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Portada de la novela Las páginas de Nuestro Amor

Las páginas de Nuestro Amor

Debido a su frágil salud, Angélica permanece cautiva bajo la sobreprotección de sus padres. Su aislamiento termina al cruzarse con un joven soberbio y frío que no muestra compasión alguna. Aunque él la trata con desprecio, ella decide enfrentarlo, hallando en este vínculo hostil la clave para explorar la libertad y el romance. Lo que comienza como un choque de voluntades y una fuerte rivalidad, pronto evolucionará hacia un amor capaz de cambiar sus vidas.
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Capítulo 3

—¡Tati...! Tatiana, espérame por favor, ¡espérame! —escucho los gritos desesperados de mi amiga detrás de mí.

Ah, espero que no me pida que me disculpe con su hermano del alma o de que me obligue a pedirle disculpa.

—¿Qué? —me detengo.

—Lo siento, no sabía que eras tú —se inclina hacías sus rodillas, recuperando el aliento—, pensé...

—Olvídalo —la interrumpo—, pero no me obligues a determinar a tu hermano.

—No es una mala persona... —suplica.

—Ssshhh... Es tu hermano y solo tu hermano, y tú eres mi amiga, y mi única amiga —aclaro.

—Eso lo sé Tati, pero tú sabes cuánto amo y admiro a mi hermano —hace pucheros y yo pongo mis ojos en blanco.

—Nena, olvídalo y hagamos borrón y cuenta nueva —jadeo.

—Gracias, y olvida lo que dije —dice apenada—, tú no eres ninguna lunática.

—Más te vale —la sentencio.

—Nos vamos —se aparece el innombrable y mi humor se esfuma volviendo la rabia.

—Sí, además mi madre nos está esperando —dije entre dientes.

Me adelanto dejando a mi amiga con su hermano. De reojo veo como Fabiana le ayuda a su hermano con las maletas, no me había percatado que trae más de siete maletas en un carrito. ¿Será que piensa quedarse mucho tiempo?

Mi problema no es con mi amiga Fabiana, puesto que es mi única amiga, pero lamentablemente es hermana de ese engreído. Sinceramente debería ignorar y olvidar de su existencia, ya que no quiero tener días amargos, más de los que tengo día a día. Aunque mi cardiólogo dice que tome todo con calma y que lo único que debería hacer es disfrutar mis días aquí en la tierra, y que no les ponga importancia a cosas insignificantes. Lo que no comprendo es porque me aconseja eso sí no puedo salir a la calle y menos a disfrutar todo lo que deseo tener y recorrer... ¡Ni modo!, así es

la vida.

En pocos minutos logré llegar al auto, donde mi mamá nos esperaba.

Inhalo... Exhalo... Inhalo... Exhalo... Necesito ocultar mi rabieta estúpida, puesto que no quiero que mi madre me llene de sus preguntas y de sus preocupaciones.

—¿Dónde está Fabiana y su hermano? —me adentro en el auto y lo primero que veo es la mirada preocupante de mi madre—, Angélica...—chilla insistiendo.

—Madre, mira por el retrovisor y verás —digo cerrando la puerta tras acomodándome en el asiento a la par del copiloto.

—Hablaremos en la casa —dice con un tono frío.

Mi madre sale del auto para ayudarle al príncipe del cuento, me importa un pepino si esto es una rabieta exagerada o es que simplemente un capricho, pero es que ese estúpido no me agrada y si no me agrada, no tiene por qué agradarme a la fuerza.

De golpe abro mis ojos al sentir una mano que se posa en mi hombro, me relajo al pensar que debe ser Fabi.

—No te desquites con mi hermana, lo que tú y yo sentimos —¡mierda! Mis ojos se van al retrovisor y más ni menos es el hermano de Fabi.

—¿Lo que nosotros sentimos? —dije con nerviosismo.

—¡Sí! El sentimiento que ambos tenemos es odio y desaprobación, pero no veo la lógica que te desquites con mi hermana —vocifera entre dientes—, ¿es tu amiga o no?

—No te creas importante, y no negaré que desde que te vi me caes de la patada —chillo por lo bajo.

—No soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo —declara—, y menos a una mocosa como tú—¿qué es lo que dijo?

—Imbécil...

—Sshhh... —me calla—, aquí no—se aleja sigilosamente antes que mi madre o Fabiana nos mirara.

—¡Listos mis muchachos! Ahora a celebrar el regreso de Logan Alexander Dwan —mi madre exclama con mucha emoción.

—No hay de que Sra. Marcela —susurra amablemente, acompañada con una sonrisa estúpida—, verá que todos la pasaremos bien.

Mi madre pone en marcha el auto, y antes de seguir escuchando la vocecilla del estúpido del hermano de mi amiga, agarro mi iPod, lo enciendo y me coloco los audífonos y la primera música que pasa es I'll never love again de Lady Gaga... ¡Cómo amo esa música! Mi madre la detesta porque le hice prometer que esa sería la música que quiero que me cante, quiero que cada letra plasmada en esa canción sea para recordarme, pero un recuerdo de momentos felices.

Cierro mis ojos y me dejo llevar por la sintonía, permitiendo y deseando que sea ella la que posea mi cuerpo completo, permitiendo ser yo cante esta linda balada, me dirán loca, pero la letra me encanta, me hace sacar el sufrimiento que tengo por dentro, me hace ser vulnerable; me hace sentir libre ante todo este encierro, me hace ser libre como el colibrí, me hace disfrutar lo que hay en mi alrededor.

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