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Portada de la novela Las Coldwell (Entrenando amantes, cazando infieles)

Las Coldwell (Entrenando amantes, cazando infieles)

Vanessa es la más pequeña de las Coldwell, se verá obligada a seguir el camino para el que fue educada, su familia no es una familia cualquiera, en su mayoría son mujeres, solo pertenece a ella un hombre, el hermano de Vanessa, Darius. Las mujeres de la familia Coldwell son entrenadas para ser excelentes amantes, y poder así enloquecer a los hombres, hombres que son elegidos cuidadosamente debido a diferentes razones, a las chicas les son entregadas diferentes misiones, pronto será el debut de Vane, su primer objetivo es alguien muy importante, un poderoso empresario, Dante Damasco, un atractivo hombre que pertenece a una familia de mafiosos italianos, radicados en Estados Unidos, ella tendrá que conquistarlo, enloquecerlo de amor y luego botarlo, así él pagará por todo lo que ha hecho en el pasado, ¿Podrá Vane lograrlo? Su prueba más fuerte será no enamorarse, y menos debe hacerlo en su primer trabajo, en está historia se tejerán una serie de intrigas en torno a ellos, nuestros protagonistas se verán inmersos en romanticismo, amor, odio, y mucha pasión, que no solo los involucraran a ellos, también a los otros integrantes de las familias Coldwell, y Damasco.
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Capítulo 2

Al otro día por la tarde, después de la comida, se reunieron todas las Coldwell, eran nueve mujeres, la abuela, sus tres hijas y sus cinco nietas, entre ellas Vane, solo faltaba Darius, él llegaría al día siguiente.

Las mujeres se encontraban reunidas en el gran salón de la propiedad, ahí era en dónde llevaban a cabo todas sus reuniones, la abuela Greta fue la que se acercó a la gran pantalla que se encontraba al frente.

Después de encenderla se pudo ver el rostro de un hombre, todas las mujeres concentraron su atención en aquella imagen, menos Vane que jugaba en su celular sin levantar la mirada.

—Niñ*, por Dios, pon atención, cuando menos danos tu opinión, ¿Alguno de ellos te gusta?

—¿Acaso tomarán mi opinión en cuenta? ¿No serán ustedes las que elijan qué hombre será el que se meta entre mis piernas?

—¡Basta! Vanessa Coldwell, has crecido y te has educado entre puras mujeres, a excepción de tu hermano, por eso es que no tienes idea de lo cruel que puede ser un engaño, y creeme, no hay hombre sobre la tierra que no engañe y haga sufrir a una mujer, ni siquiera Darius, por mucho que lo amemos, debemos ser realistas, lo trae en la sangre, es como si el ADN masculino no les permitiera ser fieles, siempre me he preguntado sí estarán programados.

—Tiene razón tu abuela, Vanessa, yo fui una tonta y creí en el amor de tu padre, mientras yo lloraba su ausencia en casa, él se revolcaba con otra, no debí de permitir que pasaras tantas horas viendo esas estúpidas series, ahí se maneja un romanticismo ficticio porque eso es lo que vende, es la historia que toda mujer desearía tener al lado de un hombre, pero hija mía, eso no existe.

Vane quería salir corriendo, perderse, le hubiera gustado desde muy chica emanciparse, así no tendría poder sobre ella su madre, y aunque era mayor de edad, había crecido escuchando que era su obligación aceptar su destino por ser una Coldwell.

Todas volvieron a fijar su mirada en la imagen del hombre que aparecía en la pantalla, después un breve video empezó a reproducirse, el hombre aquel besaba a una mujer que después bajaba de su auto, al marcharse de ahí, se dirigía hasta el otro lado de la ciudad para recoger a otra.

Era un hombre muy atractivo, de piel clara y cabello negro como el ébano, cuerpo fornido, y facciones casi perfectas, como todos los que elegían las Coldwell, al ver el caro auto que llevaba, se notaba que era millonario.

—Evenus Baltimore, como pueden ver, es guapo el hombre, un playboy incorregible, material dispuesto para lo que queremos, una chica nos ha contactado, la pretendió por meses jurando amor eterno, pero solo jugó con ella, en cuanto la chica se enamoro, se deshizo de ella, no sin antes obligarla a realizarse un abort*.

Las chicas miraron la pantalla con profundo odio.

—Sí no es el elegido, yo me encargaré de este. —Dijo Tanya, una chica que traía tintado en ese momento el cabello de un color azabache que era un poco mayor que Vanessa, tan solo había tres años de diferencia entre ellas.

—Pasemos al siguiente, Dominicus Vermont, hombre de mediana edad, coqueto y risueño, este fue elegido porque engaño a la hija de una amiga de la peor manera, pero el muy cínico se acostaba con las dos sin ellas saberlo, la madre y la hija compartían el mismo hombre, cuando se dieron cuenta, se burló de ellas, la chica intentó suicidars*, afortunadamente falló en el intento.

La abuela Greta pasó en la pantalla las imágenes de tres hombres más, era claro que a todos ellos les tocaría el turno de pagar lo que habían hecho, pero ahora estaban enfocadas en encontrar el que sería el primer objetivo y trofeo de Vane.

—Por último, él es Dante Damasco, Dadá como le dicen desde su juventud sus amigos.

Al ver al hombre que aparecía en la pantalla, las chicas dejaron de parpadear, tenían su mirada clavada en el rostro del hombre, incluida Vane, era un rubio con un rostro perfecto, en la fotografía se veía a través de la ventana de su auto.

Cuando el video comenzó a correr, las chicas suspiraron, sus madres y su abuela, voltearon a verlas a manera de reproche, ellas bajaron la mirada avergonzadas, en las imágenes que pasaban en la pantalla, Dante estaba en el gimnasio.

Llevaba puesta una playera sin mangas, que dejaba ver sus musculosos brazos, el pantaloncillo ajustado que llevaba, debido a la tela, permitía observar su duro y abultado trasero, se encontraba levantando pesas.

Cuando el hombre volteó, quedando de frente a la cámara, todas lanzaron una exclamación involuntaria de asombro.

—Este chico es, no hay más que buscar. —Dijo rápidamente Katrina.

—Sí, es perfecto, es el hombre que nuestra Vane merece. —Exclamó Sara.

Todas las demás dijeron lo mismo, Vane permanecía callada.

—¿Te ha gustado, muchacha? —Preguntó una de sus tías.

—No niego que es muy guapo, pero a ustedes tan solo bastó que le vieran el paquete para elegirlo, ¿Acaso han preguntado por qué lo han elegido para ser candidato? ¿Qué tal si resulta ser algún tipo de maniático?

—Es verdad, ¿Por qué lo han elegido? —Preguntó Tanya con curiosidad.

—Bueno, pues este chico, ha tenido la suerte de ser realmente guapo, y de pertenecer a una de las familias más poderosas que existen en Italia, aquí en el país también tienen un gran poder, los Damasco, son dueños de grandes empresas en Estados Unidos, pero es un secreto a voces que es un clan de mafiosos.

—¿Y no será peligroso para Vane meterse con ese tipo de gente? Recordemos que es inexperta, apenas empieza, no me gustaría que nada le pase.

—Niñ*, las Coldwell no conocemos el miedo, ¿O me equivoco? —La abuela volteó a ver a sus nietas, ellas bajaron la cabeza —Sé que Vane cumplirá con su misión a la perfección, por ser su primer trabajo, sí lo cumple satisfactoriamente, debido al riesgo, su trofeo tendrá un diamante más grande.

—¿Lo eligieron tan solo por ser mafioso?

—No, hija, ahora les cuento, este chico estaba comprometido con una chica muy bella, fueron novios por varios años, el día de la boda, él la dejó plantada en el altar, ni siquiera tuvo la valentía de darle la cara, tan solo le mandó una nota, ella ya se encontraba dentro de la oficina de la iglesia.

—¿Qué decía la nota, abuela? —Katrina como siempre de curiosa deseaba saber el contenido de aquella misteriosa nota.

—Calma, curiosa, ¿Qué decía aquella nota? No tengo la más mínima idea, la chica salió corriendo de ahí, no pudieron alcanzarla, la buscaron incansablemente, la encontraron días después en el fondo de un acantilado, la madre de la chica es la que me ha buscado.

Todas las Coldwell sabían que debían de cuidar que ningún hombre se enterara sobre su trabajo, a excepción de Darius, las mujeres que se acercaban a ellas, debían de firmar un acuerdo privado, sí se atrevían a revelar lo que ellas hacían, deberían pagar millones de dólares de indemnización, una mujer, las recomendaba a otras, pero siempre cuidando que no fueran a hablar de más.

Además ninguna de las mujeres que las conocían lo harían, les temían, sabían que podían acabar con ellas en un abrir y cerrar de ojos.

—La vida no es fácil para nadie, chicas, nosotras simplemente cumplimos un trabajo, un trabajo que nos permite vivir bien, con los mejores lujos, creo que ya es tiempo que dos de ustedes vayan buscando al hombre que será el padre de su hija, saben bien que cuando queden embarazadas, el hombre no debe enterarse, o tienen la opción de recurrir a inseminación artificial, ustedes deciden, pero a mi parecer, es mejor disfrutarlo.

—¿Quienes serán las próximas que se embaracen? —Preguntó Vane.

—Creo que está demás decirlo, serán las más grandes de edad, y no estoy diciendo con esto que ya están por convertirse en unas ancianas como yo, no, para nada, pero necesitamos asegurar que nuestro legado seguirá por generaciones, después de que se recuperen del parto volverán a su trabajo, entre todas cuidaremos a esas bebés, como siempre lo hemos hecho.

Katrina y Sara sabían perfectamente que la abuela se refería a ellas, y tenía razón, tenían que asegurar su legado.

—Bueno, es hora de terminar la reunión, creo que el ganador del premio es Dante Damasco.

—Pero yo no lo he aceptado. —Vane volteó a ver a la abuela.

—No es necesario, hija, ya todas han votado, y debido a tu inexperiencia, tendrás que aceptar la decisión que hemos tomado, aquí encontrarás la información necesaria sobre él —dijo la abuela, extendiendo hacia ella un sobre — está escrita información relevante sobre su vida, también hay algunas fotos que deberás observar muy bien, y una memoria con algunos videos, debes prepararte muy bien, analiza la información con detenimiento, en una semana se llevará a cabo tu exámen, espero puedas pasarlo.

La abuela no estaba jugando, se tomaban muy en serio su trabajo, el examen al que se refería, efectivamente se llevaría a cabo, le harían preguntas verbales sobre su objetivo, y el castigo por cada falló era duro, Vane lo había visto innumerablemente, desde que cumplió quince años la dejaban asistir al entrenamiento, debía de prepararse.

No tan solo le exigían rendimiento escolar, del cual había obtenido grandes logros, a su corta edad había terminado dos carreras, debido a su alto coeficiente intelectual, siempre la adelantaban de grado, era lo menos que se esperaba de una Coldwell, era lo que repetía la abuela constantemente.

Greta era amorosa con sus nietas, pero no por eso era blanda, dura como el hierro en cuanto a sus obligaciones.

Al terminar la reunión, una a una se despidió para después abandonar la mansión Coldwell, ahí solamente vivían Greta, Vane y su madre.

—Hija, espero que no me decepciones, anhelo que algún día puedas ocupar mi lugar, te he elegido como mi sucesora, por lo que debes saber que te exigiré un poco más que a las demás.

—Gracias por tu confianza abuela, pero siento que mis primas están mejor preparadas.

—Shhhh calla, no habrá discusión sobre esto, ya todas lo saben.

La abuela salió a paso lento de la sala de reuniones, dejando a Vane sin asimilarlo, la noticia le había caído como una bomba, ella que quería viajar por el mundo, conocer países, ciudades y paisajes, deseaba convertirse en una exitosa fotógrafa, todo eso antes de enamorarse, pero por lo visto no podría cumplir su sueño más grande.

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