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Portada de la novela Lazos de sangre en nuestra oscuridad

Lazos de sangre en nuestra oscuridad

Paula es una joven de dieciocho años que en una noche de festejo se pierde en él y termina entregando su virginidad. Pero lo que nunca espero es que de esa locura obtendría un regalo sin igual. Lucían es un bebé con unos ojos únicos que solo se reconocen en una familia y esto llamara la atención de su tío Zack, quien es el que lo descubrirá. Mas, sin planearlo, este hombre complica toda la situación con Paula. Haciéndola escapar junto a su retoño sin saber que puede tener todo lo que desea, tanto para ella como para su hijo. El amor de un esposo que la ayudara a sanar y el de un padre.
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Capítulo 2

Paula

No fue fácil, pero con la ayuda de mi madre y amiga logramos avanzar en esto. Ya con casi cuatro años mi hijo hablaba bien, hasta leía y hacía sus primeros trazos, era muy bueno dibujando, así que lo puse en clases de arte. Me encantaba verlo tan concentrado con sus colores y cómo sonreía al terminar sus dibujos. En ese tiempo mi madre conoció a alguien y comenzó una relación. Pensé que era hora de que fuera feliz, aun cuando el hombre no me inspiraba confianza.

Aun así, la vida continua, pero luego de unos meses, mi instinto no me falló. Pues un día que fui a recoger a Lucían temprano llegué a casa y él estaba allí, mi madre le había dado una llave. Craso error, porque mi hijo venía dormido en mis brazos, así que lo acosté y cuando salí de su habitación, mi boca fue tapada. Me arrastraron hasta mi cuarto y allí, aunque traté de defenderme, fui violada con un cuchillo en el cuello. Dijo que si decía algo mataría a mi peque, me asusté, temblé por mi hijo.

Lloré mucho ese día, me sentía sucia y no podía decirle nada a mi madre, no pensé que fuese justo hacerlo. Así que llamé a mi amiga que vino corriendo a ayudarme. Al verme la marca en el cuello quería matarlo, quería que lo denunciara, pero le dije que no quería ver desilusión en los ojos de mi madre otra vez, no le conté cómo me había amenazado. Y sé que estuvo mal tomar a mamá como excusa, pero ese hombre es peligroso. Al final convencí a Ali de que lo dejara, así que me ayudó a recoger todas mis cosas y la de mi hijo, nos mudó con ella. Incluso me hizo tomar la pastilla del día después por si acaso, pero al menos ese asqueroso se protegió.

Aun así, ahora tenía otro problema, mi madre, como convencerla de porque me mude. Le dije cómo excusa, de que era hora que tuviese su propia vida y por eso me mudé, ella no me creyó mucho, aun así, me dejó seguir. A veces insistía en que volviera con ella, pero siempre busqué la forma de escapar. Más cuando me hablaba de que Andrés decía que regresáramos, que la casa se sentía vacía sin el niño. Temblaba de asco y rabia de arriba abajo con ese ser tan despreciable, como quisiera que se alejara de mi madre, pero ella es tan feliz que no puedo.

Pero escuchando cómo trataba de hacerme volver, sabía que ese hombre volvería a intentarlo, por lo que me protegí con gas de pimienta y comencé a aprender defensa personal. Incluso cambié a mi hijo de jardín infantil y no le dije a mi madre ni donde vivíamos, si quería vernos nos encontrábamos en la calle, bien lejos de donde vivía. Me volví algo paranoica, pero no dejaría que volviera a lograr su objetivo de nuevo y mucho menos a dañar a mi bebé.

Entre todo ese tormento del avance de mi hijo, el trabajo, los estudios y el olvido unido a la vergüenza y el dolor, llegamos al siguiente año. El cual sería, sin saberlo, un tiempo turbulento para todos nosotros. Todo comenzó cuando Alana llegó un día con la noticia de que su prometido regresaba del extranjero al fin. La verdad es que nunca entendí bien esa relación a distancia que llevaban, solo sé que a los dos años de ella estar estudiando conoció a este chico y se enamoró perdidamente. Pero él estaba atendiendo proyectos afuera y por eso viajaba mucho, así que se veían cuando se podía. No sé cómo podían mantener el amor de esa forma, pero quién soy yo para criticarla, mi papel era apoyarla y si él la hacía feliz todo estaba bien.

Ella estaba muy emocionada, no cabía en sí misma, porque a la semana él le propuso matrimonio y quería que se casaran enseguida. No me extrañaba la verdad, demasiado tiempo de un noviazgo a distancia, si tanto la amaba claro que la querría a su lado ya. Por supuesto que yo sería la dama de honor y estaba más que feliz, hasta que llegó el día de conocerlo.

Entré al restaurante donde acordamos el encuentro, no sé por qué estoy nerviosa y tan solo cruzar la puerta descubro el motivo. Encuentro los mismos ojos que me miran a diario, los de mi hijo. Mi boca se abrió de par en par al igual que mis ojos, sentí que dejé de respirar y mi piel se enfrió. Al parecer él no me reconoció, pues solo me miró como una extraña y le dijo a mi amiga que quien era yo, si era conocida de ella.

Ali al verme tan mal corrió hasta mí y me pregunto qué me pasaba, solo pude decirle que deseaba agua. Enseguida me busco un vaso y después de tomarla logré calmarme. Mi cabeza era un tormento, como diablos podía pasar algo así, ¿cómo iba a decirle a mi mejor amiga que su futuro esposo era el padre de mi hijo?

Como si algo allá arriba por esta vez quisiera ayudarme, recibo una llamada de la que cuida de Lucían. Me dice que este tiene una fiebre muy elevada y eso me preocupa, pues llevaba ya días con tos y falta de aire. Así que en puro nerviosismo le cuento a Ali que sucedió y luego de decirme que me vaya al estar igual de preocupada que yo, me voy corriendo sin pensar en nada más. Desde ese momento mi vida fue cuesta abajo, ni yo imaginaba todo lo que pasaría después de ese encuentro que había decidido negar.

Al llegar y ver a mi hijo casi sin poder respirar, perdí el control. Temblando lo tomé en brazos y monté en el auto. Maneje a gran velocidad hacia el hospital, cuando me vieron entrar atacada en llanto con él en mis brazos enseguida me atendieron. Los seguí mientras lo movían a un cubículo en donde le pusieron oxígeno para ayudarlo a respirar. Cuando traté de llegar a su lado, una enfermera me cerró el paso e hizo que me sentara en el pasillo a esperar. Luego de una hora, creo yo que fue el tiempo que pasó, casi punto de volverme loca escuche que me llamaron para informarme que estaba estable. Que tenía una neumonía, por lo cual se le indicaron análisis y estaba recibiendo oxígeno, ya que le era difícil respirar. Debido a todo esto es lógico que se quedaría ingresado. Agradecí por toda la atención que le han dado y le pedí verlo, asintió y me llevó hasta mi peque.

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