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Portada de la novela Legado de sangre

Legado de sangre

La existencia de Mera se fractura tras la enigmática pérdida de sus progenitores. Junto a su gemelo, debe trasladarse al hogar de sus abuelos para iniciar una nueva etapa, pero la aparente calma del pueblo es un espejismo. Entre sombras y enigmas que desafían toda razón, los hermanos enfrentan una realidad inquietante: el entorno oculta peligros y su propio origen guarda un secreto trascendental que transformará su identidad para siempre.
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Capítulo 2

Los trámites finalmente habían terminado y había llegado el momento de irnos al pueblo de mis abuelos, fueron tres semanas agotadoras y extenuantes para mi y para ellos.

Cris fue a visitarnos en dos ocasiones después de lo sucedido, aunque intente evitarlo me fue imposible y volvió a declarar sus sentimientos dejándome con una nube de pensamientos en la cabeza. No podía concebir la idea de que en verdad él guardara sentimientos por mí, y peor aún que le haya dicho a Ian la verdad. Si Cris me lo hubiera dicho no le habría creído, pero fue el mismísimo Ian quien fue a casa a reclamarme por las palabras de su hermano, lo cual no terminó bien ya que exploté en ira y lo golpeé, el solo hecho de que insinuara que era una cualquiera y que esto lo hacía por venganza me colapsó.

Siempre dicen que uno no termina de conocer a las personas y tenían razón, no fue hasta ese momento que en verdad conocí a Ian, ni si quiera lo conocí por completo ante su engaño con la que era mi supuesta mejor amiga.

Mi teléfono vibró y al verlo tenía un mensaje de Cris. En el cual me decía que apenas tuviese un día libre iría al pueblo a verme, que le enviara la dirección.

En verdad estaba loco, yo ni siquiera había correspondido a sus sentimientos pero aún así este seguía insistiendo en estar cerca de mí.

"Pasa algo Mera." Preguntó mi hermano un poco somnoliento.

"No, nada. Te sientes bien, te noto un poco pálido."

"Debe ser por el extenso trayecto del viaje."

A pesar de sus palabras aún así decidí tomar su temperatura y estaba levemente alta. Comencé a hurgar entre mis cosas para darle sus medicamentos pero este me detuvo.

"Podemos descansar juntos como cuando éramos más pequeños, olvidándonos de los medicamentos y todo..." Dijo él con mirada suplicante.

Di un leve suspiro y me acerqué a él. Este sonrió y me abrazó de inmediato, no me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba uno de esos momentos con mi hermano.

Mi abuela se volteó a vernos y sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos, es decir, como podía, perdió a su hija y al esposo de esta. La ley de la vida debería ser que los hijos sepulten a sus padres no al revés.

Conforme ya estábamos llegando algo en mi pecho comenzó a molestarme, era un sentimiento diferente al que usualmente tenía cuando veníamos. La oscuridad intentó rodear los bosques pero algo se lo impedía. Por primera vez sonreí al ver que esta perdía su fuerza.

Desde que tenía memoria podía ver una oscuridad rondando y cubriendo todo. Además de esa oscuridad estaban también las sombras que en ocasiones se acercaban a tocarme y me lastimaban, mis padres siempre negaron mis palabras y decían que esas cosas no existían y me hacían dudar incluso de que fuera real, que solo eran idea mías y que lo inventaba. El único que me creía era mi hermano ya que él igual lo veía pero con menor intensidad que yo.

La oscuridad y las sombras se habían vuelto parte de mi cotidianidad, aunque ahora último estaban mucho más insistente que antes.

Recordé como me abrazó al momento de saber la noticia del accidente de mis padres. Desde mucho antes ya andaban rondando, casi como si quisieran prepararme. Pero nada podía llegar a prepararme para esa noticia.

El pueblo de mis abuelos siempre lo sentí... Mágico. Era donde se veían las sombras y la oscuridad con mayor plenitud. Era el lugar donde tenían más fuerza y donde siempre me parecía ver magia cuando pequeña. Pero cuando lo insinuaba mis padres me regañaban, no entendía porque se ponían tan tensos y serios ante esas cosas. Era ese uno de los principales motivos por los cuales a mis padres no les agradaba demasiado venir aquí.

Pero ahora aquí estábamos, tendríamos que vivir con mis abuelos como mínimo dos años, hasta que cumpliesemos la mayoría de edad.

Por lo menos ya sólo nos quedaba un año de estudios y en estos momentos estábamos de vacaciones.

Mire por la ventana del auto y vi que estábamos próximos a llegar, podía notarlo por los enormes álamos que nos indicaban la entrada al pueblo. Miré a mi costado y mi hermano ya estaba dormido, di un suspiro y sonreí. Mi hermano lo era todo para mí, sin él no podría haber seguido adelante. Ahora sólo éramos los dos y con mayor razón lo iba a proteger de todo y todos.

"Cuando entremos al pueblo, iremos primero a comprar lo necesario para ustedes."

"Pero ya traemos todo, no necesitamos nada más abuela."

"Me refiero a que pasaremos a comprar alimento que ustedes quieran, además tu hermano es intolerante a la lactosa y en casa no tenemos productos sin eso. Debemos abastecernos bien."

"Tú también eres intolerante no te hagas la que no." Dijo mi abuelo mirándome por el espejo retrovisor.

"Está bien, no puedo negarme si ustedes se ponen de ese modo, pero Alex está con un poco de temperatura, podría quedarme con él mientras ustedes compran."

"Cariño, la idea es que tú escojas las cosas, ve tú con tu abuelo y yo me quedo con tu hermano."

Aunque no quería irme del auto, accedí de todos modos, prefería llevar a mi abuela con cuidado proque si le decía que no una vez más, esta se volvería una furia.

Pocos minutos después de la charla llegamos al supermercado del pueblo. Mi hermano se quedó con mi abuela en el auto y yo baje con el abuelo, tal como habíamos mencionado antes.

Al entrar al local la mayoría de la gente se quedó mirandonos. El pueblo era pequeño y ya todos sabían lo sucedido, lo que me enfadaba demasiado porque no quería sus miradas de lástima. No quería ninguna pisca de lástima.

Mi abuelo notó mi reacción y coloco su mano en mi hombro. Al verlo, este me sonrió y asentí.

Caminamos y recorrimos los pasillos con el carrito yendo a las cosas puntuales que se iban a necesitar para los primeros días, después ya veríamos todo junto y en cantidades exactas.

Pagamos y salimos. Me sentí totalmente aliviada y cómoda al subir al auto, como no me sentí en todo el trayecto del viaje. Ahora solo quedaba ir a casa... Y llegar a nuestro nuevo hogar.

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