
La venganza de la ex Luna
Capítulo 2
BRIELLE
El olor a medicamentos me golpeó la nariz. Me irritó tanto que sacudí la cabeza para quitármelo.
Por la irritación, abrí los ojos de golpe.
Me quedé mirando un techo desconocido.
"¿Dónde estoy?", pregunté, sin dejar de mirar el techo.
Un pitido constante me sacó de mis pensamientos. Miré a un lado y vi que estaba conectada a un suero y a un monitor de signos vitales.
Me di cuenta de que estaba en el hospital, y traté de incorporarme.
Justo en ese instante, la puerta se abrió y apareció una mujer con bata blanca.
"Oh, Luna, ya despertaste. ¿Cómo te sientes?", preguntó, acercándose a mi cama.
"Doctora Nicole", dije al reconocerla.
Era la médica de la mansión de la manada.
Ella fue la que me había enviado un mensaje para revelarme que estaba embarazada.
Apoyó la mano en mi frente y me sugirió que me recostara un rato para descansar.
"Tuviste una caída muy fuerte y perdiste bastante sangre, pero vas a estar bien. Solo descansa", me dijo, ayudándome a recostarme con cuidado.
Cuando mencionó que había perdido sangre, mi primer pensamiento fue para el bebé que crecía en mi vientre.
Me invadió la preocupación y pregunté de inmediato: "¿Y mi bebé? ¿Está bien?".
La doctora Nicole me miró en silencio. Su expresión me estaba asustando, cuando suspiró y respondió: "Lo siento mucho, Luna, pero no pudimos salvar al bebé".
"¿Qué?". Mis ojos se abrieron con incredulidad ante sus palabras.
Me explicó que la caída había provocado un aborto espontáneo, y que el bebé no había sobrevivido.
"Sé que es devastador para ti, Luna. Incluso tu esposo quedó destrozado al oír la noticia. Tuvo que marcharse. Lo siento mucho", se disculpó, dándome una suave palmada en el hombro.
Ante la mención de Argon, la escena volvió a mi mente: su mirada fija en mí mientras yo yacía al pie de las escaleras, sangrando.
Esa mirada... esa sonrisa cruel...
Me aferré al borde de la cama y llevé lentamente la mano a mi vientre para sentir el lugar donde siempre había sentido esa pesadez.
Ahí estaba mi bebé.
Pero ahora ya no estaba allí.
Se había ido.
Me empezaron a temblar los labios y se me llenaron los ojos de lágrimas. Incapaz de contenerme más, rompí a llorar.
La doctora me abrazó, intentando calmarme.
Poco a poco logré serenarme. La escuché mientras me sugería descansar un par de horas más antes de darme el alta.
Según me dijo, Argon no quería que me quedara allí mucho tiempo. Me quería en casa para poder "consolarme".
"Necesitan apoyarse mutuamente para superar este duro momento. Por favor, descansa".
Poco después me dejó sola para que me revolcara en mis penas.
Pensé en Argon y en su padre, el fallecido Alfa.
A pesar de ser una huérfana sin lobo, me acogió y me convirtió en la Luna de su hijo.
Me hizo prometerle en su lecho de muerte que no abandonaría a su hijo y que siempre lo haría feliz.
Ahora empezaba a arrepentirme de haber aceptado esa promesa.
Y de todo corazón.
...
Después de descansar en el hospital, uno de los guardias de Argon me trajo de vuelta a casa en uno de sus autos.
A pesar de mi debilidad, me dirigí a la mansión y encontré a Argon y Estelle esperándome.
Me recibieron con un tono burlón, preguntando por el bebé y lo que la doctora me había dicho.
Cuando no dije nada e intenté ignorarlos, Estelle se echó a reír, burlándose de mi bebé muerto.
"Se lo merecía", comentó entre risas, aplaudiendo.
Sentí una punzada en el pecho cuando insultó a mi hijo muerto. Quise responderle, pero no pude.
Estaba demasiado débil.
"Toma esto", dijo Argon, arrojándome un documento a la cara.
"Son los papeles de divorcio".
Un escalofrío me recorrió la espalda al oír sus palabras. Levanté la vista para mirarlo a la cara mientras me ordenaba que los firmara en menos de veinticuatro horas.
"Mi abogado volverá a por ellos una vez que se acabe el plazo. Más te vale no demorarte", advirtió, acercando a Estelle mientras subían las escaleras, cada vez más juntos.
Sostuve los papeles en las manos, incapaz de creer lo que veía.
Revisé cada página y vi que Argon ya había firmado. Solo faltaba mi firma para concretar el divorcio.
Con el corazón destrozado, corrí a mi habitación y me encerré. Me dejé caer al suelo, llorando amargamente.
"Diosa… ¿esto es todo lo que me tenías preparado?", sollocé, dejando que las lágrimas corrieran libremente por mis mejillas.
Con lo que había enfrentado a manos de Argon, decidí darle el gusto y marcharme para siempre.
Tomé un bolígrafo y me dispuse a firmar las páginas cuando algo inesperado sucedió.
"No firmes esos papeles, Brielle", ordenó una voz femenina y firme, sembrando el miedo en mi corazón.
Me levanté de inmediato, buscando de dónde venía la voz.
"¿Quién está ahí?", pregunté, temblando sin moverme del lugar, mientras giraba la cabeza en todas direcciones.
En cuanto mi mirada se posó en el espejo, me encontré con dos ojos verdes que me devolvían la mirada.
Grité de miedo y retrocedí, pero en ese instante sentí algo retumbar con fuerza dentro de mí.
Caí de rodillas, con un dolor terrible que me atravesaba el cuerpo. Era como si mi vientre estuviera a punto de explotar.
En ese momento, una luz verde ondulante salió de mí, formando algo fascinante ante mis ojos.
Me quedé mirándola, completamente paralizada por la sorpresa.
Lo que vi me dejó desconcertada.
Había una imponente loba negra con ojos verdes, mirándome directamente.
Sonrió de medio lado y habló con voz claramente femenina: "No lo firmes, Brielle. Ese no es el camino de los Ivys".
Sus ojos brillaron mientras me mostraba una sonrisa amplia.
Me estremecí ante la presencia de esa poderosa bestia en mi habitación.
El aura que desprendía era aterradora.
Incluso su mirada bastaba para dejarme paralizada de terror.
¿Pero una loba con ojos verdes?
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