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Portada de la novela La sumisa vainilla

La sumisa vainilla

¿Puede el afecto genuino cerrar la brecha entre dos mundos irreconciliables? Ella vive entregada al masoquismo y las dinámicas del BDSM, una identidad que le dificulta comprender el romance convencional. Él, por el contrario, es un hombre de éxito, detallista y puramente vainilla. Esta narrativa profundiza en su complejo vínculo, explorando los retos y las vivencias de esta pareja antes y después de que sus realidades opuestas colisionaran.
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Capítulo 3

Después de que la nota sobre el pub salió en televisión empezamos a crecer como locos, no sólo de gente del mundillo iba a disfrutar de nuestra propuesta, también algunos vainillas curiosos que venían a ver de que se trataba o que querían experimentar una nueva experiencia junto a su pareja, tanto así que tuve que ampliar la terraza para poder recibir la mayor cantidad de gente posible, afortunadamente el terreno daba para eso. Al ver tanto interés de la gente en conocer nuestro mundo se me ocurrió dar charlas y talleres 1 vez por semana, los días que tenía menos público, de la gente que iba a los talleres se hacía un filtro para dejarlos pasar a la zona BDSM, lo sé, quizás sonaba un poco excesivo, tanta precaución… pero no podía traicionar la confianza que la comunidad BDSM había depositado en mi solo por ganar un poco más de dinero que en realidad no necesitaba.

-Estoy muy orgulloso de ti, mi perrita bella- Dijo mi Amo un día cuando íbamos en el auto camino al pub.

-Gracias Amo- respondí sonrojándome un poco.

-lo digo en serio, has crecido mucho y no solo como mi sumisa- insistió con orgullo.

-solo hago lo mejor que puedo Amo

-pues lo haces muy bien.

Yo solo sonreí, que mi Amo dijera y pensara eso era la mejor recompensa de todas, la forma en que sus ojos se llenaban de orgullo cuando me miraba era algo que no tenía precio, con eso no importaba si ganaba mucho o poco dinero, el enorgullecerlo era la mejor recompensa.

Aunque debo admitir que extrañaba el contacto físico, ósea, no es como si nunca me tocara pero hace mucho que no sesionábamos ni follabamos,  supuse que estaba estresado o algo así… él estaba muy ocupado con su trabajo durante el día y yo con el mío en la noche, los días libres intentaba seducirlo pero el solo decía “Ahora no Maddie” y no tenía permitido tocarlo o besarlo sin su permiso, era muy estricto en eso pues él le hacía más al sadismo y otras delicias similares que al mero coito.

Pero supongo que estaba bien, después de todo, yo era la sumisa, mi deber era complacerlo, no al revés… solo debía ser paciente y comprensiva, seguro que estaba bajo mucha presión en su trabajo, quizás había algo que le preocupaba y no podía compartir conmigo, eso me entristecía un poco, que no pudiera confiar lo suficiente en mi como para decirme que le pasaba, deseaba poder apoyarlo, ayudarlo, pero lo único que podía hacer en esas circunstancias era no molestarlo y controlar el hambre que tenía de él.

Ese día empecé en la cocina como siempre, luego fui a revisar las mesas y la barra por si faltaba algo, efectivamente faltaban servilletas en las mesas y unas cuantas botellas de algo que ya no recuerdo en la barra, así que fui a la bodega que estaba en la parte de atrás del pub, para sacar las cosas que  faltaban, pero antes de entrar a la bodega escuché una voz familiar.

-Por favor señor… no haga esto- dijo, era la voz de Carola, una de mis camareras y mi mejor amiga.

-Vamos sé que te gusto- respondió el Dominante que estaba con ella, creí reconocer la voz pero no… “no puede ser, ¿verdad?” pensé, “él nunca haría algo sin consentimiento ¿o sí?”

-esto está mal, Maddie es mi amiga- decía Carola al mismo tiempo que yo me asomaba y veía con horror como mi Amo forcejeaba con mi mejor amiga para desvestirla y estaba muy segura de que no se trataba de una escena de rape play.

-Deja que yo me encargue de Maddie y solo déjate llevar- Respondió mientras se desabrochaba el pantalón con una mano y la sujetaba con la otra.

Ella seguía forcejeando mientras lo miraba con terror, mi Amo tenía mucha fuerza, era imposible para ella defenderse en esa situación.

Por mi parte, estaba en shock, mi Amo, mi perfecto Amo no era más que un maldito abusador… ¿Cómo no me había dado cuenta?, ¿era la primera vez que lo hacía o habían más víctimas?. Por un momento sentí deseos de salir corriendo de ahí y hacer como si no hubiera visto nada, enfrentar una situación así me traía muy malos recuerdos,  mi instinto era correr, todo mi cuerpo me alertaba de la situación de peligro, mi corazón latía a mil,  mi respiración empezaba a agitarse, pero no podía hacer como si nada, no podía dejar a la pobre Caro ahí sola, así que decidí enfrentarlo.

-¿Amo…? -Dije saliendo de mi escondite, Caro abrió los ojos como platos.

-Maddie… te, te juro que yo no… -dijo acomodándose la ropa como podía.

-Tranquila, sé que no es tu culpa- contesté con una voz tan tranquila que hasta a mi me sorprendió.

-Maddie… pensé que estabas adentro… -Dijo él, yo lo miré sin poder reconocerlo y sentí muchísima rabia, ¿Quién era ese hipócrita frente a mi?.

-¿es en serio?... ¿eso es todo lo que vas a decir en tu defensa?- Dije acercándome a él hecha una furia.

El se cerró el pantalón, dio un paso para quedar frente a mi y me dio una bofetada muy fuerte que no se sintió para nada erótica.

-¿Cómo te atreves a hablarme así?, soy tu Amo, me debes respeto- dijo haciéndose el ofendido mientras Caro corría a esconderse en la seguridad del pub.

-pues quizás ya no quiero que seas mi Amo- respondí con ojos desafiantes.

-¿es en serio?... ¿vas a echar a la basura 3 años de relación por una estupidez sin importancia?, no haga tanto drama maddie.

-el abuso sexual no es “una estupidez sin importancia” no puedo creerlo, ¡me das asco! Y no pienso seguir siendo propiedad de un abusador.

-¡yo no estaba abusando de ella!

-¿en serio? Pues eso no era lo que parecía… -Dije sosteniendo su mirada lo mejor que pude.

Entonces me abrazó por la cintura y acarició mi mejilla.

-Vamos perrita Mía… no hagas una tormenta en un vaso de agua… soy yo, me conoces, fue ella la que se me lanzó encima- mintió descaradamente.

-En realidad lo ya no estoy tan segura de conocerlo ¿lo ha hecho con alguien más?- pregunté aunque en realidad no sabía si quería saberlo.

-Claro que no…- dijo pero, de algún modo, supe que estaba mintiendo.

-Okey… bueno, solo quíteme el collar y vallase- Dije tratando de no llorar.

-maddie, no estás pensando bien… no hagas algo de lo que te puedas arrepentir- dijo.

-ya basta, por favor, solo deme mi libertad para poder irme de aquí… no lo haga más difícil de lo que es- dije con voz rota

-vamos a la casa y hablemos con calma- dijo sosteniendo mi brazo con fuerza y tirando de él.

-¡que no! ¡¿en qué idioma te lo digo?!, maldito psicópata ¡¡¡¡quiero mi libertad!!!!- grité con los ojos llorosos.

-baja la voz- dijo con voz dura.

-¿por qué? ¿No quieres que me oigan?... o tal vez tiene miedo de que le diga a todo el mundo de que no eres más que un puto abusador.

-yo no le tengo miedo a nada y no te atrevas a amenazarme, puta, no eres nadie sin mi ¡NADIE!- dijo en un tono muy cruel.

-¿Está todo bien, jefa? Escuché un grito- Dijo Oscar saliendo al patio donde estábamos, él era uno de los guardias del pub, era casi medio metro más alto que mi Amo y mucho más fornido.

-Sácalo de aquí, por favor- Dije señalando a mi Amo con la cabeza, luego le arranqué la cadena que sostenía la llave de mi collar de propiedad y agregué mientras Oscar lo sostenía- si ud no me lo quiere quitar lo haré yo misma, pero desde este minuto ya no soy suya y usted está muerto para mí… ¿me escuchó? Y ni se le ocurra volver a acercarse a mi ni al Triskel.

Luego le dije a todos que no recibieran más comensales y les dijeran a los que todavía estaban que cerraríamos antes, sentía como si de pronto me hubieran consumido toda la energía, mis últimas fuerzas las había ocupado en pedir mi libertad y ahora me sentía como un juguete viejo sin baterías. Me encerré en mi oficina y me quedé ahí llorando hasta las tantas de la madrugada, repasando cada una de sus palabras y excusas en mi cabeza, pero sobre todo esa maldita frase “sin mi no eres nadie”, no era primera vez que alguien me decía eso, ¿de verdad mi valor estaba tan ligado a la persona con la que estaba?, ya no tenía Amo, era una sumisa libre, pero nunca la libertad se sintió más dolorosa que en ese momento.

Esa noche no volví a casa, me quedé a dormir ahí mismo en mi oficina,  recostada en un sillón que tenía al lado de la puerta, frente a mi escritorio.

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