
La Vendimia del Destino: Renacida para Sanar
Capítulo 2
La Fiesta de la Vendimia.
El evento más importante de La Rioja, donde el aroma del vino se mezcla con la sangre y el honor.
Las hijas de mi familia, las Salazar, somos famosas por una bendición. Una bendición que asegura que nuestros hijos nazcan con el don del toreo.
Y yo, Lina Salazar, era supuestamente la que tenía la bendición más fuerte. La prometida destinada al hombre más poderoso de España, Máximo Castillo.
Pero hoy, renacida con los recuerdos de una vida pasada llena de dolor, sé que todo es una mentira.
Mi padre me agarra del brazo, su mano es dura como la madera de una barrica vieja.
"Lina, endereza la espalda. Máximo te está mirando. Hoy es el día en que nuestra familia se unirá a la ganadería más grande. No me decepciones."
Su voz es un susurro áspero, lleno de ambición.
No le contesto. Mis ojos se fijan en Máximo, de pie en el centro del patio, arrogante y magnífico. Él también ha renacido. Lo sé por el desprecio que veo en sus ojos cuando me mira.
En mi vida pasada, él me eligió. Me casé con él, llena de esperanza. Pero el hijo que le di no era el matador que esperaba. Era un niño tranquilo, que amaba las plantas más que los animales, un niño que lloraba al ver una flor marchita.
Máximo lo llamó "mestizo", una vergüenza. Me acusó de adulterio y nos desterró. Morimos en la pobreza, mi hijo y yo, mientras mi hermana, Luciana, tenía un hijo que fue aclamado como un genio de la tauromaquia.
Ahora, todo está a punto de repetirse.
El padre de Máximo, un hombre con la piel curtida por el sol, se aclara la garganta.
"Máximo, ha llegado el momento. Elige a la hija de los Salazar que te dará al Matador de Matadores."
Todos los ojos se posan en mí. Siento la envidia de mi hermana Luciana a mi lado, un calor desagradable. Ella siempre ha vivido a mi sombra.
Máximo sonríe, una sonrisa cruel que solo yo entiendo.
Camina lentamente, pasando frente a mí como si yo fuera invisible. Se detiene frente a Luciana.
"Elijo a Luciana Salazar."
El silencio es total. El shock se extiende por el patio como una mancha de vino tinto sobre un mantel blanco.
Mi padre suelta mi brazo, su cara se vuelve pálida.
"¿Qué significa esto, Máximo? La bendición de Lina es la más fuerte."
Máximo se ríe, un sonido feo y cortante.
"¿Bendición? Esa mujer es una farsante. En mi vida pasada, me dio un hijo débil, una deshonra. Me engañó."
Sus palabras son un golpe público. La humillación es un fuego que me quema por dentro. Pero esta vez, no bajaré la cabeza.
"Luciana es la verdadera clave," continúa Máximo, tomando la mano de mi hermana. "Ella me dará el heredero que mi familia merece."
Luciana mira a Máximo con adoración, y luego a mí con un triunfo mal disimulado en sus ojos. Su alianza está sellada por la ambición y el rencor.
Mi padre está furioso, pero no puede oponerse a los Castillo. Su sueño de prestigio se está desmoronando.
Para completar la humillación, Máximo me mira con desdén.
"Pero no dejemos a la pobre Lina sin marido. Que se case con el hombre de más bajo rango aquí presente. Así aprenderá cuál es su verdadero lugar."
Sus ojos recorren a los sirvientes, a los mozos de cuadra. Se detienen en un hombre alto y silencioso que está junto a los caballos.
Patrick Lawrence.
El cuidador de caballos. Un hombre de origen humilde y carácter noble.
Lo recuerdo.
En mi vida pasada, cuando moría de hambre y enfermedad, fue Patrick quien me dio un trozo de pan. Fue él quien cerró mis ojos cuando di mi último aliento.
Máximo se ríe de nuevo.
"Sí. El cuidador de caballos. Es un buen partido para ella."
Todos esperan que yo llore, que suplique. Mi padre está a punto de explotar de vergüenza.
Pero yo levanto la barbilla y miro directamente a Patrick.
"Acepto."
Mi voz es clara y firme. La sorpresa de todos es mi primera pequeña victoria.
Camino hacia Patrick, ignorando las miradas de lástima y burla. Él me mira con una intensidad que no esperaba, sus ojos parecen conocer mi alma.
"Me casaré con Patrick Lawrence," digo, esta vez mirando a Máximo. "Y le daré un hijo."
La sonrisa de Máximo se congela. No esperaba este desafío.
Yo sé la verdad que él ignora. La bendición no es para la sangre y la muerte en la arena. Es para la vida.
Y Patrick, el humilde cuidador de caballos, es la clave de todo.
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