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Portada de la novela La Stripper

La Stripper

Ariadna vive volcada en el cuidado de su hermano, su único lazo familiar. Con el fin de garantizarle un futuro, oculta una realidad dual: es una secretaria carismática de día y una audaz stripper por la noche. No obstante, su existencia se transforma al cruzarse con Oto Russell. Este encuentro no solo desata en ella una atracción incontenible, sino que también le permite recuperar la ilusión y la vitalidad que consideraba extintas en su sacrificada vida.
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Capítulo 3

No puedo creer que mi suerte llegue a ser tanta, maldito el segundo donde ese imbécil se cruzó en mi camino. No puedo creer que después de todo lo que he pasado me hayan descubierto. ¡Estúpido! ¿Por qué tuvo que venir justamente hoy a molestar mi hermoso ser?

Él me observa en silencio y con una sonrisa digna de una película de terror. Sé que me despedirá porque digo, ¿Quién en su sano juicio dejará a una stripper trabajar de día en tu empresa y de noche bailar? La respuesta es sencilla: nadie.

—¿Me vas a ignorar?—pregunta mientras yo sigo repartiendo bebidas y lo ignoro completamente.

—Angelito del infierno—ruedo los ojos porque, en definitiva, hoy no es mi día.

—¿Qué pides?—pregunto mientras espero a que se digne a hablar y no a mirarme los senos como un depravado sexual. Aunque comienzo a pensar que lo es.

—Dame un whisky—responde. Me doy vuelta a buscar su bebida siendo consciente de que me mira el trasero.

—Parecer desesperado nunca te ha hecho ver sexy—le respondo mientras le paso su alcohol.

—Siempre con algo que decir bonita—Arthur sonríe mientras lleva el alcohol a sus labios.

—Siguiente—lo hago rodar para poder servir a más personas, las personas están acumuladas en la barra locas por venir a beber.

—Tengo una secretaría muy sexy—murmura Oto con una sonrisa pícara en sus labios.

Oto, orto, el idiota me tiene harta.

—Lástima que el jefe sea un idiota—y su sonrisa se esfuma.

—Que amargadita estas—murmura dando un trago a su bebida.

Lo miro detenidamente y luego su vaso. Una idea algo descabellada llega a mi mente, pero si funciona podré conservar mi empleo.

—Se acabó mi turno—y lo dejo con la palabra en la boca.

***

—¡Estás loca!—grita mi otro jefe mientras da vueltas.

—Por favor Javier—pongo mis manos adelante en modo de súplica.

—¿De das cuenta de lo que hablas?—pregunta quedando frente a mí.

—Lo sé, pero es lo único que se me ocurre. Ese trabajo me da un buen sueldo que sabes necesito porque tengo un niño de ocho años con necesidades de escuela, hospital, cosas tecnológicas, entre otras cosas—le hago saber algo derrotada.

—Pero, ¿drogar a un cliente?—pregunta negando—¿te estás escuchando?—suspiro.

—Lo siento, olvida todo, mejor me voy—camino hasta la puerta.

—Espera—una sonrisa triunfadora se asoma en mis labios.

—¿Puedo?—pregunto temerosa de su respuesta, aunque verdad la necesito.

—Todo queda bajo tu responsabilidad—me advierte y yo pongo mi mejor cara de ángel.

—Muchas gracias—respondo feliz.

—Entonces vete y haz lo que tengas que hacer—sugiere y le hago caso.

—¿Qué te dijo?—la voz de Julia me sobresalta de mala manera.

—Qué no estaba preparada para casi morir de un paro cardíaco—ella rueda los ojos en señal de que deje el sarcasmo y hable.

—Entonces...

—Dijo que sí, pero que todo queda bajo mi responsabilidad—asiente. contenta.

—Mejor avanzamos—caminamos y ella se filtra entre la multitud mientras yo hablo con los "chicos peligrosos".

—Solo necesito que la consigan—le susurro sobre la música.

—Está bien preciosa, espera unos segundos—espero pacientemente, aunque muy nerviosa—úsala bien, es fuerte y muy eficaz para lo que necesites—asiento agradecida cuando me pasan el polvo.

—Aquí tienen el pago—y me marcho a la barra. La música a todo volumen mientras varias chicas bailan y el salón iluminado en diferentes colores. Un buen ambiente sin dudas.

—Llegó mi stripper favorita—la voz del idiota me hace suspirar cansada.

—¿Un trago?—pregunto de forma brusca.

—Sí, bien preparado, con limón y todo—ruedo los ojos y me dispongo a prepararlo y distraerlo para poder drogarlo.

—¿Cuál chica crees que baila mejor?—pregunto señalando a el escenario.

—Sin duda la pelirroja—comenta con una sonrisa sin despegar la mirada de la linda chica que baila sensual. Aprovecho su libido y le agrego la sustancia a la bebida y luego el limón para finalizar, la muevo y poco y listo.

—Aquí tienes—paso su vaso y él se bebe todo el contenido sin siquiera pestañear.

—Diablos, está fuerte—dice haciendo una mueca de asco.

Salgo de la barra y le hago una seña a Julia de que el plan marcha bien. Camino hasta el escenario para mover mi cuerpo al estilo de Nicky Minaj con su famosa Anaconda. Todos me silban y vociferan palabras obscenas sobre mi cuerpo, pero yo solo los ignoro mientras muevo mi trasero de muchas formas. La canción sin duda es pegadiza. Me acuesto en el suelo donde bailando simulo tener acto sexual con alguien invisible. A veces odio bailar de esta manera porque sin duda bailar es mi pasión, pero odio tener que hacerlo donde idiotas crean que son más que uno solo porque tienen dinero y pueden comprar todo. Camino fuera del escenario y voy hasta la chica más quisquillosa de aquí.

—Larissa, te tengo una propuesta—le hago saber mientras ella coquetea descaradamente con un cliente.

—¿Cuál sería esa?—pregunta muy interesada.

—¿Ves ese chico de allá?—pregunto señalando donde esta Oto.

—Muy guapo—comenta, pero en su mirada parece que sabe algo que se escapa de mi entendimiento.

—Y millonario—sus ojos captan toda su atención en mi persona.

—¿Enserio?—pregunta.

—Si—respondo—necesito que me hagas un favor—le hago saber.

—¿Cuál es?—pregunta interesada.

—Él esta drogado. Necesito que te vayas con él al hotel que te voy a dar, duermes. Si quieres viólalo de paso, mentira, no hagas eso, pero si te pregunta por mi haz como si nunca me hubieras conocido. No trabajo aquí, no sabes quién soy y mucho menos porque me conoce, ¿ok?—ella asiente media confundida.

—¿Por qué te escondes de él?—pregunta sin entender.

—Porque él es mi jefe en mi otro empleo y si sabe que trabajo aquí me despide, ¿cuento contigo?—ella asiente.

—Solo por estar a solas con ese bombón, yo hago lo que sea—asiento rodando los ojos.

—Vamos—camino hasta Julia.

—Está casi inconsciente—me hace saber Julia cuando me acerco a ella.

—Ya nos vamos al hotel—ella asiente y entre las dos lo sacamos del bar.

—Como pesa—se queja Julia y yo asiento en acuerdo.

—Es verdad—lo subimos a la parte trasera de su coche y suspiramos.

—Buen día para conocer y casi ser despedida por el hijo de mi jefe—murmuro subiendo al piloto y Julia de copiloto.

—Rápido, no sabemos que trae esa sustancia—pongo el coche en marcha y recorremos todo el camino hasta nuestro destino. Un hotel barato, donde ni cámaras ni personas que puedan reconocernos hay.

—Buenas noches, ¿en qué podemos servirles?—habla una chica con aires de aburrimiento.

—Se supone que si es un hotel una habitación—digo rodando los ojos y logrando que ella se siente derechita en su lugar.

—Tenemos la habitación 304 desocupada—murmura la chica.

—Deme la llave—la pasa sin objetar y pago por una noche.

Caminamos hasta el coche y sujetamos a Oto para que no caiga al suelo. Lo llevamos bajo la curiosa mirada de la chica. Lo tiramos en la cama y suspiramos.

Para: Larissa

Asunto: El chico guapo.

"Ya te entregué la dirección del lugar, la habitación es la 304 dejaré la llave bajo la alfombra que hay en la puerta.

Le doy a enviar y hago señas a Julia para irnos de ese lugar. Antes de irnos voy hasta la chica.

—Ni una sola palabra de que nos vio, ¿ok?—ella asiente un tanto asustada.

Necesito dormir.

***

—Julia, rápido, Alex, Peter muevan sus traseros, vamos tarde—grito preparando el desayuno de todos y los almuerzos de los chicos.

—Rápido chicos, a comer—todos desayunamos como un rayo y salimos. Todos subimos al auto de Julia ya que el mío sigue en el mecánico gracias a Oto.

Lo dejamos en el colegio y Julia conduce hasta la empresa. Cuando subo a mi puesto suspiro al ver que mi nuevo jefecito no ha llegado.

Pasan alrededor de horas cuando veo la figura de Oto asomarse por las puertas del ascensor.

—Buenos días—saludo amable.

Oto trae unas ojeras horribles y muy visibles y la resaca se le nota a kilómetros de distancia.

—¿Qué hay de buenos?—responde él caminado al despacho. Lo sigo como siempre lo hacía con el señor Russell.

—¿Necesita un café, señor?—pregunto con toda la paciencia que me queda.

—Necesito que me digas la verdad porque estoy sumamente confundido y enojado. Y créeme, eso no es buena combinación—yo solo me quedo en silencio.

—¿Qué verdad?—pregunto calmada.

—Que es una stripper—responde y yo empiezo a reír como toda una loca maniática. Si. No tengo una risa muy femenina que digamos.

Mi risa es más como foca retrasada. Cuando salía con mi primer novio (que terminó conmigo ese mismo día), me llevo a salir a un restaurante, hizo un excelente chiste y yo comencé a reír tanto que fui la sensación del momento ese día. Si. Pasamos una vergüenza grande, muy grande por mi culpa y bueno como era de suponerse me termino ese mismo día. ¿Lindo no?

—Señor Russell, ¿tiene algún cable suelto o qué?—pregunte sin dejar de reír.

—Sé que fue usted quien estaba en ese bar—susurra mirándome fijamente.

Nuestras miradas se cruzaron y los latidos fuertes de mi corazón es lo único que soy capaz de escuchar y sin ser consciente de que nuestros labios se llamaban y...

Ok, no. Debo dejar de leer y ver películas, está afectando mi cerebro.

—Si usted va a bares y ve mujeres parecidas a mí, no me confunda señor. A mí me respeta yo no bailo ni nada de eso. Con permiso—y salgo de la oficina dando un fuerte portazo.

Qué mentirosa eres Ariadna, iras al infierno por eso.

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