Portada de la novela Las dimensiones de un amor

Las dimensiones de un amor

9.7 / 10.0
El psicólogo militar Alejandro recibe la insólita orden de viajar entre dimensiones para salvar a su alma gemela. Su historia inició años atrás con un desliz ebrio en una fiesta que derivó en un embarazo oculto. Aunque ambos rehicieron sus vidas con otras parejas, el destino interviene cuando ella acude a su consulta como paciente. Tras revelar los secretos del pasado y su vínculo real, un portal dimensional les ofrece el camino a un nuevo futuro.

Las dimensiones de un amor Capítulo 1

Alejandro estaba saliendo de su consultorio, cuando se acercó Germán, él lo conocía bien, eran casi amigos y era el chofer del Brigadier General, Gabriel Venegas, jefe máximo de la fuerza aérea del país.

Estaban dentro de la base militar.

-Señor.

Germán lo saludó haciendo una venia .

Alejandro le correspondió al saludo, lo hizo sonriendo.

.¿Cómo estás?

Le preguntó.

-Muy bien, gracias, te requiere el Brigadier.

-Ok, ¿Voy en mi auto?

Le preguntó, porque eso siempre lo decidía Gabriel Venegas.

Germán negó con la cabeza.

Alejandro se encaminó hacia el auto oficial y subió acomodándose en el asiento trasero, tenía que seguir el protocolo y él lo sabía perfectamente, porque pese a ser psicólogo, también era parte de las Fuerzas Aérea del país.

Pensaba que tenía ganas de tirarse en su sillón, de tomar una cerveza y ver un partido de fútbol, pero no podía, jamás, dejar de ir cuando era requerido, la verdad era que desde hacía algunos meses, el Brigadier General lo mandaba a llamar muy seguido, y él no estaba muy seguro del porqué lo citaba.

Se suponía que él era el psicólogo y era quien tenía que escuchar a sus pacientes, pero muchas veces, en la oficina de Gabriel Venegas, sucedía lo contrario, era Alejandro quien respondía preguntas, lo raro era que las preguntas eran muy concretas y repetitivas.

En un principio pensó que era lógico que Gabriel Venegas, por el puesto que ocupaba, quisiera saber quien era el terapeuta que lo iba a atender.

Al correr de las sesiones, y al escuchar que el Brigadier General no decía mucho y seguía indagando sobre su adolescencia, y preguntaba sobre las zonas donde pasaba sus momentos de ocio, y hasta le preguntaba por sus recuerdos de esa época, dudaba de su propósito.

Luego de sortear a las 3 secretarias y una inspección sobre su persona, llegó a la oficina de Gabriel Venegas.

Se saludaron con el protocolo adecuado.

Luego, Gabriel le indicó a Alejandro, que podía sentarse.

-Alejandro, necesito que recuerdes si alguna vez viste, cuando eras adolescente, cómo secuestraban a una criatura.

Alejandro no esperaba que le preguntara algo así, pero lo atribuyó a algún tipo de obsesión que tenía Venegas.

-No señor, no, que yo lo recuerde.

-Pensalo bien.

Alejandro pensó que ese día en particular, el Brigadier General debía haber recordado algo específico de su propia adolescencia, tal vez ese trastorno se debía a que Venegas sí vio un secuestro y a lo mejor no pudo hacer nada.

Iba a anotar algo en su notebook, cuando su superior siguió hablando.

-No anotes nada, no tengo ningún trastorno, quiero saber si recordás el día que secuestraron a una niña de 4 años y si sabés en qué circunstancia fue.

 Alejandro se quedó con su mano en el aire.

-No te asombres, pero cada palabra que anotás en tu computadora, queda registrada.

Alejandro estaba estudiando el panorama.

 -No estoy obsesionado con nada, salvo con el supuesto secuestro de una niña, hace 12 años atrás, es que nunca pudimos dar con su paradero.

-¿Y usted piensa que yo vi el secuestro?

-No lo pienso, sé que lo viste, el tema es que no fue violento por lo que no llamó tu atención.

-¿Sabe cómo sucedió?

Le preguntó intrigado.

-Sí, por supuesto, eran tres mujeres, una mujer de unos 40 años y dos mujeres de alrededor de 20 o tal vez menos, tomaron de la mano a una niña, que se había soltado de los brazos de su madre y distraídamente le tomó la mano a una de las jóvenes e inmediatamente se abrió el portal.

Alejandro no anotó nada, pero pensó que decididamente Gabriel Venegas no era un hombre cuerdo, que lo que estaba diciendo era producto de algo que era realidad sólo en su mente, pero que nunca había sucedido realmente.

-A esa niña la tenés que traer de regreso a nuestro mundo.

Insistía con el tema.

El psicólogo decidió escucharlo, para poder aclarar su propia mente y buscar una solución a la obsesión que tenía su superior.

-Rastreamos un video de esa época y en él, se ve que estabas en un bar cercano, con el grupo de tus compañeros de colegio, pero sos el único que estaba mirando hacia dónde sucedieron los hechos.

-¿La madre de la niña no gritó cuando sucedió el secuestro?

-No... ella no fue consciente del hecho hasta que llegó a su casa...

-¿Una mujer que no era consciente salió sola con una niña?

Alejandro quería saber hasta dónde llegaba el invento del Brigadier General.

-Es que suponemos que al pasar, alguna de esas mujeres le debe haber metido una droga en su organismo.

-¿Quienes supusieron eso?

-Los investigadores y la familia, esa mujer, desde ese día está desesperada, ¡Su hija está en otra dimensión!

-Señor... si esa mujer estaba drogada... ¿Pudo haber alucinado eso de la otra dimensión?

-¡No alucinó! Ya ubicamos la dimensión, ¡La tenés que rescatar!

Eran tan seguras sus palabras que parecían certeras.

Alejandro decidió seguir con esa conversación, que para él, no tenía coherencia alguna.

-¿Cómo haría para rescatarla?

-¿Recordaste algo?

El pobre psicólogo buscó algunos recuerdos de su adolescencia, algún detalle que le permitiera recordar el momento que el brigadier General hacía alusión, pero no encontró nada en su mente, porque por más que él siempre prestó atención de lo que sucedía a su alrededor, una niña caminando de la mano de una mujer, no era algo que podría llamar su atención.

-No, no recordé nada.

-Vas a viajar a esa dimensión, allí la vas a contactar, de alguna manera lo vas a lograr, hasta te podrías enamorar de ella.

Alejandro levantó una ceja, pensando que el delirio de su superior, era supremo.

Él no podía reportar nada sin obtener más pruebas, ¡Estaba en juego la nación!

-El plan es que vos te presentes como psicólogo de las F F A A, en un principio también tendrías que ejercer como soldado, y estar en las calles, para encontrarla.

-¿Cómo haría eso?

-Es tu mujer predestinada, se van a encontrar.

A Alejandro no le cabía duda de que Gabriel Venegas estaba mal, que tenía algún delirio, tal vez él se perdió siendo niño o sufrió la desaparición de una hija, 

hermana, sobrina o de algún familiar, y se jugaría por decir que se sentía culpable por dicha desaparición.

-No estoy loco, el "avión" ya está preparado, no le podés decir a nadie que existe otra dimensión.

El psicólogo pensó que no se le ocurriría hablar de la locura de Venegas con nadie. -Señor...

Se atrevió a decir.

-Escuchame por un momento, sin tratar de analizarme o de dilucidar que estoy loco.

Alejandro estaba expectante.

¿Se había obsesionado con la película volver al futuro?

Posiblemente secuestraron a alguien cercano y estaba mezclando realidad con fantasía.

-Mirá bien el video que te voy a mostrar.

Segundos después apareció una pantalla frente a él, hasta ese momento estaba resguardada dentro de un mueble.

En ese aparato aparecieron unas imágenes, en la que estaba él, siendo adolescente, dentro de un bar, mirando hacia la calle desde la amplia vidriera de ese lugar, estaba acompañado por 4 o 5 compañeros de clases, recordó ese día, porque se había escapado del colegio, él, particularmente no lo había hecho muchas veces, pero algunos de sus compañeros, los que no lograron ni siquiera pasar el primer examen de ingreso para alguna facultad, sí, ellos solían escaparse a menudo.

También (en el video) vio a una niña que iba de la mano de una mujer de unos 30 años y de repente se soltó, distraídamente de esa mano que la llevaba y siguió caminando, adelantándose unos pasos, ya que la mujer que estaba con ella, de repente se quedó parada sin ningún motivo lógico, pero notó, al mirar el video, que se paró luego de que ese grupo de tres mujeres, una de unos 40 años y dos mujeres que no pasaban los 20 años, chocaron con ella y parecieron hacerlo a propósito y sin dudas debió de ser así, porque segundos después, la más joven de las tres mujeres, tomó de la mano a la niña y, Alejandro creyó estar alucinando, porque vio como aparecía de la nada, una especie de neblina bastante densa que las rodeaba y vio una escalera mecánica, que momentos antes no existía y las tres mujeres con la niña desaparecieron, subiendo esa escalera, que se iba desvaneciendo tan rápido como apareció.

En ese instante, después de ver esa reproducción, recordó o creyó recordar esa situación, de repente nuestro psicólogo estaba confundido.

Ya no le parecía desatinado lo que momentos antes le parecía una locura.

-Quisiera volver a ver la reproducción.

Le pidió Alejandro a Venegas.

Realmente quería buscar detalles en esa imagen, para estudiar si todo eso era una puesta en escena.

En ese momento era fácil crear imágenes, con los programas adecuados, cualquiera podría hacer cualquier cosa.

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Tabla de contenidos de Las dimensiones de un amor

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