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Portada de la novela Liberada del infierno para reclamar mi imperio

Liberada del infierno para reclamar mi imperio

Tras cuatro años en una cárcel infernal por culpa de sus padres, quienes la sacrificaron para salvar a su hermana adoptiva, Hayley regresa convertida en una mujer implacable. Respaldada por aliados estratégicos, inicia un plan letal para destruir a su familia y recuperar su legado. En medio de su venganza, su fuerza cautiva al hombre más influyente de la ciudad, desatando un romance oscuro mientras ella lucha por conquistar el imperio que le pertenece.
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Capítulo 1

La Prisión Unidad Uno era la cárcel más segura del país. La construyeron para mantener a los criminales más peligrosos encerrados y alejados del mundo. Esa mañana, la calle frente a la cárcel estaba llena de autos de lujo, cuyas carrocerías pulidas reflejaban el sol y proyectaban destellos sobre los altos muros.

Los goznes oxidados crujieron cuando la pesada puerta de hierro se abrió. Al instante, salió una mujer delgada, con un morral colgado de un hombro y caminando con paso decidido. Su pelo corto, bien recortado, le rozaba la mandíbula. Sus ojos agudos y vivaces escudriñaban el entorno; no habían perdido su brillo a pesar de tantos años detrás de rejas. Tenía puesta una camiseta blanca sencilla y unos jeans azules desgastados. Se veía demasiado fresca para estar saliendo de una prisión.

Los guardias apostados en la puerta intercambiaron miradas inquietas. ¿Esa era la persona importante que esperaba esa gente?

"Hayley Morgan, ya eres libre. Hazte un favor y no te metas en líos", le dijo el oficial encargado de acompañarla a la salida, con voz sorprendentemente suave.

Ella asintió, cerró los ojos y respiró hondo, llenando sus pulmones de libertad por primera vez en cuatro años. Después de todo ese tiempo, por fin estaba fuera de esos muros.

"¡Señorita Morgan!".

El grito la sacó de sus pensamientos, y frunció el ceño con fastidio. Cuando abrió los ojos, dos filas de guardaespaldas le bloqueaban el paso. "Muévanse", soltó ella con impaciencia.

"¡Señorita Morgan!". Un hombre flaco, Gavin Reid, se acercó apresurado, forzando una sonrisa nerviosa. "No vamos a ninguna parte. La señora Norris nos ordenó que la recogiéramos".

Hayley consideró darse la vuelta, pero el hombre se interpuso en su camino rápidamente, diciéndole: "Por favor, no se dé la vuelta. Traerá mala suerte".

"En el pasado, podría haber creído en cosas así", contestó ella lenta y claramente. "Pero ahora solo confío en mí misma".

Luego se apartó de ellos y se inclinó profundamente hacia la prisión. "Lorna, ya me voy".

Los recuerdos volvieron a su mente de golpe, la razón por la que terminó en prisión. Cuatro años atrás, sus propios padres la entregaron a las autoridades, obligándola a asumir la culpa de un crimen que había cometido la hija adoptiva de ellos. Alguien murió en el accidente, pero fue ella quien pagó el precio.

Recordaba lo pequeña e impotente que se sentía en ese entonces. Las demás reclusas la veían como una presa fácil, y sobrevivir habría sido imposible de no ser por Lorna Norris. La mujer que dirigía a las presas intervino. No solo la sacó de las fauces de la crueldad, sino que le enseñó a defenderse.

Con el tiempo, Lorna se convirtió en una especie de madre para ella, explicándole cosas que nunca podría haber aprendido en un salón de clases. Por supuesto, Hayley cambió. La chica tímida desapareció, y cualquiera que se cruzaba en su camino aprendía rápidamente una dolorosa lección.

Las palabras de su amiga se le quedaron grabadas en la mente: "Hayley, si quieres sobrevivir en este mundo cruel, tienes que ser más dura que los demás. Cuando eres despiadada, la gente se da cuenta. Te respetan. Saben que es mejor no buscar pelea".

Llevaba esas palabras como una armadura. Mirando a su alrededor, se dio cuenta de que las únicas personas que esperaban afuera eran del equipo de Gavin, y sonrió con frialdad. Ni un solo miembro de su familia se presentó para darle la bienvenida. El mensaje no podía ser más claro: sus padres probablemente pensaban que nunca saldría con vida.

Entonces Gavin se adelantó con silencioso respeto y le preguntó: "Señorita Morgan, ¿quiere comer algo primero o volver a casa?".

Ella se acercó a un auto y sonrió. "Ninguna de las dos cosas. Primero tengo que casarme".

Era plenamente consciente de su situación. La cárcel le había quitado todo: sus contactos, su seguridad, incluso su nombre. Lorna solo podía protegerla en las sombras; pero, para sobrevivir en el exterior, necesitaba poder, una alianza que le permitiera volver a la familia Morgan con la cabeza en alto.

Cuatro años antes, siempre había sido dócil. Lo único que quería era que su familia la aceptara, y ese anhelo fue lo que la llevó a la cárcel; sin embargo, esa chica ya no existía. Ahora estaba decidida a reclamar su lugar en la familia Morgan y a asegurarse de que todas las personas que la despreciaron o traicionaron se arrepintieran.

Ya acomodada en el asiento de atrás, miró perfiles de hombres en su celular y una leve sonrisa astuta se dibujó en sus labios.

"Kaden Evans, el hombre más influyente de Flanmery, es conocido por ser muy distante con las mujeres. Parece una buena elección", murmuró, rozando ligeramente la foto del hombre con el dedo.

No tenía sentido intentar acercarse a un hombre como Kaden de la forma habitual. Alguien con tanto poder y reputación no le prestaría ni un segundo de atención. Por suerte, recordó el contrato de compromiso que su familia había firmado con la familia Evans hacía mucho tiempo. Esa vieja promesa podría abrirle puertas ahora.

"Gavin, vamos al Club de Golf Link".

El hombre dudó, lanzándole una mirada nerviosa por el retrovisor. "¿Está segura, señorita Morgan? Dicen que el señor Evans reservó todo el club hoy".

"Solo sigue mis instrucciones y deja de interrogarme".

Él tragó saliva y siguió conduciendo en silencio, sintiendo cómo su corazón latía con violencia. Hayley había mencionado un matrimonio, y ahora quería ver a Kaden Evans. ¿De verdad pensaba casarse con ese hombre?

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