
La Venganza del Padre Quebrado
Capítulo 2
El aire de la bodega abandonada olía a vino viejo y a tierra húmeda, un olor que antes me recordaba a mi hogar pero que ahora se sentía como el de una tumba.
Mi hijo, Máximo, estaba colgado de una vieja puerta de roble, clavado por las muñecas y los tobillos con clavos de herradura oxidados.
La sangre goteaba lentamente, manchando la madera oscura.
A su lado, Kieran, el amante de mi esposa, me sonreía con suficiencia, sosteniendo un teléfono.
"¿Ves, Patrick? Esto es lo que pasa cuando no respetas a Sylvia. Cada clavo representa un euro del vino que derramaste al golpearme. Una lección de economía, podrías llamarlo."
Mi esposa, Sylvia, estaba al otro lado de la videollamada, su rostro impasible en la pequeña pantalla.
"Es solo un susto, Patrick. Para que aprendas tu lugar. No te preocupes, no morirá."
Su voz, la misma que una vez me susurró promesas de amor, ahora era fría, distante.
Miré a Máximo, su pecho subía y bajaba con dificultad, sus ojos luchaban por mantenerse abiertos.
"Papá...", susurró, con la voz rota por el dolor.
"Estoy aquí, hijo. Voy a sacarte de aquí", le prometí, mi propia voz temblando de una rabia que apenas podía contener.
Intenté correr hacia él, pero dos matones me sujetaron con fuerza. Me obligaron a mirar, a ser testigo impotente de la tortura de mi propio hijo.
Sylvia continuó hablando por el teléfono, su tono era el de una empresaria cerrando un trato sin importancia.
"Te he dejado una llave en el buzón de la vieja finca. Tienes una hora para encontrarlo. Considéralo un juego, Patrick. Una última oportunidad para demostrar que todavía sirves para algo."
La llamada se cortó.
Kieran se rió, una risa hueca que resonó en el silencio de la bodega.
"Date prisa, ex-campeón. El tiempo corre."
Me empujaron fuera y cerraron la pesada puerta de metal detrás de mí, el sonido del cerrojo fue como un martillazo en mi alma. Me quedé solo en la oscuridad, con el eco de la risa de Kieran y la imagen de mi hijo crucificado grabada en mi mente.
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