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Portada de la novela Lazos del pasado (Saga #1 de Amores encadenados)

Lazos del pasado (Saga #1 de Amores encadenados)

Tras ser despreciada por Christian Evans y desterrada por su propia familia, Lady Jayne William regresa a Londres cinco años después. Su antiguo amor, ahora Marqués de Winchester, está comprometido, obligándola a buscar estabilidad junto a un conde de dudosa fama. El destino se complica cuando descubre que su futuro esposo es el padre de la prometida de Christian. Entre secretos y enredos familiares, Jayne deberá decidir si el perdón es posible.
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Capítulo 3

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La felicidad… es un delito que se paga muy caro…

Revista de sociedad de Lady Kennt

Después de pensarlo, y contar las ventajas que podría tener casarse con el conde, aceptó, aún no le decía a sus padres, y mucho menos a su hermano, sería el primero en negarse y le suplicaría para que no aceptara, pero Leo tenía que entender que ella quería una familia, tener hijos, y si por lo menos Lord Straton estaba de acuerdo en casarse con ella aun sabiendo lo que había pasado, aprovecharía la oportunidad, solo esperaba que su reputación no fuera del todo cierta.

—Hija… dime que aceptaste casarte con el conde — expuso su madre. Jayne la miró antes de responder, y vio en sus ojos la súplica.

—Sí, acepto casarme con el conde de Warwick— respondió Jayne haciendo que su madre sonriera, rápidamente la abrazó fuerte, como si hubiese querido hacerlo desde hace mucho.

—Es una buena decisión, hija, ya verás, el conde prometió que si aceptabas ser su esposa te trataría como a una reina, lo único que tienes que hacer es complacerlo y darle un hijo.

Al pensar en que tenía que entregarse al conde le dio náuseas, no soportaría entregarse a un hombre que no amaba. Pero de eso dependería su futuro.

—Vamos, tenemos que decirle a tu padre. Y creo que hoy mismo conocerás a tu futuro esposo.

—¿Por qué hoy? — preguntó Jayne dubitativa.

—Tu padre lo invitó a cenar esta noche.

—¡Vaya! Al parecer mi padre sabía que podría aceptar — dijo Jayne caminando junto a su madre.

—Según él, dice conocer mejor a su hija que a sus hijos varones.

—Si él lo dice… — fue lo único que dijo Jayne, su padre era muy autosuficiente, pensaba sabérselas todas y odiaba que fuera así.

—Caleb… — entraron en el despacho de su padre, quien tenía algunos documentos en sus manos —… Jayne ha aceptado casarse con Lord Straton.

Caleb sonrió sin mostrar los dientes, se levantó de su lugar y alcanzó a su esposa e hija.

—Felicidades. Hija, al menos has sabido escoger bien tu respuesta — dijo Caleb y Jayne lo miró mal —, sabes que tengo razón.

—Caleb, por favor, ya hemos hablado de esto, y lo importante ahora es que Jayne aceptó casarse — indicó Juliet.

—De seguro tu madre ya te habrá dicho que hoy tu futuro prometido vendrá a cenar — Jayne asintió —. Bien, desde hoy dormirás aquí, en tu casa.

—Pero Leo quedará solo, y sabes que no le gusta estar solo papá — expresó Jayne.

—Si Leonardo no quiere estar solo que busque una esposa, ya es hora de que siente cabeza y se case de una vez — respondió su padre —. Y como ya dije, a partir de hoy dormirás aquí hasta el día de tu boda.

—No voy a escapar, papá.

—Lo sé, eres inteligente y sé que has meditado mucho tu futuro al lado del conde, eres mi hija, Jayne, y quieras o no, te guste o no, soy tu padre y te conozco.

Jayne respiró hondo y asintió.

—Vale, pero sabes que esto no le gustara nada a Leo — dijo Jayne.

Después de la conversación, su madre y ella salieron del despacho de Caleb y bajaron a la sala del té, Leo había llegado también y sabía que tenía que hablar con él.

Y como había supuesto, no lo tomó muy bien.

—No sabes lo que haces, Jayne, lo mejor es pensarlo bien.

—Ya lo he pensado, Leo, y es lo mejor — dijo ella tratando de razonar.

—¿Lo mejor para quién? ¿Para papá? ¿Para el conde? ¿Qué hay de ti, Jayne? Sabes que si Logan estuviera aquí, no lo permitiría.

—Ya, pero no está, y aunque así fuera, es mi vida, ya lo pensé bien, es una buena oportunidad, además, no sabes si el conde es como realmente dicen los rumores — dijo Jayne acercándose a su hermano—. Leo, sabes que quiero una familia, tener hijos, y además, sabes que nadie se casaría conmigo después de haber sido de otro, el conde es más que generoso al aceptarme así.

—Solo trato de protegerte, eres mi hermanita Jayne, la que siempre nos pedía que jugáramos con ella, a la enseñamos a trepar un árbol cuando la institutriz se despistaba y nos perdía de vista, aún te veo así, como mi hermanita pequeña.

—Y lo soy, soy tu hermanita, pero un poco más grande y con deseos de tener su propia familia — dijo Jayne sonriendo tiernamente —. Y hablando de familia, ¿cuándo piensas casarte, eh?

—¿Y cuándo es la boda? — preguntó Leo evadiendo la pregunta de su hermana.

—No me cambies el tema, no entiendo por qué los hombres huyen tanto del matrimonio.

—Si fueras hombre lo entenderías querida hermana — respondió Leo sonriendo pícaramente haciendo que Jayne pusiera los ojos en blanco.

La noche había caído, Jayne estaba lista para bajar y conocer en persona al conde, aunque recuerda que cuando era más joven y estaba en su amorío con Christian, lo había visto unas cuantas veces hablando con su padre, pero nunca le había prestado atención.

—Milady — Eda llamó su atención —, su madre la espera.

—Ahora bajo — respondió.

Volvió a suspirar tomando valor, tenía que ser fuerte, ya la decisión estaba tomada, se casaría con el conde y formaría una familia.

Al llegar a la sala donde sus padres la esperaban junto al conde, sintió que el aire le faltaba, ahí estaba su futuro esposo y ella no sabía cómo actuar.

Si Liviana estuviera ahí, se burlaría de ella.

—Buenas noches — saludó, su corazón latió más rápido cuando notó que el conde pretendía acercarse a ella, pero se mantuvo firme y sin moverse.

Cuando el conde llegó a ella, le sonrió pícaramente, se fijó en sus ojos, eran de un color avellana muy profundo y tenían un brillo seductor que encantaban, sus facciones eran maduras, pero atrayentes, era alto y al parecer mantenía su forma atlética, no dudó en pensar que cuando más joven debió romper miles de corazones. El conde tomó su mano y depositó un suave beso en ella.

—Me da gusto volverla a ver, milady.

—Yo… — carraspeó al ver que su voz sonó distorsionada por los nervios —… lo mismo digo.

—Estábamos hablando de su compromiso — dijo Juliet haciendo que el conde se situara a un lado de Jayne —, Lord Straton dijo que quería casarse lo más pronto posible.

—Si está de acuerdo por supuesto — dijo el conde dirigiéndose a Jayne.

Jayne miró a su padre y luego al conde, quien la miraba intensamente.

—Bien — respondió y todos sonrieron menos ella y su hermano.

—Ya todo está pactado, a partir de hoy están comprometidos, más adelante hablaremos de la boda — dijo Caleb —. Avancemos hacia el comedor.

Todos salieron de la sala y cuando Jayne se disponía a hacer lo mismo unas manos la detuvieron, al mirar vio que era el conde y frunció ligeramente el ceño.

—¿Pasa algo, milord? — preguntó.

—Si vas a ser mi esposa, quiero que me llames por mi nombre, Jacob.

—Pero…

—Y también quiero darte esto — sacó un anillo de su bolsillo y tomó la mano de Jayne y se lo colocó, era un hermoso anillo, pero no sentía nada más que miedo. El conde, por muy guapo que fuese, no despertaba nada en ella.

—Gracias — dijo sonriendo débilmente.

—Vamos — el conde tomó su mano y salieron de la sala uniéndose con los demás.

La cena trascurrió normal, hablando de la boda y de todo lo que se necesitaría, Jayne no decía ni opinaba en nada, aunque era por voluntad propia que se casaba, no quería hacerlo, no si no lo quería.

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