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Portada de la novela Lágrimas de la luna: un baile con la realeza licántropa

Lágrimas de la luna: un baile con la realeza licántropa

Tras la traición de su prometido y su propia hermana, Makenna es entregada por su padre a los crueles príncipes licántropos. Aunque su único deseo es huir para ejecutar su venganza, su presencia termina hechizando a los tres herederos, desatando una peligrosa obsesión. Entre celos imperiales y la enemistad de la futura reina, ella deberá navegar intrigas palaciegas para sobrevivir, reclamar su justicia y saldar una deuda de sangre en un mundo hostil.
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Capítulo 3

Punto de vista de Makenna:

Un escalofrío me recorrió la espalda cuando Bryan avanzó hacia nosotras, envuelto en un aura de peligrosa intensidad. ¿Qué pensaba hacer?

Un sudor frío me empapó la espalda e instintivamente contuve el aliento, aterrorizada de que incluso el más leve sonido pudiera llamar su atención.

Su voz, afilada y mordaz, cortó el aire como una cuchilla. "¡Fuera de mi vista!".

Casi de inmediato, oí un grito ahogado de Hayley. Por el rabillo del ojo, vi cómo Bryan la apartaba de una patada sin la menor vacilación, como si no fuera más que un obstáculo en su camino. Se acercó a nosotras con paso pesado, con una determinación implacable.

Su crueldad superaba todo lo que había imaginado. Me estremecí y contuve el aliento, paralizada por el terror.

Bryan se detuvo frente a nosotras y recorrió al grupo con una mirada depredadora. Con frío desprecio, escupió: "¿Un puñado de insectos insignificantes que se creen dignas de ser mis mujeres? Puesto que mi padre insiste en que elija una, les daré una buena lección, zorras".

Algunas de las presentes sollozaron en silencio, y sentí que los temblores se apoderaban de mi cuerpo con más violencia que nunca, rezando impotente para que el destino no me señalara.

Pero parecía que mis súplicas silenciosas caían en saco roto. Al instante siguiente, vi un par de zapatos de cuero negro pulido frente a mí.

Mi mente se quedó en blanco. Antes de que pudiera entender nada, sus dedos me aferraron la barbilla con una fuerza férrea.

Me tragué el grito que se me subía a la garganta, obligada a enfrentarme a aquellos fríos y penetrantes ojos azules.

Presa del pánico, abrí los ojos de par en par, pero Bryan solo soltó una carcajada sombría y burlona. Su mirada me recorrió de arriba abajo con una mezcla de crueldad y regodeo. Me dijo con un gesto posesivo y displicente. "Bonita figura. Me quedo con esta".

Un dolor agudo me atravesó y solté un grito, intentando retorcerme para apartarme de él, pero Bryan no dejó lugar a protestas. En un rápido movimiento, me echó al hombro y me llevó hacia la cortina de cuentas del fondo de la sala.

"¡No!", chillé aterrorizada, debatiéndome en su agarre. "¡Suéltame! ¡¿Qué vas a hacer?!".

Con un fuerte empujón, me lanzó sobre el sofá que había detrás de la cortina. Cuando levanté la vista, su mirada era más fría y violenta que nunca.

"¿Qué crees que voy a hacer?".

Bryan se quedó allí, imponente sobre mí como un depredador dispuesto a devorar a su presa. Su sonrisa carecía de calidez; solo contenía una promesa escalofriante. "Voy a tomarte aquí mismo, donde todas puedan oír, para que esas mujeres de ahí fuera sepan lo que significa ser mía".

El corazón me martilleaba en el pecho y el miedo alcanzó cotas insoportables. Temblando sin control, supliqué: "No, por favor... ten piedad. Te lo ruego... ten compasión. Soy inocente...".

Antes de que pudiera terminar, un dolor agudo y quemante me desgarró.

Bryan me había hundido los dientes en el pecho, un mordisco brutal y despiadado.

"¡Ahhh!". Grité de pura agonía, y mi cuerpo se convulsionó mientras intentaba apartarlo. "¡Me duele! ¡Por favor, para!".

Pero el dolor físico no era nada comparado con la humillación que me arañaba el alma.

A través de la cortina, sabía que podían oír mis gritos, tal vez incluso vislumbrar mi degradación. Bryan me había convertido en un espectáculo para ellas, una exhibición de su poder.

"¡No puede hacer esto, Su Alteza!". La voz de Hayley llegó desde el otro lado de la cortina, en un tono suplicante y desesperado. "¡El rey se pondrá furioso si se entera!".

"¿Qué? ¿No es suficiente con que siga sus órdenes y esté con estas mujeres?", se mofó Bryan, hundiéndome los dedos en las caderas con un agarre que me hizo daño. Su tono era cortante, cargado de irritación. "Puesto que mi padre insiste en que yo haga esto con estas criaturas tan viles, haré lo que él quiera. Me importa un bledo si sobreviven o no".

Una risa cruel resonó en su garganta mientras bajaba la cabeza y me clavaba los dientes en el hombro.

"¡Argh!", grité, el dolor de su mordisco se irradió por todo mi cuerpo. Mi voz desgarrador resonó en la toda sala.

Pero Bryan no había terminado. Me tiró del pelo, obligándome a bajar la cabeza.

Se me revolvió el estómago de horror.

En ese momento, la nauseabunda realidad me golpeó como un mazazo.

Iba a humillarme, aquí mismo, delante de todas. ¡Qué demente!

Me debatí con la desesperación.

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