Como si fuera una especie de basura repugnante con dos piernas.

Ordeno lo más rápido posible y el chico de la cafetería no me cobra el café ni la dona.

De hecho me regala dos donas más y discretamente me indica que su teléfono está escrito en el vaso de café.

Anonadada solo atino a darle las gracias y salir para entrar a mi auto y dirigirme al trabajo.

Con mi café en la mano, camino distraídamente hasta que siento que me estrello contra algo o alguien.

El café se derrama por completo entre la espalda de un hombre y mi ropa limpia.

Perfecto, adiós a mi racha de buena suerte.

Me preparo mentalmente para la terrible discusión y reproches que se me avecinan por este accidente.

********************By Liliana Situ***************

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