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Portada de la novela Las pelotas de mi esposa

Las pelotas de mi esposa

Adam Luthor pensó que su quinto matrimonio sería el definitivo, pero la realidad lo golpeó con dureza. Por primera vez, no es él quien rompe el vínculo; Jane, su mujer, ha tomado la iniciativa de abandonarlo tras agotarse su paciencia. Ante este panorama inédito, Adam debe luchar por salvar su relación y cumplir la promesa de un amor eterno. Sin embargo, recuperar a una mujer tan firme y decidida no será sencillo en esta carrera por su redención.
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Capítulo 2

Jane estaba sentada junto a su abuela. Las dos estaban concentradas bebiendo vino como si no hubiese un mañana y observando el mar. La mayor rio ante el bailoteo de su nieta y la joven se acercó a ella y le ofreció su mano para que bailaran juntas. 

La mamá de su padre era maravillosa. No importaba el problema en el que Jane estuviese metida o lo molestos que estuviesen sus padres con ella, Grace era la mujer más llena de amor por sus nietas y su hijo. Vio a los ojos a Jane a los ojos. 

—¿Me vas a contar qué te preocupa?

—No. 

—Dice tu papá que te casaste y no me invitaste a la boda. Con un señor muy viejo. 

—Abuela tú eres vieja —La mujer le cubrió la boca y su nieta no pudo dejar de reír. 

—¿Qué falta de respeto y de vergüenza la tuya Jane?

—Perdón, me disculpo. 

Grace  tomó aire y se puso en pose de artista, su nieta rio y le escuchó canturrear: 

—Háblame de él, cuéntame de su vida. 

Adam era un hombre que tenía una presentación impresionante. 

Era el dueño de toda la zona vinícola de Mainvillage, era papá de seis pequeños, cuatro exesposas y una vez viudo. Es un hombre atractivo de casi dos metros, cabello rubio, ojos azules impresionantes, fornido  de trabajar en campo, sexi y millonario. 

—¿Entonces qué? ¿La tiene pequeña, no se le levanta? ¿Cuál es el problema? 

—Abuela, el problema no soy solamente yo, pero no sé si pueda ser la madrastra de seis niños que tienen malas mamás, no estoy lista. 

—No estás lista para qué, Jane. ¿Para el amor? 

—Abuela, necesito que entiendas que Adam no es un pelado, es un empresario reconocido, respetado y admirado, es un papá loco y amoroso, es guapísimo y no es que te importa, pero el sexo es buenísimo. 

—Cuéntame desde el inicio como se conocieron. La mujer le llevó de vuelta a la arena y le sirvió una copa de vino rebosante. Jane sabía que su abuela tenía como política disfrutar de la vida y chismorrear porque lleva unos cuarenta años jubilada y el chisme para Gracia es vida. 

Jane estaba orgullosísima de cómo se conocieron ella y Adam porque fue sin buscarlo y muy clásico, no tuvieron nada de besos o relaciones al instante. Ella había asistido a una gala benéfica en lugar de sus papás, chocaron, le manchó la camisa con vino  e intentó descifrar si estaba casado, mientras él se la comía discretamente con la mirada. Todo del aspecto físico de Adam le había gustado, así como el tono de voz y la seguridad que emanaba. 

 Estuvo pensando en él durante días, pensaba si era el destino, si era casualidad incluso si podía ser algo casual, su primer instinto al conocerlo no fue quiero casarme o es el amor de su vida, pero entre más compartían el amor era la única opción para mantenerse juntos. 

La vida les acercó, Adama insistiría en que era casualidad, ella en que su esposo había tenido las pelotas de investigarle e ir a verle a su restaurante, intercambiaron números y todo fluyó con tanta facilidad, en nada estaban comprometidos y ella no quiso esperar para ser su esposa. 

—Ay, qué románticos—se burló su abuela y ella le hizo una seña parta que recogieran. 

—Mi amor, qué nos puede pasar por quedarnos aquí. 

—Abuela, que está oscuro. 

—Qué pendeja, lo más que puede pasar es que aparezcan dos hombres guapos y nos roben —la mujer le dio un guiño de ojo a Jane la cual le aseguró que ella. 

—Seguro vas a gritar hazme tuya. 

—Sí, te voy a quitar a los dos. 

Jane le ayudó a levantarse y juntas tomaron sus cosas y fueron hacia la casa. Adam en su lugar ingresó a la mansión Luthor, la casa que había construido junto a su primer esposa y que había compartido con cada una de sus nuevas mujeres. Él estaba decidido a cambiar eso por Jane, estaba casado con ella, enamorado de ella y tenía que darle su lugar. 

Una nueva casa era un buen inicio. 

Adam ingresó a su casa y fue al comedor  por unas frutas. Después se dirigió al otro lado de la casa en busca de sus hijos, los cuales estaban acostados en el sofá.  Adrian su hijo mayor y Drake su hijo del medio estaban obsesionados con la serie que pasaban en el televisor, Zack el menor corrió a saludarle porque seguía siendo un héroe para su hijo.  Patrick estaba leyendo lo cual le parecía increíble tratándose de su segundo hijo y por último los gemelos, Kyle y Karl, estaban riéndose con un libro de imágenes de animales. 

—Estoy en casa. 

Adam se acercó a sus hijos y les dio un beso en la frente, tomó asiento con Zack en su regazo. Patrick bajó el libro y le dio una mirada que hizo a Adam entender cuán decepcionado estaba su hijo de él, justo cuando sis hijos estaban comenzando a conectar con él y sentirse como una familia lo había arruinado con Jane. 

Patrick finalmente dijo: —Papá llamó el abogado de Kendra, quiere confirmar tu asistencia a reunión de  la conciliación por custodia. 

—Ya confirmé a través de mi secretaria.—reconoció.—Gracias. 

—Papá, cuándo viene Jane a casa. 

—Jane… está tomando unos días lejos de mí. 

—¿Cómo separada  o divorciada de ti? —preguntó Kyle. 

—Como unas vacaciones —Sugerí.

Patrick  se puso en pie y rodó los ojos hacia mí. 

—Chicos…—empecé a decir. 

—Chicos, que papá le pintó el cuerno. Que es un mentiroso, que no se tomó la molestia de decir que ustedes existían, además el abuelo cometió una indiscreción sobre el matrimonio de los papás de Jane y ahora nadie sabe dónde está, pero ustedes tranquilos. Solo esperen a la próxima madrastra. 

—Patrick, no es justo pensar que todo es mi culpa, además todo el mundo tiene problemas maritales y en cuanto Jane regrese lo resolveremos. 

—Ahh, sí, como con las otras cuatro. 

—¿Estás drogado?

—El problema en tu matrimonio soy yo. 

—En efecto, tú y todos ustedes constantemente asustando a Jane, poniendo alacranes, el otro acosándola como si pudieras ser su novio y ustedes dos también—señaló a los mayores. 

—¡¡Tú eres el del problema!! A ti fue a quien te dejó no a nosotros. Recuerda eso—recalcó Patrick. —Ocúpate de encontrarla y ver si puedes salvar tu matrimonio.

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